Hoy decides que conservarás tu nuevo reto de acostarte pronto. Y el de hacer diez flexiones cuando te levantes por la mañana, otras diez al acostarte y diez cada vez que vayas al baño. Hoy decides ponerte a escuchar música de hace tiempo porque no sabes si pensar o no pensar en tu nueva compañera de al lado, que puede que no tenga nada de especial, pero es nueva y eso hace que te fijes en ella cuando nadie más lo hace, y casualmente has descubierto que sí, tiene algo de especial, precisamente porque sigues pensando en ella.
Hoy decides que te ha gustado eso de hacer lo que llamas "una vida más o menos correcta"; cumplir con tus obligaciones, estudiar más de la cuenta para competir en condiciones con los que sacan mejores notas, ir en serio a por tu carrera de ingeniería... porque has descubierto que cuando cumples a tiempo con tus obligaciones, sigues teniendo tiempo (incluso más) para divertirte y para hacer cosas que no sean obligaciones, como satisfacer a tus suscriptores de youtube y hacer cosas que te hayan pedido, como leer todos esos libros que hace tiempo que querías empezar a leer, como hacer algo más de deporte, como aprender recetas nuevas de cocina, como investigar la relación directa o indirecta entre los discursos de tu profesor de filosofía y su pasado, probablemente traumático y decisivo para su actual presente.
Hoy te has parado a pensar realmente en si merece la pena o no pasar tantas horas estudiando y discutiendo sobre ideologías, grupos, movimientos, historia, rumores, cambios, votos, partidos y todo aquello que tenga que ver con la política, porque te ha entrado en la cabeza la idea de que no puedes apuntarte a una ideología sin conocer la contraria, de que no puedes decir que algo sea bueno sin plantearte que lo contrario también puede ser bueno, de que todo es tan extremadamente relativo que ni tú ni nadie tiene el conocimiento suficiente como para ser digno de juzgar realmente cuál es la ideología correcta, ya que ese concepto de "correcta" depende completamente desde el interés con el que se mire; depende de si lo que se busca es el beneficio para la burocracia, para el sistema visto desde arriba, para el pueblo, para el país, para los ricos, para los pobres, para los listos, para los vagos, para los soñadores, para los que se estancan... o para todos. Te das cuenta de que, tenga quien tengan razón, eso nunca se va a saber del todo porque siempre, por muy absoluta que sea una mayoría democrática, siempre habrá otra mayoría (o minoría) con unas ideas opuestas que defender, con unos argumentos propios, igual que los tuyos, con unas ideas propias, tan respetables como las tuyas, y que todo el mundo debería escuchar, igual que las tuyas. Y parece una gilipollez, pero esto te ha relajado bastante en tu lucha interna de si eres o no una buena persona, concepto que venías cuantificando erróneamente en función de estas fruslerías políticas que nunca te llevarán a ningún lado si su defensa implica en algún caso el uso de la violencia o fomenta el odio entre cualquier par o grupo de personas, por grande o pequeño que sea, y has decidido, terminantemente, alejarte de una guerra que no es tuya (ni debería ser de nadie) y empezar a pensar en ti mismo en cooperación con los demás, siempre cooperación, siempre concordia, siempre ayuda mutua, siempre la comprensión por encima del rechazo; ya sea a nivel personal o profesional, a nivel amoroso o a nivel amistoso, o político... da igual. Simplemente has decidido que es conveniente conservar unos principios básicos de respeto y convivencia por encima de cualquier diferencia ideológica, étnica o simplemente de pensamiento; ya que el pensamiento que tienes no te pertenece a ti por completo, sino que ha sido modelado por una serie de factores que te han llevado a pensar de la manera en que piensas, y no de otra, debido a tus experiencias del pasado, a tu aprendizaje sobre esas experiencias y a tu nivel de reacción ante ese aprendizaje, cosa que habría sido distinta simplemente con que hubieran cambiado un par de esos de tus factores, como el lugar de nacimiento, el año, la gente que te ha rodeado, etc... y por eso no puedes asegurar que tu pensamiento sea propiedad exclusivamente tuya.
Volviendo a lo de antes, has vuelto a recuperar tus amores platónicos, la pasión por la lectura, has vuelto a descubrir esa magia de la navidad en las calles de Madrid que no podías ver cuando creías que eras demasiado mayor, has vuelto a recuperar la pasión por la pintura, por la vida, por aprovechar el tiempo, por demostrar las cosas de las que hablas... hasta que alguien te vuelva a desanimar.. aunque ese alguien sueles ser tú mismo.
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sábado, 18 de septiembre de 2010
martes, 20 de julio de 2010
...y dónde no cabe una utopía?
