martes, 31 de diciembre de 2013
Doce uvas amargas
Lo primero que recuerdo de este maldito dos mil trece, curiosamente, son días lluviosos entre embajadas y tiendas de sonido por la calle Barquillo, los ecos vacíos de los rascacielos impotentes de Nuevos Ministerios y las últimas historias que me contó tu voz. Compañeros efímeros, cañas insípidas en bares abarrotados y todo aquello que apenas parece un sueño lejano y mal contado. Muy felices, eso sí, los tiempos, los besos y los paseos por el Retiro, y todas aquellas veces tras las cuales nunca volví a pisar la calle Toledo con la misma serenidad. Y los sueños mágicos en compañía de aquella mujer que hacía las tardes menos amargas y la lluvia menos húmeda, cuyos padres me trataron siempre mejor de lo que nadie me ha tratado nunca en cualquier circunstancia. En fin, otro error, supongo, del estúpido muchacho inconsciente que nunca supo lo que quería y siempre se daba cuenta cuando era demasiado tarde. Aún no logro quitarme de la cabeza aquella mirada suya de silencio entre medias de un portal, la dolorosa huída por las últimas calles encharcadas que vi en Carabanchel al ritmo de "Push your head towards the air", mientras la amargura de otra decepción nos alejaba, no sé si para siempre, de un sueño del que nunca supe despertar del todo. Todo errores, supongo, desde entonces. Qué hay de aquella obra de remodelación en mi atormentado rincón, de cuyo último recuerdo sólo me quedaba ella.
En efecto, lo que debía ser un cambio a mejor, sólo fue la materialización de una serie de lo que llaman "catastróficas desdichas", el derrumbe manifiesto de todo lo que yo había construído hasta entonces. Y volví a caer. Y volví a recorrer aquella avenida a velocidad de crucero a las cuatro de la madrugada para intentar rescatar algo que también había roto yo. Desde luego, que así no se puede vivir. Y quedó demostrado; siempre sucede.
Después vinieron tiempos de abstracción, el ansiado norte y esos amigos geniales de prolongadas ausencias con los que nunca parece pasar el tiempo, y los calimochos y las fiestas en otra cultura, en algo menos alejado de mi temperamento que las desdichadas calles donde paso el resto del año. Pero es allí donde hay que volver, y después de tanto alcohol y tantas grabaciones de covers de Dire Straits, uno tiene que dar la cara y tomar decisiones. Y escribiéndolas al tiempo en un blog de lágrimas como éste, uno las toma, y no se arrepiente. Fueron tiempos vacíos, sí, pero muy bien maquillados con aquella canción de R. Lamontagne, "Empty", donde alguien me daba esas extrañas esperanzas inalcanzables de que todavía podía suceder algo bueno. Y lo único que sucedía eran las reformas del gobierno entre cortinas de humo, nada más. Semanas y semanas de nada, de desmotivación, de todo el mundo se ha ido, de echar de menos más de la mitad de lo anterior, y de no tener recursos para nada, ni si quiera el potencial y la creatividad se manifestaron lo suficiente.
Y después, tras buenas semanas de abstracción entre Pirineos y motores diésel de hace unos cuantos años, de ríos helados y cordialidades bienvenidas entre desconocidos con muchas cosas en común, llegó septiembre. Aquel mes del éxito y del fracaso en altas dosis, a partes iguales. Aquella decisión tan deseada y que tanto miedo me sigue causando incluso a día de hoy, acabar con diez años de combustión de un plumazo. Y aquellas horas y kilómetros por las calles de Madrid y ese Parque maravilloso que no volví a pisar sin ella. Otra época marcada por una canción, "Tunnel of love", en este caso. Todos esos "look where we are", aquellos "yellow" y algún que otro te quiero que terminaron, como no podía ser de otra forma, dada la nefasta coincidencia con otro vacío mayor, en eternas semanas de depresiones convulsas, de ataques de ansiedad nada más despertar, de demasiadas ausencias acumuladas y mal sincronizadas, de demasiadas horas dándome cuenta de que el puto charco de barro siempre fue más grande de lo que me atreví a pensar.
Y al final, nada de nada. Todo igual, y seguramente peor. Sólo vivieron para contarlo, moribundas, las últimas semanas de rutinas a medio cumplir, falsos mundos profesionales y más errores, ya no sé cómo ni por qué, sobre lo mismo, vuelos a ras de suelo sin alas y sin motor, pidiendo auxilio a gritos y sin nadie que se atreva, como es natural, a echar un cable a este cúmulo de desastres en el que todo el mundo cree que me he convertido con el paso del tiempo; y lo más importante de todo, que yo también lo creo.
Lo único bueno que conservo de este año son las escapadas fuera de Madrid, el brillo en los ojos de cada persona que me quiso sin yo merecerlo, y los dulces y escasos reencuentros que he vivido estas últimas semanas.
En fin, qué quieres que te cuente, si tú todo esto te lo has perdido. Cada vez se lo pierden más personas. Cada vez hay más ausencias en la mesa a la hora de cenar en nochevieja, y todavía hay quien pretende que me trague doce puñeteras uvas sin echarte de menos, sin pedir perdón a todas las víctimas de mis errores, sin creer que esta vez no me libraré de pensar en ti y en todos los demás cada maldito día del calendario, y sobre todo, hay quien aún pretende que me las trague con un falso brillo de optimismo en la mirada, como si en algún lugar quedara algo de certeza, de esperanza, de futuro, o como lo quieran llamar los que todavía no han perdido lo suficiente, que yo lo que he he perdido es la ilusión por todo y las ganas de sonreír, y que si me trago doce estúpidas uvas esta noche y me aguanto las ganas de llorar y salir corriendo hacia quién sabe dónde, sólo será por no darle un disgusto a tu madre, que cena hoy con nosotros, y bastante mal lo ha pasado ya en toda su desastrosa vida.
