[Mi más sentido pésame a los que hayáis empezado, hoy lunes, las clases o el trabajo, después de las vacaciones de "Navidad", o simplemente tras este corto fin de semana].
Un lunes de lo más normal, a mi parecer, aunque ha sido como suele ser todos los años a la vuelta de vacaciones. ¡Feliz año! ¡Feliz año! Gente que no te ha hablado en dos meses, o en tres; gente que nunca te saluda, gente que habla mal de ti, toda esa gente va hoy y te desea feliz año, como si a alguno de ellos les importara cómo cojones te va la vida y si realmente merece la pena desearte feliz año.
Buen rollo en los pasillos; las amiguitas dándose abrazos, los profesores sonriendo y perdonando los retrasos de los dormilones, todos con un Feliz Año en la boca. Un día en el que todos habrían deseado no volver de vacaciones, pero al fin y al cabo, un día deseable y agradable por ese buen ambiente que pocas veces se suele ver.
Yo, personalmente, me esperaba un día peor, ya que andaba algo deprimido por ciertas complicaciones inesperadas del nuevo año.. pero al final no ha sido tan malo. Total, como casi no tengo amigos ni quiero tenerlos, como prefiero pasar la mayoría de las seis horas de jornada callado y pensando en mis cosas, no me ha afectado mucho la toma de contacto. Es como quedarse en casa, pero con gente alrededor. ¿Deberes? NO HE ABIERTO NI UN PUTO LIBRO EN TODAS LAS VACACIONES. Y bien orgulloso que estoy. Ahora toca apretar, repasar, preparar todos los exámenes que vienen de golpe.. pero me da igual. Yo ya estaba preparado para eso. No tengo constancia. Me gustan más los esfuerzos cortos y a lo bestia, me siento más realizado. Así que eso me ha venido bien. Que nos metan caña otra vez, que nos den algo obligatorio para hacer, que nos pongan nota. Que nos echen broncas y que nos pongan la cabeza a trabajar. Es una putada, sí, ¡claro que lo es! Pero mola.
Tener que compaginar el mundo de los estudios y de los exámenes con los nuevos proyectos de producción musical que he creado, y esta vez con colaboradores! Es agobiante, pero estas cosas a uno lo mantienen activo.
Y qué raro es todo últimamente... Vacaciones, luego clase, luego vacaciones mentales... hasta que alguien te pone un examen y te hostias contra tu propia rutina, intentas salir del empanamiento... pero vuelves a caer en tus rayadas mentales sin sentido, vuelves a pensar que te concentras menos que nadie, aunque la práctica te demuestra que nadie es capaz de concentrarse tanto como tú.. y vuelves a entrar en la misma espiral comparativa de la que nunca conseguirás salir, y vuelta a empezar; te vuelves a deprimir, vuelves a poner música, vuelves escribir alguna entrada en tu blog... y así hasta que vuelves a salir de casa, te compras alguna chaqueta chula o unas zapatillas y se te pasa la depresión.
Y en medio de todo este vendaval de rutinas y altibajos emocionales, te pones a pensar en la chica que te gusta, que te vuelve loco, que te arrebata la voluntad y te ciega a gusto de tus labios, que te ha robado los sueños porque los únicos sueños que te quedan son volver a estar con ella... y te vuelves a hacer un café a las nueve de la noche, vuelves a calentar el teléfono con la oreja, o a calentarte la oreja con el teléfono, vuelves a hacer un retrato de Elvis, guitarra en mano, vuelves, vuelves, vuelves... vuelves a pensar en lo que ha cambiado tu vida desde que empezaste a conocerte. Vuelves a esperar que todo siga cambiando... y tú sin poder hacer nada.
Ale, por si no habíais leído de esto en algún otro blog, aquí tenéis mi entrada aburrida de vuelta a la rutina.
Siento no emocionaros tanto últimamente; creo que mi cabeza se ha roto y desde entonces ya no escribo nada con sentido, al menos no con tanta frecuencia.
Os dejo también un enlace al blog de mi hermana, que escribe cosillas de vez en cuando, aunque no me atrevo a calificarlas:
http://simplereflejodelarealidad.blogspot.com/
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lunes, 10 de enero de 2011
martes, 21 de septiembre de 2010
Wake me up when September ends
Ya lo decía Billy J: Despiértame cuando termine septiembre.
