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martes, 1 de marzo de 2011

La tranquilidad de quererte [ I ]

Qué más puedo pedir, que tener, no a alguien a quien querer y que me quiera, sino tenerte a ti, para quererte y que me quieras. Que no me habría valido con cualquiera, que las demás te quedan a la altura del betún. Que después de años sin haber salido con nadie, sin haber probado los labios de nadie...  queda demostrado que si has roto todo ese tiempo de sequía en mi vida, no puedes ser cualquiera.
Ni falta que hace. Que ya no me quedan dudas. Y si aparecen por algún lado, las miro a los ojos y me río de ellas, porque por primera vez en mucho tiempo, tras mucho pensarlo y tardar en asumirlo, por primera vez en mucho tiempo estoy seguro de algo. Y no es tan fácil que a mi me pase eso. Puede que por fuera parezca una persona segura, que se ríe de los problemas y los torea relajadamente. Puede parecer que lo tengo todo bajo control...  y no siempre es así. Es cierto que me gusta tener cierta tranquilidad para no volverme loco y desesperarme ante cualquier contratiempo...  pero también es cierto que, aunque por fuera no lo parezca, a veces siento cierta inseguridad, como todo el mundo, supongo...  y por eso me alegro, porque me siento realmente seguro de ti, de quererte, de querer estar contigo y de seguir estándolo. Y hoy me apetece sentirme especial, sentirme afortunado porque hayas visto algo en mí, y también eufórico por gozar de esa situación de reciprocidad, de complicidad, de pertenecer a alguien. Y todo eso se resume, de forma clásica pero también de forma única entre nosotros, en un TE QUIERO bien grande, un te quiero cuyo significado sólo entendemos tú y yo.
Y no hagas caso al calendario, ni al pasado, ni a las estadísticas, que las estadísticas sólo sirven para romperlas y para soltarles ese típico "challenge accepted", y desafiarlas de verdad, y el calendario sólo sirve para contar los días que faltan para verte cada vez que el reloj nos separa, y para contar los meses que han pasado desde aquel maravilloso doce del once del diez, que numéricamente es una fecha tan perfecta, [12.11.10.], y también en voz alta. Y sí, pienso tenerlo escrito siempre en mi guitarra. Pase lo que pase. Y si se borra, lo vuelvo a escribir. Y si la pinto, lo escribo en otro color, pero en mi guitarra, y en las futuras, siempre habrá alguna sección de madera sobre la que se pueda leer esa fecha, la nuestra.
Tranquilidad es eso que llevaba tanto tiempo sin sentir, ni solo ni con nadie. Sólo queda lugar para estar orgulloso de quererte, y no arrepentirme ni de broma. Y esto no es un venazo que me haya dado por escuchar una canción alegre. Por eso la entrada lleva al final del título ese "I", porque escribiré más con el mismo título a lo largo del tiempo, ya que esa tranquilidad no es puntual.
Tranquilidad es eso que me recorre cuando estoy a tu lado, cuando me quitas el frío en medio de una lluviosa tarde de invierno, cuando me das calor en esa habitación infernal donde los termómetros se perderían, cuando estallo en pedazos al besarte, cuando mi mente se traslada y consigue escapar, sólo a tu lado, de ese mundo pesimista y degradado que me aterraba antes de conocerte, eso que me recorre cuando simplemente pienso en ti y me dices que me quieres, cuando me llamas a cualquier hora para decirme lo que sea, eso que me recorre al oír tu voz, al recordarla, al ver tus ojos, al oler tu perfume, tu pelo...   y sobre todo, la tranquilidad es lo que me da por sentir cuando tanteo esa preciosa intención que tenemos de salir juntos de toda esta mierda que nos rodea desde lejos y marcharnos más lejos aún, a un sitio donde las cosas no se hagan mal, donde nadie nos quite nuestra libertad y donde nadie nos separe jamás, porque es posible, y lo vamos a cumplir, ¿me oyes? Que el tiempo no es ningún impedimento si nos queremos de verdad, y eso por mi parte está más que cumplido. Que no soy ningún kamikaze cuando decido enrolarme contigo en este barco que vamos a capitanear juntos y cuando decido que no me voy a lanzar a la marea ni voy a dejar que te caigas; ya te dije una vez que el oleaje no va a ser suficiente para que caigamos. Que el casco y los cabos de este barco pueden con todo, que lo hemos construido juntos, y nosotros somos buenos constructores cuando nos juntamos. Ni los mejores ingenieros navales nos superan, por muchos ángulos y vectores que quieran plasmar sobre un papel. Que nuestro papel está en todos lados, y por mucho viento que haga, los planos siempre quedarán en algún lado. Por mucho que llueva, siempre quedará algún sitio donde consultar esa realidad, esa que dice que tú y yo hemos diseñado eso tan hermoso que reside en nuestros labios, en nuestros brazos y en nuestros abrazos, en nuestras palabras, y por si se las lleva el viento, en nuestros actos. Lo vamos a cumplir y punto. Y cuando se acerque el momento de romper con todos esos que nunca creyeron en el amor, les daremos bien fuerte en los morros, y les dejaremos ahí abajo con su tristeza y su amargura, y saldremos corriendo en cualquier dirección, hacia nuestro destino premeditado, a la ciudad del amor, a la ciudad de los escultores, la de los cantantes, la de los pintores, la de los escritores, y la de todos esos que nos escriben poemas y canciones con los que dormimos cada noche, con los que soñamos cada día...   aunque todo eso se terminará algún día no muy lejano. ¿Y sabes qué día? El día 9 de abril de 2013, cuando te despiertes escuchando Dreams y escuches mi voz diciéndote al oído y en voz baja que lo hemos logrado y que ha merecido la pena. Ese día teminarán nuestras noches de poemas y canciones, y empezarán las de sonrisas y susurros al oído, pero sin teléfonos de por medio; susurros al oído en vivo y en directo, cada noche, sin esperar a las nueve y media, sin esperar al fin de semana; empezarán las noches de pasar calor y las de sentir esa placentera sensación en nuestra cabeza, esa sensación de "lo hemos logrado", esa sensación que sólo quiero tener contigo, lo vamos a cumplir, ¿me oyes?
Y no te preocupes por el tiempo, que todo ese tiempo previo sólo servirá para hacerlo todo más especial. Te lo digo yo, que aunque soy un poco cabezón y un niñato, hay algo en lo que no fallo nunca, y en lo que soy experto cuando se me mete algo en la cabeza, y es precisamente en cumplir mi palabra. ¿Y qué si soy un viva la vida? ¡Pues viva la vida!, que ya es hora de demostrar a la gente que las cosas son posibles, joder! Que ya está bien de sueños rotos y de almohadas empapadas de lágrimas. Que ya está bien de tópicos y de canciones de desamor y soledad. Y si aún no lo has visto, deja que yo te lo enseñe, que siempre hay lugar para aprender cosas nuevas, todas las que se pueda.

Entrada terminada, pero no completamente. Como solemos decir, abriré un paréntesis, un pequeño paréntesis. Hasta que lo vuelva a cerrar, te escribo desde aquí, como ya sabes, que me tienes pillado, y que no te voy a dejar escapar. No desaparezcas.

