sábado, 26 de junio de 2010

La vida es como un vuelo, un flight.

Durante la gestación, vamos cargando el equipaje y la tripulación. Nosotros somos el comandante. Cuando nacemos, despegamos, en busca de un rumbo. Poco a poco, en los primeros años, vamos cargando combustible, nos vamos haciendo más fuertes, nuestro avión se transforma, evoluciona, crece, cambia de piezas. Todo esto en función de nuestra actitud frente al mundo. Durante nuestro proceso de educación, lo que hacemos es recibir informes por radio acerca de la meteorología, coordenadas, detecciones del radar, impresos cartográficos, todo aquello que nos servirá en el futuro para encontrar una ruta. A lo largo del ascenso, nos vamos encontrando con personas. Algunas de ellas se convierten en nuestros amigos y se meten dentro de la nave, esperando a que los auxiliares de vuelo, que son nuestra personalidad y nuestro sentido común, los coloquen en su lugar correspondiente. A los más pesados, los ponemos junto a las salidas de emergencia, por si hay que echarlos en un momento dado. El que tiene suerte se convierte en nuestro mejor amigo, entra en la cabina y pasa a ser nuestro copiloto, nos aconsejará sobre qué decisiones tomar y se quedará ahí dentro mientras le resulte interesante el rumbo que llevamos. Posiblemente este copiloto tenga vértigo y, a medida que adquirimos altitud, puede que intente hacernos descender, convencernos de la altura y el éxito no son para nosotros. En ese momento podemos obedecer y moderar la altitud, o echarle de la cabina y continuar con nuestra escalada.
Hay quienes no dejan de ganar metros, alejándose cada vez más de la superficie terrestre. En este caso, es difícil que tengamos buenos copilotos, porque la mayoría sólo se suben a aviones fracasados que vuelan bajo, de forma que siempre puedan ver el suelo y distinguir dónde se quieren bajar.
Otros llegan a una altitud y se quedan en ella, aprietan el botón de mantener la altitud, apagan el indicador de cinturones de seguridad y dejan que todo el pasaje se mezcle con ellos. Tienen una familia, un trabajo, una estabilidad asegurada de la que difícilmente podrán moverse. Con un poco de suerte se enrollarán con la más guapa de las azafatas en el armario del capitán, es decir, conseguirán hacer algún descubrimiento con ayuda de su conciencia. Y si la suerte continúa, esa azafata, llamada talento, dará descendencia en forma de algo comercialmente atractivo. Un libro, una canción, cualquier cosa.
Durante la juventud volamos sobre tierra. Tenemos la seguridad de que si alguna vez nos fallan los sistemas de orientación, o se nos acaba el combustible, o la cabina de pasajeros se queda vacía y necesitamos bajar un poco para captar clientela, siempre habrá algún lugar donde aterrizar. Esa es la seguridad de la juventud. En el peor de los casos, tendremos que saltar en paracaídas, y caeremos directamente sobre la cama de nuestros padres, que nos arroparán y nos comprarán un avión nuevo.
Una vez que la juventud se acaba, o nos independizamos, o nuestros padres desaparecen, es cuando comenzamos a volar sobre el mar. La línea de la costa empieza a quedar atrás y las turbulencias se empiezan a notar. Alguna que otra borrasca, una tormenta por aquí, una despresurización por allá, pero con un mecánico llamado dinero, podremos reparar esas imperfecciones que pretenden derribarnos.
Es notable cómo las personas que vuelan a menor altitud, son las que tienen más amigos, más pasaje de baja calidad. Gente que ha pagado poco por su billete, porque su vuelo no va muy lejos. Y por el contrario, las personas que vuelan muy alto, o que ascienden a gran velocidad, son las que se van quedando solas. Los copilotos son cambiados continuamente, la mayoría no han sido instruidos para conocer las señales detectadas a esas altitudes. Los que no distinguen el norte del sur, se confunden con las nubes o no saben leer el manual de instrucciones. Lo que todos saben muy bien, es leer el indicador de velocidad vertical, el que nos dice si subimos o bajamos, y a qué velocidad. En cuanto ven que la cosa empieza a subir, se echan a temblar. Los que no salen por su propio pie, se los lleva el viento, pero casi todos desaparecen. Es muy difícil encontrar un copiloto (y mucho menos un pasaje) que se atreva a volar a gran altura. Los pasajeros necesitan mucho dinero para comprar un billete para nuestro avión, para un vuelo que apunta muy lejos. Además, también resulta arriesgado. Cuando uno vuela muy alto, la caída puede ser peor. El más mínimo fallo y adiós. Los que vuelan a ras del suelo tienen oportunidad de salvarse. Con un poco de suerte, el avión no se romperá al tocar el agua salada del mar, y alomejor alguien generoso tiene una balsa hinchable o un hidroavión con el que volver a remontar el vuelo. Pero a más de quince mil pies, es muy difícil salvarse. Los que decidan tirarse en paracaídas, morirán asfixiados por las deudas económicas de su imprudencia antes de alcanzar la troposfera. Los que se queden dentro, se estrellarán contra el mar junto con el avión, algunos morirán ahogados. Nadie se salva.
¿Qué diferencia hay entre unos y otros?
Dos palabras: libertad y seguridad.

Los que vuelan por debajo de los cuatro mil, prefieren la seguridad. La seguridad de que tormentas como una pelea o una ruptura, no acabarán con ellos. La seguridad de que siempre habrá alguien que les acompañe ante las dificultades. Un copiloto que les diga por dónde se sale de la zona de turbulencias, cómo esquivar el anticiclón, o dónde está la isla más cercana. Pero, ¿y la libertad? La libertad está muy limitada en los aviones mediocres. Avionetas bimotor, con capacidad para poco equipaje. Si tienen suerte, poseerán un tren de aterrizaje de dos ejes. No tienen azafatas, todo el mundo puede subirse al avión, hacer lo que quiera. No necesitan que nadie les aconseje. Su velocímetro sólo alcanza hasta los ciento ochenta nudos, quizá doscientos. Su pista de aterrizaje no tiene por qué tener más de ciento veinte metros, con eso es suficiente. No podrán alcanzar grandes velocidades, ni presumir de cobrar mucho dinero por los billetes, ni elegir su rumbo en la mayoría de las ocasiones, porque vuelan entre montañas que tienen que esquivar.
Los grandes de la aviación tienen alas de doce metros, sólo el combustible pesa más que un avión de los pequeños. Pueden elegir el rumbo que quieran, porque a una gran altitud, se puede ver todo el paisaje. Se puede ver lo que hay en cada lado, dónde acaba la costa, dónde empieza el amanecer, cuántas horas quedan de sol, cuántos aviones hay por la zona. Las tormentas se quedan por debajo. Ni si quiera los pájaros pueden asustarles. Algunos pasan desapercibidos, son silenciosos, pero hacen una gran obra por la humanidad. Otros hacen ruido y todo el mundo se entera cuando están pasando por encima. Esa es la libertad que tienen los grandes, a no ser que hayan sufrido algún daño en los sistemas de navegación o haya algún incendio dentro de la cabina, una espina clavada en el corazón, una disputa entre la conciencia y el tiempo. En cambio, la seguridad es casi ausente. Por eso pocos eligen elevarse tanto. La caída es más grande.
Lo que todos sabemos con seguridad es que nuestros vuelos acabarán en algún momento. El combustible y la empresa se acabarán y tendremos que dejarlo. Algunos aterrizarán en algún aeropuerto, se despedirán cordialmente del pasaje y volverán al desguace.
Otros menos afortunados tendrán un accidente y acabarán enfadados con sus amigos, su familia y consigo mismos, ya que los auxiliares de vuelo se quejarán de las maniobras que han llevado al vuelo a acabar en una catástrofe.
Pero precisamente ese balance final, el que decide si ha merecido la pena el vuelo, y si se ha hecho todo lo que se podía hacer, es la diferencia o el equilibrio entre las cuatro variables: vuelo bajo, aterrizaje; vuelo bajo, catástrofe, ó vuelo alto, catástrofe; vuelo alto, aterrizaje. De aquí se puede deducir cuál es la mejor de las opciones y cuál la peor.
Que alguien se pase la vida volando bajo seguro y se acabe estrellando, es muy deprimente, al contrario que pasarse la vida volando alto y buscando la libertad consiguiendo al final aterrizar correctamente y sin accidentes, lo cual tiene mucho mérito.