El resto te lo puedes imaginar como quieras, o me lo puedes preguntar el día que tenga el valor de verte la cara.
Feliz año, independientemente de todo lo descrito, a todo aquel que me lea en las que son mis últimas lágrimas de 2013. Te deseo lo mejor.
martes, 26 de noviembre de 2013
Such a fright
De repente un día te acuestas, y te das cuenta de que tienes las manos llenas de ceniza. No sabes muy bien si de todos esos cigarrillos que te has fumado antes de darte cuenta de que te has quemado los labios, o de todas esas despedidas que ardieron entre tus manos, o si éstas se han erosionado demasiado rápido durante las guerras vacías que nunca supiste abandonar a tiempo. Quizá sean de alguien que ha muerto a tu lado sin que nadie se diese cuenta, lentamente, con los ojos abiertos y los pies aún en movimiento, en dirección hacia quién sabe donde, pero lejos, siempre lejos. Quedan en tus dedos esos restos polvorientos y oscuros de aquello que un día se volvió frágil, se desintegró en silencio y perdió para siempre su esencia, y lo que queda, pasados los meses y los años, es una burda recreación emocionalmente rota y amarga, blanca y gris, y que poco a poco va desapareciendo en el viento; sólo eso, ceniza.
Te hablan de actitudes positivas, de sonreírle a la vida, de ser fuerte.. Pero tú te preguntas, qué cojones va a saber de la vida alguien que nunca ha recorrido decenas de kilómetros vagando sin rumbo por una ciudad vacía y gélida, sin un mísero céntimo en la cartera, durante demasiado tiempo como para recordar a qué sabe la compañía, ni el sonido de un suspiro al llegar a casa, ni el significado de la palabra hogar, sin saber adónde han ido los que algún nebuloso día se hicieron llamar amigos, que por no quedar, no quedan ni enemigos de los que huir.
Siempre con esa obsesión, huir. Pero no es la palabra más apropiada. Ni si quiera es una puta palabra; al final es el resultado de nada, un modo de vida sacado de algún sitio en el que ya no cabía nada más. Ni si quiera sería correcto emplear ese término cuando huir es lo que hay detrás de cada cosa que se hace, que ir al trabajo es huir de casa, y volver a ella es escondernos de un mundo hostil que parece más oscuro entre desconocidos; tocar unas notas reprimidas en la guitarra no es otra cosa que intentar acallar ese silencio ensordecedor que queda después de cada discusión, al final de cada guerra, en el fondo del puto vaso. Y de eso trata el frío a veces, supongo. De meternos a veces un poco más de miedo en esa huída constante, de hacer que lleguemos a paso acelerado, que nos broten las lágrimas antes de escuchar una sola palabra de ella, o de él, y que, cuando lleguemos al último lugar que nos queda, sólo nos queden fuerzas para decir "oh, they gave me such a fright", y derrumbarnos después, ahí, en medio de alguna acera fría, al borde de la calzada, delante de alguna puerta que no sabemos si, al menos esta vez, habrá abierto alguien desde dentro.
lunes, 4 de noviembre de 2013
Like a cigarette
miércoles, 30 de octubre de 2013
Por amor al arte
martes, 8 de octubre de 2013
Madrid
Sin embargo, no vengo a describir aquellas temporadas en lugares de cuyo nombre no quiero acordarme. De aquella vez en particular recuerdo el regreso. Y tanto que lo recuerdo. Fue un viaje en coche, y en aquellos años convulsos y sin pulso no puedo negar que la carretera era uno de los únicos entornos en los que me sentía a gusto, por no decir el único. Recuerdo que en una de las paradas, al volver al coche, empecé a decir que no quería volver. Nadie lo entendía, yo el que menos. Y aquello me perturbaba. Todo el viaje en silencio. Y al llegar a Madrid todo el mundo se echó a temblar. Recuerdo, como el resto de las veces en el aeropuerto, el recibimiento de mi madre con los ojos húmedos; nunca entendía por qué lloraba cada vez que volvíamos, si no habíamos ido a la guerra; ahora lo entiendo perfectamente. La peor parte fue al entrar en casa. No la reconocía. No reconocía mi habitación como mía; miraba a mi madre como si fuera una completa desconocida No reconocía su voz, ni su cara, ni sus palabras. Pero era mi casa, joder. Lo único que tenía entonces. Ella se asustó muchísimo, y le llamó corriendo. Bajé y me dio una vuelta en el coche. Yo explicaba que no quería estar allí, que quería volver a Barcelona y vivir con él. Me tranquilizó y me llevó de vuelta a casa. De alguna manera, como solía hacer en escasas ocasiones como aquella, con pocas palabras me hizo entrar en razón, en un proceso de asimilación extraño. Siempre fue alguien absolutamente ausente que, al mismo tiempo, tenía un gran e inexplicable poder emocional sobre mí. Y tengo miedo de que, de alguna manera, siga siendo así.
Al cabo de unos días todo se normalizó, poco a poco fui identificando los rincones de mi habitación y la convivencia con mi madre, aunque todo parecía nuevo, como si fuera un sueño. Los pocos que había a nuestro alrededor, los pocos que quedaban en la familia, intentaban ayudar. Intentaban hacer que me sintiera bien. Pero yo tenía otra preocupación, algo que me quitaba el sueño, me quitaba el habla. No sabía quién era, ni qué hacía allí. Era una desesperación constante no saber por qué pasaban todas esas cosas. Por qué teníamos que ir secuestrados cada cierto tiempo a un entorno que no era el nuestro, con alguien que no nos conocía, a ser tratados de una manera que no nos merecíamos, para después volver y que todos intentaran fingir esa estabilidad que nunca existió.
jueves, 3 de octubre de 2013
[Nuevo blog] - El comienzo de algo grande
Pues bien, este nuevo espacio con un nombre muy significativo, significa un avance en lo relativo a la forma en que quiero expresar muchas de las ideas que pasan por mi mente; llevo tiempo pensando en crear un blog de este estilo, y aquellos que os animéis a seguirlo podréis descubrir su evolución a lo largo del tiempo, auguro que tiene un buen futuro.
