Yo no quiero pisar sitios internacionales sin que nadie se percate de mi paso ni conserve un recuerdo de mi olor. No quiero habitaciones vacías, canciones ignoradas ni cajas por abrir. No quiero dar vueltas en la cama pensando dónde estarás, quién te sostendrá entre sus brazos.
Sin embargo, tampoco quiero vivir en una cárcel de dinero, pagar mensualidades, mantener una rutina, ni quedarme encerrado en una ciudad de mentes vacías y almas resignadas.
Lo que yo quiero es poder tocar todos los días la realidad de la última vez que soñé contigo. Quiero mirarte a los ojos y darme cuenta de que no soy capaz de sostenerte la mirada, de que ese brillo casi monocromático vale más que mi vida misma, no ser capaz ni de respirar al ver lo que hay detrás, e interrumpir todo el efecto con un beso desesperado, buscando el sabor de tus deseos y el olor de tus miedos. Quiero conquistar tu mente como tú has conquistado la mía, descubrir el porqué de tanta timidez, ser el objetivo de tus palabras, el que te coja de la cintura mientras contemplas el amanecer desde lo alto de una torre, inundarme con los libros que tú has leído, inundarte yo con los míos, debatir por qué Saramago es uno de los mejores ensayistas del mundo reciente, y por qué Szalowski era tan acogedor a pesar de meternos en el más profundo invierno canadiense.
Algún día tendré el valor para pedirte, aunque nos miren todos atónitos, que bailes conmigo.
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sábado, 9 de febrero de 2013
Québec
sábado, 20 de octubre de 2012
"Amaral", esa forma de estar en el mundo.
No sé cómo empezar, ni cómo acabará esta entrada, que esta vez será más tangible de lo normal en este blog. Lo que en ella trataré parte de un evento con fecha, lugar y anécdotas, el concierto en Madrid del 18 de octubre, la gira en general, pero tiene unas raíces extremadamente profundas en lo que ha sido la presencia de sus canciones a lo largo de los desastrosos años que han transcurrido en mi vida desde que empecé a escuchar la voz de Eva y las guitarras de Juan, allá por mis doce años, y supongo que más de lo mismo en cuanto al resto de fans y todos aquellos que han encontrado algo excepcional en sus letras y melodías. Quizá, y probablemente cometiendo cierto atrevimiento por encima de la temática inicial, me centraré algo más en esta segunda observación. Por tanto, supongo que todo lo escrito se irá desglosando a partir de lo acontecido en último lugar; sin embargo, no soy ni puedo ser conocedor de todo lo respectivo al grupo, a lo que hay alrededor o lo que hay en otras mentes; me limitaré, como no debería ser de otra forma, a exponer lo que hay en la mía...
El evento en particular, más allá de la organización y del transcurso de lo planeado, en lo cual no hubo ninguna anormalidad destacable, fue de lo más especial. Y para ello existen diversas razones; no sé si por haber ofrecido alojamiento a Andrea, dado mi amor incondicional hacia el Norte y generalmente hacia la gente que de allí procede (algo probablemente muy relacionado con mis gustos por la lluvia, el frío, la seriedad...), bien porque hacía mucho tiempo que no conocía a un grupo de personas tan maravillosas y pasaba un día tan agradable en compañía de alguien que no fuera un conocido de toda la vida, o bien porque llevaba demasiado tiempo sin emocionarme así con un concierto. Por una cosa, por otra, o por todas a la vez, he de reconocer que no olvidaré fácilmente lo de ayer.
Me guste o no, suelo ser bastante decantado hacia lo triste, depresivo o emotivo, por lo que todo esto siempre provoca un efecto más rápido que lo contrario. De esta forma, el terreno estuvo bien preparado desde el grisáceo y lluvioso amanecer, algo que no conseguí ignorar ni con un libro de Eduardo Mendoza entre las manos. Tras abandonar a Andrea y a Ainhoa en el metro, acudir a una entrevista de trabajo cuyo desastre se forjó entre las limitaciones ideológicas de alguien cercano y pasar por casa para comer y cambiarme de ropa, todo empezó a mejorar hacia lo que sería, con gran certeza, el mejor día que he vivido en esta horrible ciudad en muchos meses. Las horas de espera se hicieron cortas en la cola, muy buen ambiente y un sinfín de cosas que habría echado de menos en otras circunstancias. Dentro de la sala, una posición inmejorable en la que consiguieron encontrarme el resto de personas que venían conmigo y que no habían aparecido antes. El señor Pablo Arribas, o mejor dicho, Pichurra, se encargó de calentar motores con una extraña selección de buena música; el momento Vetusta Morla del principio me deprimió un poco, al no tener allí nadie a quien besar (quizá sí lo hubo, pero eso queda reservado para mi blog privado), que es lo único que se puede hacer en momentos así, de los que hubo unos cuantos a lo largo del concierto, pero terminó de convencerme con Mrs. Robinson y algún que otro clásico que me hicieron entrar, como dice Enrique, "in the mood" con la intensidad que necesitaba.