Septiembre es, probablemente, el mes más triste del año, desde el principio hasta el final. Es el mes en el que oficialmente acaban las vacaciones. Los niños regresan al colegio, los adolescentes al instituto, los adultos al trabajo... o al menos a la rutina. Los anuncios de la televisión ya te avisan de que viene el frío. Las tiendas de ropa ya han renovado su colección y todo es de manga larga, todo son tejidos calientes, todo son colores fríos. Los de Actimel te recuerdan que cogerás un resfriado si no tomas su yogur, los de El Corte Inglés te recuerdan que la lluvia mojará las calles para que compres sus botas de cuero y sus guantes de piel, Los de Frenadol te dicen que te quedes en casa porque fuera está lloviendo, Los de Carrefour te anuncian su material escolar, los de Oxford te anuncian esos cuadernos en los que escribirás lo que tanto te agobia cuando llegan los exámenes finales... y por las noches vuelven las series juveniles como FoQ y los reportajes futbolísticos a todas horas.
La disciplina y las responsabilidades vuelven a invadir tu horario, el juicio de las demás personas empieza a influir más que de costumbre en tu comportamiento, ya no puedes echarte una siesta cuando te apetezca ni quedarte despierto hasta las seis de la mañana, porque si lo haces te quedarás dormido en clase y vuelta a empezar. Alomejor se altera hasta tu horiario intestinal, quién sabe. Alomejor tienes que empezar a cagar por la tarde porque por la mañana estás ocupado. Es una chorrada, pero si no la tienes en cuenta, las puedes pasar putas.
...pero la gente sigue buscando el placer instantáneo y no sabes cómo, pero consiguen sacar energías para organizar las quedadas del viernes y del sábado, cuando a ti lo único que te apetece es echarte en la cama y olvidarte de todo, tocar la guitarra, ver una película... hasta que llega el domingo por la tarde, te pones a ver la tele o a hacer algo que se supone que debería divertirte, pero es domingo por la tarde y todo se vuelve gris, semana tras semana. Hagas lo que hagas, tendrás la sensación de que estás perdiendo el poco tiempo que te queda de fin de semana. Y ya si llueve o está nublado, apaga y vámonos.
El lunes por la mañana, en teoría es más traumático que el resto de los días, porque tienes que empezar de nuevo a levantarte a saber a qué hora macabra. El despertador te arrebata el plácido sueño que tenías y un cruel ataque de rutina te levanta de la cama de un salto para ir a un lugar en el que se supone que tienes que estar dando tu máximo rendimiento incluso antes de que haya salido el sol. Es algo antinatural. Empezar a trabajar antes que la propia naturaleza... y cuando llega el mediodía resulta que llevas casi una jornada laboral cumplida y sólo tienes ganas de irte a dormir como si fuera de noche, pero aún queda una traumática tarde de horas interminables en la que no puedes dormir porque tienes que seguir trabajando, estudiar, realizar trabajos... como si no hubieras rendido el suficiente número de horas.
Se te empiezan a hacer nudos en el estómago. Te miras al espejo sin ganas. Haces las cosas por hacer, porque hay que hacerlas, pero las haces sin ganas. Puede que haya días que te levantes con ánimo, con la motivación suficiente para convertir la rutina en algo lúdico y apetecible... pero esos días son pocos y se suelen olvidar fácilmente. Aunque claro, se supone que hay que levantar el país y todos esos rollos... pero yo me estoy planteando seriamente hacerme budista e irme al monte a vivir en paz con el silencio.
Pero bueno, siempre hay que pensar que estas cosas, que no nos gustan y nos mortifican tanto, son las que realmente nos enseñan algo valioso para nuestra vida, porque con ellas aprendemos cosas que no aprenderíamos si estuviéramos todo el tiempo disfrutando de lo que nos gusta.
Yo sólo lo digo, me quejo aquí en silencio, escribo mi sacrificio por la rutina, cada persona tiene el suyo... y sinceramente no creo que se trate sólo de síndrome post-vacacional. Tiene que haber algo más, porque las estadísticas coinciden en que es septiembre, junto con octubre, el mes en el que hay más suicidios y más bajas laborales por depresión... y eso no puede ser solo por el dichoso síndrome...
y encima todo esto se junta con el amor... con los flechazos por personas recién conocidas.. los típicos en personas que aún siguen casadas con la soledad...