Este blog, En Contra de los Tiempos, ha sido (y seguirá siendo) un espacio para plasmar momentos especiales sobre todo en una temática emocional en la que muchas veces yo mismo me veo atrapado, y seguirá cumpliendo esta función. Sin embargo, como ya he dicho, hay algunas ideas cuya temática y forma difería demasiado de la de este blog de siempre, así que en eso seguirá.
Al igual que quien crea un canal secundario en YouTube para diferenciar su contenido, este segundo blog supondrá esa evolución en la forma de escribir que este antiguo espacio no siempre permitía; hay aspectos para los que me he cansado de una forma "epistolar" en la que siempre alguien se lamenta en segunda persona de sus desdichas emocionales o expresa su ímpetu por aspectos que no siempre son fáciles de descifrar. Como digo, esto lo seguiré haciendo en este blog, que para eso está, pero también hay cosas nuevas, y he de darles el espacio y la forma que merecen.
Su contenido, aunque por ahora no sé muy bien hacia dónde irá, se caracterizará por una visión más abierta, algo más objetiva, y más ordenada de los temas que trate en cada ocasión, siempre dispuesto a acoger comentarios, críticas debidamente formuladas, debates, y demás participación en lo que espero sea un espacio algo más "común" que un simple lugar en el que alguien escupe sus ideas más íntimas.
Espero que disfrutéis leyendo todas estas novedades en "El Origen de los Secretos", y lo sigáis haciendo en este blog de siempre.
"El Origen de los Secretos".
miércoles, 2 de octubre de 2013
I TRUST YOU
Pesadillas nocturnas últimamente y hermosos sueños vividos a la luz del día que te hacen olvidar en gran medida todo lo acontecido sobre esa almohada atormentada que acoge tus pensamientos cuando se cansan y no pueden más. Puede que siempre quede algo oscuro en el fondo del vaso, y puede que a nadie le vuelva a importar demasiado; así debe ser. Sin embargo, aún hay veces en las que, aunque tus labios sonrían, tus ojos son incapaces hacerlo, porque hay algo dentro de ti que aún sigue roto. Y eso es lo que, en último lugar, no todo el mundo es capaz de comprender.
Pero aspiras a lo contrario. A que sea al revés. A que todo el mundo en cierto momento llegue a comprenderlo, y seas tú el único que por fin consiga ignorar y dejar en ridículo cualquier viejo motivo para no sonreír, y tus ojos sonrían, y tus labios se estiren y dejen escapar de entre ellos un suspiro de felicidad. Como en la carrera de "Bite the bullet", esta vez la derrota no está entre tus opciones. La causa y la recompensa son demasiado valiosas como para no emplear toda tu fuerza y constancia.
Hace tiempo escribiste sobre lo que caracteriza el corazón de un niño: espera lo que desea.
¿Y si volvemos a ser niños?
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Segundo asalto
Impulso positivo, esa es la idea. Me muero de ganas por compartir contigo algo de lo que sólo tú has logrado formar parte, algo que sólo tú has logrado provocar. Estoy cansado de que todo sea negativo y reactivo, de los nudos en el estómago, de la frustración autounducida en noches de tirar la toalla. Es todo falso. Es todo inventado por una mente a la que ya no le valen como excusa todos los golpes que ha recibido. Es hora de darlos. Segundo asalto, golpea bien, hazlo bien. Love of lesbian. Es como si un montón de cosas hubieran coincidido para dar la vuelta a todo, empezar a levantarme y dejar de quejarme por todo sin hacer absolutamente nada. Como si de pronto hubiese aprendido que la mejor venganza hacia todos aquellos que pisotearon mi estado de ánimo es precisamente una sonrisa, y hacer sonreír a los demás. Cuando alguien entra tan rápido y con tal perfección en tu vida, algo tiene, y eso es precisamente lo que no quiero dejar escapar. Eres lo mejor que podía sucederme. Eres el mayor motivo que podía existir para retomar el control de todo, y te quiero a mi lado. Eres la única oportunidad que me he dado a mí mismo en demasiado tiempo.
Bienvenida a la segunda fase...
lunes, 9 de septiembre de 2013
¿Qué me dices?
Pelo rizado al viento y esa mirada intensa y desafiante, propia de quien logró escapar de las garras del conformismo y la mediocridad, de quien logró atravesar todos aquellos barrotes que pretendieron un día encerrar su creatividad en un pozo de yo qué sé qué otros fracasos. Aún sigo soñándote con los ojos abiertos, esperando un mensaje tuyo como lo mejor que me puede pasar a lo largo del día, aunque últimamente lo mejor de mis días se resuma a la música que queda aún brillando en lo más profundo de lo que podría llamarse el lado menos malo de las cosas, ese que consigo ver en ti.
Cada vez me quedan menos personas a las que idolatrar, y entre ellas, cada vez menos a las que yo conozca, y por ello considero maravillosamente afortunada la posibilidad de alimentar la admiración que te tengo hasta llegar a lo más alto, hasta obsesionarme contigo y no poder sacarte de mi cabeza.. bueno, no. Eso ya ha sucedido. De cualquier manera, ¿qué me dices?
jueves, 5 de septiembre de 2013
Los años robados
La determinación se ha apoderado de ti, y esta vez con tal fuerza, que ni si quiera te planteas luchar contra ella; has decidido llevarla por bandera allá en lo que te pase, y por primera vez en todo el tiempo que la tuviste guardada en aquel cajón, te sientes orgulloso de cuanto pasa por tu historia, porque esta vez eres tú el dueño, el propietario y el responsable de tu situación. Aunque esta recompensa, por así decirlo, no es gratuita, ni ha llegado aún completamente, pues lleva tras ella largos años de resignaciones y abandonos en todos los sentidos, y aún le faltan importantes batallas que superar para llegar a ser espléndida, como esperas y deseas.