Te quiero.

jueves, 20 de enero de 2011

As time goes on

Es extraño esto de hacerse mayor...  aunque se suponía que esto debería escribirlo dentro de unos pocos meses, cuando sea mi cumpleaños y me ponga a reflexionar sobre el paso del tiempo, etc; pero me apetece hacerlo ahora, al menos en cierto sentido.
En primer lugar, siento haberos tenido diez días sin un par de líneas con las que aburriros; simplemente la vida de uno va cambiando, y hay temporadas en que me da por escribir a todas horas o, por el contrario, no escribir en semanas.
El caso es que me da rabia que las cosas sean de una determinada forma por ley de vida y no podamos hacer nada por evitarlo. Supongo que por eso lo llaman "ley de vida", aunque no estoy seguro. El caso es que cuando uno crece y va haciéndose mayor (o cada vez mayor), va adquiriendo ciertas capacidades, empieza a ver más cosas y a darse cuenta de más detalles que antes, incluso más que hace unos meses o unos años...  y sí, es cierto que a medida que nos suceden cosas (sean buenas o malas) nos vamos acostumbrando y vamos siendo cada vez menos susceptibles, menos impresionables...  pero a mí hay cosas que se me escapan. Yo sigo teniendo miedo de muchas cosas; sigo preocupándome por cosas que se supone que ya debería tener dominadas... los cambios me siguen afectando, y mucho; hasta el punto de empezar a considerarme estúpido, porque cometo errores que se supone que no debería cometer, dadas mi "madurez" y "experiencia"...  aunque yo dejé de tener de eso hace un par de meses; exactamente dos meses y ocho días. Cuando algo te empieza a importar, incluso más que tú mismo, pierdes la identidad, la voluntad...  muchas cosas dejan de tener sentido, muchas cosas dejan de preocuparte; ya no te tomas tan en serio tus estudios (lo cual no quiere decir que los descuides), ni otra infinidad de cosas por las que antes perdías la cabeza. Te das cuenta realmente de qué personas no pintaban nada en tu vida, y cuáles sí. Supongo que también es algo positivo, porque desde que me sucedió esto que cuento, soy otra persona, y no lo cambiaría por nada. Estoy completamente orgulloso de haber cambiado de identidad, de haber renovado mis prioridades, de haber descubierto otro lado de la vida, más adulto, más intenso...  y más perfecto!  Aunque, también es (todo hay que decirlo) peligroso en algún que otro sentido, porque esa perfección, esa felicidad que hay en mi vida...  depende de algo y exclusivamente de ese algo, aunque tampoco me preocupa...   porque creo que eso de lo que depende mi felicidad actual es algo fuerte, infranqueable, difícil de romper y de derribar, y de eso también estoy orgulloso.   :)
Llevo unos días extraños en los que, o me da por sonreír constantemente o por ir llorando por las esquinas y deprimirme hasta al observar una grapadora. Es de esas veces en que te preguntan: "¿Qué te pasa?", y la única respuesta posible es: "No lo sé"; porque, realmente no lo sabes ni tú.
Ay! Que ese no era el tema, que el tema era el paso del tiempo! Bueno, no pasa nada. Hoy me ha dado por escribir y mis dedos van solos, no hay quien los guíe.

En fin, que aunque en lo que va de año mi "estado anímico" haya sido algo irregular, estoy, otra vez, orgulloso de ser quien soy, de tener lo que tengo (y a quien tengo), de pensar como pienso, de preocuparme por lo que me preocupo y de tener las prioridades que tengo, seas cuales sean las consecuencias.


Y, ¡qué coño! Si cierta persona lee esto...
Un beso enorme y un  TE QUIERO del tamaño de la Catedral de León para la chica más guapa, más espectacular, más especial y más perfecta del mundo!

Y un brindis con sidra Asturiana, porque, aunque aparezca en el título de esta entrada, el tiempo ha dejado de existir para mí, aunque sólo sea por parte del deseo que me mueve, el deseo de que todo siga como está y no cambie nada, y si cambia, que sea a mejor!  :)
Chín, chín!

viernes, 7 de enero de 2011

Por las noches

Personas que se hacen daño mutuamente mientras se acuestan en la cama de algún hostal del centro tras haberse conocido en un garito nocturno con rock norteño de fondo.
Personas que ya se han hecho daño y hoy duermen solas, mirando al techo, buscando alguna estrella que dé luz a sus oscuras y tristes vidas.
Personas que no saben nada de los garitos roqueros del centro y simplemente se dejan llevar por el calor de alguien en una noche fría de invierno.
Personas que no tienen ese calor y duermen con un libro entre los brazos, o con un gato, o con un hurón.
Personas que se acuestan abrazando la bufanda de alguien que no puede estar a su lado esta noche...

Todos se van a la cama deseando algo...  o buscando algo, buscando alguien. Y decía Amaral "lo cierto es que no me acostumbro a dormir al lado de nadie"...  pero nosotros no somos Amaral.
Qué chica no se duerme deseando apoyar la cabeza sobre el pecho del príncipe azul con el que sueña; qué chico no se acuesta deseando tener entre sus brazos alguien a quien proteger del frío y del viento, alguien a quien querer.

Creo que esa es la auténtica razón por la que me acuesto tan tarde por las noches...  no tarde a las doce o a la una. Tarde a las cuatro, o a las seis...  cuando el cuerpo ya no aguanta. Es una puta mierda. Luego estás todo el día como un zombie, con cara de sueño, con los ojos caídos, con voz de atontado, durmiendo a ratos... Pero no lo puedo evitar. Me horroriza irme a la cama. Para mí es algo antinatural. Yo, que odio la inactividad, perder el tiempo...  cómo me voy a meter en una cama a "no hacer nada". Dormir. Sí, perder el tiempo mientras lo que pasa a tu alrededor deja de importarte. Dejar de ser consciente de lo que pasa mientras te inventas una realidad alternativa en algún sueño.
Seguro que soy una de esas personas de los primeros párrafos. Alomejor yo también miro al techo buscando alguna estrella que me ilumine; alomejor me da por leer un libro porque no tengo otra cosa que agarrar...  y cuando la tengo, me la arrebatan de las manos antes de que me pueda dar cuenta.

Puede que yo también necesite a mi princesa para perder el miedo a meterme en la cama.

sábado, 1 de enero de 2011

Dear 2011 [parte 2/2]


Después de hacer un breve balance, demasiado escueto comparado con lo que el 2010 se merece a la hora de escribir, después de mirar algunas fotos, después de memorar cosas bonitas y enumerar recuerdos como en un telegrama...

Dear 2011:

