No sé cómo empezar, ni cómo acabará esta entrada, que esta vez será más tangible de lo normal en este blog. Lo que en ella trataré parte de un evento con fecha, lugar y anécdotas, el concierto en Madrid del 18 de octubre, la gira en general, pero tiene unas raíces extremadamente profundas en lo que ha sido la presencia de sus canciones a lo largo de los desastrosos años que han transcurrido en mi vida desde que empecé a escuchar la voz de Eva y las guitarras de Juan, allá por mis doce años, y supongo que más de lo mismo en cuanto al resto de fans y todos aquellos que han encontrado algo excepcional en sus letras y melodías. Quizá, y probablemente cometiendo cierto atrevimiento por encima de la temática inicial, me centraré algo más en esta segunda observación. Por tanto, supongo que todo lo escrito se irá desglosando a partir de lo acontecido en último lugar; sin embargo, no soy ni puedo ser conocedor de todo lo respectivo al grupo, a lo que hay alrededor o lo que hay en otras mentes; me limitaré, como no debería ser de otra forma, a exponer lo que hay en la mía...
El evento en particular, más allá de la organización y del transcurso de lo planeado, en lo cual no hubo ninguna anormalidad destacable, fue de lo más especial. Y para ello existen diversas razones; no sé si por haber ofrecido alojamiento a Andrea, dado mi amor incondicional hacia el Norte y generalmente hacia la gente que de allí procede (algo probablemente muy relacionado con mis gustos por la lluvia, el frío, la seriedad...), bien porque hacía mucho tiempo que no conocía a un grupo de personas tan maravillosas y pasaba un día tan agradable en compañía de alguien que no fuera un conocido de toda la vida, o bien porque llevaba demasiado tiempo sin emocionarme así con un concierto. Por una cosa, por otra, o por todas a la vez, he de reconocer que no olvidaré fácilmente lo de ayer.
Me guste o no, suelo ser bastante decantado hacia lo triste, depresivo o emotivo, por lo que todo esto siempre provoca un efecto más rápido que lo contrario. De esta forma, el terreno estuvo bien preparado desde el grisáceo y lluvioso amanecer, algo que no conseguí ignorar ni con un libro de Eduardo Mendoza entre las manos. Tras abandonar a Andrea y a Ainhoa en el metro, acudir a una entrevista de trabajo cuyo desastre se forjó entre las limitaciones ideológicas de alguien cercano y pasar por casa para comer y cambiarme de ropa, todo empezó a mejorar hacia lo que sería, con gran certeza, el mejor día que he vivido en esta horrible ciudad en muchos meses. Las horas de espera se hicieron cortas en la cola, muy buen ambiente y un sinfín de cosas que habría echado de menos en otras circunstancias. Dentro de la sala, una posición inmejorable en la que consiguieron encontrarme el resto de personas que venían conmigo y que no habían aparecido antes. El señor Pablo Arribas, o mejor dicho, Pichurra, se encargó de calentar motores con una extraña selección de buena música; el momento Vetusta Morla del principio me deprimió un poco, al no tener allí nadie a quien besar (quizá sí lo hubo, pero eso queda reservado para mi blog privado), que es lo único que se puede hacer en momentos así, de los que hubo unos cuantos a lo largo del concierto, pero terminó de convencerme con Mrs. Robinson y algún que otro clásico que me hicieron entrar, como dice Enrique, "in the mood" con la intensidad que necesitaba.