¿Es que nadie tiene curiosidad por ver lo que se ve desde ahí arriba? ¿Nadie quiere saber lo que se siente al notar el calor del sol en un día lluvioso, porque las nubes están por debajo? Claro que algunos no se atreven a asomar el morro un poco más allá, hacia las alturas.
Algo deberíamos aprender los humanos, que paradójicamente nos pasamos la vida volando en
aviones trasatlánticos y de gran envergadura sin haber probado nunca un bimotor de seis plazas.



...y decía Franklin: "Los que renuncian a la libertad por un poco de seguridad transitoria, no merecen ni la libertad ni la seguridad"... aunque todos tenemos derecho a volar.

domingo, 20 de junio de 2010

No necesitas ser perdonado. Necesitas ser comprendido.

Es extraño esto de publicar entradas en un blog. No sabes quién las va a leer. Alomejor tu profesor de física y química, alomejor tu amiga filósofa, alomejor la chica que te gusta, alomejor tu padre, alomejor alguno de tus enemigos... pero los blogeros lo seguimos haciendo porque, aunque después nos quejemos de que todo el mundo conoce nuestra vida privada, publicar lo que uno piensa es una especie de terapia, un consuelo, un tratamiento en el que escribimos de forma ordenada un pensamiento o una conclusión con la esperanza (o la ilusión) de que alguien al otro lado de la red lea en su pantalla lo que hemos escrito con nuestro teclado, a la espera de que esté de acuerdo con lo que expresamos, o al menos nos entienda.
Aquí va otra para ti, lector o lectora, por la que puedes juzgarme cuanto se te antoje, sacar tus propias conclusiones sobre mi vida privada, pública, mi personalidad, mi situación o lo que te de la gana, pero te digo una cosa antes de que empieces a leer mis parrafadas siguientes: todos los argumentos con que criticas a alguien son igualmente aplicables a tu persona; cualquier sentimiento de odio o rechazo que manifiestes hacia alguien es el que sientes hacia ti mismo, y todo el rencor que liberas contra cualquier persona es el que en conjunto la sociedad ha acumulado sobre ti. Todas las reacciones constructivas o destructivas hacia una persona (en este caso yo) son fruto de unos estímulos constructivos o destructivos hacia tí mismo que, con el tiempo, has ido guardando en tu interior y que de alguna manera deseas liberar en dirección a quien te ha influido en tiempos anteriores.
Bueno, me dejo de indirectas que, aunque sirvan para todo el mundo, sólo tú sabes que van por ti. Aquí te/os dejo otro trocito de mi mente al desnudo:


Últimamente he estado un poco deprimido/indignado por culpa de un cúmulo de factores que me han hecho entrar en decadencia durante unas semanas (a esto me refiero con parte de mi vida personal; sobre todo si me conoces, puede que sepas de qué estoy hablando, o con un poco de suerte, no); empecé a comer menos, a encerrarme a todas horas, a no querer saber nada de nadie, a odiar al conjunto de la sociedad y a odiar a cada persona individualmente, cada una por sus motivos, cada una por sus características, cada una en consecuencia de sus interacciones conmigo. Espero que escribir esto y los cambios que se avecinan con el verano eleven un poco mi estado anímico y sirvan para remover un poco las aguas turbulentas en las que ando hundido. No he tocado fondo, y espero no hacerlo nunca, pero tampoco creo estar en la superficie. Eso es lo que quiero. Asomar la cabeza y ver las nubes, respirar aire.
Las ideas me vienen a la cabeza pero no llego más que a poder ordenar la sintaxis de las frases. No puedo pensar en el orden global de todo el texto, aunque eso tampoco importa. Yo como José Saramago, todo junto y a leerlo del tirón, que es más intenso y se implica uno más.
Como digo, las ideas me vienen a la cabeza, una tras otra, ellas solas cuando quieren. Yo sólo hago de intermediario entre el fondo de mis emociones y el teclado. El lector y su cabeza harán el resto. Y, por favor, no pienses tú, lector o lectora, que nombrarte todo el tiempo significa que estoy escribiendo en función de lo que vas a pensar. Para nada. Sólo pretendo acordarme de ti y que veas que no me olvido de nada ni de nadie.
Ahora sí, iba por.. ah, sí, reproches. Reproches a muchas personas, a cada una de las personas a las que mi estado de ánimo culpa por estar como está. Reproches hechos por mi parte emocional hacia esas personas, y palabras hechas por mi parte racional de perdón, comprensión y concordia hacia esas mismas personas.
Sé que decir la verdad tal y como la entiendo me ha traído muchos problemas, y asumo que los seguiré teniendo, porque seguiré siendo como soy, aunque el resto del mundo intente cambiarme. Asumo que a veces la expresión de mis pensamientos resulte desagradable, asumo que se me llame amargado porque lo parezco al decir las cosas que digo, asumo que se me llame hijo de puta cuando intento reprimir lo que me parece una injusticia, asumo que algunas personas no quieran hablarme porque me he comportado como un auténtico desagradecido y porque yo tampoco quiero hablarme con ellas, asumo que nadie se interese por mi y comprendo los intentos de algunas pocas personas por aparentar que les importo y se preocupan por lo que me pase. Comprendo los sentimientos de respeto y admiración que fuerzan esas mentiras dichas y por decir. Asumo y comprendo, ahora enuncio.


Esto creo que irá por personas, pero no voy a decir nombres. Si me conoces y las conoces, sabrás quiénes son pero no podrás poner en mi boca palabras contra quien no he nombrado. Y si no me conoces, disfrutarás del descripcionismo que me embriaga cuando me pongo a recordar. Veamos qué tal queda...