Sin embargo, a pesar de tan dulce determinación en la nueva moda de tus decisiones, queda un irreparable sabor amargo en tu paladar, correspondiente a los citados años de horas bajas, de pagar los imperdonables errores de quienes decidieron por ti, para después refugiarse en tu atormentado juicio a la hora de cubrir la culpabilidad de su subconsciente, aunque en el fondo nunca olvidarán el origen de su cobardía.
Ahora, por fin, pones remedio a aquellas cosas que se hicieron mal. Fuiste tú el perjudicado, ahora eres el interesado, serás el beneficiado. Y si todo sale bien, nadie, nunca más en la historia, podrá borrarte la sonrisa resultante, sólo tuya, y digna de ser restregada sobre los rostros de aquellos cobardes que abandonaron una lucha sobre cuyas obligaciones no tenían la potestad que se tomaron. Sea como fuere, ya ha empezado. Has dado el primer paso, has manifestado tu decisión, y se ha puesto toda la maquinaria en funcionamiento. Ya no hay marcha atrás.
Hoy el café sabe mejor, ¿no crees?
jueves, 11 de julio de 2013
Debilidad Onírica
miércoles, 29 de mayo de 2013
Viajes en el tiempo
martes, 28 de mayo de 2013
Damm
Al fin y al cabo lo único que quieres es que cuando desaparezcas de toda esta mierda, haya alguien que se acuerde de ti, alguien que pueda echarte de menos o que al menos tenga algo que agradecerte; que el balance sea positivo. Que hayas aportado más cosas buenas de las que te has llevado, y eso a veces es muy difícil de conseguir, pero no imposible.
Probablemente te debo más de lo que nunca sabrás. Te debo un gran cambio en mi procedimiento para las cosas importantes. Emocionalmente importantes. Te debo la apertura que siempre he esperado para mi mente; la preparación perfecta para las cosas malas y para las buenas, pero siempre desde un nuevo punto de vista orgulloso, sin arrepentimientos, sin dudas, sin tiempos condicionales ni subjuntivos, ni frases a medias en pretérito; nada de eso: sólo cosas simples, como siempre he querido: yo quise esto, lo intenté, salió de tal manera, pero al menos puedo estar orgulloso de no haberme quedado inmóvil al borde del precipicio, malgastando tiempo en pensar si realmente merecía la pena hasta que fuera demasiado tarde para saltar. Y probablemente lo ha sido, pero como dicen por ahí en ciertas ocasiones: más vale tarde que nunca, y me gusta pensar que ese tarde todavía puede ser, en potencia, "alguna vez". No dejes nunca de existir.
miércoles, 10 de abril de 2013
Capital del Reino
Basta la serenidad de una sonrisa para entender las sugestiones más profundas y explícitas de un relato obsoleto sobre la belleza de la música.
Se trata de un lugar en el que coinciden todas las mentes en la misma huida de la mediocridad, en su misma búsqueda de lo auténtico. Aquí, como en otros bellos lugares, se descubre que existen más artistas detrás de los muros de hormigón que nos separan a todos del cielo, del verdadero cielo, al que no se llega desde Madrid, por mucho que en ello insistan los ingenuos refranistas que nunca salieron de aquí.
Dan ganas de huir, sí. Cualquier lugar es mejor que éste, tan lleno y tan vacío al mismo tiempo, donde nadie encuentra lo que ha perdido, donde todos desistieron hace mucho tiempo de su búsqueda de lo inexistente, de lo que sólo existe en nuestra mente, fuera de esta Villa maldita a la que llaman Capital. Todos los portales presenciaron las lágrimas amargas de algún desamor; todas las calles fueron recorridas por necios ladrones de sueños, impunemente olvidados; todas las alcantarillas se tragaron alguna vez el orgullo de los que un día osaron alzar su voz y fueron desterrados a patadas; y los pocos rincones hermosos que aún quedan sin corromper, entre tanto humo y tanto odio, te los reservo a ti, y a tu mirada, inocente aún.
Sin embargo, aun sabiendo que algún afortunado día me encontraré bien lejos de esta amurallada tumba colectiva, siento al observar esta quietud un diminuto y arrogante placer en mirar desde la oscuridad las almas destrozadas que aquí yacen, los restos de fuegos apagados en lo más profundo de cada charco de alcohol, porque sé que, aunque pocos lo perciben, hay quienes aún respiran; todavía quedan sueños sin aplastar, mentes lúcidas que arrojan una débil esperanza sobre la penumbra que crearon en su día aquellos que murieron sin haber vivido; percibo, de algún modo, esa triste acidez que invade el alma cuando las vidas que han dejado de ser humanas sirven para recordar por qué otras lo siguen siendo.
martes, 5 de marzo de 2013
Just like a wall
Dicen que la mayor venganza y el mayor perdón es, al mismo tiempo, el olvido. Y son tantos los dilemas que surgen al no saber hacia dónde dirigir la frialdad que nunca he querido acoger en mis decepciones, que tengo miedo de asomarme por última vez a contemplar las cenizas que hay al otro lado de esta imperiosa pared, un miedo aterrador a saber si queda algo de calor en ellas, o se han extinguido para siempre. Y esto es lo que me avergüenza por encima de todas las cosas, porque es el único miedo que nunca he sido capaz de superar. Y más vergüenza aún el saber que este miedo, esta decepción y esta muerte anunciada y no resuelta no recaen sólo sobre mí.
Dicen también que la vergüenza procede de la culpabilidad, y puede que, en última instancia, sea esta culpabilidad lo que me acompañará durante el resto de mi vida, algo que sólo con bajas posibilidades se podría solucionar con una catarsis, y esto último sólo se puede conseguir con una ayuda a la que ni si quiera sé si ya he renunciado. Lo único que sé con certeza es que el miedo y la incertidumbre se alimentan mutuamente, y que "catarsis" es la palabra más perfecta que existe.
sábado, 23 de febrero de 2013
Una muerte sin resolver
sábado, 9 de febrero de 2013
Québec
Yo no quiero pisar sitios internacionales sin que nadie se percate de mi paso ni conserve un recuerdo de mi olor. No quiero habitaciones vacías, canciones ignoradas ni cajas por abrir. No quiero dar vueltas en la cama pensando dónde estarás, quién te sostendrá entre sus brazos.
