sábado, 11 de diciembre de 2010

Vamos a hacer algo bello

Finisterre. Once de la mañana. El día estaba completamente oscuro. Casi no se le podía llamar ni día. Las estrellas brillaban en el cielo, pero la Luna no. Los animales diurnos empezaron a despertar, pero no comenzaron su actividad, no había luz. Por muy entrado que estuviera el invierno, debería haber luz. A las once de la mañana siempre hay luz. Cosa extraña. La mayoría de los despertadores no sonaron porque era domingo. Los domingueros bajaban a comprar el pan, las amas y amos de casa preparaban la comida, los niños salían de la cama y los universitarios más fiesteros descansaban de la resaca. Los escritores seguían encerrados en sus habitaciones y los guitarristas callejeros buscaban su esquina en algún lugar turístico. Todos hacían algo, pero el sol no había salido ese día.
Qué raro. Pensó el hombre del pelo negro. Que el sol no haya salido y la gente no esté histéricamente alarmada.
Quiso preguntar a alguien si el sol realmente no había salido o sólo eran imaginaciones suyas, pero no encontró nadie a quien preguntar. Todos hacían sus labores del domingo, nadie tenía tiempo para él. Llamó a su conocida, la mujer de los ojos verdes. Se encontraron pasado un rato. Ella sí tenía tiempo. Nada mejor que hacer un domingo por la mañana. Efectivamente, el sol no había salido. Ambos se lo confirmaron mutuamente.
Vamos a hacer algo bello. Dijo él en un momento dado. ¿Qué dices? Objetó ella. Que hagamos algo para que el sol vuelva a salir. ¿Pero qué? Eso no lo podemos decidir nosotros. Claro que sí, continuó él. El sol no ha salido porque está enfadado. Los hombres hacemos guerras, maltratamos a nuestros semejantes, destruimos nuestro hogar y nuestra naturaleza. No merecemos disfrutar de la luz del sol. ¿Y qué sugieres, que tú y yo solos solucionemos todos los problemas del mundo para que el sol nos perdone y vuelva a salir? No. Respondió él. Solo digo que no es seguro que el sol no haya salido. Lo único que sabemos es que para ti y para mí no ha salido. Me refiero a que al menos tú y yo tenemos que hacer que el mundo esté en paz con nosotros. O el universo. O Dios. O lo que sea. Lo que sea para que el sol vuelva a salir y no nos helemos de frío, que bastante hace ya.
Lo que dices es una locura. Replicó ella. Ya, pero si no lo hacemos no saldrá el sol. Porque podrás comprobar que no ha salido. Respondió él.
¿Y por qué estás tan convencido de que tenemos que quedar en paz con la naturaleza? Porque yo le debo mucho más que tú. Puedes acompañarme o hacer tu vida en un mundo de oscuridad, pero yo me voy. ¿Adónde? A la playa. Voy a llevar comida a un barco que vi un día anclado a ocho millas de la costa. Lleva allí como dos meses. Lo miro todos los días y no se mueve. ¿Y qué te hace pensar que hay alguien en ese barco que pueda necesitar comida?
Si el barco ha llegado hasta allí y no se ha movido es porque está tripulado. Y si no se ha movido en dos meses, pocos recursos le deben quedar. No es muy grande. Y te puedo asegurar que en esta área no hay pesca por ningún sitio. Si me acompañas, podremos llevarles más cosas.
La mujer de los ojos verdes se decidió a acompañar a su conocido del pelo negro, no se sabe por qué, pero se decidió. En cualquier otro mundo paralelo, en la misma situación, cualquiera habría rechazado el plan. Adentrarse en un mar embravecido para llevar víveres a unos náufragos inexistentes que nadie ha visto y arriesgar la vida en un día en el que no ha salido el sol solo para acompañar a un amigo a hacer algo bueno. Pero quizá fue eso. Que el sol no había salido y que ninguno tenía nada mejor que hacer.
Tras cargar dos grandes sacos con conservas y garrafas de agua se dirigieron ambos al pequeño embarcadero que había en la playa más escondida de Finisterre. Allí les esperaba la pequeña barca de remo del hombre del pelo negro. Dos remos antiguos, con el barniz corroído por la sal y la pintura demacrada en días anteriores por un sol que ya no había. Les costó sacarla de la arena. Estaba medio encallada, retenida por el hielo que habían formado el frío y la humedad. Después de un par de empujones hacia la orilla, los conocidos depositaron los sacos en el interior de la embarcación y montaron los remos. Súbete a la barca. Dijo el hombre. Yo la empujaré y remaré. Hizo el último esfuerzo desde la arena y se subió de un salto.
Lejanas empezaron a verse las luces costeras. Un montón de agua negra y profunda quedaba tras ellos. La barca subía y bajaba. Se inclinaba hacia todos lados. La carga se movía continuamente y los remos no daban abasto. Suerte que la barca, aunque era antigua, había sido astillada sobre madera de fresno. Los remaches y los tornillos se mantenían firmes e intactos ante los golpes del oleaje. Ni un solo indicio de carcoma.
No se veía nada. La niebla nocturna no había desaparecido. Apenas llevaban a bordo un par de linternas y las farolas de los acantilados se veían menos que las estrellas en un cielo nublado. Dependían, sobre todo la mujer, de los brazos y la capacidad de orientación del hombre del pelo negro. No llovía, pero la humedad del ambiente les empezó a calar el pelo y la ropa. Empezaron a tener frío, la mujer cada vez desconfiaba más de la seguridad de su plan. ¿Sabes seguro dónde está ese supuesto barco? Sí, no te preocupes. Con la oscuridad no se ve nada, pero si te fijas, ahí al fondo, hay un pequeño reflejo de color rojo, ¿lo ves? Sí. Ese es el barco, aún quedan dos millas y media. Quince minutos después consiguieron distinguir las partes del barco. Mira, esa es la proa, y ahí acaba el palo mayor, ¿ves? Es un pequeño barco motorizado, no más grande que un atunero. Comenzaron a acercarse, pero no divisaban la más mínima muestra de vida a bordo. Se acercaron gritando. ¿Hay alguien? ¿Hay alguien? Pero nadie contestaba. Se aproximaron por completo a la borda estribor del supuesto pesquero y el hombre lanzó un cabo para amarrarse a él. Un par de nudos y ya estaban conectados. En medio de la oscuridad, con las estrellas mirando desde lo alto y las linternas a punto de agotar sus baterías, suspendidas en las manos heladas de los compañeros, éstos atisbaron a ver un par de cuerpos. Eran marineros. Barbudos, tendidos en el suelo, empapados, encharcados, aparentemente dormidos. Les despertaron. Hubo suerte, los dos estaban vivos. Sufrían graves síntomas de hipotermia. ¿Cuánto tiempo lleváis aquí? Un mes y medio. Hace dos días que se nos acabó el agua potable, y una semana que se terminaron los alimentos. Hemos sobrevivido destilando agua con este pequeño alambique, pero no nos queda mucho tiempo. Comenzó diciendo el marinero de la barba más larga. No os preocupéis, aquí traemos algo de pescado en lata, un par de garrafas de agua mineral y unas latas. Dijo el hombre. También hemos traído estas mantas y este combustible para que podáis volver a tierra. No se preocupe por el combustible. Dijo el segundo marinero, el de la gorra azul. Combustible tenemos de sobra. El problema es que no tenemos hélices ahí abajo. Las destrozó un atún intentando resistirse al anzuelo. Sucedió aquí mismo, y entre todos decidimos anclar el barco a esta distancia de la costa antes de que la marea nos llevara mar adentro. Tampoco tenemos radios y a tres de los tripulantes se los llevó un golpe de mar hace unas semanas, cuando aún navegábamos. Sólo quedamos nosotros dos. Pero no podemos rescatarlos. Dijo la mujer dirigiéndose a su compañero. Es verdad, en la barca apenas hay sitio para dos personas. Confirmó el hombre. Volveremos a tierra e informaremos a los guardacostas para que vengan a por ustedes. Con lo que les hemos traído podrán sobrevivir unas horas más, hasta que alguien venga. Los marineros no se opusieron a la decisión. Después de dos semanas, no les importaría quedarse unas horas más en el barco, con los víveres que tenían. Sacarlos de allí era inviable en aquel momento.
Dicho esto, el hombre del pelo negro y la mujer de los ojos verdes volvieron a subirse a su barca. El oleaje es más fuerte que antes. Observó el hombre. O puede que al no llevar carga la barca sea más sensible al movimiento del agua. Corrigió la mujer. Desatado el cabo que los unía al barco pesquero, los remos se pusieron en movimiento y al cabo de unos minutos dejó de verse el pequeño bote en medio del mar. Desde donde estaban, no se distinguía la iluminación del pueblo, pero sí se notaba cierta claridad en la niebla que había de por medio en esa dirección, algo disipada, algo difusa.
Diez minutos interminables  pasaron, cuando, de repente, grandes olas comenzaron a embestir la barca desde uno de los laterales. El suelo estaba encharcado, pero aún podían navegar. Cada vez costaba más mover los remos, la barca estaba semihundida. Escucha. Dijo el hombre con tono imponente. Dentro de unos minutos, antes de que alcancemos la orilla, la barca se llenará de agua por completo y empezará a hundirse. En ese momento, con cuidado y sin soltarnos de ella, nos echaremos al agua y la pondremos boca abajo para desalojar el agua del interior. ¿Entendido? Entendido. Respondió la mujer, cada vez más asustada. Ambos temían por su vida. El día no podía ser más frío.
En aquella inmensa oscuridad apenas alcanzaban a distinguir el rostro del otro, apenas a un metro, pero el hombre conseguía orientarse. Por si pasa algo. Dijo el hombre. Recuerda que hoy el viento sopla en dirección a la costa. Hay una borrasca sobre el monte y el viento sopla hacia el interior. Si pasa algo, levanta el brazo y sigue la dirección del viento. Vale, haré lo que tú digas. Respondió la mujer. En qué momento había decidido seguir el descabellado plan de su conocido. En qué momento. Pudiendo estar en casa, con la calefacción pegada a los pies y tomando un té calentito.
El viento levantaba espuma sobre las propias olas y las hacía llegar sobre los ocupantes de la barca. La naturaleza que les dio sol durante toda su vida, que les regaló árboles y pájaros, alimento y bonitos paisajes, hoy les daba golpes con un agua gélida en medio de una oscuridad penetrante, más cegadora que cualquier destello de luz. Como predijo el hombre del pelo negro, la barca se llenó de agua hasta tal punto que comenzó a sumergirse. Decidieron en aquel preciso instante lanzarse al agua. Se veían algo mejor porque ya tenían la luz costera como referencia. Trataron de dar la vuelta a aquel pedazo de madera, pero era inútil. Aquellos listones de fresno eran demasiado pesados y la barca se acabó hundiendo antes de que pudieran darse cuenta.
Tendremos que volver nadando. Aseguró el hombre. ¿Qué? Dijo la mujer, poniéndose histérica solo de pensar en el frío que tenía. Quítate toda la ropa que puedas. Aquí no te protegerá del frío y te pesará más. Concluyó el hombre.
No llevaban salvavidas ni otra clase de artilugio para salir de aquella situación que su propio cuerpo. En paños menores notaron cómo podían resistir mejor la fuerza de la corriente y nadar de forma más eficiente.  Nadaron en paralelo durante aproximadamente quince minutos.
Cuando se hundió la barca se encontraban aproximadamente a tres millas de la orilla. Eso eran aproximadamente cinco kilómetros. Ahora estaban a dos millas. La mujer empezó a flaquear. Tras el mayor rato de su vida sumergida en el agua y con serios síntomas de hipotermia, empezó a decir que no podía seguir nadando. El hombre andaba igual de cansado, pero era más testarudo. Súbete a mí. La mujer se encaramó al cuerpo de su conocido y cargó sobre él el peso de ambos y un doble esfuerzo. Pégate y descansa, recibe mi calor e intenta mantenerte fuera del agua en la medida de lo posible. Dijo él. Pero así te cansarás tú antes y no llegarás a la costa. Replicó ella, haciendo uso de una empatía congelada por el viento. Lo sé. Respondió él. Lo sabía desde que se hundió la barca. En estas condiciones y a la distancia que estábamos iba a ser imposible que los dos llegáramos a tierra. Mi plan es que al menos tú lo consigas. Tiraré de ti hasta donde me sea posible y después seguirás tú. ¿Y qué pasa contigo? Preguntó ella, asustada. Tienes que aceptarlo. ¿Aceptar qué? Que serás tú la que llegue a tierra firme. ¡No! Replicó la mujer nuevamente. Que sí, que es la única solución. O llegas tú gracias a mi ayuda o perecemos los dos. Ni si quiera yo podría aguantar nadando hasta la orilla, aun sin tu peso encima. Lo que hago es permitirte descansar y coger aire para que puedas llegar hasta la arena. ¿Y cómo crees que te voy a dejar aquí solo? No voy a hacerlo. No vas a hacerlo. No hará falta. Desapareceré y harás como si yo no hubiera estado contigo. Créeme que podrás.
Entre tanta conversación al hombre se le empezaron a agotar las fuerzas. Las piernas y los brazos no respondían. Casi no podía respirar. La hipotermia estaba teniendo sus consecuencias. Media milla para llegar a la costa. Empezaba a dar bocanadas, como si le faltara el aire. Le faltaba el aire. Cómo pudo haberse olvidado de los salvavidas. Lo más básico y elemental y se le había olvidado. Nada. Unos minutos más y nada. El hombre intentaba dar una brazada más, escapando de la idea que tenía en mente. Otra brazada, y otra, y otra, pero él solo, sin quererlo, vio que no podía ni consigo mismo. No se despidió. Dejó a la mujer de los ojos verdes flotando en la superficie, y antes de que ella pudiera darse cuenta, su conocido estaba nadando en dirección al fondo.
Con los ojos empapados y salados, no se sabe si por las olas o por las lágrimas, la mujer retomó su movimiento y prosiguió su travesía. Doscientos metros para la costa. Apenas distinguió el pequeño embarcadero del que partieron, empezó a nadar más rápido.
Eran exactamente las doce y media del mediodía cuando las manos inmóviles de la mujer agarraron el primer puñado de arena y sus pies insensibles se posaron sobre las rocas para llegar a lo alto de un pequeño terraplén en el que desembocaban las obras de la carretera comarcal.
Hospital, mantas térmicas, suero, médicos, agua tibia en una bañera, café caliente y una extraña sensación.
En una cama despertó la mujer, pero no en la del hospital, sino en la de su habitación, un domingo por la mañana. Eran las nueve en punto y el sol asomaba por el acantilado de Finisterre. Cogió rápidamente el teléfono y marcó el número de su conocido, el hombre del pelo negro, pero nadie contestó.
Encendió la televisión y puso el canal local de noticias. Las de por la mañana. Gracias a la información que supuestamente dio ella al llegar al hospital, consiguieron salvar la vida de dos marineros anclados a quince millas de la costa gallega, que sobrevivieron a dos semanas de aislamiento en el mar. ¿Pero no eran ocho? Se preguntó. No. Fueron quince.
En el perchero de la entrada de su casa encontró la manta que le dieron al llegar al hospital. En la televisión anunciaron el hallazgo del cuerpo de su conocido, encallado entre las rocas de un macizo a pocas millas de donde se encontraba el embarcadero. Pero aún así, y a pesar de todas las pruebas, seguían siendo las nueve de la mañana del domingo,
y el sol había salido.