Recuerdo la carta que escribí al 2010 el día 31 de diciembre de 2009. Llovía a cántaros, lo escuchaba por la ventana; me estaba preparando para la cena de Nochevieja y me dio por publicarle una carta en el Facebook, pidiéndole que no me trajera más amores imposibles, aventuras negadas, sueños rotos...  Le pedí que me trajera un poco de tolerancia, más música, más cultura, descubrimientos, novedades...   aunque eso es lógico, eso lo trae el tiempo...   Y de una manera u otra, estoy bastante orgulloso de este año que acaba de morir, de escurrirse entre nuestros dedos para quedar enterrado en el recuerdo, acurrucado en el hueco que queramos hacerle en nuestro corazón, para sacar una parte de él a la luz cada vez que nos pongamos melancólicos. Se portó bastante bien conmigo; le agradezco hasta los momentos malos...  aunque maltrató un poco mi corazón, meciéndolo entre el amor y el sexo, y finalmente, para rematarme, lo sumergió en una burbuja de amor embriagador que no olvidaré nunca, y eso también es bueno, es lo que hará del 2010 algo inolvidable, y no sólo para mí. Pero ya está bien de recuerdos, que esos los tengo bien presentes en mi cabeza, y los tendré cada día, por lo que han significado en mi vida.
Ahora toca pedirte a ti, 2011...  pero qué te voy a pedir, si ahora me he convertido en una persona que detesta pedir cualquier cosa, pedir perdón, dar las gracias, perdonar, recibir agradecimientos...  Odio toda esa clase de cortesías que hacen sentir bien a la gente; así que no te quiero pedir mucho; traerás lo que yo me busque, así como las personas que anden a mi alrededor, y ya está. Lo que sí te puedo decir son mis deseos, aunque no sean muchos, porque hoy todavía es 1 de enero y no sé lo que me espera en estos 365 días que restan; pero si es por desear...  a parte de que me toque la lotería y demás ilusiones imposibles, deseo que esa persona que apareció en mi vida el 24 de octubre de 2010 no se vaya nunca de mi lado, nunca, nunca, nunca; deseo que traigas algo de paz, que ya empezó a traerme el año pasado, algo de ilusión... aunque, ¿sabes? Eso no me falta. De hecho, me da igual que te vayas a portar bien o mal.
La verdad es que para este año, y no sé muy bien por qué, tengo buenos presentimientos, tengo bastantes expectativas puestas en ti. A pesar de las dificultades que, inexorable y lógicamente se colarán entre tus días, creo que llegarán cosas muy buenas; tengo la esperanza de cumplir una buena parte de mis sueños, al menos los que tengo en el plazo de un año; y creo que lo tuyo va a ser un poco bestia, y estoy seguro de que, al terminar el año, estaré orgulloso de escribirle una carta al 2012 diciéndole que el 2011 fue maravilloso, así que no me decepciones.
Me he vuelto más sincero y, por qué no, más rebelde; ya pocas cosas me dan miedo, pocas cosas me callan... así que no habrá impedimentos estúpidos en ciertos momentos, lo he comprobado ya, y la verdad es que la vida es más cómoda.
Y creo que este derroche de ilusión se debe a ciertos proyectos que he creado, pero proyectos reales, proyectos que voy a realizar con ayuda de buenas personas.

Y lo dejo ya, que creo que este año la carta se me ha atravesado un poco y no consigo escribir nada coherente. De hecho, estoy por borrar toda esta parrafada...  pero después me arrepentiré de no haber publicado nada por estas fechas, así que aquí dejo esto.

[Uno de esos proyectos, aunque no el más importante, pero que igualmente me encanta, es desarrollar otro blog basado en escapadas y excursiones de fin de semana; más adelante publicaré el enlace para quien se quiera suscribir].

Feliz año a todos y que el 2011 merezca la pena!







domingo, 5 de diciembre de 2010

Y que no te vean llorar.

¿Recuerdas cuando ibas en aquel Nissan Almera Tino, descendiendo un puerto de montaña a las diez de la noche, escuchando "New kid in Town" y medio llorando por alguna razón desconocida?
Pues ahora no vas en un Nissan, pero es mucho peor. Ahora te ha dado con "Pienso en aquella tarde", de Pereza; "Timing is crucial", de Russian Red y "When you're gone", de los Cranberries.
Un doloroso estribillo en todas, absolutamente doloroso. Dicen por ahí que el amor duele, y que si no duele, no es amor...   pues tú, no sé si será amor, pero la verdad es que estás colgadísimo. Definitivamente colgado. Hala, ya se te están desbordando las lágrimas de los ojos. Puto sensible. Que ni los niños lloran así.
No es la falta de experiencia, ya habías estado con otras chicas...  algunas más guarras, otras más romanticonas...    alomejor es la novedad. Que ella es algo nuevo en todo. Algo desconocido y novedoso, algo que no conocías, algo que pensabas que no existía, al menos para ti. Por primera vez en demasiado tiempo, hay algo que no has calculado, algo que no puedes prever...     Antes eras predecible. Estabas de buen humor, de mal humor, triste, alegre...   pero tardaba su tiempo, lo podías regular perfectamente. Ahora no. Ahora eres incapaz de controlar eso que la gente de a pie llama corazón. Pasas de descojonarte de risa a llorar estrepitosamente en menos de dos minutos. Te has vuelto inestable, y eso no es malo, pero tampoco te gusta. Ya no tienes la seguridad de que no te vas a poner a llorar de un momento a otro porque sí, por recordar cualquier cosa o pensar en cualquier cosa. Ahora la echas de menos desde que vuestras miradas dejan de cruzarse. A todas horas preferirías estar con ella antes que estar donde estés, haciendo lo que sea.
Pero joder! Que tú antes tenías un vida, unas actividades, unos gustos, unas prioridades...   y ahora todo eso ha quedado en segundo plano. Todas tus prioridades se reducen a ella y al dolor que te causa no estar con ella o saber que algún día puedes dejar de estarlo.
Joder, que esa mujer viene del espacio exterior, que no es terrestre. Que es perfecta, por fuera y por dentro, que tiene el poder de acaparar toda tu mente y de destrozar tus más elaborados esquemas sobre cualquier aspecto de la vida. Y encima te quiere, se comunica contigo, y con ella tienes cierta confianza y una complicidad que no habías tenido con nadie. Puede que ella sí, y ahora no le resulte tan excepcional...  pero tú, tú estás perdido en un mar de dudas y sentimientos de culpabilidad, porque sigues pensando que no te mereces lo que tienes; aunque ella diga que es una gilipollez, pero sientes que hay cosas que nunca han sido para ti, y toma, a la mierda otro esquema.
Y encima si te da por pensar que no eres lo suficientemente importante para ella, que sólo eres uno más, el que tiene el turno actual, que tú para ella sólo eres un juego, también te equivocas...   pero no quieres mantener la boca cerrada porque te da miedo no ser sincero...  y entonces ella se enfada y tú te quieres morir.
Que parece que tienes diez años y no sabes cómo actuar con ella...    bueno, puede que eso sea verdad. Que la física cuántica y las ecuaciones no sirven para resolver estas cosas...  Que se supone que ella para ti debería ser simplemente otro juego, un entretenimiento, una diversión, un llaverito de fin de semana...  pero de eso nada. Que tu cabeza se lanza al vacío cada vez que ella no te llama y tu corazón se arruga cada vez que no estás a su lado...    adónde iremos a parar.
Punto primero de la depresión, escrito.
Y cuál es el otro. La puta Navidad y la puta mierda de familia (con todas las letras) que tienes. Padres divorciados, abuelos divorciados, los otros abuelos se quedaron en el siglo pasado y sus hijos se odian a muerte. Tu madre te intenta educar mediante prejuicios y entre tus tíos se manifiesta más odio que entre los dos bandos de la Guerra Civil. La organización de cenas y comidas navideñas decae año tras año. Cada vez es más catastrófico y más doloroso ponerse una camisa y salir a hacer el paripé durante un rato para pasar el trago. Que se supone que la gente hace fiestas y quedadas para pasarlo bien y celebrar que están todos juntos...  y en tu familia no hacen más que insultarse, guardarse rencores, decirse gilipolleces.
Que ahora te has dado cuenta de que prefieres cenar solo en tu casa, a oscuras, y ver las campanadas en la televisión sin más compañía que tu perro antes que ir a alguna casa con un denso ambiente en la que te vas a pasar la noche mirando el reloj para saber cuándo podrás salir corriendo. Vaya mierda de ejemplo que te están dando. La concordia, la solidaridad, la comprensión, la tolerancia...   una mierda. A ti lo único que te enseñan es a tener prejuicios, a guardar rencor, a ser vengativo, a no perdonar, a no olvidar...   y así les va. Y lo que más te duele es que sientes vergüenza por tener esa familia.
Que dicen que la Navidad es lo más bonito que puede haber para celebrar en familia...  y si te falta la familia, ni Navidad ni hostias. Lo único que esperas de ese mes el año es el poco dinero que te dan de aguinaldo para gastártelo en tus propios regalos, en algo que sólo quieras tú No debes a nadie ningún agradecimiento y lo único que se merecen todos es perderte de vista. Que lo peor de todo no es tener una mala situación. Lo peor es partir de una buena situación y ver cómo se va degradando todo a medida que pasa el tiempo. Que hay gente que apenas tiene a alguien y es feliz; y tú, con toda la familia que tienes, y lo último que quieres es ver la cara de esos inmaduros que a sus años canosos lo único que han aprendido es a discutir.
Y para dejar de deprimirte al pensar esto, cambias de tema. ¿Cuál? Ella. Hala, otra vez a empezar. Alomejor haces balance y descubres que no te conviene...  que te trae más males que bienes...  que sufres por ella más de lo que puedes soportar...   que te duele pensar que algo puede salir mal y puedes perderla...  y te duele más que otra cosa...  pero ya es demasiado tarde. No puedes hacer ese balance. La decisión está tomada: la quieres, y punto.