Respecto a las más de dos horas de concierto, no me atreveré a hacer ningún comentario tan específico; supongo que todos los que allí estuvimos nos quedamos sin palabras para describir tales vibraciones; por tanto, bajo ningún concepto osaré destacar cualquier detalle negativo, pues si lo hubo, no merece ser nombrado en lo que pretendo que sea mi humilde y resumida narración de un acontecimiento del que nunca me arrepentiré de haber formado parte. Bajo estas condiciones, queda poco que comentar; Eva nos hizo recordar (si es que alguna vez alguien lo había olvidado) por qué la adoramos, por qué aquellas letras no pueden pertenecer a ninguna otra voz del planeta, como no puede haber otras manos que se apropien de sus correspondientes acordes y (a mi parecer, perfectos) punteos, si no son las de Juan, que volvió a hacer gala de su más característica sobriedad enamoradiza sobre el escenario y, quizá con el mismo propósito, de su emotiva fuerza musical inútilmente escondida bajo su intachable actitud de voz en grito reprimida por impotencias y rebeldías, directamente plasmadas sobre cada nota, cada efecto y cada verso de unas letras cuyo significado supera los límites de la verdad cada vez que alguien las escucha.
Al finalizar el concierto, antes de que nadie terminara de asimilar lo que había tenido lugar en la más exitosa combinación de circunstancias, una larga espera a las puertas de una noche húmeda se vio recompensada con la presencia de los héroes (no comparto eso de "un día nada más"), sus firmas y algunas fotos. Tras ello, y contando con el creciente agotamiento físico de todo ser vivo allí presente, la madrugada empezó a adquirir niveles de surrealismo dignos de un autor de Seix Barral, que casi no habría imaginado vivir en mi propia ciudad. Aún así, las mentes no acabaron del todo trastornadas, pues mantenían la más pura ilusión antílope, así que ningún momento dejó de ser memorable. Unas pocas horas de sueño y éste empezó a disolverse poco a poco; algunos afortunados continuaron la ruta salvaje hacia la ciudad Condal, otros desaparecieron antes de que mi subconsciente pudiera soltar un mísero quejido de desconsuelo, y el resto, como Andrea, regresaron a su ciudad. Y tras volver del aeropuerto de Barajas, cuyos pasillos han sido escenario de mis decepciones más amargas, comienzan todas las pajas mentales que me han llevado a escribir esto.
Supongo que todo lo anterior ha puesto de manifiesto que entre los múltiples grupos, cantantes, etc. que me gustan, Amaral es por excelencia el primero, y preveo que así será siempre. Cuando empecé a tocar la guitarra, lo primero que aprendí fueron canciones de Amaral, que posteriormente fui perfeccionando dentro de mis limitaciones; los recuerdos más intensos que tengo desde siempre, tienen su música como banda sonora. No les faltó intensidad, en sus respectivos momentos, a otros grupos importantes en mi memoria, tales como Coldplay, The Cranberries, Bob Dylan, James Blunt, Dire Straits, los maravillosos Simon y Garfunkel, U2, Keane, Los Secretos, The Beatles, The Killers e Ismael Serrano. Sin embargo, Amaral no ha tenido "su época" en un momento determinado; ellos han tenido (y siguen teniendo) una época constante, siempre ha habido una canción suya para cada momento, para cada alegre recuerdo, para cada trago amargo y alguna que otra tragedia. En este último término se podría decir, y sin pretensiones de exagerar lo más mínimo, que Amaral me ha salvado la vida en varias ocasiones, y me la ha arrebatado, dulcemente, en otras tantas.
El evento en particular, más allá de la organización y del transcurso de lo planeado, en lo cual no hubo ninguna anormalidad destacable, fue de lo más especial. Y para ello existen diversas razones; no sé si por haber ofrecido alojamiento a Andrea, dado mi amor incondicional hacia el Norte y generalmente hacia la gente que de allí procede (algo probablemente muy relacionado con mis gustos por la lluvia, el frío, la seriedad...), bien porque hacía mucho tiempo que no conocía a un grupo de personas tan maravillosas y pasaba un día tan agradable en compañía de alguien que no fuera un conocido de toda la vida, o bien porque llevaba demasiado tiempo sin emocionarme así con un concierto. Por una cosa, por otra, o por todas a la vez, he de reconocer que no olvidaré fácilmente lo de ayer.