De mi Madrid a mi cielo.

Qué tendrán esas calles...  que son tan internacionales, tan frecuentadas...  pero al final son sólo mías. Mías y de nadie más. Rincones que sólo son para mí. Allí voy cuando algún golpe de tristeza nubla mi corazón; allí voy cuando alguna llama se apaga en mi vida, allí voy cuando quiero estar conmigo mismo durante un rato. Mi lugar de evasión, mis rincones de evasión; calles por las que a cualquier hora puedo pasar, a cualquier hora me siento bien; calles que significan algo para mí...
Sí, señores, hablo del centro de Madrid.
Hablo de la mítica Puerta del Sol, de dar un paseo por Gran Vía, bajar por Preciados y por Montera hasta la plaza del reloj, coger Arenal y acabar en Ópera, llegar al Palacio de Oriente, observar sus dimensiones, los jardines, las estatuas, Carlos III asomando desde lo alto y La Almudena callada al otro lado...  de salir quizá hacia la Plaza Mayor y sentir libertad entre cuatro muros, de salir tal vez por la calle Carretas y dar a parar frente al teatro Häggen Dazs; de coger la calle Prado, visitar el Ateneo de Madrid y la sede de Cienciología, de regresar por Huertas, echar un vistazo a la entrada del Penthouse y entrar al Café Central y ahogar las penas con un cortado bien caliente...  sí, de eso se trata; de ahogar las penas con un café en la barra, mientras lees un un libro con las tapas forradas de papel marrón y escuchas ese mítico Jazz de los antiguos imperios coloniales... de salir de una zona antigua en dirección a Chueca, tomarse unas margaritas en un mexicano y regresar a la zona, quizá en dirección al Banco de España, al Museo Naval, al Instituto Cervantes, a Neptuno, hasta la Puerta de Alcalá...  recorrer a pie las paradas de metro y observar la inmensidad de una ciudad aparentemente tan pequeña...  de coger la Castellana hacia arriba y terminar en el Bernabéu, en Nuevos Ministerios, avanzar hacia Cuatro Caminos...   o ir en plan Retiro-Atocha-Barrio de las Tablas...  de ir a la Glorieta de Bilbao y tomar unas tapas en alguna sidrería...  y de todo esto al Cielo...   porque yo me siento en los escalones de la estatua de Carlos III y se me acaban los males escuchando al violinista del banco llovido mientras toca 'Hallelujah' al ritmo de un pequeño metrónomo, comprado a pocas manzanas, en alguna de las innumerables y preciosas tiendas musicales que invaden la zona... que a falta de carretera, buenas son esas calles.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Maneras de hacer el ridículo [ 1 ]