Respecto a las más de dos horas de concierto, no me atreveré a hacer ningún comentario tan específico; supongo que todos los que allí estuvimos nos quedamos sin palabras para describir tales vibraciones; por tanto, bajo ningún concepto osaré destacar cualquier detalle negativo, pues si lo hubo, no merece ser nombrado en lo que pretendo que sea mi humilde y resumida narración de un acontecimiento del que nunca me arrepentiré de haber formado parte. Bajo estas condiciones, queda poco que comentar; Eva nos hizo recordar (si es que alguna vez alguien lo había olvidado) por qué la adoramos, por qué aquellas letras no pueden pertenecer a ninguna otra voz del planeta, como no puede haber otras manos que se apropien de sus correspondientes acordes y (a mi parecer, perfectos) punteos, si no son las de Juan, que volvió a hacer gala de su más característica sobriedad enamoradiza sobre el escenario y, quizá con el mismo propósito, de su emotiva fuerza musical inútilmente escondida bajo su intachable actitud de voz en grito reprimida por impotencias y rebeldías, directamente plasmadas sobre cada nota, cada efecto y cada verso de unas letras cuyo significado supera los límites de la verdad cada vez que alguien las escucha.
Al finalizar el concierto, antes de que nadie terminara de asimilar lo que había tenido lugar en la más exitosa combinación de circunstancias, una larga espera a las puertas de una noche húmeda se vio recompensada con la presencia de los héroes (no comparto eso de "un día nada más"), sus firmas y algunas fotos. Tras ello, y contando con el creciente agotamiento físico de todo ser vivo allí presente, la madrugada empezó a adquirir niveles de surrealismo dignos de un autor de Seix Barral, que casi no habría imaginado vivir en mi propia ciudad. Aún así, las mentes no acabaron del todo trastornadas, pues mantenían la más pura ilusión antílope, así que ningún momento dejó de ser memorable. Unas pocas horas de sueño y éste empezó a disolverse poco a poco; algunos afortunados continuaron la ruta salvaje hacia la ciudad Condal, otros desaparecieron antes de que mi subconsciente pudiera soltar un mísero quejido de desconsuelo, y el resto, como Andrea, regresaron a su ciudad. Y tras volver del aeropuerto de Barajas, cuyos pasillos han sido escenario de mis decepciones más amargas, comienzan todas las pajas mentales que me han llevado a escribir esto.
Supongo que todo lo anterior ha puesto de manifiesto que entre los múltiples grupos, cantantes, etc. que me gustan, Amaral es por excelencia el primero, y preveo que así será siempre. Cuando empecé a tocar la guitarra, lo primero que aprendí fueron canciones de Amaral, que posteriormente fui perfeccionando dentro de mis limitaciones; los recuerdos más intensos que tengo desde siempre, tienen su música como banda sonora. No les faltó intensidad, en sus respectivos momentos, a otros grupos importantes en mi memoria, tales como Coldplay, The Cranberries, Bob Dylan, James Blunt, Dire Straits, los maravillosos Simon y Garfunkel, U2, Keane, Los Secretos, The Beatles, The Killers e Ismael Serrano. Sin embargo, Amaral no ha tenido "su época" en un momento determinado; ellos han tenido (y siguen teniendo) una época constante, siempre ha habido una canción suya para cada momento, para cada alegre recuerdo, para cada trago amargo y alguna que otra tragedia. En este último término se podría decir, y sin pretensiones de exagerar lo más mínimo, que Amaral me ha salvado la vida en varias ocasiones, y me la ha arrebatado, dulcemente, en otras tantas.
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sábado, 20 de octubre de 2012
sábado, 2 de abril de 2011
Es sólo una canción
Es sólo una canción para calmar mi corazón; lo que yo quiero, lo que yo siento...
Sólo una canción, sólo Rock and Roll, sólo un poco de Amaral, un ratito de Los Secretos, de Nacha Pop, un pelín de Revólver, un flís de Bob Dylan, otro poco de Amaral y un resquicio de Dire Straits.
Qué más hace falta si suena algo de cualquiera de esos que acabo de nombrar...
Cosas buenas, cosas no tan buenas; unas más bonitas que otras, otras más asombrosas que las primeras... pero eso sí, siempre con la mirada clavada en el horizonte y siempre tirando pa' alante.