Love hurts...  sometimes too much for human beings.



domingo, 31 de octubre de 2010

Amor interestelar, del recuerdo al sueño.

I can't live with or without you!!!

Ni contigo ni sin ti. Si estás cerca, te odio y te repudio, no te quiero, quiero que te vayas, me inspiras cierto magnetismo disyuntivo, estoy incómodo...   pero cuando te vas y me faltas, no vivo si no muriendo a cada minuto, que tu ausencia es como el dolor de una flecha clavada en lo más hondo del corazón, que si me faltas no sé a quién acudir cuando tengo frío, cuando no entiendo el mundo...
Tu ausencia me aterra y tu presencia me incomda, ni contigo ni sin ti puedo vivir. Ni contigo ni sin ti soy capaz de ser feliz...  Puede que haya otra, puede que no, no lo sé. Cuando me faltas, no, no hay otra. Sólo existes tú. Sólo existe tu calor ausente en las noches frías de invierno, y nadie más puede sustituirte...  pero cuando estás a mi lado para agarrarme las manos y no dejarme escapar, también está ella, y las demás, y todas las que existen en el mundo...  y yo me pregunto, por qué me quieres, si soy todo lo contrario a lo que tu deseas y exactamente lo que no quieres...  y no me vale que me digas "porque follas bien", ni "porque tú me comprendes", ni cualquiera de esas excusas típicas de las películas más comerciales de California. Yo quiero que me digas lo que yo te digo a ti, que se me caen los huevos al suelo cada vez que te veo, que mi corazón se acelera cada vez que huelo tu perfume, que mis manos se suicidan cada vez que acarician tu cabello, que me quedo sordo cada vez que oigo tu voz, que suspendo un examen cada vez que he estado contigo, que se para el tiempo cada vez que te separas de mí, que mis labios entran en ebullición cuando tocan cualquier parte de tu cuerpo, que mis pies se levantan del suelo cada vez que me llamas y que puedo volar cada vez que tú vuelas conmigo...  pero eso no es suficiente. Nunca es suficiente, porque tú quieres más, tú no solo quieres volar, tú quieres flotar en el espacio, más allá de donde acaba la atmósfera, llegar a donde no hay aire para respirar, conocer aquello que no ha conocido nadie, conseguir que te conviertas en mí, y que yo me convierta en ti, y aún así nos sigamos amando, más lejos de lo que puede llegar a soñar nadie, en el tiempo y en el espacio, eternizar y sintetizar nuestra identidad en un sólo yo, formado por el amor que nos une, que será eterno y más extenso que el universo, más largo que el eje cronológico de la existencia, más sabio que dios, más fuerte que el Big Bang, más poético que una letra de Luis Ramiro, más emotivo que el final de Cadena de Favores, más melódico que la voz de Whitney Houston, más pesado que un gramo de antimateria y más luminoso que una supernova...

...pero lejos de todos estos sueños está la realidad. Tú eres de Venus y yo de Marte, y sigo sin poder llegar hasta ti. Mi nave se ha estropeado, se quedó atascada en algún satélite, fue conquistada por otra persona, y la tuya se fundió con el calor del sol, y te ahogaste de placer bebiendo de otro amor que te llenaba más que mis palabras vacías y al mismo tiempo llenas, llenas de tristeza, de melancolía, de impotencia...   y todo aquello que conlleva el recuerdo, ese recuerdo de que una vez te tuve entre mis brazos y te dejé escapar, ese recuerdo infernal y angustioso de que el tiempo ha pasado y el espacio nos ha separado.

sábado, 25 de septiembre de 2010

...y ahora decides hablarme.

Hoy toca un texto epistolar, una carta. (Otra más). Muchas de mis entradas son de este tipo, en segunda persona, dirigidas a mí mismo o a alguien que no nombro explícitamente, pero que existe en la realidad y forma parte de mi vida y de mi pensamiento. Hoy te toca a ti.

Hace tiempo te dije que me gustabas, aunque esa no es la opción que suelo elegir para entablar amistad con una chica...  pero te lo dije. Simplemente que me gustabas, no quería nada contigo, ni que fuéramos amigos, pero quería que lo supieras, porque creo que en la sociedad del día a día hay miles de personas que se gustan, que se conocen desde hace años...  y no saben que se gustan ni lo llegan a saber. Quería que tú supieras eso cuando me vieras, que supieras por qué me quedaba mirándote hasta que desaparecías en la distancia. No sé todavía si eso fue demasiado egoísta por mi parte al no tener en cuenta cómo ibas a sentirte teniendo esa información, o es que fuiste tú la egoísta al dejar de dirigirme la palabra...  pero lo hiciste, qué más da.
Asumí que durante meses nos cruzáramos por los pasillos sin decirnos una sola palabra. Nos mirábamos, tú también me mirabas. Lo más lógico sería pensar que me veías como una especie de depravado o algo te había molestado y por eso me mirabas, pero esto no tiene mucho sentido. Claro que si pienso que me devolvías la mirada porque yo también empecé a gustarte, parecería que soy de esa clase de ilusos que cuando se cuelgan por alguien, cambian completamente su percepción de la realidad para complacer sus necesidades psicológicas, así que no, no pensaré eso. Formábamos parte del mismo grupo de amigos cuando mi mejor amigo y tu mejor amiga se juntaban para hablar, y nosotros de acompañantes, pero sin participar en la conversación, simplemente al lado de nuestros amigos, uno en frente del otro, mirándonos, pero sin decir nada. No olvidaré nunca esos silencios misteriosos que nos guardábamos, ni sabré nunca lo que significaban realmente.
De una manera o de otra, me había acostumbrado a olvidar la idea de que pudieras conocerme como un amigo, me acostumbré a no pretender nada contigo, a no hablarte, a ignorarte y a dejarte en paz, en plan prudente...  y de repente vas un día y empiezas a dirigirme la palabra. Haces observaciones sobre mis camisetas, me preguntas qué tal, me saludas cuando nos cruzamos a la salida de clase y preguntas por mí de vez en cuando...   y ahora qué se supone que ha pasado?
¿Estabas enfadada u ofuscada y se te ha pasado? ¿Has descubierto que te gusto de alguna manera? ¿He empezado a darte pena y ahora que nos vemos más a menudo has decidido tenerme contento y tener contacto conmigo? Pues ahora me has hecho daño.
Ya sé que lo más probable es que esté todo dentro de mi cabeza, como siempre, como la mayoría de las veces (ojo, no todas), como cada vez que me gusta alguien...   pero precisamente por eso, porque está todo dentro de mi cabeza, ahora mi parte ilusoria ha diseñado algunos sueños en los que, en una de esas tensas palabras de "hola que tal", entre uno de esos suspiros que me salen a veces, en uno de esos instantes en los que nos miramos y apartamos la mirada al mismo tiempo, en uno de esos instantes, y sin previo aviso, uno de los dos besa al otro, o abraza al otro, da igual. No tiene por qué haber un beso. Simplemente imagino un gesto que exprese una cercanía hasta ahora no habida entre los dos, una complicidad, un gesto de perdón (o de disculpa, aunque entre nosotros nunca ha habido oficialmente ningún tipo de ofensa), algo que por tu parte me diga que estás conmigo (conceptualmente, como mínimo) o, por mi parte, te diga lo que ya te dije al principio. Por eso mi ilusión tiende a hacer que seas tú la que tome la iniciativa y me arrebate ese beso o ese abrazo en un instante en el que no me de tiempo a reaccionar...  y que posteriormente cause, como es lógico, más interrogantes en mi cabeza, aunque supongo que la tuya también tendrá cosas a las que dar algunas vueltas.
Simplemente eso es lo que escribo hoy, que no sé por qué has empezado a hablarme, pero que eso no sólo ha tenido consecuencias positivas. Mientras no suceda o deje de suceder nada, la incertidumbre convertirá el instante primero en que me hablaste en la cumbre de una pendiente en descenso que me hará preguntarme cada día con más desesperación el por qué de esta situación, en parte real, en parte imaginada por mí, y supongo que también por ti en otra cierta parte.