Definitivamente, eres gilipollas. Estás obsesionado con llorar, con ver películas dramáticas que te enseñen algo y con llorar, llorar y llorar. Para qué; por qué.
Odias que la gente te pregunte si estás bien, aunque lo estés deseando. No quieres decir que estás bien y que eres feliz, porque mentirías, y eso ya no te gusta hacerlo; pero si dices que estás mal, parecerás un desesperado que va buscando que alguien le preste atención para contarle las mierdas de su vida..   así que las escribes en este blog, que al menos si alguien se cansa de ti, cierra la página y no tiene que dejarte colgado mientras lloras por cualquier tontería. No te vale con pasar un mal rato o estar serio de vez en cuando...  tu ya estás directamente serio, eres aburrido para la gente, y cuando la cosa empeora, te pones a llorar. Lenta y discretamente, sin sollozar demasiado, pero tus ojos se empiezan a humedecer y ya no puedes decir que te sudan. Eso antes era normal, de vez en cuando...  pero ahora es un poco preocupante. Buscas películas de esas que te hacen llorar desde los primeros diez minutos, de las que te dejan marcado...  a lo masoquista, como si no tuvieras motivos suficientes. Alomejor te apetece ver cómo se deprime la gente por ahí, intentas encontrar algún indicio que te diga que tus motivos para llorar son insignificantes y que hay cosas más importantes por las que hacerlo. Tú tienes tus motivos, y nadie te los va a quitar, pero no crees que sean dignos de provocarte una solo llanto. Vas de sensible por la vida y lo cierto es que una simple canción te hace llorar, mientras hablas por teléfono se te escapa alguna que otra lágrima y lo único que quieres es romper a llorar de una vez por todas, a ver si acabas y te quedas agusto..  pero nunca es suficiente, porque ahora está oscuro. Sabes que está oscuro porque una vez viste la luz, y ahora no la hay...  ni la volverá a haber. Viste la luz de la ignorancia, de la felicidad gratuíta, de la niñez, de la inexperiencia, de la más absoluta certeza de que todo era perfecto y nada podía salir mal...   pero esa luz duró demasiado poco, y cada vez está más oscuro. Te han tratado tan mal que te cuesta asumirlo, te arrepientes de haber sobrevivido a todo aquello que ahora forma parte de un pasado que nunca desaparecerá. Y la gente sonriendo... cómo lo harán. Se supone que todos tienen tantos problemas como tú, o más...  y aún así son capaces de sonreír cada mañana y darte una lección de superación cada vez que te miran a los ojos, como diciendo: "eh, mira, que yo soy super fuerte y nunca lloro, soy demasiado fuerte como para que algo me haga perder la ilusión"; y se quedan tan anchos.
...y es un insulto que te vendan eso en la televisión. Que tu vida es perfecta, que no hay motivos para deprimirse, que tienes que aparentar que eres feliz en caso de no serlo...  pero a veces ves flaquear tus fuerzas y te cansas de sonreír cuando en realidad tienes ganas de llorar. Vaya, un recurso repetido. A veces piensas, qué pasa si ahora me da por dejar de ser un farsante...  pues que la gente te tomará por gilipollas, diciendo: mira, este va de víctima, se creerá importante y todo..."; así que no, no te lo puedes permitir...  salvo para la única persona que parece interesarse un poco por ti, la única persona en toda tu vida que no te ha tratado mal. Tú estabas acostumbrado a ser menospreciado, a ser tratado con hostilidad, con desconfianza, con dureza, con desinterés, sin respeto...   tan acostumbrado que ahora te duele que alguien se preocupe por ti y quiera hacer el sacrificio de ayudarte y de escucharte cuando tengas un problema, te duele y te cuesta comprender que alguien te haya dicho que pretende ser tu apoyo. Inaceptable. Prefieres seguir pensando que tú no eres digno de eso, que tú no te mereces eso ni nada parecido...   es la primera vez que alguien te da muestras de aprecio..  y correspondientemente, es la primera vez que quieres a alguien tanto que hasta te duele; la primera vez que amas a alguien más de lo que desea, y eso también te da miedo. Cuando todo se acabe, porque, según ella, se acabará, te pasarás las noches enteras llorando y empapando la almohada, como un puto colegial desconsolado y malcriado que sólo sabe deprimirse...  y te volverás a aficionar al café, y no dejarás de sollozar como una puta niña...  y entonces vas y le dices: Necesito un abrazo. Demasiadas primeras veces en muy poco tiempo. Nunca antes habías dicho a nadie que necesitabas un abrazo...   demasiado lo tienes que necesitar para decirle eso a alguien...  y entonces vas y lo dices, y te pones a llorar otra vez, como una magdalena, haciendo el ridículo a más no poder, y entonces todo va a peor, todo se vuelve más doloroso, más intenso...   y Rufus Wainwright no ayuda mucho que digamos...   y salir de clase en medio de la explicación para sentarte en la puta escalera con tus pensamientos tampoco es muy habitual, decirle después al profesor que necesitabas respirar, que últimamente no sabes qué te pasa...  es jodido.
Vas a comprar cualquier cosa con tu cara de depresión y, de repente, la dependienta deja de sonreír y pone cara de querer ayudarte, pero tú te das la vuelta y te vas, mirando al suelo, caminando como caminas tú, en plan tranquilo, en plan abatido, pero sin perder la dignidad. El cielo está gris, y eso te gusta, porque si estuviera azul, te jodería más. Te da envidia que los demás sean capaces de sonreír, aunque sea de mentira, y se puedan perimitir hablar de cosas banales sin ninguna otra preocupación.
En fin, que simplemente has descubierto que eres tonto, que tienes que madurar un poquito, aprender a vivir...   y esperar a que empiece a llover, que es lo que más deseas.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Y que no te vean llorar.

¿Recuerdas cuando ibas en aquel Nissan Almera Tino, descendiendo un puerto de montaña a las diez de la noche, escuchando "New kid in Town" y medio llorando por alguna razón desconocida?
Pues ahora no vas en un Nissan, pero es mucho peor. Ahora te ha dado con "Pienso en aquella tarde", de Pereza; "Timing is crucial", de Russian Red y "When you're gone", de los Cranberries.
Un doloroso estribillo en todas, absolutamente doloroso. Dicen por ahí que el amor duele, y que si no duele, no es amor...   pues tú, no sé si será amor, pero la verdad es que estás colgadísimo. Definitivamente colgado. Hala, ya se te están desbordando las lágrimas de los ojos. Puto sensible. Que ni los niños lloran así.
No es la falta de experiencia, ya habías estado con otras chicas...  algunas más guarras, otras más romanticonas...    alomejor es la novedad. Que ella es algo nuevo en todo. Algo desconocido y novedoso, algo que no conocías, algo que pensabas que no existía, al menos para ti. Por primera vez en demasiado tiempo, hay algo que no has calculado, algo que no puedes prever...     Antes eras predecible. Estabas de buen humor, de mal humor, triste, alegre...   pero tardaba su tiempo, lo podías regular perfectamente. Ahora no. Ahora eres incapaz de controlar eso que la gente de a pie llama corazón. Pasas de descojonarte de risa a llorar estrepitosamente en menos de dos minutos. Te has vuelto inestable, y eso no es malo, pero tampoco te gusta. Ya no tienes la seguridad de que no te vas a poner a llorar de un momento a otro porque sí, por recordar cualquier cosa o pensar en cualquier cosa. Ahora la echas de menos desde que vuestras miradas dejan de cruzarse. A todas horas preferirías estar con ella antes que estar donde estés, haciendo lo que sea.
Pero joder! Que tú antes tenías un vida, unas actividades, unos gustos, unas prioridades...   y ahora todo eso ha quedado en segundo plano. Todas tus prioridades se reducen a ella y al dolor que te causa no estar con ella o saber que algún día puedes dejar de estarlo.
Joder, que esa mujer viene del espacio exterior, que no es terrestre. Que es perfecta, por fuera y por dentro, que tiene el poder de acaparar toda tu mente y de destrozar tus más elaborados esquemas sobre cualquier aspecto de la vida. Y encima te quiere, se comunica contigo, y con ella tienes cierta confianza y una complicidad que no habías tenido con nadie. Puede que ella sí, y ahora no le resulte tan excepcional...  pero tú, tú estás perdido en un mar de dudas y sentimientos de culpabilidad, porque sigues pensando que no te mereces lo que tienes; aunque ella diga que es una gilipollez, pero sientes que hay cosas que nunca han sido para ti, y toma, a la mierda otro esquema.
Y encima si te da por pensar que no eres lo suficientemente importante para ella, que sólo eres uno más, el que tiene el turno actual, que tú para ella sólo eres un juego, también te equivocas...   pero no quieres mantener la boca cerrada porque te da miedo no ser sincero...  y entonces ella se enfada y tú te quieres morir.
Que parece que tienes diez años y no sabes cómo actuar con ella...    bueno, puede que eso sea verdad. Que la física cuántica y las ecuaciones no sirven para resolver estas cosas...  Que se supone que ella para ti debería ser simplemente otro juego, un entretenimiento, una diversión, un llaverito de fin de semana...  pero de eso nada. Que tu cabeza se lanza al vacío cada vez que ella no te llama y tu corazón se arruga cada vez que no estás a su lado...    adónde iremos a parar.
Punto primero de la depresión, escrito.
Y cuál es el otro. La puta Navidad y la puta mierda de familia (con todas las letras) que tienes. Padres divorciados, abuelos divorciados, los otros abuelos se quedaron en el siglo pasado y sus hijos se odian a muerte. Tu madre te intenta educar mediante prejuicios y entre tus tíos se manifiesta más odio que entre los dos bandos de la Guerra Civil. La organización de cenas y comidas navideñas decae año tras año. Cada vez es más catastrófico y más doloroso ponerse una camisa y salir a hacer el paripé durante un rato para pasar el trago. Que se supone que la gente hace fiestas y quedadas para pasarlo bien y celebrar que están todos juntos...  y en tu familia no hacen más que insultarse, guardarse rencores, decirse gilipolleces.
Que ahora te has dado cuenta de que prefieres cenar solo en tu casa, a oscuras, y ver las campanadas en la televisión sin más compañía que tu perro antes que ir a alguna casa con un denso ambiente en la que te vas a pasar la noche mirando el reloj para saber cuándo podrás salir corriendo. Vaya mierda de ejemplo que te están dando. La concordia, la solidaridad, la comprensión, la tolerancia...   una mierda. A ti lo único que te enseñan es a tener prejuicios, a guardar rencor, a ser vengativo, a no perdonar, a no olvidar...   y así les va. Y lo que más te duele es que sientes vergüenza por tener esa familia.
Que dicen que la Navidad es lo más bonito que puede haber para celebrar en familia...  y si te falta la familia, ni Navidad ni hostias. Lo único que esperas de ese mes el año es el poco dinero que te dan de aguinaldo para gastártelo en tus propios regalos, en algo que sólo quieras tú No debes a nadie ningún agradecimiento y lo único que se merecen todos es perderte de vista. Que lo peor de todo no es tener una mala situación. Lo peor es partir de una buena situación y ver cómo se va degradando todo a medida que pasa el tiempo. Que hay gente que apenas tiene a alguien y es feliz; y tú, con toda la familia que tienes, y lo último que quieres es ver la cara de esos inmaduros que a sus años canosos lo único que han aprendido es a discutir.
Y para dejar de deprimirte al pensar esto, cambias de tema. ¿Cuál? Ella. Hala, otra vez a empezar. Alomejor haces balance y descubres que no te conviene...  que te trae más males que bienes...  que sufres por ella más de lo que puedes soportar...   que te duele pensar que algo puede salir mal y puedes perderla...  y te duele más que otra cosa...  pero ya es demasiado tarde. No puedes hacer ese balance. La decisión está tomada: la quieres, y punto.