Un día de repente te levantas con ganas de sufrir un poquito, incluso sin sufrir, pero de recordar tiempos pasados, tiempos no siempre mejores; de hecho, a mí me pasa lo contrario que a Jorge Manrique, cuando decía "cualquiera tiempo pasado fue mejor"; pues no señor, yo no encajo en eso. Para mí, salvo raras excepciones, cualquiera tiempo pasado fue peor; no sé si soy el único que consigue progresar a base de insistir en sus propósitos... pero la verdad es que tiendo a ir a mejor, o al menos eso me parece. No sé si por méritos propios o por coincidencias de ese destino en el que nunca he creído, pero no me arrepiento de nada, ni echo de menos tantas cosas como debería, como hace el resto de la gente... ya no. Pero en fin, te levantas con ganas de volver al pasado, aunque sea durante un rato, ganas de darte un paseo por algún año anterior, darte una vuelta por allí y recordar cómo eran las cosas; te pones a mirar algunas fotos, te pones una canción específica, alguna que sabes que te va a devolver al instante preciso al que quieres llegar, hueles ese perfume que olías por aquel entonces y por aquellos lugares... y ya está. Es fácil llegar al pasado, si sabes cómo. Ya estás allí. Entre las fotos, las canciones, los olores y los recuerdos, no hace falta ningún segundo Einstein que invente una máquina del tiempo, de esas que, con introducir una fecha y mover una palanca, te llevan al pasado o al futuro. La máquina del tiempo ya está inventada; yo lo descubrí hace mucho, pero me di cuenta cuando escribí aquella entrada después de encontrar mi extraviado disco de Smallville, el de Talon Mix; viajé al pasado como no lo había hecho antes, o al menos no con aquella intensidad. ¿Y qué? Pues que de vez en cuando apetece. Ya digo que no es por echar de menos nada, ni por arrepentirme de nada; simplemente apetece recordarlo. Ni fueron tiempos mejores, ni necesariamente peores, no siempre. Simplemente fueron "tiempos", tiempos distintos en los que yo era el mismo, pero en otro escenario.
Otro igual; Jean Paul Sartre, ese francés estrábico y solitario que dijo en una ocasión: "El hombre es él y sus circunstancias; cambiemos las circunstancias y cambiaremos al hombre"; pues sí, estoy de acuerdo, pero sólo en parte. Claro que la forma y el comportamiento de una persona dependen del ambiente y la situación en que se encuentre... pero precisamente ahí es donde reside la autenticidad de esa persona. La capacidad que tiene uno de seguir siendo el mismo, por mucho que cambien las cosas a su alrededor. Y puede que yo, después de todo, no haya cambiado tanto.
Me sigo reconociendo a mí mismo, y los demás lo siguen haciendo. Eso es lo que importa. El problema es que hay personas a las que ya no reconozco... pero eso no es problema mío. Si los demás quieren cambiar, adelante. Yo no lo voy a hacer, como no lo he hecho nunca.
Y mientras tanto, siguen sonando las canciones, sigue aquí ese olor penetrante, siguen por ahí esas fotos de días más sombríos... y pensar que todo esto sólo es cuestión de química, de enlaces sinápticos, de células, de átomos, de sustancias, de elementos... cuestión de canciones.
Es sólo una canción!
Sólo una canción, sólo Rock and Roll, sólo un poco de Amaral, un ratito de Los Secretos, de Nacha Pop, un pelín de Revólver, un flís de Bob Dylan, otro poco de Amaral y un resquicio de Dire Straits.
Qué más hace falta si suena algo de cualquiera de esos que acabo de nombrar...
Cosas buenas, cosas no tan buenas; unas más bonitas que otras, otras más asombrosas que las primeras... pero eso sí, siempre con la mirada clavada en el horizonte y siempre tirando pa' alante.