[Ahora es cuando se supone que me quedo en blanco]

Tú el primero de no sé qué lista, porque no soy tan retorcido como para hacer una lista de esas de personas a las que uno suele pegar un tiro cuando encuentra un rifle tirado por la calle. Pero bueno, el primero de la lista. Me duele que te hayas ganado el primer lugar no sólo de mi lista, sino de la de muchas personas que han estado durante noches enteras sin dormir por tu culpa. La de personas que no habrían dudado en asesinarte cruelmente con un afilado cuchillo si por ello pudieran no ir a la cárcel, personas que han derramado lágrimas, que han sufrido ataques de tensión y problemas familiares por tu culpa, personas que se han sentido acosadas, espiadas y perseguidas por ti, como yo, que he cambiado la URL, el nombre y el diseño de mi blog, he borrado cuentas de correo electrónico, he privatizado muchos de mis perfiles y he intentado ocultarme en todos lados para que no pudieras espiarme pero conservando la libertad y mi derecho a escribir un blog público, aunque sé que me encontrarás igualmente. Sé que volverás a encontrar mi blog, sé que leerás esta entrada y sé que la copiarás en tu ordenador. Pero mira, me alegro por ti, porque con esto conseguiré que veas lo fracasado que eres, no por el hecho de leer mis insultos, sino por saber que son verdad. Con esto consigo que tú y todos los que lo leen sepan que te he descubierto, que a mí no me podrás engañar más y que no has conseguido ser tan infalible como pretendías. Tus compañeros de trabajo no te aguantan, y lo sabes, y sabes que a la mínima te quedarás sin trabajo, igual que te quedaste sin familia, porque decidiste trabajar de cara a un público formado por personas sobre cuyas vidas podías decidir, personas a las que podías tener agarradas por los huevos para demostrar lo poderoso que eres, personas a las que podías extorsionar, intimidar, acosar, hacer la vida imposible. Por suerte yo no he sufrido intimidaciones, ni extorsiones ni amenazas por tu parte, pero sé todo lo que haces, lo que has hecho y lo más importante: por qué, aunque eso ya es algo más privado que contaré cuando puedas perderlo todo. Lo único que me queda es pensar que todo lo que haces lo haces por venganza, como todo el mundo. Todos tenemos (es innegable) algún trastorno de la juventud o de la infancia, algún recuerdo de momentos en los que se haya actuado injustamente con nosotros, algún sentimiento de rencor hacia determinadas partes de la sociedad que nos han hecho sufrir cuando no podíamos defendernos y, ahora que somos mayores, necesitamos liberar ese rencor vengándonos de alguna manera que nos resulte placentera o, al menos consoladora. Eso es lo que haces tú con el sector en el que trabajas. Vengarte de los que, en tiempos pasados, pertenecieron a ese mismo sector y te jodieron a ti, a saber de qué manera.
Eso es lo único que me queda pensar para intentar comprender que lo que haces no lo haces por diversión, porque nadie hace ese tipo de cosas por diversión. Lo único que me queda pensar para saber que también tienes partes buenas, que eres único en el mundo y que realmente tienes motivos para sentirte orgulloso de tí mismo y todos tenemos cosas que agradecerte. Eso es lo único que me queda para no ponerme a pensar en por qué te ocultas tan bien cuando alguien te pregunta algo o te busca. No tienes ningún tipo de perfil en Internet, no tienes teléfono, no tienes lugares de contacto. Sólo tienes un empleo, una serie de tareas y un trabajo de "venganza" que ejercer dentro de la más exquisita legalidad para que nadie pueda probar que eres un hijo de puta. Yo por mi parte no pienso impregnarme de la suciedad en la que andas metido sólo para intentar acabar con algo que no me incluye. Incluso aunque intentes que me afecte. Ya conozco la manera que tienes de provocar a las personas que te rodean para que cometan algún error y tú vuelvas a salir ganando. Tú sabes hasta dónde podemos llegar los demás y te aprovechas de ello, pero yo también sé hasta dónde no puedes llegar tú, y gracias a eso las cosas no andan ni andarán peor. Por eso, como tienes la situación bloqueada y por suerte yo estoy fuera, sólo me queda mandarte un cariñoso saludo. :)

Ale, ya va uno. Tú, lector o lectora, no te asustes. Las cosas pasan, la realidad es rara. Sólo te pido como favor que no intentes actuar inútilmente en algo de lo que no tienes ni idea sólo por exhibir tu grandiosa bondad. Guárdatela para ti. Este es uno de esos casos en los que intentar salvar al ciclista que se va a caer supone que se caiga, y que tú y el resto del grupo acabéis despeñados por un barranco. Simplemente disfruta de la compleja sintaxis del texto y limítate a no preguntar. Sólo juzga. Lo siento por ponerme borde contigo, lector, pero de todos los lectores, sé que tú estás entre ellos y no quiero que seas tú el que levante la última carta justo cuando yo estoy a punto de no perder la partida.

Otro.
La cosa se va suavizando. Tú fuiste amigo mío, hablábamos horas y horas. Conversaciones eternas de filosofía incalculable, de valor inimaginable que sólo tú y yo recordamos. Noches hasta las tantas hablando de cosas de la vida de una forma peculiar, tuya y mía, y que aún podríamos recuperar, pero eso sólo será si tú sabes perdonarme cuando yo pueda perdonarte a tí. Estoy hablando de que a mí los amigos nunca me suelen durar más de tres años. Tú no duraste ni dos. Éramos los únicos, tú y yo, nos miraban a los dos antes que a nadie, porque éramos los más extravagantes del grupo, del mundo, nadie nos entendía, pero entre nosotros nos entendíamos, y con eso era suficiente. Estoy hablando de que la dichosa frase es verdad: "Cuando el amor entra por la puerta, la amistad sale por la ventana".
Pasaste de ser mi mejor confidente a amenazarme por una chica. Eso te lo habría perdonado. Lo que no podré perdonarte en mucho tiempo es que te convirtieras en el mejor compañero de las personas con las que nos cebábamos en nuestras conversaciones. Éste tío es un cabrón, porque mira lo que hace, es un falso, es un no sé qué... y ahí te tengo, pegado a su culo, porque él es la clave para llegar a ella. Una chica que a pesar de todos los esfuerzos y sacrificios que has hecho, sigue pensando que eres un imbécil sin futuro que sólo busca vivir el momento a costa de lo que sea, o de quien sea. Te fuiste también con el tío que consiguió que nadie me hablara por el messenger en un año. Con el tío que consiguió que en mi casa sólo hubiera discusiones malintencionadas. El tío que enseñó a mi propia hermana a tratarme como un pedazo de basura y a verme como un desesperado al que han rechazado y que sólo busca llamar la atención hiriendo a la gente. Eso no lo puedo aceptar, aunque sé que no eres del todo responsable de haberte ido con él, porque él lo único que tiene para ti son un par de contactos con los que llegar a tu chica, pero entiende que el sentimiento de traición es inevitable. Por eso te disculpo, porque sé que nunca has tenido malas intenciones hacia mí y que todo lo malo que me has hecho me lo he ganado yo con mis malas contestaciones, mis otras amenazas y mis imprudencias. Incluso te doy las gracias, porque gracias a ti sé cómo actuar cuando todos están contra mí, sé cuáles son las causas que llevan a la gente a pensar de una determinada manera sin ni si quiera preguntarse por qué lo hacen y he aprendido a ser un fantasma, alguien que pasa por los sitios sin alterarlos, sin alterarse, sin parecer sensible a lo que pase, sin interferir en las relaciones naturales que se dan entre las personas del entorno. Ser un fantasma para no salir salpicado. Gracias a ti conozco el arte de la manipulación y lo fácil que es conseguir que todos quieran estar contigo cuando te limitas a parecer una pobre víctima que no ha hecho nada malo, cuando en realidad sabe que está perjudicando a alguien que no puede hacer nada más.