Y lo mejor sería hablarlo contigo y solicitarte en un momento dado para resolver esas dudas, pero si eso fuera tan fácil, no habría desarrollado tantas disquisiciones situacionales en todo lo que acabo de escribir. Si te pidiera hablar de todo eso, podrían suceder también una serie de consecuencias variables cuyo riesgo aún no me he visto capaz de asumir, así que, mientras tanto, seguiré el curso de la realidad y corresponderé a saludarte como si fueras una compañera más y a sonreír cada vez que me mires, igual que antes, intentando eliminar cada día un poco más de ese misterio que recubre la tensión que hay entre nosotros, siempre inversamente proporcional a la distancia a la que nos encontremos y directamente proporcional al tiempo que seamos capaces de sostenernos una mirada.

martes, 21 de septiembre de 2010

Wake me up when September ends

Ya lo decía Billy J: Despiértame cuando termine septiembre.
Septiembre es, probablemente, el mes más triste del año, desde el principio hasta el final. Es el mes en el que oficialmente acaban las vacaciones. Los niños regresan al colegio, los adolescentes al instituto, los adultos al trabajo... o al menos a la rutina. Los anuncios de la televisión ya te avisan de que viene el frío. Las tiendas de ropa ya han renovado su colección y todo es de manga larga, todo son tejidos calientes, todo son colores fríos. Los de Actimel te recuerdan que cogerás un resfriado si no tomas su yogur, los de El Corte Inglés te recuerdan que la lluvia mojará las calles para que compres sus botas de cuero y sus guantes de piel, Los de Frenadol te dicen que te quedes en casa porque fuera está lloviendo, Los de Carrefour te anuncian su material escolar, los de Oxford te anuncian esos cuadernos en los que escribirás lo que tanto te agobia cuando llegan los exámenes finales...  y por las noches vuelven las series juveniles como FoQ y los reportajes futbolísticos a todas horas.
La disciplina y las responsabilidades vuelven a invadir tu horario, el juicio de las demás personas empieza a influir más que de costumbre en tu comportamiento, ya no puedes echarte una siesta cuando te apetezca ni quedarte despierto hasta las seis de la mañana, porque si lo haces te quedarás dormido en clase y vuelta a empezar. Alomejor se altera hasta tu horiario intestinal, quién sabe. Alomejor tienes que empezar a cagar por la tarde porque por la mañana estás ocupado. Es una chorrada, pero si no la tienes en cuenta, las puedes pasar putas.
...pero la gente sigue buscando el placer instantáneo y no sabes cómo, pero consiguen sacar energías para organizar las quedadas del viernes y del sábado, cuando a ti lo único que te apetece es echarte en la cama y olvidarte de todo, tocar la guitarra, ver una película...  hasta que llega el domingo por la tarde, te pones a ver la tele o a hacer algo que se supone que debería divertirte, pero es domingo por la tarde y todo se vuelve gris, semana tras semana. Hagas lo que hagas, tendrás la sensación de que estás perdiendo el poco tiempo que te queda de fin de semana. Y ya si llueve o está nublado, apaga y vámonos.
El lunes por la mañana, en teoría es más traumático que el resto de los días, porque tienes que empezar de nuevo a levantarte a saber a qué hora macabra. El despertador te arrebata el plácido sueño que tenías y un cruel ataque de rutina te levanta de la cama de un salto para ir a un lugar en el que se supone que tienes que estar dando tu máximo rendimiento incluso antes de que haya salido el sol. Es algo antinatural. Empezar a trabajar antes que la propia naturaleza...  y cuando llega el mediodía resulta que llevas casi una jornada laboral cumplida y sólo tienes ganas de irte a dormir como si fuera de noche, pero aún queda una traumática tarde de horas interminables en la que no puedes dormir porque tienes que seguir trabajando, estudiar, realizar trabajos...  como si no hubieras rendido el suficiente número de horas.
Se te empiezan a hacer nudos en el estómago. Te miras al espejo sin ganas. Haces las cosas por hacer, porque hay que hacerlas, pero las haces sin ganas. Puede que haya días que te levantes con ánimo, con la motivación suficiente para convertir la rutina en algo lúdico y apetecible...  pero esos días son pocos y se suelen olvidar fácilmente. Aunque claro, se supone que hay que levantar el país y todos esos rollos...  pero yo me estoy planteando seriamente hacerme budista e irme al monte a vivir en paz con el silencio.

Pero bueno, siempre hay que pensar que estas cosas, que no nos gustan y nos mortifican tanto, son las que realmente nos enseñan algo valioso para nuestra vida, porque con ellas aprendemos cosas que no aprenderíamos si estuviéramos todo el tiempo disfrutando de lo que nos gusta.
Yo sólo lo digo, me quejo aquí en silencio, escribo mi sacrificio por la rutina, cada persona tiene el suyo...  y sinceramente no creo que se trate sólo de síndrome post-vacacional. Tiene que haber algo más, porque las estadísticas coinciden en que es septiembre, junto con octubre, el mes en el que hay más suicidios y más bajas laborales por depresión...  y eso no puede ser solo por el dichoso síndrome...
    y encima todo esto se junta con el amor...  con los flechazos por personas recién conocidas..  los típicos en personas que aún siguen casadas con la soledad...