Un día de repente te levantas con ganas de sufrir un poquito, incluso sin sufrir, pero de recordar tiempos pasados, tiempos no siempre mejores; de hecho, a mí me pasa lo contrario que a Jorge Manrique, cuando decía "cualquiera tiempo pasado fue mejor"; pues no señor, yo no encajo en eso. Para mí, salvo raras excepciones, cualquiera tiempo pasado fue peor; no sé si soy el único que consigue progresar a base de insistir en sus propósitos... pero la verdad es que tiendo a ir a mejor, o al menos eso me parece. No sé si por méritos propios o por coincidencias de ese destino en el que nunca he creído, pero no me arrepiento de nada, ni echo de menos tantas cosas como debería, como hace el resto de la gente... ya no. Pero en fin, te levantas con ganas de volver al pasado, aunque sea durante un rato, ganas de darte un paseo por algún año anterior, darte una vuelta por allí y recordar cómo eran las cosas; te pones a mirar algunas fotos, te pones una canción específica, alguna que sabes que te va a devolver al instante preciso al que quieres llegar, hueles ese perfume que olías por aquel entonces y por aquellos lugares... y ya está. Es fácil llegar al pasado, si sabes cómo. Ya estás allí. Entre las fotos, las canciones, los olores y los recuerdos, no hace falta ningún segundo Einstein que invente una máquina del tiempo, de esas que, con introducir una fecha y mover una palanca, te llevan al pasado o al futuro. La máquina del tiempo ya está inventada; yo lo descubrí hace mucho, pero me di cuenta cuando escribí aquella entrada después de encontrar mi extraviado disco de Smallville, el de Talon Mix; viajé al pasado como no lo había hecho antes, o al menos no con aquella intensidad. ¿Y qué? Pues que de vez en cuando apetece. Ya digo que no es por echar de menos nada, ni por arrepentirme de nada; simplemente apetece recordarlo. Ni fueron tiempos mejores, ni necesariamente peores, no siempre. Simplemente fueron "tiempos", tiempos distintos en los que yo era el mismo, pero en otro escenario.
Otro igual; Jean Paul Sartre, ese francés estrábico y solitario que dijo en una ocasión: "El hombre es él y sus circunstancias; cambiemos las circunstancias y cambiaremos al hombre"; pues sí, estoy de acuerdo, pero sólo en parte. Claro que la forma y el comportamiento de una persona dependen del ambiente y la situación en que se encuentre... pero precisamente ahí es donde reside la autenticidad de esa persona. La capacidad que tiene uno de seguir siendo el mismo, por mucho que cambien las cosas a su alrededor. Y puede que yo, después de todo, no haya cambiado tanto.
Me sigo reconociendo a mí mismo, y los demás lo siguen haciendo. Eso es lo que importa. El problema es que hay personas a las que ya no reconozco... pero eso no es problema mío. Si los demás quieren cambiar, adelante. Yo no lo voy a hacer, como no lo he hecho nunca.
Y mientras tanto, siguen sonando las canciones, sigue aquí ese olor penetrante, siguen por ahí esas fotos de días más sombríos... y pensar que todo esto sólo es cuestión de química, de enlaces sinápticos, de células, de átomos, de sustancias, de elementos... cuestión de canciones.
Es sólo una canción!
domingo, 5 de diciembre de 2010
Y que no te vean llorar.
¿Recuerdas cuando ibas en aquel Nissan Almera Tino, descendiendo un puerto de montaña a las diez de la noche, escuchando "New kid in Town" y medio llorando por alguna razón desconocida?
Pues ahora no vas en un Nissan, pero es mucho peor. Ahora te ha dado con "Pienso en aquella tarde", de Pereza; "Timing is crucial", de Russian Red y "When you're gone", de los Cranberries.
Un doloroso estribillo en todas, absolutamente doloroso. Dicen por ahí que el amor duele, y que si no duele, no es amor... pues tú, no sé si será amor, pero la verdad es que estás colgadísimo. Definitivamente colgado. Hala, ya se te están desbordando las lágrimas de los ojos. Puto sensible. Que ni los niños lloran así.