Love hurts...  sometimes too much for human beings.



jueves, 2 de diciembre de 2010

Luz, calor, esperanza, amor y soledad.

¿Es que no os vale con Mounier, ni con Nietzsche, ni con Hegel? ¿Es que en los libros no os explican suficiente historia, ideologías, filosofías y demás patrañas que ha inventado el hombre para defenderse de sí mismo?
No. Nunca ha sido suficiente, ni lo será.
Y a estas alturas de la madrugada no creo que haga falta ponerme a escribir enormes parrafadas para expresar el inconformismo, el cual considero generalizado, que existe respecto a TODO. ¿Es mejor la izquierda o la derecha? ¿Capitalismo, comunismo, democracia, autocracia, anarquía? ¿Paz, violencia, guerra, amor, respeto, racismo, proteccionismo, cultura, ignorancia?
Qué más da, si al final acabaremos todos muertos de la misma forma y lo único que necesitamos es buscar algo que nos haga más llevadero el paso por la vida.
Ninguna de las soluciones anteriormente enumeradas es mejor que otra. Todo depende del lugar de nacimiento de cada uno, de su posición social, de sus intereses y de su personalidad. No voy a defender ni a atacar ninguna. Yo me quedo con una mezcla entre John Lennon y Paul Simon. No necesito más. 
Vivo buscando películas que me emocionen, canciones que me hagan sentir algo especial, olores y perfumes que me recuerden lo que pretendo ser, besos que me acerquen al reflejo de mi deseo, miradas en las que ver el interior de mi alma, sonidos que oculten el ruido que hacen los gritos de mis desesperación, sexo que me aísle térmicamente del frío que gobierna el mundo y un poco de maquillaje por si alguien me ve llorar. Y ya si lo mezclo todo, me muero. No sé si de placer, de locura, de un ataque al corazón, de ceguera, de deshidratación, de asfixia o simplemente de pena.
Anda, mira! Vagando entre estupideces mal cohesionadas he llegado a un detalle que me gustaría aclarar. Al fin un poco de orden.
Muerte + yo = a tomar por culo todo.
Yo siempre he pensado que más allá de la muerte no hay nada. La persona deja de sentir, de pensar, de existir. Pasa de ser una persona a ser un montón de materia interte. Fin de la historia. Pero hace poco alguien me comentó algo muy llamativo, aparentemente simple, que me hizo replantearme algunos conceptos. Me dijo que la inmensa mayoría de las personas, ya seamos ateas, creyentes, o lo que sea, creemos, aunque no queramos, en alguna especie de trascendencia después de la muerte. Aunque no queramos aceptarlo, como es mi caso, creemos que cuando alguien cercano muere, no se va del todo. Que siempre quedará algo de esa persona en alguna parte, que nos ve, que nos ayuda, que nos quiere. ¿Desde dónde? Desde el cielo, desde el recuerdo..  cada uno como quiera verlo. Supongo que es algo meramente psicológico, algo natural que experimentan casitodos o una gran parte de los seres humanos. Y de hecho, aunque me cueste asumirlo, debo resignarme y reconocerlo. No creo en dios, ni en la reencarnación, ni en los espíritus, ni en el alma...  pero para mí también es así. Cuando alguien se va, no se va del todo. No sé en qué sentido, pero siempre queda algo. Especialmente cuando hay alguien que lo recuerde o lo aprecie.
Aunque para mí existe cierta manera, algo peculiar, no sólo de entender esto, sino de practicarlo. Tengo muertos, como casi todo el mundo. Se me han muerto amigos, familiares, o seres queridos. Algunos más queridos que otros, se han ido. Pero yo no les llevo flores y las pongo sobre una lápida. Nada de flores. Odio las flores. Las flores son para los vivios, para las novias, para el amor, para la felicidad.  Yo a los muertos les pongo otra cosa. A los muertos yo les pongo una vela. Pero no en mi casa. Camino por la noche a algún lugar significativo que tuviéramos en común esa persona y yo y enciendo una vela, que quedará encendida hasta apagarse. Les hablo, a veces sí, a veces no. Les echo de menos, siempre. Tengo la ilusión de que regresen a mi lado..   no. Ni la ilusión ni la esperanza, pero sí el deseo.
Y la gente puede pensar que esto es una gilipollez, que es una memez pensar en algo así. Que alguien que ha muerto vuelva a mi lado. Vale. Sí, puede ser una tontería, pero entonces no entiendo por qué la gente se emociona con películas en las que un actor, tras una larga trama, un estupendo guión y un papel impresionante, después de una hora y media de película, decide hablar con algún muerto o soltar un discurso por el estilo. Esas en las que muere alguien y vuelve desde el "más allá" y dice un par de frases emotivas a algún personaje. Si lo anterior fuesen tonterías, nadie se emocionaría con películas de ese estilo...   pondré un ejemplo claro: Cadena de favores. Cualquiera con un poco de sensibilidad habrá sentido un mínimo de emoción cuando muere el niño y toda la ciudad hace cola a las puertas de la casa para dejar una velita encendida a los pies de su madre, mientras el cabrón del director de la película se ensaña con nuestro corazoncito bombardeándonos con Calling all Angels a todo volumen, cantada por Jane Siberry mientras los cámaras enfocan a cada uno de los personajes.
Por eso y por lo expuesto anteriormente, una vez que yo muera, ya le he dicho a todo el mundo que no quiero que nadie me lleve flores a ningún sitio. Que yo lo que quiero son velas. Que dan más calor y más luz que las flores. Yo no lo veré ni lo sentiré, pero la persona que me deje una vela sí lo hará. Verá lo que he venido representando hasta el momento de mi muerte: luz, calor, esperanza, amor y soledad.
Dios mío, tengo que dejar a Nietzsche, o me acabaré volviendo loco, tanto o más que él.

De ahora en adelante espero tener madrugadas menos desastrosas y no martirizaros con esta clase de disquisiciones extrañas sobre el sentido de una vida vacía.

martes, 23 de noviembre de 2010

Un mal sueño y ganas de llorar... Cranberries.

Sonreír mientras tienes ganas de llorar. Dedicar una inocente y falsa sonrisa a tu madre mientras intenta que algo te ilusione. Hablar con los amigos de temas banales y tonterías sin importancia para que no te pregunten "QUÉ TE PASA". Y ella. Qué pasa con ella.
Joder!
Años enteros solo, completamente solo, vagando por la blogosfera, navegando entre la soledad, el odio, el empirismo, los proyectos personales...  todo diseñado por tu mente sin contar con que ella aparecería de repente y en menos de un mes significaría para ti muchísimo más que algunas personas a las que conoces de siempre. Una tía a la que hablas con la más absoluta sinceridad. No necesitas ocultar nada cuando estás con ella. Con ella te sientes libre..  encima tú también significas algo para ella. ¿El qué? Algo bueno. Se preocupa por ti..  o hace como que así es. Te hace feliz.. Y encima es guapísima y os dáis besitos como en las películas. Y todos os envidian por estar juntos...   y aún te deprimes más porque se supone que con esto último deberías ser el tío más feliz del mundo. Se supone que a su lado no existen los problemas...  se supone que ahora eres feliz, no solo por ella, sino por ciertas cosas que han cambiado en tu vida...  y ni si quiera te sirve con eso. Estás con la chica más complicada y espectacularmente perfecta de todo Madrid y te sigue faltando algo.