Quién más me queda. Ah, claro, la compi ninfómana. Una carpe diem, una niña que sólo quería vivir la vida al máximo aprovechándose de todo lo que podía. Una niña que se acabó acostando con media clase y la mitad de las demás clases, una niña que descubrió sus secretos y consiguió que los demás le revelaran los suyos. Una niña con andares llamativos que se había cambiado de peinado, de un alisado tranquilo y bonachón a un pelo encardado, voluminoso y sin brillo, que parecía sucio y sin lavar en dos semanas. Esa fue una de las cosas por las que me empezó a dar asco acercarme a ella. Eso y que se iba imaginando la polla de todos los tíos con los que se cruzaba. Sus conversaciones también eran calentitas y sus secretos, un poco fuertes, pero ya no son secretos. Todos pudimos enterarnos de ellos y aquél fue uno de sus errores, al menos hacia mí. Puede que los hombres seamos unos salidos y unos cerdotes, pero hay cosas que nos dan asco, y también huímos cuando descubrimos ciertas peculiaridades. Las chicas privadas y tímidas pueden resultar más atractivas que las que, como ésta, van por los sitios como si llevaran unas bolas chinas puestas, a punto de desnudarse en cualquier lugar público para ver si algún desesperado se acercaba.
Por lo demás, una pena que también nos hayamos distanciado, pero el caso fue algo incompatible conmigo. Al fin, otra batallita más que contar.

Luego quedas tú, hija mía, la pobre chica que perdió el culo cuando me vió por primera vez. Tú nunca me gustaste, pero tenías algo por lo que no podía dejar de prestarte atención. Intentaste seducirme de todas las formas, incluso llegó a ponerse caliente la cosa, pero la idea de que tú querías algo más me espantaba, como a la mayoría de los chicos. Eso fue un error por mi parte, porque yo ya sabía que conmigo no había oportunidad alguna, pero anduve jugando contigo porque tenías un no sé qué. Incluso dijiste que lo harías sin pedir nada a cambio, pero tampoco quise aprovecharme y volví a rechazar tu oferta. Por eso espero que encuentres a alguien que te quiera tratar bien y no te vea como una loca desesperada a la que sólo han hecho daño, aunque sé que no vas a encontrar a nadie, como tampoco en mí lo encontraste. Simplemente reconoce que tus faltas de discreción dispararon todas las alarmas haciendo que alguien se alejara demasiado. Nunca volvió. Adiós.

Quedan más personas por nombrar y de las que hablar, pero la terapia hasta aquí ya ha sido suficiente, y tú, lector conocido o desconocido, ya te has enterado de bastantes cosas. No voy a impresionar a nadie diciendo que son verdad, porque a todo el mundo le pasan este tipo de cosas, incluso más fuertes, aunque no todos los días. Estas son las que me pasan a mí y las intento compartir contigo para que aprendas un poco más de mí y veas también lo que he aprendido yo, en un período que se remonta a poco menos de un año, el último año hasta ahora. Un pequeño resumen de cómo en un sólo año se pueden aprender cosas maravillosamente útiles de personas que lo único que hacen es joderte la vida.
Como sé que nadie va a venir a por mí y que no tengo explicaciones que dar, estoy tranquilo y decido a partir de ahora dejar estos temas densos y ensuciados, porque removerlos sólo sería un error.
A partir de ahora intentaré no hablar de nada con nadie, dedicarme a mis amigos, a preservar el buenrollismo como religión y a no meterme donde no me llaman, paso de ser abogado de pleitos pobres. El que quiera pegarse que se pegue, yo sólo me limitaré a no ser la causa de la pelea. Me dedicaré a mis estudios y a mi música, te escribiré a ratos para que puedas leerme en el blog y pensaré muy muy fuerte en el brillo de las estrellas cuando me acuerde de estas cosas. Con algo de rencor, sí, pero también con agradecimiento y con nostalgia a los componentes que formaron mi vida durante estos pasados meses de infernal lucha a quienientas bandas de la que me tuve que retirar porque realmente no tenía nada especial que defender al final de todo. Alguien escarmentado que lo ha perdido todo no puede sino empezar de cero, sin amigos, sin contactos, con muchas caras feas que plantar a la vida y muchas reivindicaciones que hacer, pero sin fuerzas para seguir intentando derrotar a un gigante llamado sociedad, escudado en una herramienta llamada sistema, en el que todo está interconectado, en el que si tocas una cosa, otra cosa se resiente y al final te acaba salpicando a tí.
Haz el amor y no la guerra, siembra amor, y recibirás amor, siembra odio y recibirás odio, la vida es justa. Todas sirven para lo mismo.

Empezaremos por la concordia.


sábado, 12 de junio de 2010

De los dejados al margen

Hace poco leí en Internet un artículo (véase http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20100430/53917172391/cuando-eres-indigente-causa-mas-dolor-la-compasion-que-el-desprecio-fuster-collserola-barcelona-vict.html ) en el que se entrevistaba a un ex-indigente, que siempre repetía que lo que le había mantenido con vida después de quince años en la calle había sido el alcohol.
Alcohol, según decía, para que "los recuerdos no acaben contigo". A partir de esto empecé a pensar que el nivel en el que cada uno fijamos nuestros conceptos de felicidad o fracaso depende enormemente de nuestra calidad de vida y de nuestra situación como personas, aunque esta tenga un elevado porcentaje de suerte.
Pilar Maya dijo en un artículo que "los hombres nos adaptamos a malvivir" con una tendencia a amoldarnos a las situaciones de pobreza, y yo creo que no tiene razón del todo. Una cosa es el instinto de supervivencia, y otra muy distinta es acostumbrarse a vivir en la calle. También he oído gente decir que "los indigentes se lo buscan ellos" y que "la culpa no es de la desigualdad en el reparto de riquezas". Para mí, el reparto de riquezas no es más que el valor económico que la sociedad capitalista da a cada persona en función de los beneficios que puede producir con su trabajo, algo muy distinto a lo que uno merece y deja de merecer si se tienen en cuenta aspectos ajenos a la economía y demás materialismos.
Es más, yo no sería capaz de juzgar a un indigente, ni por dejarse llevar por el fracaso ni por buscarse su propia ruina. Es cierto que los indigentes tienen parte de la responsabilidad por no dejarse ayudar y por no haberse esforzado lo suficiente en no caer en la indigencia, pero no creo que ninguno de ellos haya pretendido en algún momento vivir en la calle. Simplemente pienso que la esperanza es más fácil de perder de lo que pensamos y, cuando ya no queda nada que perder, uno tira la toalla y después es tarde para recuperarla.
Es demostrable a pequeña escala: cuando nos salen un par de cosas mal, ya estamos deprimidos, tratamos injustamente a la gente y reivindicamos nuestra situación con incomprensión, actuando con egoísmo, pensando que merecemos ser más complacidos que los demás porque hemos sufrido un mal con el que no contábamos. Pero si se juntan desdichas tan grandes como pueden ser la ruptura de las relaciones o no tener un sitio donde dormir, es fácil dejarse vencer, pero no porque seamos incapaces de luchar, sino porque la situación nos ha llevado a pensar que no vale la pena otro esfuerzo.
En conclusión, y aludiendo a algunos testimonios de indigentes, para mí los "mendigos" son unos héroes, aunque sólo sea por soportar lo que soportan. "Lo peor no son las condiciones de vida, sino los recuerdos de la vida anterior".

(Trabajo de Ética, 4º ESO, corregido y calificado por mi profesora Blanca Ribote, a quien está dedicada esta entrada)

viernes, 4 de junio de 2010

El cielo, la mejor utopía que se puede imaginar.