Sin embargo, tampoco quiero vivir en una cárcel de dinero, pagar mensualidades, mantener una rutina, ni quedarme encerrado en una ciudad de mentes vacías y almas resignadas.
Lo que yo quiero es poder tocar todos los días la realidad de la última vez que soñé contigo. Quiero mirarte a los ojos y darme cuenta de que no soy capaz de sostenerte la mirada, de que ese brillo casi monocromático vale más que mi vida misma, no ser capaz ni de respirar al ver lo que hay detrás, e interrumpir todo el efecto con un beso desesperado, buscando el sabor de tus deseos y el olor de tus miedos. Quiero conquistar tu mente como tú has conquistado la mía, descubrir el porqué de tanta timidez, ser el objetivo de tus palabras, el que te coja de la cintura mientras contemplas el amanecer desde lo alto de una torre, inundarme con los libros que tú has leído, inundarte yo con los míos, debatir por qué Saramago es uno de los mejores ensayistas del mundo reciente, y por qué Szalowski era tan acogedor a pesar de meternos en el más profundo invierno canadiense.
Algún día tendré el valor para pedirte, aunque nos miren todos atónitos, que bailes conmigo.
jueves, 31 de enero de 2013
Secuelas de invierno
jueves, 10 de enero de 2013
Pisa firme y nunca mires atrás.
Cada vez que te pongas unos zapatos, átalos con la misma consideración que emplearías para arropar a los hijos del tiempo en una noche lluviosa, y cada vez que subas a un avión, hazlo con estilo, como si fuera la última vez que pisas tierra firme, porque cuando te bajes de él, serás otra persona. Saborea los tragos de whisky en las noches de invierno como si, al pasar por tu garganta, se quemaran todas las palabras rencorosas que han salido alguna vez de ella, y sonríe cuando eches el freno de mano al coche, porque eso significa que has llegado a tu destino, a donde debes estar; y si no es donde debes estar, no vayas.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
I ain't missing you at all
Por supuesto, los hechos relevantes de este extraño período no se limitan a los descritos anteriormente; aún recuerdo las frías noches de alcohol terapéutico en el barrio en que se crió Enrique Urquijo, los dolorosos acordes que escupe mi guitarra cuando la toco con los dedos ensangrentados y el alma destruida, las interminables conversaciones telefónicas y no telefónicas en las que mi subconsciente pedía a gritos el cese definitivo de la actividad cancerígena con la que se humedecían mis ojos, las huidas espacio-temporales que mis pies no tuvieron el coraje de prolongar, las lágrimas inmerecidas de quienes me vieron morir y no recibieron la menor oportunidad de ayudarme, y las de aquellos que sí pudieron hacerlo.
Por tanto, si he de dedicar una canción a todo aquello de lo que me he liberado a lo largo de este año, a todas las personas a las que he conseguido alejar de mí, en honor a todas las sensaciones que me han devuelto a mi propia identidad, sólo se me ocurre una: Missing you (tanto la versión de John Waite como la de Tina Turner), tanto por la letra como por su inconfundible carácter de años noventa, ése que te hacer pensar en todos los desastres emocionales que han sido necesarios para llegar a lo que actualmente conocemos, sin dejar de recordarlos con absoluta amargura. La letra dice algo así: "Cada vez que pienso en ti, siempre me quedo sin aliento. Aquí sigo, y tú estás a kilómetros, y me pregunto por qué te fuiste (...). Oigo tu nombre en determinadas circunstancias, y siempre me hace sonreír. Paso mi tiempo pensando en ti, y eso me está volviendo loco (...). No te echo de menos, en absoluto, desde que te fuiste. No importa lo que pueda decir (...). En tu mundo no significo nada, aunque intento entenderlo..."
Y esto es lo que mis dedos escriben a todo aquello que ha desaparecido de mi presente: no te echo de menos, en absoluto. Por mucho que tiemblen, por fríos que puedan llegar a estar, nunca se arrepentirán de escribir lo que han escrito, de escuchar lo que han escuchado, de ver lo que han visto, de tocar lo que han tocado, de señalar a quien han señalado, ni de proteger lo que han protegido.
En conclusión, 2012 ha sido un año irremplazable, absolutamente progresivo, en el que he conocido, por primera vez en muchos años, la condición de libertad que pocas personas han llegado a mantener. Y ni si quiera necesito esperar a que se consuman todos los días que quedan antes de las campanadas para confirmar la veracidad de estas afirmaciones, pues las propias circunstancias se han encargado de concederme el postre más dulce que pudiera haber imaginado antes de que todo esto pasara; para mí el 2012 terminó el 30 de noviembre. Lo que aconteció y acontecerá del 1 de diciembre en adelante no merece formar parte de un conjunto tan desastroso y traumático.
Y como último hecho, que recordaré siempre como una sentencia de libertad, una de las personas más importantes que forman mi universo (aunque nadie, incluida esa persona, llegue nunca a saber que lo es) me dijo hace poco lo más especial que nadie ha podido decirme nunca: "Vuelves a ser tú. Estoy orgulloso. Vuelves a ser el Alejandro que yo conozco".
sábado, 20 de octubre de 2012
"Amaral", esa forma de estar en el mundo.