Me guste o no, suelo ser bastante decantado hacia lo triste, depresivo o emotivo, por lo que todo esto siempre provoca un efecto más rápido que lo contrario. De esta forma, el terreno estuvo bien preparado desde el grisáceo y lluvioso amanecer, algo que no conseguí ignorar ni con un libro de Eduardo Mendoza entre las manos. Tras abandonar a Andrea y a Ainhoa en el metro, acudir a una entrevista de trabajo cuyo desastre se forjó entre las limitaciones ideológicas de alguien cercano y pasar por casa para comer y cambiarme de ropa, todo empezó a mejorar hacia lo que sería, con gran certeza, el mejor día que he vivido en esta horrible ciudad en muchos meses. Las horas de espera se hicieron cortas en la cola, muy buen ambiente y un sinfín de cosas que habría echado de menos en otras circunstancias. Dentro de la sala, una posición inmejorable en la que consiguieron encontrarme el resto de personas que venían conmigo y que no habían aparecido antes. El señor Pablo Arribas, o mejor dicho, Pichurra, se encargó de calentar motores con una extraña selección de buena música; el momento Vetusta Morla del principio me deprimió un poco, al no tener allí nadie a quien besar (quizá sí lo hubo, pero eso queda reservado para mi blog privado), que es lo único que se puede hacer en momentos así, de los que hubo unos cuantos a lo largo del concierto, pero terminó de convencerme con Mrs. Robinson y algún que otro clásico que me hicieron entrar, como dice Enrique, "in the mood" con la intensidad que necesitaba.
Respecto a las más de dos horas de concierto, no me atreveré a hacer ningún comentario tan específico; supongo que todos los que allí estuvimos nos quedamos sin palabras para describir tales vibraciones; por tanto, bajo ningún concepto osaré destacar cualquier detalle negativo, pues si lo hubo, no merece ser nombrado en lo que pretendo que sea mi humilde y resumida narración de un acontecimiento del que nunca me arrepentiré de haber formado parte. Bajo estas condiciones, queda poco que comentar; Eva nos hizo recordar (si es que alguna vez alguien lo había olvidado) por qué la adoramos, por qué aquellas letras no pueden pertenecer a ninguna otra voz del planeta, como no puede haber otras manos que se apropien de sus correspondientes acordes y (a mi parecer, perfectos) punteos, si no son las de Juan, que volvió a hacer gala de su más característica sobriedad enamoradiza sobre el escenario y, quizá con el mismo propósito, de su emotiva fuerza musical inútilmente escondida bajo su intachable actitud de voz en grito reprimida por impotencias y rebeldías, directamente plasmadas sobre cada nota, cada efecto y cada verso de unas letras cuyo significado supera los límites de la verdad cada vez que alguien las escucha.
Al finalizar el concierto, antes de que nadie terminara de asimilar lo que había tenido lugar en la más exitosa combinación de circunstancias, una larga espera a las puertas de una noche húmeda se vio recompensada con la presencia de los héroes (no comparto eso de "un día nada más"), sus firmas y algunas fotos. Tras ello, y contando con el creciente agotamiento físico de todo ser vivo allí presente, la madrugada empezó a adquirir niveles de surrealismo dignos de un autor de Seix Barral, que casi no habría imaginado vivir en mi propia ciudad. Aún así, las mentes no acabaron del todo trastornadas, pues mantenían la más pura ilusión antílope, así que ningún momento dejó de ser memorable. Unas pocas horas de sueño y éste empezó a disolverse poco a poco; algunos afortunados continuaron la ruta salvaje hacia la ciudad Condal, otros desaparecieron antes de que mi subconsciente pudiera soltar un mísero quejido de desconsuelo, y el resto, como Andrea, regresaron a su ciudad. Y tras volver del aeropuerto de Barajas, cuyos pasillos han sido escenario de mis decepciones más amargas, comienzan todas las pajas mentales que me han llevado a escribir esto.
Supongo que todo lo anterior ha puesto de manifiesto que entre los múltiples grupos, cantantes, etc. que me gustan, Amaral es por excelencia el primero, y preveo que así será siempre. Cuando empecé a tocar la guitarra, lo primero que aprendí fueron canciones de Amaral, que posteriormente fui perfeccionando dentro de mis limitaciones; los recuerdos más intensos que tengo desde siempre, tienen su música como banda sonora. No les faltó intensidad, en sus respectivos momentos, a otros grupos importantes en mi memoria, tales como Coldplay, The Cranberries, Bob Dylan, James Blunt, Dire Straits, los maravillosos Simon y Garfunkel, U2, Keane, Los Secretos, The Beatles, The Killers e Ismael Serrano. Sin embargo, Amaral no ha tenido "su época" en un momento determinado; ellos han tenido (y siguen teniendo) una época constante, siempre ha habido una canción suya para cada momento, para cada alegre recuerdo, para cada trago amargo y alguna que otra tragedia. En este último término se podría decir, y sin pretensiones de exagerar lo más mínimo, que Amaral me ha salvado la vida en varias ocasiones, y me la ha arrebatado, dulcemente, en otras tantas.
martes, 11 de enero de 2011
Forever Young [1]
Qué ha sido de todos esos pequeños placeres de la vida que antes eran tan cómodos de disfrutar. Tomarme un café con tostadas en Crossroads, hacer el amor con mi media naranja, disfrutar del sabor de una lata de Fanta sin burbujas, coger un coche y meterme en la carretera, tocar la guitarra hasta que me sangren los dedos, cantar bajo la lluvia hasta morir de hipotermia, leer una novela hasta que me salten las lágrimas...
Ya no puedo hacer muchas de esas cosas. Ahora estoy en algún lugar, lejos de toda esa mierda que contaminaba el mundo. Lejos de esa rutina, de esos problemas.