El "Cielo", exista o no exista, simboliza los deseos ineludibles de las personas por tener la tranquilidad de saber que existe un lugar donde las cosas están bien, donde reina la calma, donde todo el mundo encuentre un hogar, o lo más parecido que entienda por este concepto. Un lugar donde saber que todo no acabará en cualquier momento y donde conservar el amor que todos hemos desarrollado hacia lo que conocemos, a pesar de que los inconvenientes de la vida nos hayan obligado a ocultarlo. Un lugar en el que no tengamos que esconder nuestra personalidad detrás de un montón de sistemas de defensa social para no desmoronarnos ante los ataques de intolerancia que sufrimos constantemente por circunstancias que, por mucho que condenemos, son iguales a las que nosotros provocamos en nuestro beneficio cuando nos conviene. Un lugar en el que no tengamos la oportunidad de herir a nadie, porque nadie querrá herirnos a nosotros, y por tanto, un lugar en el que reine la sinceridad por encima de la desconfianza. En fin, ese llamado "Heaven" donde se cumplen los deseos colectivos de la humanidad y en donde el ser descansará por primera vez en su desde siempre eterna lucha por la supervivencia. Lo que nos gustaría ver después de nuestro "Rest in Peace".

domingo, 30 de mayo de 2010

Otro texto anodino, para que el lector sepa hoy algo más

Domingo, 30 de mayo de 2010, 6:55 am, suena el despertador a toda pastilla, me entra la taquicardia, abro los ojos, enciendo la lamparita de la mesilla y me apresuro a apagarlo. Me quedo un rato reposando la cabeza sobre la almohada, intentando acordarme de lo que estaba soñando. 7:00 am, vuelve a sonar el despertador. Ya he tenido tiempo de descansar. Si pudiera seguir durmiendo, no habría puesto el despertador a esta hora. Me levanto de un salto, me siento al borde de la cama, no me pongo de pie, no me quiero marear. Busco las chanclas, voy al baño con mi toalla. Con los ojos aún cerrados y la casa dormida, abro la ducha, me desnudo, entro. El vapor del agua caliente me recuerda que en el mundo aún queda algo placentero. Hache dos O. Agua. Líquido fluyendo por el cuerpo desnudo del hombre, que es como naturalmente ha nacido: desnudo y mojado. Siento cómo el jabón sobre mi pelo y mi cuerpo arrastra el sudor, la sal, la suciedad y la energía negativa que he acumulado durante el día anterior. Mis poros se cierran al cambiar el agua a temperatura fría. Mis músculos salen de su letargo lentamente. Escurro mis extremidades para no empapar todo el suelo. Salgo a por la toalla. A estas alturas del año, uno ya no siente tanto frío al salir de la ducha. Me seco y siento cómo mi piel recupera la tracción sobre los tejidos algodonosos que absorben el agua que cuelga de mí.
7:15 am, en la habitación, saco la ropa interior, me la pongo, cuelgo la toalla para que se seque, me doy desodorante, me pongo los pantalones de correr, los que me quedan veinticinco centímetros por encima de la rodilla. Busco mi camiseta blanca transpirante, me la pongo. Ya se ha secado el desodorante, roll-on, con clorohidrato de aluminio, que aunque es cancerígeno, es un componente imprescindible para ayudar al desodorante a adherirse a la piel durante muchas horas. Despierto a mi hermana, me preparo un café, un donuts y no sé qué más. El perro aún duerme entre las piernas de alguna cama, le oigo roncar.
7:40 am, me peino un poco, preparo el iPod, el DNI y un bonobús. Después de bajar al perro para que no se haga sus necesidades en casa, salimos en dirección al metro. En cada estación se van subiendo cada vez más personas con la camiseta que daban junto a los dorsales de la carrera, con la propaganda de Liberty Seguros. El metro parece una secta. ¡Suicidémonos!
8:10 am, llegamos a Goya, esperamos a una profesora que iba a venir a correr, pero no la encontramos, y a las 8:25 decidimos ir a la zona donde reparten los chips y de paso buscamos la salida. Los altavoces suenan. Música y un narrador indicando las actividades, la organización y demás preámbulos. Diez kilómetros por delante, bebemos agua en una fuente. No hemos ido al baño en dos horas.
Salen los paralímpicos, un minuto después dan el pistoletazo. Pasamos por la línea de salida a las 9:02 am.
Encauzamos la calle Alcalá en dirección Oeste, el lateral del retiro da ambiente de naturaleza, llegamos a Esparteros, nos metemos por el túnel subterráneo y se oye a todos los corredores, motivados y con energía, gritar aprovechando la reverberación del pasadizo. Un escándalo que da bastantes ánimos.
Poco tiempo después y habiendo pasado la puerta de Alcalá, llegamos a la rotonda de Cibeles, giramos en dirección Norte, Paseo de Recoletos. Gran putada. Empieza la cuesta arriba. Llegamos a Colón sin quejarnos mucho, empieza a dar la sombra. Paseo de la Castellana bajo los árboles. Pierdo a mi hermana y no sé más de ella. Después de un par de kilómetros, llegamos a unas mesas con publicidad de Gatorade, esperamos a que al pobre chaval le de tiempo a llenar todos los vasos. Nos dan también botellines de agua de trescientos treinta mililitros. Me mojo la espalda, me trajo la mitad de la botella y la llevo en la mano. Mojados e hidratados seguimos todos cuesta arriba, yo motivado con mi música, otros escuchando únicamente el aliento sofocado de los cientos de corredores que coincidimos. Desesperados por la subida, empezamos a buscar la torre de Caja Madrid, a la espera de que llegue el giro del Bernabéu. Llega la torre Picasso, a lo lejos. Aún queda un poco. Por fin el cilintro vertical, edificio lima en la esquina, giramos, Estadio, tiendas, gente mirando y aplaudiendo. Concha Espina no es ningún alivio. Pronto empieza otra subida, algunos se quedan atascados, pero algunos intentamos superar nuestro propio esfuerzo con los tobillos. ¡Arriba!
Acaba la subida, corremos sobre llano, luego una pequeña bajada, y así hasta el parque de Berlín. En el giro, dejo la botella sobre un banco, por si a alguien de atrás le viene bien.
Cuesta abajo, menos mal. Consolados, empezamos a acelerar, pero poquito, que no vamos sobre ruedas y la amplitud de las piernas sigue siendo la misma. Empiezan a tirar los tendones delanteros de los tobillos. Las zapatillas de running hacen su efecto. Empezamos los corredores a emparejarnos, corriendo por turnos, tú delante, ahora yo, y así hasta que el desfase es demasiado grande y uno de los dos cambia de ritmo. Pequeño incidente en mitad de la bajada, un hombre en el suelo, aunque consciente. Atendido por tres personas, al cabo de un rato se oye la sirena de una ambulancia que baja a gran velocidad. Después de la última cuesta arriba, se aproxima el giro por la calle Goya, pero coincidimos con la ambulancia, que tiene que girar a la derecha para ir al hospital, seguramente el San Rafael. Nosotros a la izquierda hacia el Palacio de los Deportes. Tres policías municipales detienen el paso de los corredores, hacen una barrera con los brazos, a mi me dan en el cuello porque no los he visto. ¡Quietooos! Empezamos a dar saltitos para no perder el ritmo. Pasan la ambulancia y una moto de policía. Se abre la barrera, empezamos a correr como los San Fermines, escuchamos ya los altavoces, el hombre diciendo "¡Un kilómetro!". Motivados y abatidos a la vez, la última subida. Se quedan atrás otros tantos. Yo intento no pasarme adelantando. Al final, después de los diez interminables kilómetros, llega el arco de la meta, pisamos todos la banda azul para que nos detecten el chip, seguimos andando hasta la plaza de El Corte Inglés. Allí cambian el chip por botellas de bebida isotónica y paquetitos de galletas. La gente se amontona en los bancos para estirar, los bares se llenan de gente, el metro hasta arriba. Los corredores siguen llegando, es un embudo. Miro la hora, son las 10:03 am, descanso un rato, pero sin pararme.
A las 10:40 aparece mi hermana en el punto de encuentro, quejándose, dice que le ha ido mal. Problemas intestinales, se ha hecho los últimos cuatro kilómetros caminando, pero ha terminado. Un ratito de reposición y al metro, vuelta a casa, con las piernas al aire, la camiseta húmeda, el dorsal arrugado y la boca abierta.
Los corredores van desapareciendo. Casa, duchita y ¡Sorpresa!
Por primera vez en muchos años, al menos para mí, es domingo y son las 11:30 de la mañana, todo el día por delante, y yo ya he hecho la mitad. Bajo a por el pan, la gente se acaba de levantar. Señoras paseando al perro, hombres que compran el periódico. Y parece que son las cinco de la tarde, tengo ganas de echarme la siesta de después de comer, pero aún no ha llegado el mediodía.
Estoy cansado, sí, pero aún así me tomo un café bien cargadito, no quiero caer dormido, comemos, friego los platos, hago la mitad de un trabajo para el miércoles, limpio un poco la casa, cambio las sábanas y hago la cama, recojo la habitación, que estaba hecha una pocilga, me da tiempo incluso a arreglar un par de cosas en el ordenador, a hablar con la gente, a preparar la mochila, leer un rato, dar a mi madre un masaje de cuarenta minutos y jugar con el perro.
Ahora estoy cansadísimo, pero con un poco de energía para escribir la parrafada que acabo de escribir.
Conclusión: hoy ha sido el domingo que más me ha cundido en toda mi vida.
Recomendación: Levántate todos los domingos a las siete de la mañana, aprovecha para hacer cosas antes de que los demás se levanten, y tendrás el doble de día. Además, esto sirve para olvidar un poco la depresión de los domingos por la tarde, porque da la sensación de que uno ha aprovechado más el día, sin estar tirado, echando siestas y viendo la tele.
Hala, me voy a la cama, que mañana es lunes y aún quedan dos semanas de intenso trabajo para terminar el curso.
Otro texto sin contenido reivindicativo, sólo informativo, a modo de diario, para que quien tenga un rato y le apetezca leer se entere de lo valioso que es el tiempo de los domingos.