Hoy te has vuelto a levantar de la cama con ganas de llorar. Con ganas de que tus lágrimas formaran parte del agua de la ducha.  Con ganas de volver a escuchar esas canciones de los Cranberries que te recuerdan a aquellos tiempos en los que veías videos de StSk en YouTube y soñabas con ir a Pleasanton, CA., y conocerla, en plan Mandy Moore..  y de hecho la estás escuchando ahora. Estás escuchando "When you're gone" una y otra vez y has vuelto al 2008...  y sigues pensando en los cambios que han pasado por tu vida mientras tú intentabas resolver el puzzle de tu propia identidad. Y por estas alturas, sí, puede que hayas puesto algunas piezas..   pero sigue sin completar. Y por alguna extraña razón presientes que seguirá sin completar eternamente.
Anoche soñaste con ella, con SFF, y con JLF, y con tu tía...   y todo ese pasado se mezclaba con ella y tú te sentías impotente al descubrir el nefasto desfase de tiempo que se había producido en aquel sueño cruel que te asaltó a las cuatro de la mañana.
Vale. Serán los exámenes. Estarás agobiado. Después tendrás tiempo de realizar tus proyectos, y de relajarte un poco, y de retozar con ella tranquilamente mientras termináis el culín de otra botella de algún suave licor que os aromatice otro idílico beso sobre la almohada...  pero, ¿y si no es así? Sabes que sí, que lo será, pero no del todo. Te seguirá faltando algo. O sobrando algo. Y es posible incluso que sepas qué es eso que te falta o te sobra. Joder. Otra vez joder.
Eres el único tío que conozco que cuando está con su chica piensa en todo menos en cualquier connotación sexual...  el único que no la quiere por follársela. El único que la quiere por todo menos por eso...  y aún así temes porque la gente lo piensa y tú no. Quieres que se sienta segura, que confíe en ti, que te vea realmente como eres. No tienes nada que ocultar y aún así crees que no la mereces, que es demasiado perfecta para ti.

Y sigues mirando por encima del hombro a todos esos cobardes que no trasnochan por miedo a vivir de verdad. Y sigues haciendo flexiones cada vez que te pillas un cabreo...  y sigues pensando en ella cada cinco minutos. En tocarle una canción. En estar a su lado. En hacer manitas, como en las películas, en plan ñoño, como si tuvieras diez años. Que pensabas que esas cosas no eran para ti y mírate, ahí estás, abstraído y trastornado por un amor no conocido hasta ahora. Y por eso se supone que, aunque sufriendo un poco, deberías ser completamente feliz. En clase las cosas te van relativamente bien. Te llevas bien con todo el mundo.


Pero sigues "rayado" o "rallado" porque no todo es perfecto. "Que no se puede querer todo en esta vida".  Mentira. Eres un puto perfeccionista y por ese mismo motivo siempre tendrás razones para no ser feliz. Supongo que como todo el mundo. Será esa la razón de que todos tus profesores súper sabios coincidan en que la enfermedad de moda del siglo XXI es la depresión.. o algo cercano.


Tu relación con esa persona se ha degradado y lo sigue haciendo segundo tras segundo. La distancia va creciendo irremediablemente y tú te alegras, pero no terminas de asumirlo y sabes que te dolerá eternamente. Esa persona que ocupaba tantas de tus entradas en el blog, esa persona que te ha inspirado durante tanto tiempo... ahora se va de tu lado y tú te sientes aliviado, y a la vez solo. Cuestión de cambios...  que ahora tu canción haya pasado de ser "The Boxer" a "Romeo and Juliet". Cuánto ha llovido..  y te duele recordarlo.
Que este año la carta a 2011 va a ser especial. Que últimamente tu mente ha descarrilado. Que las cosas pasan cada vez en menos tiempo. Que hace nada que discutías en medio de la rambla de Barcelona por cuestiones de orgullo ajeno hiriendo el tuyo; que hace bastante poco que agarrabas con tus manos la arena del Mediterráneo y hace aún menos que tus dedos se hundían bajo aquellas dos almohadas rosas llenas de deseo.
Y mientras tanto intentas mirar hacia adelante, ver el futuro precioso que siempre te has imaginado. Y no ves ninguna razón para que no se cumpla.
Se acerca la Navidad. No tienes casi ni un puto duro porque cierta persona te lo robó absolutamente todo y odias ver a la gente comprando cosas mientras tú no tienes para pagarte ni un kebab o un durüm. Que se supone que el dinero no da la felicidad...  pero eso es mentira. Desde el final del feudalismo, el dinero ha sido el valor decisivo en la felicidad de las personas. Tanto por tenerlo como por no tenerlo.
Y mientras tanto suena "You and me", y después "What's up", de los 4 non Blondes, y vuelves a San Francisco, y te sorprendes otra vez con "Wind of change", con los Scorpions a toda pastilla.. y pensando en lo tuyo otra vez. Y en ella. Mujer pálida con los cabellos rizados y unos labios que saben a felicidad allá por donde los toques.
Y encima miras la hora y te das cuenta de que tienes que irte a dormir. Aunque la hora nunca te ha importado...  ni lo hará. Pero tienes que hacer dos trabajos, estudiarte ocho globales con las butacas del teatro en medio, y después se te echará el tiempo encima porque, como buen españolito, siempre lo dejas todo para última hora..  y lo bien que vives.
Y mañana otra vez, con ganas de llorar y unas obligaciones que cumplir...

jueves, 11 de noviembre de 2010

Carta a un amor nunca recibido.

Hoy una puñetera canción me ha vuelto a hacer llorar...  pero no por lo mucho que te extraño y lo bonita que es nuestra relación rota desde siempre. No me he parado, como otras veces, a pensar que el tiempo es relativo y que en realidad no estamos tan lejos, que en realidad tú me sigues queriendo tanto como yo a ti. Lo que hoy me ha pasado ha sido peor (y a la vez mejor). Te odio. No quiero ni verte. Cuando me llamas cojo el teléfono de mal humor y desearía que no conocieras mi número, que no supieras donde vivo...  y lo mismo respecto a ti.
Me gustaría poder olvidarte, olvidar todo el daño que me has hecho, todo el daño que has hecho a la gente que te rodeaba...  Cuando ellos se cansaron de ti, yo seguía defendiéndote. Cuando todos te dieron de lado, yo seguía mirando tus ojos, creyendo descubrir en ellos lo que nunca ha habido. Cuando tú te fuiste de mi lado, yo te seguí y dejé lo que era mío para hacerme contigo...  pero nunca hubo nada de ti. Eres de esa clase de personas que tienen buen palabrerío para seducir a cualquiera con promesas, pero después se cansan de sostenerlas y deciden complacer su egoísmo. Tus responsabilidades dejaron de gustarte y las abandonaste, incluído yo. Ya ni si quiera lees mi blog, ni miras mis fotos, ni hablas conmigo de algo que no te interese a ti para complacer a otra persona. Pero bueno, tampoco es que lo haya necesitado nunca, siempre me he considerado capaz de vivir con eso sobre mi espalda, no es eso. Lo que me impulsó a odiarte fue que, no conforme con olvidarme como responsabilidad, comenzaste a Utilizarme para salvar tu culo cuando olvidabas otras responsabilidades. Me robaste la ilusión, el concepto de lo que tú representaste en mi vida mientras estuviste a mi lado, el dinero, la esperanza, la alegría de la Navidad, la del verano, me alejaste de mi única salida para ser alguien normal y feliz en este mundo. Ahora, por tu culpa, soy yo el que nunca se ríe cuando los demás se descojonan. Soy yo el que piensa en la soledad y en los defectos de la sociedad cuando los demás no van más allá de la ropa que se van a poner mañana...  porque esos defectos sociales también me han afectado a mí. Yo que pensaba que esas historias tipo David Copperfield eran para los libros, y aquí me tienes, huérfano de ilusiones y a punto de suicidar mi alegría lanzándola al interior de un pozo.
Que ahora no tengo ni para comprarme un puñetero libro cuando me apetece ni para invitar a las chicas a un helado...  Que no. Que ya no voy a seguir chupando, que el caramelo ya se ha terminado y el palo es de cartón. Que yo también te abandono. Todos lo hicieron y yo no, yo intenté aferrarme a mi fe ciega en que todo lo que veían mis ojos no era real, aunque ese es otro asunto que ya te reprocharé cuando tenga el valor suficiente para demostrarte tu equivocación. Ahora decido hacerlo yo también. Cuando no riegas las plantas, éstas acaban muriendo. Ahora ha muerto la última que quedaba en tu antiguo jardín. Espero que en el nuevo prado en que te encuentras ahora seas muy feliz y nunca te falte algo verde que pastar, porque cuando eso suceda, y te acuerdes del jardín que dejaste morir poco a poco, las puertas se habrán cerrado, nadie querrá darte de comer, ni dejarte entrar en casa, nadie te hará un café, ni te prestará una cama, ni dinero, ni comprensión, y mucho menos consuelo, que ya te encargaste tú solo de buscarlo donde nunca hubo nada.