Septiembre es, probablemente, el mes más triste del año, desde el principio hasta el final. Es el mes en el que oficialmente acaban las vacaciones. Los niños regresan al colegio, los adolescentes al instituto, los adultos al trabajo... o al menos a la rutina. Los anuncios de la televisión ya te avisan de que viene el frío. Las tiendas de ropa ya han renovado su colección y todo es de manga larga, todo son tejidos calientes, todo son colores fríos. Los de Actimel te recuerdan que cogerás un resfriado si no tomas su yogur, los de El Corte Inglés te recuerdan que la lluvia mojará las calles para que compres sus botas de cuero y sus guantes de piel, Los de Frenadol te dicen que te quedes en casa porque fuera está lloviendo, Los de Carrefour te anuncian su material escolar, los de Oxford te anuncian esos cuadernos en los que escribirás lo que tanto te agobia cuando llegan los exámenes finales... y por las noches vuelven las series juveniles como FoQ y los reportajes futbolísticos a todas horas.
La disciplina y las responsabilidades vuelven a invadir tu horario, el juicio de las demás personas empieza a influir más que de costumbre en tu comportamiento, ya no puedes echarte una siesta cuando te apetezca ni quedarte despierto hasta las seis de la mañana, porque si lo haces te quedarás dormido en clase y vuelta a empezar. Alomejor se altera hasta tu horiario intestinal, quién sabe. Alomejor tienes que empezar a cagar por la tarde porque por la mañana estás ocupado. Es una chorrada, pero si no la tienes en cuenta, las puedes pasar putas.
...pero la gente sigue buscando el placer instantáneo y no sabes cómo, pero consiguen sacar energías para organizar las quedadas del viernes y del sábado, cuando a ti lo único que te apetece es echarte en la cama y olvidarte de todo, tocar la guitarra, ver una película... hasta que llega el domingo por la tarde, te pones a ver la tele o a hacer algo que se supone que debería divertirte, pero es domingo por la tarde y todo se vuelve gris, semana tras semana. Hagas lo que hagas, tendrás la sensación de que estás perdiendo el poco tiempo que te queda de fin de semana. Y ya si llueve o está nublado, apaga y vámonos.
El lunes por la mañana, en teoría es más traumático que el resto de los días, porque tienes que empezar de nuevo a levantarte a saber a qué hora macabra. El despertador te arrebata el plácido sueño que tenías y un cruel ataque de rutina te levanta de la cama de un salto para ir a un lugar en el que se supone que tienes que estar dando tu máximo rendimiento incluso antes de que haya salido el sol. Es algo antinatural. Empezar a trabajar antes que la propia naturaleza... y cuando llega el mediodía resulta que llevas casi una jornada laboral cumplida y sólo tienes ganas de irte a dormir como si fuera de noche, pero aún queda una traumática tarde de horas interminables en la que no puedes dormir porque tienes que seguir trabajando, estudiar, realizar trabajos... como si no hubieras rendido el suficiente número de horas.
Se te empiezan a hacer nudos en el estómago. Te miras al espejo sin ganas. Haces las cosas por hacer, porque hay que hacerlas, pero las haces sin ganas. Puede que haya días que te levantes con ánimo, con la motivación suficiente para convertir la rutina en algo lúdico y apetecible... pero esos días son pocos y se suelen olvidar fácilmente. Aunque claro, se supone que hay que levantar el país y todos esos rollos... pero yo me estoy planteando seriamente hacerme budista e irme al monte a vivir en paz con el silencio.
Pero bueno, siempre hay que pensar que estas cosas, que no nos gustan y nos mortifican tanto, son las que realmente nos enseñan algo valioso para nuestra vida, porque con ellas aprendemos cosas que no aprenderíamos si estuviéramos todo el tiempo disfrutando de lo que nos gusta.
Yo sólo lo digo, me quejo aquí en silencio, escribo mi sacrificio por la rutina, cada persona tiene el suyo... y sinceramente no creo que se trate sólo de síndrome post-vacacional. Tiene que haber algo más, porque las estadísticas coinciden en que es septiembre, junto con octubre, el mes en el que hay más suicidios y más bajas laborales por depresión... y eso no puede ser solo por el dichoso síndrome...
y encima todo esto se junta con el amor... con los flechazos por personas recién conocidas.. los típicos en personas que aún siguen casadas con la soledad...
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