miércoles, 7 de abril de 2010

Mi desnudo de tu desnudo :)



Me encanta la técnica del pastel, aunque hace tiempo que no pinto. Este cuadro lo pinté hace aproximadamente un año, ahora lo subo a mi blog para quien quiera verlo, realmente creo que tiene unos tonos casi perfectos en el cuerpo de la mujer.

Además, el cuadro en sí tiene para mí un valor sentimental especial, ya que en el cuerpo retratado, aunque es inventado, intenté guardar algunos rasgos de una chica que amé durante mucho tiempo, una antigua historia que para mí siempre quedará impresa en esta obra, un cuerpo perfecto del que pude disfrutar hasta que el tiempo se lo llevó.

PD: Si algún día ves este cuadro, colgado en la pared de mi habitación, o en Flickr, o en cualquier otro sitio, sabrás que eres tú, sabrás que ese cuerpo desnudo yaciendo sobre lo que todavía no sé si es una roca o una sábana arrugada es tuyo, tuyo y perfecto como el tuyo y el de nadie más, el cuerpo tuyo que yo recuerdo, el que recordaba mientras pintaba y el que siempre recordaré, que ese rostro es tuyo, y que es tan inocente como éramos nosotros cuando éramos dos, cuando éramos uno... o lo fuimos por un momento. Desde aquí te digo que te quiero como nunca querré a nadie y que te recuerdo como la primera persona que me hizo descubrir por qué se recuerda a las personas.

.

martes, 6 de abril de 2010

No disparéis, dejad que se quemen...

'
De la película de Spielberg, "Salvar al soldado Ryan", se puede sacar una gran conclusión, al menos del principio.


En esta película, el director dedica el primer cuarto de hora a retratar con gran profesionalidad, sobre todo en efectos especiales, el desembarco de Normandía, uno de los puntos clave para el comienzo de la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
Los americanos la llamaban "La Gran Guerra", porque la ganaron, porque fueron vencedores y porque liberaron al mundo de las injusticias que existían por aquellos tiempos, pero Spielberg, muy implicado emocionalmente en todo lo que tenga que ver con el Holocausto y la WWII, se pregunta: ¿Realmente fue una gran guerra? ¿Una buena guerra?
Esto es lo que nos quiere hacer ver con esta película, que empieza después de las primeras escenas de tiroteos, cuando ordenan al protagnoista y a su pelotón la búsqueda de un soldado cuyos tres hermanos han muerto en combate, para evitar que su madre pierda al último hijo que le queda. Pero antes de eso, durante todo el desembarco que se ve desde el principio, desde que se abren las compuertas de los acorazados hasta que Tom Hanks y sus hombres consiguen hacerse con el frente, podemos ver lo cruel que era la guerra, sin planificaciones, ni otro objetivo que el de sálvese quien pueda, abran una trinchera y protéjanse de la lluvia de proyectiles. Una auténtica carnicería en la que los soldados americanos son acribillados desde la costa en todo momento, donde la cámara enfoca en cada plano una desgracia distinta; un hombre que pierde el brazo, otro que vuela por los aires, otro que es tiroteado por tres cañones al mismo tiempo, otro que es atravesado por una bala en cuanto se quita el casco, y un Tom Hanks que se queda mirando el panorama, sin saber qué hacer con todo lo que está pasando, y que llora después de descubrir lo que el director nos quiere hacer ver con su película: que la guerra nunca es buena, nunca es buena para nadie, para ningún bando, para ningún soldado, para nadie. Nos hace ver lo cruel que puede llegar a ser el hombre durante la guerra, porque no puede controlar su ira, su energía, su miedo, su patriotismo, su valencia como hombre, no puede controlar nada ni analizarlo al mismo tiempo.
En la guerra lo que hace un soldado es matar. O matas o te matan. Cualquier enemigo debe ser asesinado, cualquier enemigo, armado o no, supone un riesgo potencial para uno mismo y para la patria, cualquier ser humano que no tenga la misma bandera que el resto debe ser asesinado. El protagonista desencadena esta impotencia y esta ira contra los nazis, como es lógico, incluso teniendo más crueldad de la necesaria para acabar con los ocupantes de un búnquer de cemento al que llegan después de la playa. Los soldados utilizan un lanzallamas para prender fuego desde el interior y hacer que los ocupantes salgan ardiendo.
Los miembros del pelotón se disponen a abatir a tiros a todo el que sale por algún orificio, pero al ver que todos están envueltos en llamas, Hanks, que está al mando del grupo, les dice que no disparen, porque quiere que sufran, quiere que se quemen, quiere que sientan dolor. Puede que a muchos espectadores les resulte justa, correcta, o incluso graciosa la decisión del coronel, pero en realidad yo creo que es una de las frases más crueles que Spielberg ha podido escribir en cualquier guión.


Con esta película y su compañera, "La lista de Schindler", Spielberg ha alcanzado su merecida fama de patriota y de obsesionado por la Segunda Guerra Mundial, a favor de los judíos, ya que su madre era de procedencia judía, y a favor de su patria, Estados Unidos, cuya bandera muestra en sus películas cada vez que puede. En Salvar al soldado Ryan, aparecen las dos banderas, la estadounidense y la francesa, en homenaje a todos los soldados que perdieron la vida y lucharon por la libertad de Europa en el que creo que ha sido el enfrentamiento más terrible y más cruel que ha protagonizado el hombre.