...aunque como dije en entradas anteriores, a veces me da por pensar que es necesario pasarlo mal y que me destrocen la vida para apreciar realmente las cosas que he tenido.
Espero que tengas mucha suerte y te vaya bien, porque, como he escrito, nadie querrá ayudarte cuando lo necesites, yo el que menos.

domingo, 31 de octubre de 2010

Amor interestelar, del recuerdo al sueño.

I can't live with or without you!!!

Ni contigo ni sin ti. Si estás cerca, te odio y te repudio, no te quiero, quiero que te vayas, me inspiras cierto magnetismo disyuntivo, estoy incómodo...   pero cuando te vas y me faltas, no vivo si no muriendo a cada minuto, que tu ausencia es como el dolor de una flecha clavada en lo más hondo del corazón, que si me faltas no sé a quién acudir cuando tengo frío, cuando no entiendo el mundo...
Tu ausencia me aterra y tu presencia me incomda, ni contigo ni sin ti puedo vivir. Ni contigo ni sin ti soy capaz de ser feliz...  Puede que haya otra, puede que no, no lo sé. Cuando me faltas, no, no hay otra. Sólo existes tú. Sólo existe tu calor ausente en las noches frías de invierno, y nadie más puede sustituirte...  pero cuando estás a mi lado para agarrarme las manos y no dejarme escapar, también está ella, y las demás, y todas las que existen en el mundo...  y yo me pregunto, por qué me quieres, si soy todo lo contrario a lo que tu deseas y exactamente lo que no quieres...  y no me vale que me digas "porque follas bien", ni "porque tú me comprendes", ni cualquiera de esas excusas típicas de las películas más comerciales de California. Yo quiero que me digas lo que yo te digo a ti, que se me caen los huevos al suelo cada vez que te veo, que mi corazón se acelera cada vez que huelo tu perfume, que mis manos se suicidan cada vez que acarician tu cabello, que me quedo sordo cada vez que oigo tu voz, que suspendo un examen cada vez que he estado contigo, que se para el tiempo cada vez que te separas de mí, que mis labios entran en ebullición cuando tocan cualquier parte de tu cuerpo, que mis pies se levantan del suelo cada vez que me llamas y que puedo volar cada vez que tú vuelas conmigo...  pero eso no es suficiente. Nunca es suficiente, porque tú quieres más, tú no solo quieres volar, tú quieres flotar en el espacio, más allá de donde acaba la atmósfera, llegar a donde no hay aire para respirar, conocer aquello que no ha conocido nadie, conseguir que te conviertas en mí, y que yo me convierta en ti, y aún así nos sigamos amando, más lejos de lo que puede llegar a soñar nadie, en el tiempo y en el espacio, eternizar y sintetizar nuestra identidad en un sólo yo, formado por el amor que nos une, que será eterno y más extenso que el universo, más largo que el eje cronológico de la existencia, más sabio que dios, más fuerte que el Big Bang, más poético que una letra de Luis Ramiro, más emotivo que el final de Cadena de Favores, más melódico que la voz de Whitney Houston, más pesado que un gramo de antimateria y más luminoso que una supernova...

...pero lejos de todos estos sueños está la realidad. Tú eres de Venus y yo de Marte, y sigo sin poder llegar hasta ti. Mi nave se ha estropeado, se quedó atascada en algún satélite, fue conquistada por otra persona, y la tuya se fundió con el calor del sol, y te ahogaste de placer bebiendo de otro amor que te llenaba más que mis palabras vacías y al mismo tiempo llenas, llenas de tristeza, de melancolía, de impotencia...   y todo aquello que conlleva el recuerdo, ese recuerdo de que una vez te tuve entre mis brazos y te dejé escapar, ese recuerdo infernal y angustioso de que el tiempo ha pasado y el espacio nos ha separado.

jueves, 28 de octubre de 2010

Y la paz hablará

Óyeme, oh Señor, óyeme.
Allá donde se encuentre la esencia de tu ser
Allá donde se realice el efecto de tu existencia
Allá donde los oídos de tu comprensión puedan oírme
Escucha mis plegarias, oh Señor, óyeme.

Ayúdame, Señor,
A no ganar esta guerra
ni ninguna otra que se libre con armas y con desprecio,
pues las únicas armas de los hombres deben ser sus corazones,
y su único campo de batalla, el amor.

Ayúdame, Señor, y ten piedad de mí
Cuando el odio de la humanidad caiga sobre mi espalda,
Cuando el olor de la pólvora quebrante mi recuerdo,
Cuando la luz de los estallidos ciegue mi juicio.
Ayúdame, Señor, ayúdame.

Y protégeme, Señor,
protégeme de la hostilidad y de la amargura,
líbrame del rencor y de la discordia,
aléjame de la mentira
y llévate la ceguera de quienes tienen ojos.

Hazme fuerte, Señor,
y dame valor cuando el fuego se apague,
cuando se haga el silencio,
cuando el viento se pare
y los hombres hayan aprendido a amarse;
porque mi trabajo habrá terminado,
y la luz se elevará hacia lo alto,
y las armas yacerán en el fondo del mar,
y la paz hablará.

martes, 12 de octubre de 2010

12 de octubre

"...and the leaves that are green turn to brown" (Paul Simon).

Y qué será de hoy, 12 de octubre. Un día tan señalado en mi vida personal.
Qué será de hoy, que lo único que me queda de ella es un busto de granito esculpido con el cincel y el formón de mi recuerdo, a golpes del martillo del tiempo, que repercuten en mi cabeza año tras año.

12 de octubre, día de la hispanidad, día de la Virgen del Pilar, fiesta nacional. Todos contentos porque no tienen que ir al trabajo, y yo aquí, delante de un teclado, con cinco folios por delante para entregar mañana, y con este pesar que recaerá sobre mí cada 12 de octubre. Que aunque pasen treinta años, me seguiré acordando de lo mismo cuando sea doce del diez. Desfile de las fuerzas armadas en la tele, comida familiar en casa, tarde relajada y tiendas cerradas. No queda otra que irse de garitos por el Madrid de los gatos hasta que el reloj se pare en la madrugada, hasta que las agujas se cansen de esperar y los cubatas se congelen.
Escuchar a Luis Ramiro y montar en un Citröen para volver a casa. Bendito diésel, cómo se nota en las subidas y en los puertos de montaña. Que lo único que quería era visitar San Martín. Después regresar a Villanueva pasando por las Omañas y dejar atrás La Adrada para volver a ver los cuatro pilares del cielo de la ciudad, desde arriba, desde las laderas de Guadarrama. Pasar por Las Rozas, por la sede del C.N.I; coger la radial por el sur y regresar a un barrio angosto y lleno de peculiaridades que no dejan de ser mías, para volver a soñar otro mundo desde la misma habitación. En el espacio, el sueño de abandonarlo todo, de llenar el depósito, llenar al cartera y echar kilómetros hacia donde sea. En el tiempo, el sueño de regresar al mismo 12 de octubre de hace dos años, o incluso al de hace tres, y soñar con un presente alternativo, llamado futuro por aquel entonces.
Que ya se lo dije al 2010 en la víspera de la cena de fin de año: "Querido 2010, no más amores imposibles, no más trampas, no mas trucos, sólo quiero vivir"...  ¿Te acuerdas, 2010? Ya te escribiré otra carta junto con la de 2011, ya hablaremos tú y yo.
8:55 am; música no muy alta, cielo casi completamente despejado. Puedo ver las antenas de mi propio tejado reflejadas en los ventanales de en frente. Las persianas aún están bajadas. Ni si quiera pasan coches. Podría echarme una siestecita sobre la calzada y desayunar sobre algún paso de peatones.
Chaqueta de cuero y zapatos negros, cinturón liso y guantes de piel, vaqueros oscuros y una niebla disipada que enfría las ideas.
Un 12  de octubre muy típico, que no sólo atormenta mi memoria, porque estas cosas siempre van de dos en dos, como las noticias. Un 12 de octubre, seguramente largo, que acabará igual que empezó: mis ojos fijos en la ventana, observando la soledad; mis manos fijas en el teclado, capturando la eternidad.

sábado, 9 de octubre de 2010

I want a ticket to anywhere

Puede que alguna vez hayáis tenido la maravillosa suerte de haber leído la letra de "fast car", de Tracy Chapman, mientras la escuchábais por primera vez...  alomejor no os dice nada, ni os emociona, ni os sugiere nada sifnificativo...  pero a mí sí. El caso es que aquí os la pongo; la letra y un enlace a una actuación en directo de esa canción, por si os sobra el tiempo y queréis saber realmente de lo que estoy hablando:
Letra: 

No todo el mundo canta en ese tono. No todo el mundo utiliza esos acordes. Por eso Tracy Chapman es quien es.

Tengo un plan para que salgamos de aquí, porque cualquier lugar es mejor que éste. Salgamos de aquí, vamos a buscar trabajo para averiguar lo que significa vivir, mi padre era alcohólico y yo tuve que dejar el colegio para cuidar de él. Espero que tu coche sea rápido para salir volando: o nos vamos esta noche o morimos aquí...  pronto conseguiremos trabajo, las cosas saldrán bien, podremos comprarnos una casa y pagar las facturas...
...pero entonces empiezas tú también a beber, malcrías a tus hijos. Siempre esperé algo mejor, ahora ya no tengo planes para ir a ningún sitio. Coge tu coche y sigue conduciendo.