El evento en particular, más allá de la organización y del transcurso de lo planeado, en lo cual no hubo ninguna anormalidad destacable, fue de lo más especial. Y para ello existen diversas razones; no sé si por haber ofrecido alojamiento a Andrea, dado mi amor incondicional hacia el Norte y generalmente hacia la gente que de allí procede (algo probablemente muy relacionado con mis gustos por la lluvia, el frío, la seriedad...), bien porque hacía mucho tiempo que no conocía a un grupo de personas tan maravillosas y pasaba un día tan agradable en compañía de alguien que no fuera un conocido de toda la vida, o bien porque llevaba demasiado tiempo sin emocionarme así con un concierto. Por una cosa, por otra, o por todas a la vez, he de reconocer que no olvidaré fácilmente lo de ayer.
Me guste o no, suelo ser bastante decantado hacia lo triste, depresivo o emotivo, por lo que todo esto siempre provoca un efecto más rápido que lo contrario. De esta forma, el terreno estuvo bien preparado desde el grisáceo y lluvioso amanecer, algo que no conseguí ignorar ni con un libro de Eduardo Mendoza entre las manos. Tras abandonar a Andrea y a Ainhoa en el metro, acudir a una entrevista de trabajo cuyo desastre se forjó entre las limitaciones ideológicas de alguien cercano y pasar por casa para comer y cambiarme de ropa, todo empezó a mejorar hacia lo que sería, con gran certeza, el mejor día que he vivido en esta horrible ciudad en muchos meses. Las horas de espera se hicieron cortas en la cola, muy buen ambiente y un sinfín de cosas que habría echado de menos en otras circunstancias. Dentro de la sala, una posición inmejorable en la que consiguieron encontrarme el resto de personas que venían conmigo y que no habían aparecido antes. El señor Pablo Arribas, o mejor dicho, Pichurra, se encargó de calentar motores con una extraña selección de buena música; el momento Vetusta Morla del principio me deprimió un poco, al no tener allí nadie a quien besar (quizá sí lo hubo, pero eso queda reservado para mi blog privado), que es lo único que se puede hacer en momentos así, de los que hubo unos cuantos a lo largo del concierto, pero terminó de convencerme con Mrs. Robinson y algún que otro clásico que me hicieron entrar, como dice Enrique, "in the mood" con la intensidad que necesitaba.
Respecto a las más de dos horas de concierto, no me atreveré a hacer ningún comentario tan específico; supongo que todos los que allí estuvimos nos quedamos sin palabras para describir tales vibraciones; por tanto, bajo ningún concepto osaré destacar cualquier detalle negativo, pues si lo hubo, no merece ser nombrado en lo que pretendo que sea mi humilde y resumida narración de un acontecimiento del que nunca me arrepentiré de haber formado parte. Bajo estas condiciones, queda poco que comentar; Eva nos hizo recordar (si es que alguna vez alguien lo había olvidado) por qué la adoramos, por qué aquellas letras no pueden pertenecer a ninguna otra voz del planeta, como no puede haber otras manos que se apropien de sus correspondientes acordes y (a mi parecer, perfectos) punteos, si no son las de Juan, que volvió a hacer gala de su más característica sobriedad enamoradiza sobre el escenario y, quizá con el mismo propósito, de su emotiva fuerza musical inútilmente escondida bajo su intachable actitud de voz en grito reprimida por impotencias y rebeldías, directamente plasmadas sobre cada nota, cada efecto y cada verso de unas letras cuyo significado supera los límites de la verdad cada vez que alguien las escucha.
Al finalizar el concierto, antes de que nadie terminara de asimilar lo que había tenido lugar en la más exitosa combinación de circunstancias, una larga espera a las puertas de una noche húmeda se vio recompensada con la presencia de los héroes (no comparto eso de "un día nada más"), sus firmas y algunas fotos. Tras ello, y contando con el creciente agotamiento físico de todo ser vivo allí presente, la madrugada empezó a adquirir niveles de surrealismo dignos de un autor de Seix Barral, que casi no habría imaginado vivir en mi propia ciudad. Aún así, las mentes no acabaron del todo trastornadas, pues mantenían la más pura ilusión antílope, así que ningún momento dejó de ser memorable. Unas pocas horas de sueño y éste empezó a disolverse poco a poco; algunos afortunados continuaron la ruta salvaje hacia la ciudad Condal, otros desaparecieron antes de que mi subconsciente pudiera soltar un mísero quejido de desconsuelo, y el resto, como Andrea, regresaron a su ciudad. Y tras volver del aeropuerto de Barajas, cuyos pasillos han sido escenario de mis decepciones más amargas, comienzan todas las pajas mentales que me han llevado a escribir esto.
Supongo que todo lo anterior ha puesto de manifiesto que entre los múltiples grupos, cantantes, etc. que me gustan, Amaral es por excelencia el primero, y preveo que así será siempre. Cuando empecé a tocar la guitarra, lo primero que aprendí fueron canciones de Amaral, que posteriormente fui perfeccionando dentro de mis limitaciones; los recuerdos más intensos que tengo desde siempre, tienen su música como banda sonora. No les faltó intensidad, en sus respectivos momentos, a otros grupos importantes en mi memoria, tales como Coldplay, The Cranberries, Bob Dylan, James Blunt, Dire Straits, los maravillosos Simon y Garfunkel, U2, Keane, Los Secretos, The Beatles, The Killers e Ismael Serrano. Sin embargo, Amaral no ha tenido "su época" en un momento determinado; ellos han tenido (y siguen teniendo) una época constante, siempre ha habido una canción suya para cada momento, para cada alegre recuerdo, para cada trago amargo y alguna que otra tragedia. En este último término se podría decir, y sin pretensiones de exagerar lo más mínimo, que Amaral me ha salvado la vida en varias ocasiones, y me la ha arrebatado, dulcemente, en otras tantas.