Una vez escuché aquella canción de Alphaville, titulada "Forever young", y dije que quería ser joven para siempre. Decidí que sólo envejecería si perdía la ilusión por vivir, la esperanza de que algo bueno sucediera... y alomejor ya me he hecho viejo en alguna otra vida, en la que hago más caso a los problemas que a las soluciones. Puede que en otra realidad ya me hayan salido canas, y vaya por los sitios refunfuñando y quejándome de lo ignorante que es la gente, de lo inútiles que son todos y de lo poco que saben del mundo, de la vida, de lo que me ha pasado... pero afortunadamente todavía no soy un viejo cascarrabias, ni lo seré nunca, porque ya no estoy aquí. Decidí que quería ser joven para siempre y lo conseguí. Ahora me he quedado entre el presente y el infinito; entre la presencia y la ausencia.
Pocos supieron lo que pretendí conseguir en vida; pocos recuerdan lo que me habría gustado hacer... pero todavía hay un par de personas que hablan de mí con respeto y que intentan honrar mi memoria de alguna manera. Aún queda quien, a pesar de todo lo acontecido, o quizá a causa de ésto mismo, asiste a cierto lugar a dejar una vela encendida junto a una carta, escrita a mano y depositada en un sobre cerrado que nadie abrirá nunca. Qué habré hecho yo para que dos personas me recuerden, cuando el resto de los que me conocieron han decidido olvidarme y eliminarme de sus vidas. Qué me habrá pasado, que sin haber creído nunca en esto de los fantasmas ni nada por el estilo, ahora veo a dos almas desconsoladas que me hablan por las noches mirando al cielo, esperando ser escuchadas. Y de hecho lo son. Raro es, que sin derramar lágrimas físicamente, se pueda llorar tanto como en vida, incluso más y más desesperadamente.
Qué ha sido del dolor que afligía la existencia de un pobre hombre que habitaba en algún lugar de la Tierra, más exactamente en un Madrid del que siempre quiso salir, que ahora que se ha ido, quiere volver.
Ya no puedo hacer muchas de esas cosas. Ahora estoy en algún lugar, lejos de toda esa mierda que contaminaba el mundo. Lejos de esa rutina, de esos problemas.
Una vez escuché aquella canción de Alphaville, titulada "Forever young", y dije que quería ser joven para siempre. Decidí que sólo envejecería si perdía la ilusión por vivir, la esperanza de que algo bueno sucediera... y alomejor ya me he hecho viejo en alguna otra vida, en la que hago más caso a los problemas que a las soluciones. Puede que en otra realidad ya me hayan salido canas, y vaya por los sitios refunfuñando y quejándome de lo ignorante que es la gente, de lo inútiles que son todos y de lo poco que saben del mundo, de la vida, de lo que me ha pasado... pero afortunadamente todavía no soy un viejo cascarrabias, ni lo seré nunca, porque ya no estoy aquí. Decidí que quería ser joven para siempre y lo conseguí. Ahora me he quedado entre el presente y el infinito; entre la presencia y la ausencia.
Pocos supieron lo que pretendí conseguir en vida; pocos recuerdan lo que me habría gustado hacer... pero todavía hay un par de personas que hablan de mí con respeto y que intentan honrar mi memoria de alguna manera. Aún queda quien, a pesar de todo lo acontecido, o quizá a causa de ésto mismo, asiste a cierto lugar a dejar una vela encendida junto a una carta, escrita a mano y depositada en un sobre cerrado que nadie abrirá nunca. Qué habré hecho yo para que dos personas me recuerden, cuando el resto de los que me conocieron han decidido olvidarme y eliminarme de sus vidas. Qué me habrá pasado, que sin haber creído nunca en esto de los fantasmas ni nada por el estilo, ahora veo a dos almas desconsoladas que me hablan por las noches mirando al cielo, esperando ser escuchadas. Y de hecho lo son. Raro es, que sin derramar lágrimas físicamente, se pueda llorar tanto como en vida, incluso más y más desesperadamente.
Qué ha sido del dolor que afligía la existencia de un pobre hombre que habitaba en algún lugar de la Tierra, más exactamente en un Madrid del que siempre quiso salir, que ahora que se ha ido, quiere volver.
miércoles, 5 de enero de 2011
Carta a los Reyes Magos
Queridos Reyes Magos de Oriente:
Me llamo Alejandro; supongo que os acordaréis de mí porque el año pasado os ayudé a hacer vuestro trabajo, y lo haré también esta noche. Como el año pasado fui muy muy bueno (no sé si me porté bien o mal, pero no me arrepiento de nada), me gustaría que leyerais con detenimiento la lista de cosas que os pido:
[Cosas materiales, es decir, casi imposibles]
-Las Converse de edición J. Hendrix que han sacado los de All Star para este año.
-Una chaqueta de cuero de esas de 200 € que sólo de olerlas te da un no sé qué.
-Una cámara Canon de grabación Full-HD (1920x1080) para mejorar mis vídeos en YouTube.