Tuvo un pasado difícil y muchas cosas que decir. Por ejemplo, para "Baby can I hold you" también escribió una buena letra.

"...si te hubiera dicho las palabras correctas en el momento adecuado, ahora serías mío"

Por cosas como esta dicen que una buena canción es precisamente la que refleja los sentimientos de más personas.
¿Quién no ha pensado alguna vez en cosas así? Nunca habéis perdido a alguien y os habéis parado después a pensar en esa frase? "If I told you the right words at the right time, you'd be mine". De verdad que si escucháis esa canción es muy probable que os emocionéis. No hace falta que nadie llore. Basta con recordar un viejo amor o un viejo amigo que ya no esté ahí. Con eso basta. Sucede lo mismo cuando alguien se emociona con una película, sobre todo con las románticas que hacen llorar a todos los espectadores al final. El que la ve no se pone del todo en el lugar del protagonista. El que la ve simplemente asemeja lo que sucede en la película con su propia realidad, con su propia identidad. "Y si fuera yo ese que está en la pantalla, y la que tiene esa historia de amor no fuera esa actriz, sino ella, esa persona que desapareció de mi lado". Eso es lo que vemos. Y claro, encima nos ponen música de contrabajos y otros instrumentos de cuerda, muy bien sincronizados con los cambios de plano sobre la pantalla y échate a llorar. Con eso ya tienes para emocionarte una semana.

Pero bueno, que ya empiezo a enrollarme. Que no he venido hoy para hablar de lo bien que funcionan los efectos del cine. Estoy hablando de música.
La entonación de la canción y la forma en que pronuncia Tracy las palabras son algo como cercano. Sobre todo porque está en segunda persona y eso influye en el receptor, de forma que parece que nos está hablando a nosotros de forma comprensiva. Por eso refleja los sentimientos de tantas personas, sentimientos tan comunes. Porque la infelicidad constante en la que se supone que estamos inmersos se basa en eso, en querer escapar, en coger un coche o un avión y salir corriendo. Y encima con esas palabras, "salir de aquí, cualquier lugar es mejor, un billete a algún lugar" e indeterminaciones dadas por "maybe" repetidas veces. Según la canción, qué podemos esperar de la vida si no es incertidumbre. Dudas de cómo resolver el presente tomando una decisión drástica, y una vez hallada la solución, vuelta a empezar.

Realmente tendría que hacer un análisis mucho más profundo y detallado de las distintas características de la canción, tanto en música como en letra, pero creo que con escucharla y leerla será suficiente para que cada uno vea lo que se inspira a sí mismo, que lo que digo arriba es demostrable.

Y otra vez, si estabas buscando entretenimiento y distracción, pues sí, aquí hay un poquito, pero si escuchas la canción verás que alomejor te vas más deprimido de lo que llegaste...  pero qué le voy a hacer yo, que sólo soy un escritor desconsolado que lo único que quiere es contaminar el teclado con sentimientos resentidos debajo de un siglo inestable.








sábado, 2 de octubre de 2010

De una dichosa foto

No es tu lugar de evasión ni nada por el estilo. No sueles ir nunca, ni si quiera una vez al año. Tu lugar de evasión es otro, y te trae ciertos recuerdos, te inspira ciertas sensaciones por las que lo has elegido como lugar de evasión, allí donde vas cuando necesitas pensar, alejarte, distraerte, allí donde el dolor no es tan fuerte si lo acompañas con un café calentito, allí donde los sueños están más cerca si miras hacia el cielo. Ese es tu lugar de evasión. Pero el que has visitado últimamente no es tu lugar de evasión, aunque puede que empiece a serlo a partir de ahora. Has ido por primera vez en mucho tiempo, pero no esperabas lo que te ha sucedido. Para ti el concepto de ese lugar era uno corriente, como cualquier otro. Aunque ya sabías lo que inspiraba ese lugar, las personas que solían ir allí cuando lo conociste, las personas con las que solías ir, aunque ya sabías que en cierto modo ese lugar ya estaba relacionado con tus orígenes, nunca te habrías imaginado lo que iba a sucederte hoy. Una extraña experiencia. Un lugar tan conocido, tan famoso, tan visitado, tan desapercibido, se ha convertido en lo que te faltaba para darte cuenta del giro que ha dado tu vida en los últimos años.
Lo has visitado, has ido y has vuelto. Estás de vuelta y aparentemente no ha sucedido nada extraño, pero la foto...  porque claro, siempre hay una foto. Las fotos tienen la culpa de todo. Ya tienes una foto de ese lugar en la actualidad, parecida a la misma foto del mismo lugar hace ya unos cuantos años. Y otras fotos de otros momentos y lugares a lo largo de tu vida. Siempre hay alguna foto, algún lugar, algún momento especial y significativo por razones que sólo tú conoces.
Te ha venido a la cabeza algo parecido a eso de "tras la tempestad, viene la calma". Ahora estás en calma, has llegado a un estado más o menos óptimo, el que llevabas tiempo buscando, esperando, después de un montón de meses, de años viviendo una realidad que no era tuya, que no controlabas, que estabas obligado a vivir.
De repente te has puesto a mirar un montón de fotos de esa realidad, recordando cada momento y descubriendo que todos ellos se encontraban en ella, en esa realidad sobre la que no tenías ningún poder, pero sí responsabilidad. Tras mirar todas esas fotos, ya con cara de incomodidad, has visto de nuevo la que te has hecho hoy, y te ha entrado una sensación demasiado fuerte para haber sido provocada por una simple foto...  aunque a veces las fotos son verdaderas bombas de relojería, que cuando explotan delante de tus ojos, te dejan ciego de nostalgia y no te dejan ver otra cosa.
¿Y por qué has explotado con la foto de hoy? Porque hoy, por primera vez en mucho tiempo has sido feliz

Vale, ahora cambio de segunda persona a primera. Que no me avergüenza reconocer que me he emocionado con una foto que aparentemente tiene menos historia que una onda. Puede que sea algo efímero, algo que puede pasar desapercibido para otras personas, algo superficial y fugaz, pero para mí tiene más sentido que algunas fotos de hace diez años. En esa foto de hace unas horas miro mi cara y mis ojos, y en ellos veo el primer resquicio de felicidad mostrado en años, la primera muestra de felicidad inocente en muchísimo tiempo. He regresado a un lugar simbólico que marca la diferencia entre todo lo que ha pasado hasta ese momento y lo que debería haber sucedido realmente, aunque esa realidad haya llegado tarde hasta mí.
Por eso a veces me pregunto si los males son necesarios, si el sufrimiento es necesario para llegar a estos estados de emotividad que hasta una foto sin casi resolución puede causar. Me pregunto si de verdad merece la pena acumular tantos pensamientos negativos, tantas desdichas seguidas, acumular tanta tensión no liberada para después liberarla por cualquier cosa, con cualquier motivo, si merece la pena ser tan fuerte en los momentos malos para, ahora que han llegado los buenos, derrumbarme sobre mi mismo y echar a llorar por cualquier tontería que me recuerde cómo he llegado hasta aquí.
Ahora que soy feliz, o al menos eso parece por el momento, no sé por qué, me he vuelto más sensible. Puede que esto se acabe pronto, pero no me importa. Lo que me importa es que ha sucedido. A veces sonrío, me emociono, pero no por haber conseguido nada, sino por haber descubierto que esto existía. Pensaba que no era posible y sin embargo aquí estoy.
He pasado meses y años de mi vida viajando por el tiempo y por el espacio, de un lugar a otro, recibiendo golpes por todos lados, preso de no atreverme a tomar una decisión responsable, preso de la cobardía, preso de la infelicidad y del inconformismo, dando vueltas por lugares remotos, y ahora, ahora vengo por aquí, por un sitio que está bien cerca de casa y me pasa esto. Un lugar simbólico que me ha recordado mis orígenes en lo que antes o después se iba a repetir. He vuelto a verme con dos ó tres años, cuando nada de esto anterior había pasado, cuando esta mierda todavía no caía sobre mi espalda, cuando aprendí a ser feliz. He regresado al pasado y he dado un enorme salto hasta el presente sin pasar por lo que había en medio. Es como haberme librado de lo que aún pesa dentro de mi memoria, como haber superado aquello que pensaba que era único, habiendo descubierto que aquella sensación de inocente niñez se podía recuperar. La he recuperado.
He recuperado la autenticidad regresando a ese lugar que siempre ha estado ahí, pero para el cual no siempre he estado yo, porque ha estado esperando a que mi vida diera todos estos giros, esperando a que yo fuera feliz, para venir y hacerme ver que soy como desde mi origen quise ser, porque ahora que tengo poder de decisión, me he librado de lo que me encadenaba y he trazado un estrecho y amistoso lazo que une mi presente con mi pasado más lejano, con aquel que sólo podía añorar durante el tiempo intermedio, mientras era infeliz, pero ahora que vuelvo a vivir como tenía que haberlo hecho, lo único que quiero es escribir una vida de verdad, deshacerme de lo que no vale y seguir adelante con el equipaje que he tenido desde el principio, el que siempre estuvo hecho para mí. Lo que ha habido entre medias ya no es nada.
Lo único lamentable es que en mi memoria siempre quedarán recuerdos desafortunados de lo que sucedió a ciertas alturas de algunos años, durante ciertos períodos de algunos años, durante ese período que me separa de mi origen.
Ahora que he regresado a mi origen se supone que debería estar pletórico, pero en lugar de eso, no hago más que mojar pañuelos y encerrarme para que no vean cómo estoy. Y cuando vuelvo a leer esto me vuelve a suceder lo mismo, no cambia.