.

martes, 30 de marzo de 2010

11 de marzo de 2004, Madrid, 7:35 am



El 11-M
, un atentado terrorista estremeció la ciudad y el país entero; al menos eso decían los periódicos.
Según los datos, hicieron explosión 10 bombas en 4 trenes de cercanías, en dirección a la estación de Atocha, en el centro de la Capital, en un atentado cuya programación se atribuye a 22 hombres, de los cuales 7 se suicidaron posteriormente; 14 fueron procesados por la Audiencia Nacional y uno quedó sin identificar, incluyendo a otro de los "cerebros" de la operación, cuya implicación no se pudo demostrar. Dicen también que los atentados fueron físicamente obra de terroristas "yihadistas", y que no se encuentran evidencias suficientes para relacionar a ETA con los hechos, y sí que lo hacen con Al Qaeda, pero algunos miembros de la AVT y otros grupos de vícimas no se quedaron contentos, diciendo que tenía que haber más gente detrás de los atentados, y que los fallos de los jueces, además de ser injustos, no habían conseguido dar con la identidad de quien realmente ordenó que se realizara esta masacre en Madrid.

Desde que aquello sucedió, y hasta ahora, no he parado de ver informes, noticias y gritos al aire de ataques que unos partidos políticos se hacen con otros, de gente que culpa a esta persona, o a esta otra. Algunos se pusieron a llamar "asesino" a Aznar con todo el rencor que podían, porque hay quien sigue diciendo que los atentados fueron una venganza de los musulmanes por las tropas enviadas a Iraq durante la última legislación del Partido Popular, y otros en cambio, acusan al PSOE de oportunista y de haberse aprovechado de este atentado terrorista para subir al poder, y le vino bien que la gente estuviera en contra de Aznar, porque con él, la banda terrorista ETA no tenía futuro, y preferían al señor Zapatero, porque podrían salir ambos beneficiados. ETA y los partidos nacionalistas vascos tendrían menos dificultades gracias al Gobierno, y el Gobierno podría negociar detenciones y períodos de paz para satisfacer a la población. En fin, que los de un partido siempre van a culpar al partido contrario, y viceversa. DE ESTA MISMA MANERA SUBIÓ HITLER AL PODER. Por supuesto que no es nada comparable, pero la situación de los años 30 era parecida: Europa había pasado por su primera gran crisis económica, y como es lógico, habían echado la culpa a los políticos de entonces, por lo que la población (con personas cultas sólo en una sexta parte) empezó a desconfiar de la democracia, y votaron a Hitler porque prometía grandes mejoras con otra forma de gobierno, aunque después se saltó todos los tratados habidos y por haber para conseguir su objetivo, su plan estrambótico, típico solamente de un loco, como fue el dictador. Pero volviendo al 2004, si lo analizamos bien, cualquier persona que diga algo de este estilo tendrá razón siempre. Si se mira desde el lado socialista, es verdad, es posible que los musulmanes estuvieran hartos de las tropas extranjeras en su zona y utilizaran esto para vengarse, algo parecido a lo que sucedió en el 11-S *(aunque yo tengo otra opinión sobre esto, y es que el Gobierno de los EEUU sí que tenía implicación y colaboración con los terroristas, porque creo sinceramente en las teorías que dicen que las torres gemelas estaban diseñadas para no hundirse con el impacto de los aviones, y que en realidad se hundieron porque sufrieron una detonación controlada, con explosivos previamente colocados en su interior, en colaboración con los servicios secretos. Después, los terroristas pusieron la identidad y los hechos exteriores, es decir, los aviones. Así, todos contentos: el Gobierno se carga las torrecitas y logra sus fines internos, y los árabes vuelven a dar mala imagen y acojonan al mundo...)*; pero si lo miramos desde el lado derechista, también es probable que el partido dirigido por Zapatero hubiera tenido algún tipo de acuerdo con la banda terrorista ETA, o que al menos se hubiera aprovechado del odio que estos atentados generaron contra los Populares, para subir al poder, ya que todos sabemos que los etarras sabían perfectamente que con la Derecha en el poder no tenían futuro, y que preferían a los socialistas, porque eran más sucios y lograrían algo de diálogo para un beneficio mutuo.

No se pueden descartar los argumentos de nadie. Los míos y mis opiniones personales al respecto me los reservo para mí, porque no me considero lo suficientemente experto en el tema, ni lo haré nunca, como para defender una opinión propia en cuanto a algo cuyos únicos culpables son los ejecutores, y no las posibles causas. Además de eso, sería ilógico e irracional por mi parte opinar de la forma en que he escrito antes, ya que si yo fuera de derechas, culparía al partido de Zapatero, y si fuera de izquierdas o socialista, culparía a la política del señor Aznar, y así nos mataríamos todos. Por eso, a quien tenga algo que decir, yo respondo: sea como sea, en esos trenes murieron personas de los dos lados, de izquierdas, de derechas, de centros y de arribas y abajos, así que todas las víctimas tendrían razón al opinar, porque todas serían igual de víctimas, TODOS somos igual de víctimas.
Sinceramente, lo que sí me atrevo a opinar es en la parte humana, que creo que es la que siempre tiene razón, pero creo que es uno de los puntos más difíciles desde los que se puede ver algo de este estilo, como un atentado terrorista, es decir, de una forma más imparcial, más desinteresada, y más empática, mas cercana, más diplomática, y en la que todos tendrían razón: creo que la única opinión válida es la de culpar, odiar, y lo que haga falta, contra los únicos que sabemos que tuvieron la culpa de estas muertes y heridas en otros tantos, odiar a los autores, culpar a los autores, y estar del lado de las víctimas, ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE DEL LADO DE LAS VÍCTIMAS, ya sean directas, indirectas, o simplemente psicológicas, porque son el único colectivo que nos representa a TODOS, seamos del partido que seamos, odiemos a quien odiemos, seamos quien seamos. No soy partidario de odiar a nadie, pero si hay que hacerlo, creo que todos estaríamos de acuerdo en hacerlo contra los autores reales de los atentados del 11-M. No hay que hacer más distinciones: o eres una víctima o eres un autor. Punto. No hay más. Si te pones de parte de un partido para culpar a otro partido, sólo te conviertes en un gilipollas, un pelele, un estúpido, un ignorante, que lo único que sabe hacer es dejarse manejar por las voces sensacionalistas, amarillistas, manipuladoras, y sobre todo, CRUELES, por intentar aprovecharse de una situación así con el fin de conseguir algún objetivo propio, ya sea por un lado o por otro. El único lado del que nos podemos poner es el de las personas, el de los civiles, el de las víctimas, el de las personas que representamos la PAZ, el de la diplomacia, y el de saber pensar las cosas.