No es la falta de experiencia, ya habías estado con otras chicas... algunas más guarras, otras más romanticonas... alomejor es la novedad. Que ella es algo nuevo en todo. Algo desconocido y novedoso, algo que no conocías, algo que pensabas que no existía, al menos para ti. Por primera vez en demasiado tiempo, hay algo que no has calculado, algo que no puedes prever... Antes eras predecible. Estabas de buen humor, de mal humor, triste, alegre... pero tardaba su tiempo, lo podías regular perfectamente. Ahora no. Ahora eres incapaz de controlar eso que la gente de a pie llama corazón. Pasas de descojonarte de risa a llorar estrepitosamente en menos de dos minutos. Te has vuelto inestable, y eso no es malo, pero tampoco te gusta. Ya no tienes la seguridad de que no te vas a poner a llorar de un momento a otro porque sí, por recordar cualquier cosa o pensar en cualquier cosa. Ahora la echas de menos desde que vuestras miradas dejan de cruzarse. A todas horas preferirías estar con ella antes que estar donde estés, haciendo lo que sea.
Pero joder! Que tú antes tenías un vida, unas actividades, unos gustos, unas prioridades... y ahora todo eso ha quedado en segundo plano. Todas tus prioridades se reducen a ella y al dolor que te causa no estar con ella o saber que algún día puedes dejar de estarlo.
Joder, que esa mujer viene del espacio exterior, que no es terrestre. Que es perfecta, por fuera y por dentro, que tiene el poder de acaparar toda tu mente y de destrozar tus más elaborados esquemas sobre cualquier aspecto de la vida. Y encima te quiere, se comunica contigo, y con ella tienes cierta confianza y una complicidad que no habías tenido con nadie. Puede que ella sí, y ahora no le resulte tan excepcional... pero tú, tú estás perdido en un mar de dudas y sentimientos de culpabilidad, porque sigues pensando que no te mereces lo que tienes; aunque ella diga que es una gilipollez, pero sientes que hay cosas que nunca han sido para ti, y toma, a la mierda otro esquema.
Y encima si te da por pensar que no eres lo suficientemente importante para ella, que sólo eres uno más, el que tiene el turno actual, que tú para ella sólo eres un juego, también te equivocas... pero no quieres mantener la boca cerrada porque te da miedo no ser sincero... y entonces ella se enfada y tú te quieres morir.
Que parece que tienes diez años y no sabes cómo actuar con ella... bueno, puede que eso sea verdad. Que la física cuántica y las ecuaciones no sirven para resolver estas cosas... Que se supone que ella para ti debería ser simplemente otro juego, un entretenimiento, una diversión, un llaverito de fin de semana... pero de eso nada. Que tu cabeza se lanza al vacío cada vez que ella no te llama y tu corazón se arruga cada vez que no estás a su lado... adónde iremos a parar.
Punto primero de la depresión, escrito.
Y cuál es el otro. La puta Navidad y la puta mierda de familia (con todas las letras) que tienes. Padres divorciados, abuelos divorciados, los otros abuelos se quedaron en el siglo pasado y sus hijos se odian a muerte. Tu madre te intenta educar mediante prejuicios y entre tus tíos se manifiesta más odio que entre los dos bandos de la Guerra Civil. La organización de cenas y comidas navideñas decae año tras año. Cada vez es más catastrófico y más doloroso ponerse una camisa y salir a hacer el paripé durante un rato para pasar el trago. Que se supone que la gente hace fiestas y quedadas para pasarlo bien y celebrar que están todos juntos... y en tu familia no hacen más que insultarse, guardarse rencores, decirse gilipolleces.