-Una Gibson Les Paul dorada como la que vi en Barcelona hace unos meses; o en su defecto, aquella electroacústica de Tanglewood de doce cuerdas de fabricación manual que me enamoró en la tienda.
-Una Yamaha Special de 250cc y dos mil litros de gasolina para gastar en la carretera.
-Un piso por el centro de Madrid con una habitación insonorizada donde poder tocar a gusto.
[Cosas no materiales, más imposibles todavía]
-La paz en el mundo.
-Que todos los numerarios del Opus se suiciden a la vez y lo cuelguen en YouTube.
-Que Steven Spielberg haga otra peli del estilo de "Schindler's list" y vuelva a emocionar al mundo.
-Que mi hermana no me vuelva a dejar sin amigos como el año pasado.
-Que mi prima no se case.
-Que mi tía vuelva a vivir en Madrid.
-Que Estados Unidos haga las paces con Irán, Cuba, Rusia y Corea del Norte.
-Que los Cranberries vuelvan a tocar en Madrid.
-Que los soldados no tengan que volver a casa y dar un abrazo entre lágrimas a sus familias.
-Que Laura se case conmigo, nos vayamos a vivir a una casa rural en la Toscana y comamos pizza todas las semanas.
-Que deje de existir la droga.
-Que las personas recuperen la ilusión por vivir.
-Que desaparezca el fútbol.
En fin, esta es mi extravagante lista de este año. No espero que me traigáis nada de lo que pone, pero como había que escribir una carta, yo he puesto lo que quiero. Algunas cosas son más fáciles que otras, algunas más éticas que otras... pero creo que son las que quiero, así que ya sabéis. Id a las casas de otros niños y llevadles juguetes, porque yo ni soy un niño ni quiero juguetes (bueno, la primera lista sí, son juguetitos chulis).
Me llamo Alejandro; supongo que os acordaréis de mí porque el año pasado os ayudé a hacer vuestro trabajo, y lo haré también esta noche. Como el año pasado fui muy muy bueno (no sé si me porté bien o mal, pero no me arrepiento de nada), me gustaría que leyerais con detenimiento la lista de cosas que os pido:
[Cosas materiales, es decir, casi imposibles]
-Las Converse de edición J. Hendrix que han sacado los de All Star para este año.
-Una chaqueta de cuero de esas de 200 € que sólo de olerlas te da un no sé qué.
-Una cámara Canon de grabación Full-HD (1920x1080) para mejorar mis vídeos en YouTube.
-Una Gibson Les Paul dorada como la que vi en Barcelona hace unos meses; o en su defecto, aquella electroacústica de Tanglewood de doce cuerdas de fabricación manual que me enamoró en la tienda.
-Una Yamaha Special de 250cc y dos mil litros de gasolina para gastar en la carretera.
-Un piso por el centro de Madrid con una habitación insonorizada donde poder tocar a gusto.
[Cosas no materiales, más imposibles todavía]
-La paz en el mundo.
-Que todos los numerarios del Opus se suiciden a la vez y lo cuelguen en YouTube.
-Que Steven Spielberg haga otra peli del estilo de "Schindler's list" y vuelva a emocionar al mundo.
-Que mi hermana no me vuelva a dejar sin amigos como el año pasado.
-Que mi prima no se case.
-Que mi tía vuelva a vivir en Madrid.
-Que Estados Unidos haga las paces con Irán, Cuba, Rusia y Corea del Norte.
-Que los Cranberries vuelvan a tocar en Madrid.
-Que los soldados no tengan que volver a casa y dar un abrazo entre lágrimas a sus familias.
-Que Laura se case conmigo, nos vayamos a vivir a una casa rural en la Toscana y comamos pizza todas las semanas.
-Que deje de existir la droga.
-Que las personas recuperen la ilusión por vivir.
-Que desaparezca el fútbol.
En fin, esta es mi extravagante lista de este año. No espero que me traigáis nada de lo que pone, pero como había que escribir una carta, yo he puesto lo que quiero. Algunas cosas son más fáciles que otras, algunas más éticas que otras... pero creo que son las que quiero, así que ya sabéis. Id a las casas de otros niños y llevadles juguetes, porque yo ni soy un niño ni quiero juguetes (bueno, la primera lista sí, son juguetitos chulis).
Un saludo y que paséis buena noche.
Nobelio.
sábado, 11 de diciembre de 2010
De mi Madrid a mi cielo.
Qué tendrán esas calles... que son tan internacionales, tan frecuentadas... pero al final son sólo mías. Mías y de nadie más. Rincones que sólo son para mí. Allí voy cuando algún golpe de tristeza nubla mi corazón; allí voy cuando alguna llama se apaga en mi vida, allí voy cuando quiero estar conmigo mismo durante un rato. Mi lugar de evasión, mis rincones de evasión; calles por las que a cualquier hora puedo pasar, a cualquier hora me siento bien; calles que significan algo para mí...
Sí, señores, hablo del centro de Madrid.