sábado, 18 de septiembre de 2010

Again

Hoy decides que conservarás tu nuevo reto de acostarte pronto. Y el de hacer diez flexiones cuando te levantes por la mañana, otras diez al acostarte y diez cada vez que vayas al baño. Hoy decides ponerte a escuchar música de hace tiempo porque no sabes si pensar o no pensar en tu nueva compañera de al lado, que puede que no tenga nada de especial, pero es nueva y eso hace que te fijes en ella cuando nadie más lo hace, y casualmente has descubierto que sí, tiene algo de especial, precisamente porque sigues pensando en ella.
Hoy decides que te ha gustado eso de hacer lo que llamas "una  vida más o menos correcta"; cumplir con tus obligaciones, estudiar más de la cuenta para competir en condiciones con los que sacan mejores notas, ir en serio a por tu carrera de ingeniería...  porque has descubierto que cuando cumples a tiempo con tus obligaciones, sigues teniendo tiempo (incluso más) para divertirte y para hacer cosas que no sean obligaciones, como satisfacer a tus suscriptores de youtube y hacer cosas que te hayan pedido, como leer todos esos libros que hace tiempo que querías empezar a leer, como hacer algo más de deporte, como aprender recetas nuevas de cocina, como investigar la relación directa o indirecta entre los discursos de tu profesor de filosofía y su pasado, probablemente traumático y decisivo para su actual presente.
Hoy te has parado a pensar realmente en si merece la pena o no pasar tantas horas estudiando y discutiendo sobre ideologías, grupos, movimientos, historia, rumores, cambios, votos, partidos y todo aquello que tenga que ver con la política, porque te ha entrado en la cabeza la idea de que no puedes apuntarte a una ideología sin conocer la contraria, de que no puedes decir que algo sea bueno sin plantearte que lo contrario también puede ser bueno, de que todo es tan extremadamente relativo que ni tú ni nadie tiene el conocimiento suficiente como para ser digno de juzgar realmente cuál es la ideología correcta, ya que ese concepto de "correcta" depende completamente desde el interés con el que se mire; depende de si lo que se busca es el beneficio para la burocracia, para el sistema visto desde arriba, para el pueblo, para el país, para los ricos, para los pobres, para los listos, para los vagos, para los soñadores, para los que se estancan...  o para todos. Te das cuenta de que, tenga quien tengan razón, eso nunca se va a saber del todo porque siempre, por muy absoluta que sea una mayoría democrática, siempre habrá otra mayoría (o minoría) con unas ideas opuestas que defender, con unos argumentos propios, igual que los tuyos, con unas ideas propias, tan respetables como las tuyas, y que todo el mundo debería escuchar, igual que las tuyas. Y parece una gilipollez, pero esto te ha relajado bastante en tu lucha interna de si eres o no una buena persona, concepto que venías cuantificando erróneamente en función de estas fruslerías políticas que nunca te llevarán a ningún lado si su defensa implica en algún caso el uso de la violencia o fomenta el odio entre cualquier par o grupo de personas, por grande o pequeño que sea, y has decidido, terminantemente, alejarte de una guerra que no es tuya (ni debería ser de nadie) y empezar a pensar en ti mismo en cooperación con los demás, siempre cooperación, siempre concordia, siempre ayuda mutua, siempre la comprensión por encima del rechazo; ya sea a nivel personal o profesional, a nivel amoroso o a nivel amistoso, o político...  da igual. Simplemente has decidido que es conveniente conservar unos principios básicos de respeto y convivencia por encima de cualquier diferencia ideológica, étnica o simplemente de pensamiento; ya que el pensamiento que tienes no te pertenece a ti por completo, sino que ha sido modelado por una serie de factores que te han llevado a pensar de la manera en que piensas, y no de otra, debido a tus experiencias del pasado, a tu aprendizaje sobre esas experiencias y a tu nivel de reacción ante ese aprendizaje, cosa que habría sido distinta simplemente con que hubieran cambiado un par de esos de tus factores, como el lugar de nacimiento, el año, la gente que te ha rodeado, etc...  y por eso no puedes asegurar que tu pensamiento sea propiedad exclusivamente tuya.
Volviendo a lo de antes, has vuelto a recuperar tus amores platónicos, la pasión por la lectura, has vuelto a descubrir esa magia de la navidad en las calles de Madrid que no podías ver cuando creías que eras demasiado mayor, has vuelto a recuperar la pasión por la pintura, por la vida, por aprovechar el tiempo, por demostrar las cosas de las que hablas...  hasta que alguien te vuelva a desanimar..  aunque ese alguien sueles ser tú mismo.

viernes, 27 de agosto de 2010

Burning down the highway skyline

Antes jugaba a imaginar que alguien me observaba constantemente en todo lo que hacía. Ahora he aprendido a ver que sólo yo veo y juzgo mis propios actos, y eso me da un poco más de intimidad, pero todo se va a la mierda si no tengo libertad de realizar esos actos.

Cortarme un dedo mientras pelaba unas verduras no me ha importado hoy, no he sentido el dolor, porque tenía otro dolor más fuerte de por medio. Un dolor acumulado durante varios días, semanas, meses...  que poco a poco ha salido a la luz.
Será por eso que últimamente me emociono cuando escucho a Brandon Flowers o a Luis Ramiro con un bajo y una guitarra por detrás, diciéndome lo solo que estoy y lo bonita que era la vida cuando era más joven.
Y quizá sea cierto, que la vida era más fácil de vivir cuando el resto de las cosas no importaban, cuando estábamos tú y yo solos frente al mundo, y tú me bastabas a mí y yo te bastaba a ti para conseguir la felicidad. No importaban los problemas, daba igual lo que pasara, porque estábamos unidos, estábamos juntos, en el espacio y en el tiempo, y con eso era suficiente para sentirnos realizados. Hoy, desgraciadamente, las cosas ya no son así. Tú te fuiste de mi lado y yo, aunque hice todo lo posible por mantenerte a mi alcance, asumí tu pérdida y ahora me culpo por ella, sobre todo porque cuando pienso en ti sé con gran certeza que tú sientes más arrepentimiento que yo, que tienes más ganas que yo de volver al pasado, y que piensas en mí más que yo en ti, y eso es lo que hace que se me salten las lágrimas cuando escucho a los Beatles con el replay puesto.
Me quedé asombrado cuando me di cuenta de que realmente tú ya sabías todo esto y que en realidad las cosas son como tú no evitaste que fueran. Puede que no lo hubieras planeado así en el pasado, pero hasta ahora tampoco has demostrado que te importara mucho lo que ha sucedido entre los dos. Tu egoísmo y tu huida te importaron más que tu responsabilidad, y no te puedo culpar por ello, porque yo hice lo mismo, pero me duele. Sobre todo porque sé que a ti te duele más, porque sabes que eres tú quien tuvo la responsabilidad de elegir entre quedarte o partir. Partiste pues, y yo me quedé.

Estas son las cosas que pasan cuando en una relación entre dos personas, ambas pasan de pensar en la relación a pensar en si mismas. La diferencia está en que rara vez son las dos personas las que cambian de repente su actitud. Normalmente es una la que abandona a la otra; normalmente es la otra la que se deja abandonar.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Back to the start