jueves, 11 de octubre de 2012
El poder de la incertidumbre
Retomando la introducción, así es; me considero observador e interventor a partes iguales, al mismo tiempo, y sobre los mismos hechos que, dentro de mis limitaciones, no van más allá de mi propia vida. Tengo la sensación de ser un simple testigo silencioso y maniatado de aquello que pasa, y sin embargo, todo lo que me rodea se encarga continuamente de demostrarme que, para mi sorpresa, soy al mismo tiempo la parte más importante del funcionamiento de aquello que observo; en primer lugar, porque siendo consciente de ello, se me garantiza que siempre tendré cierto poder para intervenir, aunque ese poder mínimo se rebaje al mero conocimiento del suceso; en segundo lugar, porque en caso de no conocerlo, según este famoso principio de incertidumbre, de no ser observador y testigo directo del suceso, corro el grave peligro de plantearme diferentes sucesos (el suceso inicial en sí, además del resto de sucesos posibles alternativos al primero) como hipotéticos y como ciertos en la misma medida, por lo que el hecho de presenciar una sola de esas posibilidades, ya está decantando el curso de la realidad por un solo camino. Es más, para decidir esto, yo mismo, como observador, tengo en mis manos la decisión de no serlo y dejar que la realidad (o mejor dicho, la incertidumbre), intervenga y decida por mí en la realización de este tal suceso.
PD: Espero que se comprenda la infinidad de comparaciones y alusiones emocionales que se pueden lograr con esta descripción, cuanto menos, extraña y, en cierta medida, posible.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Wheels move again
Bienvenidos a septiembre.
sábado, 11 de agosto de 2012
Un diminuto punto de inflexión.
El blog ha sido modificado en escasas ocasiones, aunque la razón nunca ha sido tan relevante como la actual; sin embargo, el cambio realizado es uno de los más discretos que se recuerdan en toda esta conjunción de núcleos sentimentales, plasmados en textos y extraños relatos salidos de lo más íntimo y delicado de lo que no se puede decir en voz alta ni comunicar a alguien de forma directa. Es por este último motivo por el que quiero, aunque sea con una breve entrada a la que pocos prestarán la atención que se merece, dejar constancia explícita de mi conciencia sobre este cambio y sobre su inspiración, además de las consecuencias que se esperan de él. Una de las características que también cabe resaltar de esta transformación en el diseño es que precisamente el diseño es lo único que se ha modificado discretamente, y con ello surge la conclusión de que sólo se pretende, como consecuencia, un cambio en la percepción visual de la lectura de los boletines que aquí se publican. La relación que se pueda establecer entre este cambio de apariencia y otros posibles cambios de carácter más profundo en la mente de su creador será responsabilidad de los lectores, cuya incertidumbre a la hora de confirmar dicha relación será precisamente lo que saque a relucir el valor implícito que cada uno da a su particular lectura de lo que aquí es publicado.
Un saludo a todos los lectores, sean puntuales o frecuentes, de lo que no pretende ser un diario, una vía de escape, un apunte secreto, una llamada de socorro, ni un consejo escondido, sino todo al mismo tiempo.
jueves, 9 de agosto de 2012
Take it back
miércoles, 4 de julio de 2012
They were all equal
Ya no servían los lazos familiares, carecían de utilidad las amistades, contactos, recuerdos de personas que en su momento fueron significativas, y demás influencias presupuestas a lo largo de la socialización de cualquier ser humano. Lo único con lo que contaban allí eran los acuerdos implícitos creados por miradas o por suspiros de aprobación ante el mismo estímulo. Incluso los acuerdos implícitos dentro de lo implícito, si es que se puede concebir algo así, eran válidos. Esto último sucedía cuando uno de los presentes veía en el de al lado una lágrima derramada, y al mismo tiempo el segundo percibía el reflejo de los ojos húmedos del primero, pues no eran necesarios gestos, palabras ni miradas para que supieran que ambos lloraban por razones, al menos, parecidas, pues estos llantos serían, en primera y última instancia, la misma respuesta, en el mismo momento para todos, en el mismo lugar.
Todos estos experimentos resultaron siempre interesantes para los artistas de la banda que solía tocar todos los sábados en "Shelter from the storm", en la terminación Oeste de la calle más ventosa de toda la ciudad. Les gustaba ver cómo reaccionaban los presentes ante cada tracklist, ver realizado su poder para hacer emerger de ellos hasta las emociones más ocultas, los recuerdos más reservados, los deseos más reprimidos, las esperanzas más perdidas. Cada vez que el conjunto se hacía oír, se podía distinguir a quienes se dejaban afectar más por las letras de quienes saboreaban con mayor detalle los solos de una eléctrica levemente reverberizada y con ciertos toques de un chorus mágico que erizaba los vellos más adormilados que algunos intentaban mantener inmóviles metiendo sus tragedias en un inútil baúl de los olvidos. Sin embargo todos, absolutamente todos demostraban noche tras noche que procedían de la misma cultura, que hablaban el mismo idioma no verbal, y que habían cometido los mismos errores a lo largo de sus falsamente independientes vidas, porque todos eran humanos, y precisamente eso, y no otra cosa, es lo que los unió para siempre durante aquellos conciertos; se dieron cuenta de que eran todos iguales.
martes, 3 de julio de 2012
Hasta que los relojes se detengan...
Pero sigues obcecado en esa ilusión de creer que has conseguido algo bueno, que no eres de esos que tropiezan infinitamente con las mismas piedras, a pesar de que sea precisamente eso lo que te has demostrado a lo largo del tiempo. Y compondrás canciones a partir de ahora. Has superado ese limbo emocional en el que decías que te encontrabas, parece que ha vuelto la inspiración para los cuadros, para la música, para el alcohol, para la administración constructiva de todas esas amistades y afectos que te queman en los juegos del azar y del tiempo, los que poco a poco se van disipando, los que llegan de nuevas, puros, sin malos recuerdos, esos que tienes ganas de explotar hasta que se contaminen, como todos los anteriores. Aunque, para consuelo tuyo y frustración de ese maldito patrón que siempre intenta repetirse, hay algunos afectos que nunca se contaminan, y en eso reside tu esperanza y tu posible desdicha.