Que ahora te has dado cuenta de que prefieres cenar solo en tu casa, a oscuras, y ver las campanadas en la televisión sin más compañía que tu perro antes que ir a alguna casa con un denso ambiente en la que te vas a pasar la noche mirando el reloj para saber cuándo podrás salir corriendo. Vaya mierda de ejemplo que te están dando. La concordia, la solidaridad, la comprensión, la tolerancia... una mierda. A ti lo único que te enseñan es a tener prejuicios, a guardar rencor, a ser vengativo, a no perdonar, a no olvidar... y así les va. Y lo que más te duele es que sientes vergüenza por tener esa familia.
Que dicen que la Navidad es lo más bonito que puede haber para celebrar en familia... y si te falta la familia, ni Navidad ni hostias. Lo único que esperas de ese mes el año es el poco dinero que te dan de aguinaldo para gastártelo en tus propios regalos, en algo que sólo quieras tú No debes a nadie ningún agradecimiento y lo único que se merecen todos es perderte de vista. Que lo peor de todo no es tener una mala situación. Lo peor es partir de una buena situación y ver cómo se va degradando todo a medida que pasa el tiempo. Que hay gente que apenas tiene a alguien y es feliz; y tú, con toda la familia que tienes, y lo último que quieres es ver la cara de esos inmaduros que a sus años canosos lo único que han aprendido es a discutir.
Y para dejar de deprimirte al pensar esto, cambias de tema. ¿Cuál? Ella. Hala, otra vez a empezar. Alomejor haces balance y descubres que no te conviene... que te trae más males que bienes... que sufres por ella más de lo que puedes soportar... que te duele pensar que algo puede salir mal y puedes perderla... y te duele más que otra cosa... pero ya es demasiado tarde. No puedes hacer ese balance. La decisión está tomada: la quieres, y punto.
Love hurts... sometimes too much for human beings.
domingo, 12 de septiembre de 2010
The Talon Mix de nuevo en mis manos!
Hoy he encontrado un antiguo disco de cuando era pequeño!
...lo empiezas a escuchar y recuerdas perfectamente todas las canciones, los estribillos, los chascarrillos, las melodías, los toques de guitarra de entre medias, la voz de los cantantes, el ritmo de las canciones... y sobre todo, sobre todo sobre todo, te viene a la mente la manera que tenías de ver el mundo por aquel entonces, cuando solías escuchar ese disco. Empiezas a recordar cómo lo adquiriste, dónde lo reproducías, qué edad tenías cuando lo escuchabas y qué era de tu vida; recuerdas perfectamente la situación en la que te encontrabas, las cosas que sentías, las metas que tenías, lo que entonces conocías y las bellas limitaciones que te acompañaban. Es algo sencillamente precioso, es incluso mejor que ver una antigua foto.
Cierras los ojos y vuelves al pasado... y aunque no te gustaría volver, imaginas con nostalgia aquel pasado en el que no conocías como futuro el presente que ahora tienes. Era todo tan distinto, habían pasado tan pocas cosas... eras más inocente, pero escuchabas ese disco, y gracias a eso ahora puedes rescatar de tu memoria algo que sin esa ayuda musical habría sido imposible. La música, los olores, los lugares, las fotos, los vídeos, los diarios y los libros, todo eso, son herramientas maravillosamente útiles para recuperar con asombrosa fidelidad los recuerdos que guardamos pero que no podemos revivir sin ayuda de estas herramientas.
La verdad es que he pasado un muy buen rato, y los seguiré pasando, escuchando este disco que andaba perdido entre cajones y armarios llenos de cosas antiguas... tanto tiempo buscándolo y al fin vuelven a mí los Weezer y Remy Zero! The Talon Mix by Smallville!! Island in the Sun! Nuclear! Wave Goodbye!
Volvemos al 2003!!!
Todos los momentos y épocas de la vida tienen una canción o un álbum...
...y a este especialmente pertenecen una parte concreta de mis recuerdos y vivencias que ahora agarro con tanta fuerza. Esta es mi máquina del tiempo! Entre lágrimas y sonrisas, pero lo es!
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