Te crees muy guay. Haces como que nada te importa lo suficiente como para hacerte llorar. Consideras que nada es lo bastante importante como para desestabilizar tu estado de ánimo. Parecer insensible te hace más fuerte por fuera, todos creen que lo tienes todo controlado, la gente piensa que nadie puede contigo, pareces dominarlo todo, la gente te ayuda a regodearte en tu propio ego, que últimamente abulta más que tú. Los que te aprecian se unen la la habladuría de que eres el mejor; los que te envidian deciden pensar que todo lo has conseguido de forma inmerecida, pero lo único que importa es lo que pienses tú, aunque posiblemente eso varíe en función de lo que los demás te hayan inducido a pensar acerca de ti mismo.
Te pasas media vida intentando averiguar cómo funcionan los demás, cuáles son sus gustos, qué les molesta...  pero apenas te has parado a analizarte a ti mismo, a pensar sobre tu vida, que es la única que puedes manejar a tu antojo sin que eso suponga una imprudencia moral. No sabes quién eres, ni por qué estás aquí en vez de estar ahí; empiezas a dudar de si tu situación actual es una consecuencia de las circunstancias o el resultado de tus propias decisiones. A veces tiendes a exculparte de lo que te sale mal, intentas eludir cualquier responsabilidad negativa, huyes de pensar que estás como quieres estar, eres lo que quieres ser y vives como quieres vivir, porque casualmente cuando piensas esto, eres, estás y vives mal, según tu juicio. Claro que antes de eso deberías haber pensado que siempre quieres estar de una manera diferente a la que tienes ahora ante ti. Siempre queremos algo diferente, siempre pensamos que nuestra situación puede mejorar, siempre nos quejamos.
Es eso, naciste para quejarte, naciste para estar en desacuerdo contigo mismo, porque la única verdad es que la mayoría de las veces el único dueño de tu vida eres tú. El responsable de la situación eres tú, y si no te lo crees, piensa en las decisiones que tomaste en el pasado, y piensa en cómo sería el presente si hubieras tomado decisiones diferentes antes de conocer este resultado. Ahora sí, ¿verdad? Dime, si no, por qué de vez en cuando te vienen a la cabeza esos recuerdos de tiempos mejores y esos deseos de tiempos actuales, en realidades alternativas, realizables únicamente planteando la hipótesis de que en ese pasado en el que podías elegir, habrías elegido algo distinto para que ahora no estuvieras como estás, y estuvieras como estarías si lo anterior hubiera sido real. Pero ahora, plantando los pies en el suelo, descubres que las cosas, desde el pasado hasta ahora, y de ahora en adelante, son como son, han sido como han sido, todo ha sucedido de esta forma, y no de otra, precisamente porque tus intereses de entonces no eran los mismos que son ahora, y los de ahora se irán y serán reemplazados por los de mañana.
Ahora haces memoria y te lamentas por las cosas que se supone que hiciste mal (aunque cuando las hiciste, pensabas que las hacías bien) en el pasado, y sientes el impotente pero firme deseo de regresar al pasado y cambiarlo, ahora que has aprendido la lección y sabes cómo debiste hacer las cosas. Ahora te gustaría retroceder en el tiempo, aunque sólo sea para recuperar esa sensación de felicidad que tan bien recuerdas ahora, para recuperar esas visiones del entonces agradable presente, visiones idílicas de lo que te parecía un mundo precioso, visiones optimistas de algo bello que entonces tenías y ahora no tienes.
Puede que asumir esto te haga sentir mal e intentes negártelo a ti mismo, puede que intentes ocultarte la verdad y pensar que no añoras nada del pasado, pensar que no te gustaría recuperar algo que perdiste...  pero entonces dime por qué, después de tantos años, tu PIN del móvil sigue siendo una cifra que te recuerda al romance sombrío que tuviste con aquella mujer, por qué de vez en cuando el fondo de tu escritorio es una foto en la que te acompañan personas que has perdido para siempre, por qué conservas la dirección de correo de alguien a quien sabes que no vas a volver a hablar porque eres un cobarde de las circunstancias, dime por qué cuando cantas una canción de amor sigues pensando en ella y no en otra, por qué aún guardas en tu cajón de los recuerdos ese antiguo trozo de papel con a saber qué palabras escritas que sólo tú sabes quién escribió, por qué los trazos de tus dibujos llevan la misma dirección que en aquel lejano pasado y por qué sólo tú sabes qué sentido tiene eso, dime por qué sigues escuchando canciones que te recuerdan concretamente esa época de tu vida, y esas otras que te recuerdan ese otro momento, y no otro, y por qué cuando escuchas la guitarra de Juan Aguirre no piensas en la misma ciudad que cuando escuchas la de Mark Knopfler, y por qué cuando ves el mar te viene a la mente siempre la misma persona que, en cambio, no te viene cuando miras la montaña.
Dime ahora que no te sigue apeteciendo, como antes, viajar a California y visitar esa pequeña población a unas millas al noreste de San Francisco, al otro lado de las montañas. Dime que no te sigue apeteciendo recuperar tus andanzas por las calles medievales de esa provincia leonesa en la que viviste momentos tan memorables. Dime ahora que no sigues queriendo hacerte invisible y volver al pasado para observarte desde fuera cuando ibas a jugar a casa de tus vecinos o cuando alguien especial te llevaba a los humedales llenos de mosquitos para que cogieras piñas directamente de la rama y después te comieras los piñones.

No me lo dices porque sabes que es verdad, porque has averiguado que tu vida de antes era más bella que la de ahora, porque ahora tienes la cabeza llena de pájaros, contaminada con ideologías políticas, con enemigos, con precauciones económicas, con telediarios que ahora entiendes, con problemas hechos para adultos, no para ti. Querías crecer, ser mayor, conducir un coche, acostarte con mujeres, poder sacar dinero de un cajero automático, tener independencia, tener tu propia casa y dictarte tus propias normas, querías saber lo que se siente cuando nadie limita tu voluntad...  pero lo has sentido y eso, aunque no te ha dado miedo, te ha resultado incómodo, porque antes no tenías preocupaciones, porque tus preocupaciones se limitaban a hacer tu mundo más bello, a cumplir tus fantasías ciegas de lucidez...

Ahora sólo te queda recordarlo, enviar una carta diciendo que lo sientes, aunque no esperas ser perdonado ni que te respondan. Sólo quieres que te comprendan para quedarte tranquilo y pensar que no has hecho mal a nadie. Te has hecho mal a ti mismo, pero eso se puede solucionar. Lo que te carga la conciencia es pensar que los demás no te están agradecidos, y eso es lo que te quita el sueño, porque sabes que ella sigue pensando en ti, esperando una explicación de lo que hiciste, aunque no te la ha pedido explícitamente, pero sabes que la necesita, y se la das, aunque no sirva para nada, porque por mucho que hagas hoy y mañana, nada cambiará lo que pasó ayer, nada te devolverá lo que ayer perdiste, por mucho que consigas mañana. Sólo el alcohol y la música te podrán aliviar en tu camino hacia la redención. No con lo demás, sino contigo mismo; sólo una botella y esas canciones con tanto sentido para ti te ayudarán a sobrellevar esa incertidumbre eterna que te acompañará hasta el día de tu muerte, esa incertidumbre en la que andas sumido, que nunca te dirá si realmente todo tuvo que suceder así o realmente fuiste tú el que no hizo lo suficiente para optimizar el transcurso de los sucesos en el momento adecuado.


Como siempre, libertad, seguridad, amor, responsabilidad, arrepentimiento y redención en la falta de información objetiva que tenemos sobre los sentimientos y el azar de nuestras decisiones.

miércoles, 28 de julio de 2010

¿Y qué ha sido de eso que llaman amor?

Los hombres vivimos en sociedad y necesitamos sentirnos aceptados.
Una de las formas más bellas de esta aceptación que damos o necesitamos recibir es el amor, muchas veces confundido y/o relacionado con la atracción sexual, la concordancia de ideas sobre algunos conceptos o la compañía.