Hablo de la mítica Puerta del Sol, de dar un paseo por Gran Vía, bajar por Preciados y por Montera hasta la plaza del reloj, coger Arenal y acabar en Ópera, llegar al Palacio de Oriente, observar sus dimensiones, los jardines, las estatuas, Carlos III asomando desde lo alto y La Almudena callada al otro lado... de salir quizá hacia la Plaza Mayor y sentir libertad entre cuatro muros, de salir tal vez por la calle Carretas y dar a parar frente al teatro Häggen Dazs; de coger la calle Prado, visitar el Ateneo de Madrid y la sede de Cienciología, de regresar por Huertas, echar un vistazo a la entrada del Penthouse y entrar al Café Central y ahogar las penas con un cortado bien caliente... sí, de eso se trata; de ahogar las penas con un café en la barra, mientras lees un un libro con las tapas forradas de papel marrón y escuchas ese mítico Jazz de los antiguos imperios coloniales... de salir de una zona antigua en dirección a Chueca, tomarse unas margaritas en un mexicano y regresar a la zona, quizá en dirección al Banco de España, al Museo Naval, al Instituto Cervantes, a Neptuno, hasta la Puerta de Alcalá... recorrer a pie las paradas de metro y observar la inmensidad de una ciudad aparentemente tan pequeña... de coger la Castellana hacia arriba y terminar en el Bernabéu, en Nuevos Ministerios, avanzar hacia Cuatro Caminos... o ir en plan Retiro-Atocha-Barrio de las Tablas... de ir a la Glorieta de Bilbao y tomar unas tapas en alguna sidrería... y de todo esto al Cielo... porque yo me siento en los escalones de la estatua de Carlos III y se me acaban los males escuchando al violinista del banco llovido mientras toca 'Hallelujah' al ritmo de un pequeño metrónomo, comprado a pocas manzanas, en alguna de las innumerables y preciosas tiendas musicales que invaden la zona... que a falta de carretera, buenas son esas calles.
Sí, señores, hablo del centro de Madrid.
Hablo de la mítica Puerta del Sol, de dar un paseo por Gran Vía, bajar por Preciados y por Montera hasta la plaza del reloj, coger Arenal y acabar en Ópera, llegar al Palacio de Oriente, observar sus dimensiones, los jardines, las estatuas, Carlos III asomando desde lo alto y La Almudena callada al otro lado... de salir quizá hacia la Plaza Mayor y sentir libertad entre cuatro muros, de salir tal vez por la calle Carretas y dar a parar frente al teatro Häggen Dazs; de coger la calle Prado, visitar el Ateneo de Madrid y la sede de Cienciología, de regresar por Huertas, echar un vistazo a la entrada del Penthouse y entrar al Café Central y ahogar las penas con un cortado bien caliente... sí, de eso se trata; de ahogar las penas con un café en la barra, mientras lees un un libro con las tapas forradas de papel marrón y escuchas ese mítico Jazz de los antiguos imperios coloniales... de salir de una zona antigua en dirección a Chueca, tomarse unas margaritas en un mexicano y regresar a la zona, quizá en dirección al Banco de España, al Museo Naval, al Instituto Cervantes, a Neptuno, hasta la Puerta de Alcalá... recorrer a pie las paradas de metro y observar la inmensidad de una ciudad aparentemente tan pequeña... de coger la Castellana hacia arriba y terminar en el Bernabéu, en Nuevos Ministerios, avanzar hacia Cuatro Caminos... o ir en plan Retiro-Atocha-Barrio de las Tablas... de ir a la Glorieta de Bilbao y tomar unas tapas en alguna sidrería... y de todo esto al Cielo... porque yo me siento en los escalones de la estatua de Carlos III y se me acaban los males escuchando al violinista del banco llovido mientras toca 'Hallelujah' al ritmo de un pequeño metrónomo, comprado a pocas manzanas, en alguna de las innumerables y preciosas tiendas musicales que invaden la zona... que a falta de carretera, buenas son esas calles.
martes, 30 de marzo de 2010
11 de marzo de 2004, Madrid, 7:35 am
El 11-M, un atentado terrorista estremeció la ciudad y el país entero; al menos eso decían los periódicos.
Según los datos, hicieron explosión 10 bombas en 4 trenes de cercanías, en dirección a la estación de Atocha, en el centro de la Capital, en un atentado cuya programación se atribuye a 22 hombres, de los cuales 7 se suicidaron posteriormente; 14 fueron procesados por la Audiencia Nacional y uno quedó sin identificar, incluyendo a otro de los "cerebros" de la operación, cuya implicación no se pudo demostrar. Dicen también que los atentados fueron físicamente obra de terroristas "yihadistas", y que no se encuentran evidencias suficientes para relacionar a ETA con los hechos, y sí que lo hacen con Al Qaeda, pero algunos miembros de la AVT y otros grupos de vícimas no se quedaron contentos, diciendo que tenía que haber más gente detrás de los atentados, y que los fallos de los jueces, además de ser injustos, no habían conseguido dar con la identidad de quien realmente ordenó que se realizara esta masacre en Madrid.