Es aterradoramente maravilloso intuir que, en posible contradicción, son los cientos de canciones los que inspiran el conjunto de tu pensamiento, o posiblemente al contrario, es tu pensamiento el que, en una coincidencia mágica con el de todos esos compositores e intérpretes, inspira tales obras de perfección sónica, que encajan indescriptiblemente bien con todo lo que puebla y turba tu cabeza. Los momentos de "vive tú, que yo no puedo más" se mezclan en un amargo y fundido contraluz con los de "no sé exactamente qué, pero tenemos algo muy especial que celebrar".
Y sí, tienes unas ganas enormes y pavorosas, no se sabe bien si para siempre o solo por un tiempo, de reencontrarte con la verdadera responsable de todo lo que ha venido moviendo tus aguas de esa manera tan falsamente azarosa desde que existes, la amada naturaleza que quiere arrastrarte hacia el suelo, embadurnarte de tierra mientras tu estómago se llena de luz y tus ojos gozan en la profundidad. Mueres por volver a sentir que estás vivo de la manera más física y prolongada que pueda existir, y por supuesto, en la mejor compañía, ese eterno y rescatado afecto semisanguíneo del que no querrás alejarte nunca, y sabes que no lo harás. Tal vez sea lo único bueno que permanecerá en tus huesos a lo largo del tiempo, y tal vez eso sea suficiente para mantener tu energía, aunque sea de forma intermitente, hasta que los relojes se detengan.
-Eme-
jueves, 21 de junio de 2012
Stormy weather again?
Probablemente por eso el perdón más difícil no es el que se ha de dar a otra persona, si no el que se debe dar a uno mismo. Muchos no lo consiguen nunca.
Vuelves a ser un juguete roto en manos de nadie...
miércoles, 20 de junio de 2012
Tardes de invierno
[12.]
martes, 24 de abril de 2012
Ja no sóc per a tu
lunes, 9 de abril de 2012
Un héroe no puntual
Y luego te das cuenta de que los que salen por la tele no han seguido tu camino. No han seguido un plan de estudios, o una carrera, o un camino ya establecido para las masas. Los políticos que nos gobiernan son más incultos e ignorantes que los indigentes del metro. De los deportistas mejor ni hablamos. Y los ídolos musicales han creado ese mundo aparte, ese que se divide entre los que merecen ser golpeados con un bloque de cemento hasta morir y los que merecen ser recordados como héroes. Esos son los que salen en la tele y llenan los periódicos. A los estudiantes que se dejan los codos en la mesa y a los universitarios que descubren cómo funciona el mundo no los conoce nadie. A los que tienen algo que decir no los escucha nadie, a no ser que eso que digan produzca dinero. Parece que el interés económico de las palabras en público y las personas en general es inversamente proporcional a su utilidad. Ahí reside la desmotivación principal del estudiante actual. Sabiendo esto anterior, el hecho de estudiar parte de una sensación de fracaso precoz, en la que el estudio supone un paso más hacia esa condena que todos los fracasados están pagando continuamente. Miras a quien ha estudiado como un verdadero esclavo, a quien ha trabajado más de lo que nadie podría imaginar, y ¿dónde está? Pues seguramente en algún puesto monótono y sin salida, anclado en algún lugar al que tiene que acudir rutinaria y obligatoriamente bajo la amenaza de que todo aquello que cree haber conseguido a lo largo de toda su vida se devalore en forma de despido procedente. Son muy pocos los que consiguen destacar en algo, es muy baja la probabilidad (o debería decir posibilidad) de ser alguien que los demás conozcan, y lo más difícil, alguien útil en esa fama, alguien productivo, alguien que aporte algo más que incrementos en la ignorancia de las personas; en resumen, un héroe no puntual. Y los que lo son (o lo han sido), para tu sorpresa en este sentimentalmente tortuoso análisis de la puta mierda que está establecido que hagas con tu vida, te das cuenta de que no han conseguido ser quienes son a base de estudiar o de trabajar en silencio, sino a base de luchar en contra de la corriente, de hablar cuando todos los demás estaban callados, de cambiar lo que estaba mal, de revolucionarse en injusticias implícitas. Y lo que te encuentras tú al intentar tales actos en situaciones muy parecidas que se te pueden presentar son precisamente impedimentos para cambiar lo que todo el mundo sabe que está mal, y facilidades para seguir callado, para ser uno más y no influir en el transcurso de las circunstancias. Pero da todo igual. Ese "anger" que vas acumulando semana tras semana, algún día saldrá a la luz, y cuando eso pase, va a ser muy complicado frenarlo. Tus sueños son de los que se cumplen.
jueves, 15 de marzo de 2012
Un niño
miércoles, 29 de febrero de 2012
It's too cold outside
martes, 7 de febrero de 2012
Delirios de un neurótico
Y sin embargo, en cierto modo, podrías llegar a reconocer el lado positivo de algo tan destructivo a priori, pues además de la tranquilidad individual de quien se deshace de una gran carga, por necesidad propia y ajena, con esfuerzo propio y ayuda no solicitada, has logrado desprenderte de los únicos reparos que podrían, en otro caso, herirte tras ese desgarro, tan violento y tan silencioso al mismo tiempo, tan repentino y, queriéndolo o sin quererlo, tan esperado, tan agónico. No es rabia lo que te queda. Es frustración por haberte visto como te viste, durante tanto tiempo. Frustración por no haber sabido cómo iba a acabar todo, pues de haberlo sabido, el mes de abril habría diferido en algo mucho más productivo, y por qué no decirlo, infinitamente más sano.
Tú, que nunca quisiste aceptar que todos los demás fueran tan egoístas y necios por alguna oculta razón común que te negabas a descubrir, ahora la has descubierto. Ahora es cuando sucede el dilema de si, como sería esperado, resignarte a pertenecer a esa parte que tiene su razón común y más que justa para ser lo que nadie va a cuestionar, o seguir luchando en contra de la corriente, en contra de los tiempos, incluso en contra de tu propia conveniencia.