Todo eso viene de la necesidad natural de sentir que nuestra razón y nuestro juicio son los únicos válidos y verdaderos, porque hemos aprendido que los "demás" piensan de manera distinta, por lo cual suponen un peligro para nuestras ideas, sobre todo cuando intentan derribarlas de forma hiriente.
Por eso quiero "escapar" de este lugar en el que me encuentro. Quiero "volar" en un avión hacia ningún sitio. Sólo quiero volar, quedarme suspendido en el aire. Tocar el cielo con las manos y sentir lo inalcanzable. Salir de este país en el que nadie ha aprendido a convivir, y los que han aprendido, no pueden ejercer su capacidad de convivencia por asuntos de supervivencia. Huir de estas fronteras en cuyo interior unos se pegan con otros por razones de orgullo y de dinero. Los ricos y los que se creen superiores luchan para no ver deteriorada su imagen de pureza y distinción; los pobres y los que se creen pisoteados luchan porque creen que merecen algo mejor de lo que tienen, y piensan que no son responsables de sí mismos. Así poco a poco hemos ido creando un país en el que lo único que se respira es el odio por todo el que nos rodea. Pero en mi vuelo de huida tampoco quiero llegar a ninguna parte, porque sé que allí se dará más de lo mismo. Huir del odio que ha conquistado España para respirar el odio que se ha hecho con el resto de los países del mundo, da igual dónde. Estoy por hacerme monje y quedarme meditando en medio de esas montañas que dicen que hay en algún lugar de Asia.
Se da por hecho que para cada cual existe siempre otra "persona" con la que concuerda. Una persona con la que se puede sentir plenamente realizado todo el mundo en su respectiva identidad. Pero yo también he dado por hecho que esa supuesta persona sólo existe de forma subjetiva. Puede que nos esté engañando, puede que nos estemos engañando nosotros mismos, pero una mezcla de todo me ha hecho llegar a la conclusión de que cualquier utopía que podamos percibir en nuestra existencia siempre será fruto de un engaño. Por eso prefiero hallar esa utopía en soledad, porque si alguien me engaña, prefiero ser yo mismo.
Prefiero ser yo el responsable de mi propia desgracia o de mi salvación. Quiero ser yo el que elija hasta qué punto es real la realidad, y hasta qué punto es feliz la felicidad, así como hasta qué punto el agua humedece las cosas.
Por una vez me gustaría ser egoísta y prescindir del trabajo de pensar en cada persona, para saber en quién puedo confiar y en quién no. En primer lugar, porque siempre me equivoco haciendo ese trabajo de destilación entre confianza y hostilidad. En segundo lugar, porque sean o no de confianza, todas las personas del mundo son eso, personas, que también tienen sus experiencias, su opinión, sus reacciones y sus intereses, y por eso, precisamente por ser sujetos ajenos a mi persona, ya pierden toda su fiabilidad para mí, igual que yo la pierdo para ellos.
Puede que el ideal de autosuficiencia sea insostenible, puede ser. Puede que el individualismo sea inviable, pero paradójicamente es con lo que todos soñamos o hemos soñado alguna vez en nuestros más profundos y puntuales derroches de egocentrismo, por el cual no nos podemos culpar.
Quiero llegar a algún lugar donde nadie me envidie, nadie quiera utilizarme o hacerme daño. Un lugar donde nadie quede por encima a costa de dejarme a mí debajo. Un lugar en el que no tenga que protegerme ni desconfiar de nadie ni de nada. Un lugar en el que mis hijos aprendan la doctrina del amor y no la del odio. Donde aprendan una convivencia hecha por la cooperación y el respeto, y no por la destrucción y el dolor de los semejantes. Un lugar en el que mis hijos no se sientan identificados consigo mismos cuando hieren a alguien, y de esa manera tengan que dudar de sí mismos. Quiero llegar a un lugar en el que yo pueda gritarles desde lo alto de una montaña que son libres, y que al oírme ellos puedan correr alegremente lejos de mí, donde yo no pueda hacerles daño, porque estoy encadenado. Encadenado por ese odio con el que he aprendido a sobrevivir en el mundo anterior. En este mundo presente que nos amenaza. Encadenado por mi pasado, por el pasado común en el que todos nos hemos visto obligados a tomar decisiones de las que no nos sentimos orgullosos. Encadenado por la pérdida de la esperanza y por la resignación, que es lo único que me queda para seguir flotando sobre el agua que me mantiene con vida. Un agua fría y hostil bajo cuya superficie se hundieron todos los principios, todas las ideas, todo el amor y toda la alegría que me quedaba.
Tendré que nadar yo solo y dejar que ellos descubran todo eso por sí mismos.