Y si de esta manera alguien no lo entiende, lo explicaré de otra: si lo analizamos bien, las opiniones y los ataques, por llamarlo de alguna manera, se tienen que realizar desde un bando de la misma manera que desde el otro, es decir, si por ejemplo estamos del lado de la derecha, para culpar a los socialistas y tener razón, los atentados tendrían que haber sido únicamente contra gente de nuestro partido, y de la misma forma al revés. Pero lo que sucedió fue exactamente lo contrario: fue un ataque de la VIOLENCIA contra la POBLACIÓN, y esa POBLACIÓN nos incluye a todos, a todos los partidos, a todas las nacionalidades y a todas las personas. Por supuesto que hubo muchos intereses políticos en la realización de los atentados, es innegable, pero precisamente, porque eso es lo que ellos querían, porque querían dividirnos y provocar enfrentamientos, ataques de unos a otros y culpas de unos a otros, cuando los únicos atacados fueron los muertos y los heridos, precisamente por eso, debemos responder con algo que ellos no desearían, que es la UNIDAD, la unidad, la unión, el sentimiento de Comunidad con los de al lado, porque aunque sean diferentes que nosotros, o piensen de forma diferente, también tienen algo en común con nosotros: son Víctimas. Eso es lo único que nos debe interesar, UNIRNOS y mirar más allá del color político de cada persona, da igual rojo que azul, porque por encima de eso está la HUMANIDAD, algo que todos compartimos, y en lo que todos nos sentimos identificados.

Otra cosa que me parece mal, extremadamente mal, hasta un punto en el que me puedo llegar a poner enfermo de rabia, es que alguien se atreva a llamar "ASESINO" a alguien, en este caso Aznar, pero da igual quien sea, sólo por pensar que sus tropas en Iraq han causado una masacre de decenas de personas. Si Aznar fuera un asesino, los había matado él personalmente. Por supuesto que conocía el riesgo de un ataque terrorista por Al Qaeda (si acaso es verdad que su política fue la causa de los atentados), pero por encima de esto estaba su convicción de la necesidad de esas tropas en las zonas de guerra; por supuesto que conocía el riesgo de un ataque terrorista por parte de ETA, porque a diferencia de otros políticos, él anulaba cualquier diálogo o negociación con bandas armadas, porque su única condición para esto era el abandono de las armas, claro que conocía el riesgo, pero también conocía la importancia de no dar su brazo a torcer, la importancia de REPRESENTAR A LA DEMOCRACIA para la que había sido elegido, la importancia de REPRESENTAR A LA PAZ.

Puede que en esto último no tenga razón, o tal vez sí. Sólo pido perdón por si he escrito alguna barbaridad, esta es sólo mi opinión, la de un chico de 15 años y 10 meses, sobre algo ante lo que no puede sentirse impasible mientras se sienta identificado con el sentimiento de humanidad. Sí. Me siento identificado con ese sentimiento, y me siento identificado con cualquiera que, como yo, sepa (o intente) ver más allá de las culpabilidades y de las ideologías, y consiga ver a la humanidad, desde fuera, viendo cómo esos pequeños hombrecillos que habitan la Tierra se matan unos a otros, están unos a favor y en contra de otros, y cómo se pelean entre ellos; me siento identificado con cualquiera que sepa ver eso desde la empatía de ponerse en el lugar de todos y descubrir que ninguno tiene razón si no es poniéndose del lado del colectivo mundial, desde la humanidad, desde el derecho a vivir, desde la inocencia, DESDE LA PAZ.


Desde aquí, un saludo para todo el que haya leído mi gran parrafada sobre los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid,

y con mi mayor respeto,


un gesto de apoyo a todas las víctimas, directas o indirectas, de estos sucesos, que nos tienen a todos impotentes y con las manos atadas en el silencio, con el corazón encogido y con los pies juntos y fríos, pero por favor, por favor, siempre con la cabeza alta, BIEN ALTA, QUE NOS VEA TODO EL MUNDO, que no tenemos miedo, porque tenemos la razón, porque tenemos el apoyo de todos nuestros semejantes, porque después de todo, seguimos y seguiremos siendo personas, porque eso es lo que siempre hemos sido, PERSONAS.

"Derramé una lágrima por cada gota de sangre que se derramó allí, pero aún así no fue suficiente, porque ni todas las lágrimas del mundo serían suficientes para hacer entender el valor que tiene la humanidad cuando está unida"


Para cualquier comentario u observación, y con el más debido respeto, a quien lo desee, mi email es:
"alex_master_music@hotmail.com"

sábado, 27 de marzo de 2010

De los ceros y los unos en nuestra cabeza, no del todo perfecta...



He crecido en un mundo hostil camuflado de acogedor, me he criado en un ambiente frío iluminado con luz cálida, he dormido en una cama de espinas camufladas como hilos, me he alimentado de malas intenciones camufladas como despistes, me he lavado con la indiferencia para quitarme la falsedad de encima y me he acostado con verdades que no me hicieron perder la esperanza.

Si digo que soy infeliz, miento y quedo como una víctima, pero si digo que soy feliz, miento más y parece que pretendo engañar a alguien, así que no, no soy nada; no seré nada mientras no pueda elegir serlo, mientras mis manos no estén al alcance del tipo de decisiones que me permitirían saber si soy feliz o no.
¿Debería? Debería considerarme feliz, porque eso es lo que me han enseñado, lo que nos enseñan a todos desde pequeños: "tienes que ser feliz, porque lo tienes todo, y si te falta algo, también tienes que ser feliz, porque es lo que los demás tienen que ver, tienen que pensar que eres feliz; tú tienes que pensar que eres feliz". Sí, sí y otra vez sí. Somos educados para engañarnos a nosotros mismos si es necesario, educados para engañar a los demás, educados en el efecto placebo de nuestros propios engaños, educados para manipularnos a nosotros mismos y a los demás, porque vale más pensar que algo es malo, que saber si algo es realmente malo o no. Vivimos y somos educados en la cobardía de no atrevernos a indagar sobre cuál es la verdad válida, en la cobardía de preferir la incertidumbre antes que la certeza, somos educados en la comodidad de la ignorancia, incluso sobre nosotros mismos.

Pero hay algo que se nos escapa. Hay algo que se le escapa a la mente tan perfecta del hombre, y es que su mente es mucho mas perfecta de lo que él cree.
Las personas hemos desarrollado unas técnicas prediseñadas para vivir en sociedad manteniendo una posición de seguridad, un margen de movimiento, un halo de tranquilidad que nos separa de aquello que no sabemos controlar, sí, lo hemos hecho, pero durante todos esos años que nos ha costado nuestro trabajo de conseguir cierta estabilidad, nos hemos olvidado de algo, algo que nos caracteriza como especie humana, algo que nos diferencia a unos de otros y que al mismo tiempo nos une y nos relaciona, nos hace comunes y nos unifica en la coincidencia. Nos hemos olvidado de los sentimientos, algo que algunos llaman corazón, da igual el nombre. En nuestra perfecta razón nos falta una cosa por explicar, por controlar, por conocer. Son los sentimientos, las sensaciones, los deseos, los instintos, los placeres. Eso todavía no lo podemos controlar, y como lo que no controlamos nos da miedo, hemos decidido apartarlo de nuestro proyecto de sociedad, lo hemos aparcado de nuestros planos para una mente perfecta, lo hemos ignorado en nuestra torre hacia la felicidad. Grave error. Eso es lo que nos tiene y nos tendrá vacíos siempre. Porque los sentimientos no se pueden controlar, ni predecir, ni los gustos, ni las necesidades, ni los caprichos. Y es por eso que somos infelices, porque desde nuestro estudiado programa de comportamiento no nos atrevemos a liberar nuestra parte biológica, nos quedamos encerrados en nuestra parte informática, leyendo códigos de unos y ceros, sin saber que existen más números y más letras distintos del uno y del cero.


Pero yo ayer aprendí un número nuevo: el dos. Es un buen comienzo.
___________________________________