Desde que aquello sucedió, y hasta ahora, no he parado de ver informes, noticias y gritos al aire de ataques que unos partidos políticos se hacen con otros, de gente que culpa a esta persona, o a esta otra. Algunos se pusieron a llamar "asesino" a Aznar con todo el rencor que podían, porque hay quien sigue diciendo que los atentados fueron una venganza de los musulmanes por las tropas enviadas a Iraq durante la última legislación del Partido Popular, y otros en cambio, acusan al PSOE de oportunista y de haberse aprovechado de este atentado terrorista para subir al poder, y le vino bien que la gente estuviera en contra de Aznar, porque con él, la banda terrorista ETA no tenía futuro, y preferían al señor Zapatero, porque podrían salir ambos beneficiados. ETA y los partidos nacionalistas vascos tendrían menos dificultades gracias al Gobierno, y el Gobierno podría negociar detenciones y períodos de paz para satisfacer a la población. En fin, que los de un partido siempre van a culpar al partido contrario, y viceversa. DE ESTA MISMA MANERA SUBIÓ HITLER AL PODER. Por supuesto que no es nada comparable, pero la situación de los años 30 era parecida: Europa había pasado por su primera gran crisis económica, y como es lógico, habían echado la culpa a los políticos de entonces, por lo que la población (con personas cultas sólo en una sexta parte) empezó a desconfiar de la democracia, y votaron a Hitler porque prometía grandes mejoras con otra forma de gobierno, aunque después se saltó todos los tratados habidos y por haber para conseguir su objetivo, su plan estrambótico, típico solamente de un loco, como fue el dictador. Pero volviendo al 2004, si lo analizamos bien, cualquier persona que diga algo de este estilo tendrá razón siempre. Si se mira desde el lado socialista, es verdad, es posible que los musulmanes estuvieran hartos de las tropas extranjeras en su zona y utilizaran esto para vengarse, algo parecido a lo que sucedió en el 11-S *(aunque yo tengo otra opinión sobre esto, y es que el Gobierno de los EEUU sí que tenía implicación y colaboración con los terroristas, porque creo sinceramente en las teorías que dicen que las torres gemelas estaban diseñadas para no hundirse con el impacto de los aviones, y que en realidad se hundieron porque sufrieron una detonación controlada, con explosivos previamente colocados en su interior, en colaboración con los servicios secretos. Después, los terroristas pusieron la identidad y los hechos exteriores, es decir, los aviones. Así, todos contentos: el Gobierno se carga las torrecitas y logra sus fines internos, y los árabes vuelven a dar mala imagen y acojonan al mundo...)*; pero si lo miramos desde el lado derechista, también es probable que el partido dirigido por Zapatero hubiera tenido algún tipo de acuerdo con la banda terrorista ETA, o que al menos se hubiera aprovechado del odio que estos atentados generaron contra los Populares, para subir al poder, ya que todos sabemos que los etarras sabían perfectamente que con la Derecha en el poder no tenían futuro, y que preferían a los socialistas, porque eran más sucios y lograrían algo de diálogo para un beneficio mutuo.
No se pueden descartar los argumentos de nadie. Los míos y mis opiniones personales al respecto me los reservo para mí, porque no me considero lo suficientemente experto en el tema, ni lo haré nunca, como para defender una opinión propia en cuanto a algo cuyos únicos culpables son los ejecutores, y no las posibles causas. Además de eso, sería ilógico e irracional por mi parte opinar de la forma en que he escrito antes, ya que si yo fuera de derechas, culparía al partido de Zapatero, y si fuera de izquierdas o socialista, culparía a la política del señor Aznar, y así nos mataríamos todos. Por eso, a quien tenga algo que decir, yo respondo: sea como sea, en esos trenes murieron personas de los dos lados, de izquierdas, de derechas, de centros y de arribas y abajos, así que todas las víctimas tendrían razón al opinar, porque todas serían igual de víctimas, TODOS somos igual de víctimas.
Sinceramente, lo que sí me atrevo a opinar es en la parte humana, que creo que es la que siempre tiene razón, pero creo que es uno de los puntos más difíciles desde los que se puede ver algo de este estilo, como un atentado terrorista, es decir, de una forma más imparcial, más desinteresada, y más empática, mas cercana, más diplomática, y en la que todos tendrían razón: creo que la única opinión válida es la de culpar, odiar, y lo que haga falta, contra los únicos que sabemos que tuvieron la culpa de estas muertes y heridas en otros tantos, odiar a los autores, culpar a los autores, y estar del lado de las víctimas, ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE DEL LADO DE LAS VÍCTIMAS, ya sean directas, indirectas, o simplemente psicológicas, porque son el único colectivo que nos representa a TODOS, seamos del partido que seamos, odiemos a quien odiemos, seamos quien seamos. No soy partidario de odiar a nadie, pero si hay que hacerlo, creo que todos estaríamos de acuerdo en hacerlo contra los autores reales de los atentados del 11-M. No hay que hacer más distinciones: o eres una víctima o eres un autor. Punto. No hay más. Si te pones de parte de un partido para culpar a otro partido, sólo te conviertes en un gilipollas, un pelele, un estúpido, un ignorante, que lo único que sabe hacer es dejarse manejar por las voces sensacionalistas, amarillistas, manipuladoras, y sobre todo, CRUELES, por intentar aprovecharse de una situación así con el fin de conseguir algún objetivo propio, ya sea por un lado o por otro. El único lado del que nos podemos poner es el de las personas, el de los civiles, el de las víctimas, el de las personas que representamos la PAZ, el de la diplomacia, y el de saber pensar las cosas.