Muchas personas han escrito sobre este tema, dándole diversos nombres, describiéndolo de innumerables formas, dando chorrocientos consejos sobre cómo optimizarlo, etc.; pero la verdad es que nadie, tras años de investigación y horas empleadas en su pensamiento, nadie y absolutamente nadie ha descubierto por completo la ciencia del amor. Podemos defender que es la consecuencia de reacciones químicas relacionadas en la sinapsis del cerebro y el resto de los sistemas nerviosos de las personas, podemos pensar que el amor se basa en reacciones psicológicas entre las personas dependiendo de sus necesidades y de sus objetivos. Podemos incluso creernos unos expertos del amor en nuestra propia persona...  pero no lo somos.
Ni el más experimentado de los hombres dará la misma descripción del amor que otro. Nadie, por mucho conocimiento que tenga sobre las relaciones amorosas podrá explicar de forma imparcial cómo es esto.
¿Por qué? Pues porque el amor es algo que cada persona sufre, vive, conoce de una manera, con una experiencia propia y un juicio propio. No es una ciencia exacta, ni demostrable, ni empírica.
Por eso no tengo nada que decir si pretendo ser objetivo o demostrar algún hipotético descubrimiento, ya que éste sería siempre algo personal para mí, igual que lo es para cada uno, y por eso lo único que me queda es describirlo de la forma que a mí me parezca apropiada, resaltando la belleza de cada cosa que me puede haber pasado, sin intentar convencer a nadie de que el amor es de una manera determinada, porque eso del amor y de la atracción es siempre diferente y depende de tantos factores que no lo podemos controlar. Depende de muchas personas, no sólo una; depende de muchas situaciones sociales y económicas, y no sólo una; depende de muchas experiencias personales durante muchos años, y no sólo de una, durante un año; depende de muchos intereses vitales y naturales, tanto biológicos como sintéticos, y no solo de uno; depende de muchas localizaciones geográficas, sentimentales y temporales, y no sólo de una; depende de muchas personalidades y preferencias, y no sólo de una. Por esto y por otro montón de razones, la única palabra con la que se puede definir la magnitud y la probabilidad del amor es "de variables indefinidas"

A veces es algo incierto, no sabes si es real o sólo un producto de tu imaginación; no sabes si eso te hace sentir bien o te hace sentir mal, o ambas cosas al mismo tiempo. No sabes si el amor que puede que sientas hacia una persona es correspondido, o quizá si lo sabes, y eso resulta aún peor. Puede que intuyas, o que conozcas, el amor que una persona tiene hacia ti, pero ni si quiera tú podrías determinar si lo correspondes.
No somos dueños ni conocedores a veces de nuestros propios sentimientos, imagínome de los sentimientos de los demás.

Un encuentro o situación amorosos se pueden dar en cualquier lugar, en cualquier momento, durante un período de tiempo de cualquier longitud...
A veces te encuentras a una chica dolorosamente guapa en un centro comercial, de compras, te quedas mirándola y al cabo de un rato piensas que ni si quiera se ha percatado de tu presencia, pero entonces te sientes afortunado porque has sido testigo de que ese tipo de chicas existen de verdad, y al mismo tiempo te sientes desgraciado porque, aunque esa chica haya desaparecido para siempre de tu vida, seguirá formando parte de tus ilusiones hasta que se te acabe la memoria. Puedes tener un encuentro fortuito con una mujer que está llorando en un lugar público, pero no te atreves a ofrecerle tu ayuda, porque intuyes que no la aceptará, o no será como tú esperas que sea la conversación que te estás imaginando en un instante, es decir, como en las películas. Un encuentro fortuito con esa mujer con la que estarías dispuesto a pasar el resto de tu vida sin importar las consecuencias. No la conoces de nada, no sabes su nombre, no conoces su pasado, pero sabes que lo harías. Desconoces la razón por la que está llorando, y eso te hace sentir más culpable, aunque imaginas algunos porqués en función del tipo de persona que te inspire ser. Puede que la hayan echado del trabajo, que su padre la haya gritado, que la hayan atracado, que haya recibido una llamada del hospital...  pero el caso es que la ves ahí, llorando desconsolada pero discretamente, mirando al suelo, pensando que nadie la está mirando, intentando que nadie se percate de su anodina desgracia, y entonces tienes que tomar una decisión. O te quedas con ella e intentas no parecer una amenaza, o te vas para dejar de tener que soportar la incomodidad de observar algo que tus principios no te permiten ver sin hacer nada. Entonces es cuando pones a prueba tu cobardía.
A veces el amor que sientes es un caso de admiración. Hay una persona a la que amas, aunque no te acostarías con ella. Simplemente te gustaría ser esa persona por un instante. Puede que hasta sea de tu mismo sexo y te de envidia. A veces las personas del mismo sexo se manifiestan su admiración de forma física, pero yo ahí no me meto. Puede que esa persona nunca lo sepa. De hecho nunca lo sabrá.
Otras veces te pones a pensar y te das cuenta de que amas a alguien que siempre ha estado ahí y que hasta el momento ha pasado desapercibida, pero te pones a pensar en ella, y te preguntas por qué en este preciso instante tienes que caer en las mismas redes.
Seguro que otras veces eres testigo de que alguien te ama, pero no te lo quiere hacer saber de forma activa. Se comporta de una manera delatora, tú lo sabes y te sientes responsable de no corresponder un amor que crees recibir de forma injusta.
En ocasiones, sacrificamos una buena parte de nosotros cuando pretendemos conseguir algo, no sólo en el amor, pero de eso va al entrada. Alguien nos ha dado indicios, ya sean verdaderos o falsos, de que tenemos oportunidades, y nosotros nos lanzamos de cabeza a por esas oportunidades. A veces lo conseguimos, a veces no. Depende de muchas cosas, ya lo he dicho antes.
Después te empiezas a acordar de un antiguo amor que tuviste y que se apagó, pero que en tu interior, en tu recuerdo, en tu esperanza, sigue vivo, latente, esperando a que hagas algo con él. Lo dejas morir hasta que crees que el olvido lo ha borrado de tu baúl de los recuerdos, pero sigues dolido porque sabes que siempre habrá algo que te recuerde tu pérdida emocional en el caso. Siempre llegará un momento, antes o después, en el que querrás volver al pasado y volver a tener lo que ya no tienes, recuperarlo, ser quien eras, o quien fuiste y dejaste de ser para dar partida a la caza de otro nuevo amor. En ese caso te sentirás culpable. También puedes sentirte rechazado, utilizado o reemplazado en el caso de que pienses que tú no tuviste la culpa de la pérdida.
También puedes intentar recuperar esos tiempos de felicidad con esa otra persona, pero también sufres en la incertidumbre que te causa el conocimiento de que esa recuperación no sólo depende de ti. En fin, cosas que podemos pero no podemos hacer con algo roto.
[Es increíble cómo he pasado de la primera persona del plural a la segunda del singular. A ver ahora cómo sigo]

Siempre te das cuenta de que no es buena esa ambigüedad de sentirse bien estando solo y al mismo tiempo necesitar alguien a quien complacer, a quien cuidar, por quien preocuparte...  así como alguien que te complazca, que te cuide, que se preocupe por ti. Será por eso de que las personas nunca nos conformamos con lo que tenemos y siempre queremos algo distinto, pero luego tenemos fobia a los cambios.
Qué fue de esa mujer inadecuada con la que querías algo especial, porque te consolaba existencialmente y calmaba tu esperanza de que tenía que existir alguien así, alguien como esa persona, que te salvaba de pensar que el mundo estaba vacío y muerto. Qué fue de ese momento de correspondencia milagrosa y emotiva, de esas que humedecen los ojos, en el que te preguntabas: "¿pero esto realmente está pasando?"; qué fue de ese momento y qué fue después, de ese otro momento en el que hiciste memoria de lo sucedido y te preguntaste "¿pero esto realmente sucedió, y por eso ahora tengo que estar así?".

No conocemos el futuro, ni controlamos el presente. Sólo podemos mortificarnos pensando en el pasado. En las cosas buenas, en las malas, en lo que hicimos bien, en lo que nos salió mal, en el porqué de todo esto...  y nunca llegamos a ninguna conclusión cuya preferencia no vayamos a cambiar.

No podemos aprender lo suficiente como para estar tranquilos de poder confiar en nosotros mismos, porque el amor, y todo lo relacionado con él, es uno de los pocos aspectos en los que no nos conocemos ni a nosotros mismos, y por eso lo único que nos queda es seguir buscando, seguir esperando, lo que sea, e intentar seguir siendo felices o infelices en función de cuánto necesitemos y hasta qué punto la suerte y la realidad estén de nuestro lado.