Y bien, ahora que la música deja de hacer efecto, dejaré de mirar mi mano apuntando al cielo. Veré mi brazo, después me veré a mí mismo, contaminado interiormente por toda esta mierda, y después volveré a ver la desgarradora imagen del horizonte que se abre frente a mis ojos, que una vez quedaron cegados por el llanto y nunca más volvieron a ver la realidad tal y como era, porque la verdad quedó oculta bajo todos esos sedimentos de odio que hoy iluminan la culminación de la idolatría del hombre y lo hacen cada vez más infeliz cuando recoge lo que él mismo ha sembrado.
martes, 13 de julio de 2010
Palabras para un triste sueño

...y dejó escrito que si alguien iba a pronunciar un discurso en su funeral, lo
haría yo, porque era la única persona de la que se sentía orgullosa.
Lo cierto es que cuando uno tiene un sueño tan intenso, a veces es difícil distinguir lo que es verdad y lo que es imaginario, aunque yo creo que todo lo que imaginamos o pensamos es reflejo de la realidad que conocemos y no nos atrevemos a revelar.
De repente me encontraba allí, en medio de algún lugar conocido, buscándote. Dos perritos desorientados bajaban la escalera. Me había equivocado de portal. Llegué al número correcto y subí hasta la puerta, pero la cosa seguía siendo muy extraña. Pregunté y respondió un hombre a gritos. ¡Perdone! Me volví a equivocar. Era tarde, de madrugada. Todo estaba muy oscuro y silencioso. Se me ocurrió mirar no sé qué documento con la distribución del edificio y quedé sorprendido. Habían cambiado los nombres de todos los propietarios, su piso y su puerta, pero había otro registro con antiguos propietarios. Encontré tu nombre.
Llegué a mi casa, no sé por qué, y alguien me comunicó, de manera muy respetuosa, que "estabas en un lugar mejor". Es increíble la fuerza que esas palabras ejercieron sobre mí, aún siendo un ateo empedernido obsesionado por el empirismo y la exactitud científica. Creo que el único efecto que tuvieron fue el de recordarme tu ausencia. Habías muerto durmiendo, te encontraron en tu cama, pero tú ya no estabas. Pasaron unas horas, me dejaron leer tu testamento. Lo tenías localizado porque toda tu vida habías vivido mirando hacia ese momento. Lloré como un loco leyendo aquellas palabras tuyas manifestando tus últimas voluntades, de forma tan humilde y agradecida. Incluso escribiendo esta mierda me pongo otra vez a llorar. Mi cabeza no tuvo el considerado detalle de soñar con qué palabras decías en tu testamento, pero sí recuerdo exactamente las que me hicieron desplomarme por completo mientras leía.
Decías: "...y no creo ser merecedora de ningún discurso, pero si alguien tiene que pronunciar unas palabras para hacerme homenaje, ese será Alejandro, porque es la única persona de la que estoy orgullosa".
Y me puse a escribir lo que en aquel momento se me pasaba por la cabeza. Aquella contestación que daría en clase en caso de que alguien me viera llorando y me preguntara "Qué te pasa". Le diría que tendría que estarle hablando durante cinco años seguidos para explicarle lo que me pasaba.
Escribí el discurso. Decía algo así:
"Apenas unas palabras formales son las que la relacionaron pobremente conmigo durante toda mi vida. Apenas unas órdenes de madre son las que la relacionaron con sus hijos durante toda su maternidad. Apenas unas obligaciones que cumplir y unas costumbres irrompibles son las que guiaron su monótona actividad durante los años que ella vivió. Nadie le daría importancia a una persona que quiere pasar desapercibida, haciendo como que no se da importancia a sí misma. Nadie se preocuparía por alguien que sólo defiende unos principios y no se mete con nadie. Su muerte sería la pérdida menos lamentable del mundo para cualquier otra persona a juzgar por su interferencia voluntaria. Pero hoy estamos aquí para eso, para juzgar cómo intervino ella en nuestras vidas sin quererlo, para darnos cuenta de quién acabamos de perder.
Esta mujer que hoy yace entre nuestras lágrimas fue una mujer que nunca se quejó absolutamente de nada, una mujer que agradeció desinteresadamente cada gesto y que nunca pidió nada a cambio. No esperaba nada especial de la vida, sólo cumplía con su obligación y desarrollaba el papel que le había tocado vivir. Esto puede sonar muy anodino, pero es todo lo contrario. A diferencia del resto de las personas, que nos pasamos la vida luchando para ser recordados, para llamar la atención, para que se nos tenga en cuenta, para merecer algo, ella era silenciosa. Asumió desde el principio su posición y lo único de lo que abusaba era del conocimiento. Siempre estaba leyendo libros, siempre estaba pensando y valorando la cultura. Decía que cuando sabes algo, nadie podrá arrebatarte ese conocimiento ni manipularte, que la sabiduría y el estudio eran la única manera de salvarse de la ignorancia, de la decadencia y de la pérdida de la identidad, de la voluntad, de la vida. Dejó escrito que prefería vivir escuchando y sin hablar que vivir hablando sin ser escuchada.