Y si de esta manera alguien no lo entiende, lo explicaré de otra: si lo analizamos bien, las opiniones y los ataques, por llamarlo de alguna manera, se tienen que realizar desde un bando de la misma manera que desde el otro, es decir, si por ejemplo estamos del lado de la derecha, para culpar a los socialistas y tener razón, los atentados tendrían que haber sido únicamente contra gente de nuestro partido, y de la misma forma al revés. Pero lo que sucedió fue exactamente lo contrario: fue un ataque de la VIOLENCIA contra la POBLACIÓN, y esa POBLACIÓN nos incluye a todos, a todos los partidos, a todas las nacionalidades y a todas las personas. Por supuesto que hubo muchos intereses políticos en la realización de los atentados, es innegable, pero precisamente, porque eso es lo que ellos querían, porque querían dividirnos y provocar enfrentamientos, ataques de unos a otros y culpas de unos a otros, cuando los únicos atacados fueron los muertos y los heridos, precisamente por eso, debemos responder con algo que ellos no desearían, que es la UNIDAD, la unidad, la unión, el sentimiento de Comunidad con los de al lado, porque aunque sean diferentes que nosotros, o piensen de forma diferente, también tienen algo en común con nosotros: son Víctimas. Eso es lo único que nos debe interesar, UNIRNOS y mirar más allá del color político de cada persona, da igual rojo que azul, porque por encima de eso está la HUMANIDAD, algo que todos compartimos, y en lo que todos nos sentimos identificados.
Otra cosa que me parece mal, extremadamente mal, hasta un punto en el que me puedo llegar a poner enfermo de rabia, es que alguien se atreva a llamar "ASESINO" a alguien, en este caso Aznar, pero da igual quien sea, sólo por pensar que sus tropas en Iraq han causado una masacre de decenas de personas. Si Aznar fuera un asesino, los había matado él personalmente. Por supuesto que conocía el riesgo de un ataque terrorista por Al Qaeda (si acaso es verdad que su política fue la causa de los atentados), pero por encima de esto estaba su convicción de la necesidad de esas tropas en las zonas de guerra; por supuesto que conocía el riesgo de un ataque terrorista por parte de ETA, porque a diferencia de otros políticos, él anulaba cualquier diálogo o negociación con bandas armadas, porque su única condición para esto era el abandono de las armas, claro que conocía el riesgo, pero también conocía la importancia de no dar su brazo a torcer, la importancia de REPRESENTAR A LA DEMOCRACIA para la que había sido elegido, la importancia de REPRESENTAR A LA PAZ.
Puede que en esto último no tenga razón, o tal vez sí. Sólo pido perdón por si he escrito alguna barbaridad, esta es sólo mi opinión, la de un chico de 15 años y 10 meses, sobre algo ante lo que no puede sentirse impasible mientras se sienta identificado con el sentimiento de humanidad. Sí. Me siento identificado con ese sentimiento, y me siento identificado con cualquiera que, como yo, sepa (o intente) ver más allá de las culpabilidades y de las ideologías, y consiga ver a la humanidad, desde fuera, viendo cómo esos pequeños hombrecillos que habitan la Tierra se matan unos a otros, están unos a favor y en contra de otros, y cómo se pelean entre ellos; me siento identificado con cualquiera que sepa ver eso desde la empatía de ponerse en el lugar de todos y descubrir que ninguno tiene razón si no es poniéndose del lado del colectivo mundial, desde la humanidad, desde el derecho a vivir, desde la inocencia, DESDE LA PAZ.
Desde aquí, un saludo para todo el que haya leído mi gran parrafada sobre los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid,
y con mi mayor respeto,
un gesto de apoyo a todas las víctimas, directas o indirectas, de estos sucesos, que nos tienen a todos impotentes y con las manos atadas en el silencio, con el corazón encogido y con los pies juntos y fríos, pero por favor, por favor, siempre con la cabeza alta, BIEN ALTA, QUE NOS VEA TODO EL MUNDO, que no tenemos miedo, porque tenemos la razón, porque tenemos el apoyo de todos nuestros semejantes, porque después de todo, seguimos y seguiremos siendo personas, porque eso es lo que siempre hemos sido, PERSONAS.
"Derramé una lágrima por cada gota de sangre que se derramó allí, pero aún así no fue suficiente, porque ni todas las lágrimas del mundo serían suficientes para hacer entender el valor que tiene la humanidad cuando está unida"
Para cualquier comentario u observación, y con el más debido respeto, a quien lo desee, mi email es:
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