A veces alardeaba un poco de su conocimiento sobre ciertos temas y nos corregía a todos como si su postura fuera la única, incluso podía ser molesta cuando utilizaba todos los argumentos que tenía para defender sus teorías, pero haciendo memoria, no recuerdo una sola vez en que no tuviera razón cuando hablaba. Las pocas veces que hablaba decía la verdad, y por eso puedo decir que fue la única persona con libertad que he conocido hasta el momento. Solía utilizar esa frase de la Biblia, de no sé qué evangelio, que decía: "La verdad os hará libres".
Cada uno de nosotros tenemos hoy una razón para sentirnos vacíos, cada uno la suya, yo la mía.
A mí me enseño, y no creo ser el único, valiosas lecciones sobre el comportamiento de las personas, sobre lo que merecemos y dejamos de merecer por nuestras acciones, sobre cómo debemos respetar a las otras personas aunque no nos gusten sus ideas, porque nosotros también queremos ser respetados, sobre la educación, que es la única moneda que tiene valor.
Pero lo que me duele más de su pérdida no es el hecho de que ya no nos vaya a enseñar más cosas sobre la vida. No me duele el hecho de no tener a nadie que me dedique silenciosas miradas de complicidad cuando nadie entiende lo que digo. Lo que hoy me duele es la madurez con que asumió su resignación y su incapacidad de manifestar los deseos que nunca manifestó. La templanza con que nos ocultó sus deseos de volar y ser libre de verdad. Es cierto que parecía una mujer complacida, que no necesitaba nada más para ser feliz, que se conformaba con lo poco que tenía y que no era ambiciosa. Pero yo sé que esos deseos existían en ella. Sé que le habría gustado decirnos todo lo que no nos dijo en vida, que le habría encantado viajar a alguna parte donde extender su cultura y ser partícipe de algo productivo a gran escala. Sé que ella también tuvo esa necesidad humana de contribuir al bien común y de ser recordada por sus méritos, pero las barreras sociales siempre fueron muy gruesas.
Ella pasó desapercibida por la misma razón por la que nosotros hoy llevamos gafas de sol con el fin de que nadie vea nuestros ojos llorosos. No queremos mostrar nuestros sentimientos, ni que nadie nos vea desmoronados como personas, porque lo perderíamos todo. Dar imagen de sensibilidad y de fracaso emocional no es bueno para la posición social, y eso lo sabemos muy bien.
Pero tampoco tenemos por ello que entenderla como una víctima de la resignación. Tenemos que entenderla como alguien que sabía lo que hacía y conocía su incapacidad para hacer algo imposible. Tenemos que comprenderla como alguien cuyo amor hacia los demás se vio mostrado en no ser un estorbo sino sólo un apoyo.
Si de algo tiene que ser protagonista, que sea del silencio con que nos enseñó una manera admirable de vivir.
Si de algo tiene que estar orgullosa, que sea de sus logros involuntarios sobre nuestras mentes que reposan bajo la sombra, esperando a ser alimentadas.
Y si de algo tiene que ser víctima, que sea de la libertad, que es la única palabra digna de llevársela entre sus brazos y de iluminarnos desde el cielo para guiar nuestro camino hacia la verdad."
Un discurso en el que casi no pude hablar porque tenía la nariz taponada y los ojos chorreando. Gasté tres paquetes de pañuelos durante la pronunciación y otros dos después de recibir algún que otro abrazo de compasión inmerecida.
Recuerdo que lo que más me dolió del sueño no fue pensar en su muerte de forma subjetiva, pensar que había perdido el poder de pensar y de hablar. Lo que más me dolió fue mi parte egoísta de pensar en su ausencia hacia los demás, hacia mí. El vacío que dejó en su casa, en su familia, en mí.
Ahora no sé, al despertar, por qué seguí llorando como si su muerte fuese real. Había mirado el reloj, la fecha, la calle, todo estaba normal. Pero yo me puse a llorar.
Es increíble cuánta carga emocional tienen las cosas que no han pasado, pero que sabemos que acabarán pasando. Y lo peor de todo es, sin duda, culparnos por no haber sido lo suficientemente agradecidos con las personas una vez que han desaparecido, incluso antes de que lo hagan.
Desde aquí mis agradecimientos por haber tenido la paciencia de leer la entrada entera y ánimo, que creo que esto sólo ha sido un sueño desagradable, aunque con mucho fundamento.
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