En cierto modo creo que esto sucede porque aún me falta algo, me faltas tú. Siempre me faltaste. Incluso fuiste tú quien protagonizó esos tiempos intermedios de infelicidad, quien se personificó como causa de todos esos calvarios situacionales en los que siempre me hallé inmerso, y sería de tontos intentar ahora cambiar lo que no perteneció al pasado e intentar que sea como desde un principio debió ser. Puede que me comporte como un loco al intentarlo, pero si hay un deseo que tengo desde antes de que todo esto pasara, ese deseo eres tú, ese deseo es completar mi vida vacía con lo único que me ha faltado siempre, contigo. Escribir con fotos lo que no hemos vivido juntos, escribir en el recuerdo lo que nunca ha sucedido, quiero intentarlo antes de que sea demasiado tarde para recuperar una bala perdida.
Aquí abajo adjuntaré la foto para que todo el mundo vea lo anodina que parece aparentemente, y espero tener algún día el valor suficiente para decirte que eres esa persona, para explicarte lo que no supiste ver, para ir en tu busca y quedarme a tu lado y que no puedas volver a escapar nunca más.





De esta foto, lo importante es, y siempre lo será, el lugar donde fue tomada.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Y sobre las entradas, esta entrada.

No hay nada que me de más rabia que dejarme el archivador en clase con todos los apuntes y no poder hacer los deberes ni estudiar ni terminar un trabajo que precisamente hay que entregar mañana y que precisamente estaba por completar dentro de ese archivador. Y lo peor de todo es el sentimiento de laguna mental que tengo al no poder recordar qué fue lo último que hice con él...  esperemos que esté en su sitio.
Pero hoy no voy a escribir sobre mis desgracias puntuales, ya que cada uno tiene las suyas y son algo muy molesto, como para insistir en ello en un blog. Por eso he decidido que siempre que pueda, y a menos que no pueda evitarlo porque el caso lo exige, intentaré escribir sobre cosas agradables, sobre cosas curiosas o de cualquier clase, pero siempre algo que no sea desagradable de leer. Cierto es que yo me siento a escribir aquí las cosas que me inquietan y mi punto de vista, pero también es verdad que cuando me pongo a leer blogs no voy buscando que la gente escriba sus problemas, diciendo lo mal que está el mundo y lo infeliz que ha de ser uno..  bueno, un poquito sí, me gusta leer cosas pesimistas, pero llega un punto en el que la gente también busca algo de distracción, algo con lo que olvidar los problemas y cambiar de estado de ánimo, al menos de humor.
También pasa cuando vemos una película. A veces nos gustan de acción, o de esas de llorar al final, o algo dramático o que nos enseñe algo, ciencia ficción, intriga, películas en las que haya que comerse la cabeza, pero también existe un género útil para la distracción y el olvido de los problemas: la comedia. No es el único género que consigue esto, pero sí el que mejor lo hace. Posiblemente no aprendas nada cuando termine la película, pero te ha hecho reír y eso es lo importante. Cuando terminas de verla no tienes el mismo estado mental que cuando empezaste, y con un poco de suerte, habrás memorizado unos cuantos chascarrillos graciosos con los que reírte con tus amigos durante un par de semanas.
Se suponía que tampoco iba a hablar de géneros cinematográficos, aunque ya se me ha olvidado por completo lo que tenía pensado. Algún día me acordaré. Ya sé que es un poco incómodo leer tantas parrafadas que no dicen nada, tanto rollo sin un objetivo fijado desde el principio, ya lo sé, lo siento. Por lo menos estarás disfrutando un poco de mi banda sonora de Coldplay y Amaral, o eso espero.

Creo que iba a hablar del Bachillerato y de cómo veo el curso que se presenta junto con este otoño lleno de optimismo y un año que se ha llenado de resultados...  de lo que seguro no iba a hablar es del acontecimiento que está saturando esta semana los telediarios: la huelga general del 29 de septiembre. ¿Por qué? Porque he decidido no expresar si estoy a favor o en contra, no sólo de la huelga, sino de lo que conlleva precisamente el hecho de estar a favor o en contra. La ideología que se esconde detrás de los sindicalistas que la promueven, la que se esconde detrás de los opositores, los sistemas empleados por cada parte para conseguir sus objetivos, los medios utilizados, los fines fijados...   he decidido que nunca más (espero ser capaz de cumplirlo) hablaré de política ni de nada relacionado, a no ser que me pregunten, porque he descubierto que hay personas que no saben distinguir qué parte de uno es importante en cuanto a la política, y separarla de la propia persona como amigo o cualquier otro tipo de relación que se tenga con ella. No es por miedo a ser juzgado, sino por miedo a que mi vida personal o profesional se vea afectada a consecuencia de que alguien no sepa respetar o ignorar mis ideas (o las de cualquiera) a la hora de juzgarme con otros deberes (amistad, trabajo, etc.); algún día, no muy lejano, intentaré escribir sobre esto de forma imparcial, sin defender ni atacar a nadie, para expresar mi opinión sobre la inestabilidad política, ideológica y cultural que se viene viviendo en España desde hace ya algún tiempo, de sus causas, de sus consecuencias, de sus posibles soluciones y de cómo pueden existir diversas concepciones de esta realidad precisamente en función del modo de pensar que tenga cada persona que se pare a pensar en esto.
Y además de esa razón para no mostrar mi postura, existen otras, como, por ejemplo, que no tengo por qué tener adoptada una sola postura, ni tengo por qué estar siempre de acuerdo con un lado y en contra del otro, porque, como dije hace tiempo en una de mis entradas, "apuntarse a una ideología es lo peor que se puede hacer", en cualquier caso; y como último motivo, que la política lo contamina todo. Siempre te acabas implicando, aunque no quieras, igual que cuando ves un programa de prensa rosa, tipo Salsa Rosa, Sálvame, etc; ese tipo de programas que sólo sirven para generar audiencia gracias a la implicación de los espectadores en una serie de discusiones que, paradójicamente, ya están escritas en un guión, preparadas y estudiadas. Volviendo a esto de la política, eso es lo que digo, que no voy a mostrar preferencia (o al menos lo intentaré) como objetivo de mis entradas; intentaré expresar mis ideas, de lo que pueda estar bien o mal, como si fuera yo el inventor y el descubridor de lo que defiendo, sin que nadie me haya tenido que convencer con un color o con otro. El que quiera ver colores es porque los lleva en los ojos, pero intentaré escribir en blanco y negro, en gris, ya digo que de forma imparcial de cara al exterior, no sé si me explico bien. Demasiada retórica y ya estoy llegando al límite de lo que considero una entrada cómoda de leer, ya que esta entrada no es del todo significativa en lo que respecta al lector, a ti, sino que tiene que ver sólo conmigo y con el blog, ya que acabo de intentar explicar la forma en que pretendo que sean mis entradas a partir de ahora, aunque tampoco puedo garantizar nada, porque no conozco el futuro y alomejor me arrepiento de lo que estoy escribiendo.
De ahí, ahora, redundar precisamente que soy consciente completamente de todo cuando escribo; de si estoy expresándome en algo personal, en algo que puede implicar al lector, o no, en algo que defiende una ideología que el lector podría no compartir, en algo interesante, algo aburrido, como en este caso, pero que no puedo dejar sin publicar, la forma en que lo escribo, si es muy monótono, si soy muy pedante con las retóricas y las figuras literarias, aunque no las suelo utilizar, si me estoy perdiendo en un mar de ideas desordenadas que acabaré sin comprender, lo que pensará el lector cuando termine de leer, si terminará de leer o no, por qué... es decir, lo tengo en cuenta todo, hasta los puntos y las comas y cómo cambian el sentido de lo que digo sin ponerlo de otra determinada manera.
Aquí concluye esta entrada explicativa para ti, lector, que buscabas algo de distracción y has encontrado ésto, que parece más burocrático que literario, pero cuyo fin es mejorar la escritura y la lectura de mi blog, aunque te pido disculpas porque también soy consciente de que el texto que se apoya sobre esta línea es demasiado aburrido debido a la clase de información que contiene, aunque si le sigues el hilo, puede que hasta encuentres algo interesante.
Al menos (y siendo otra vez egoísta) he recuperado algo de mecanografía.

De todas formas, y dando por satisfecha mi necesidad espontánea e indefinida de estructurar la forma en que mis dedos se moverán sobre las teclas, me atrevo a predecir que las próximas entradas del blog tratarán de cosas más cómodas de leer, más interesantes, aunque más personales y por tanto menos generalizadas, pero más banales y apetecibles a la memoria y a la agudeza visual de cuando se lee algo con ganas.


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sábado, 25 de septiembre de 2010

...y ahora decides hablarme.

Hoy toca un texto epistolar, una carta. (Otra más). Muchas de mis entradas son de este tipo, en segunda persona, dirigidas a mí mismo o a alguien que no nombro explícitamente, pero que existe en la realidad y forma parte de mi vida y de mi pensamiento. Hoy te toca a ti.

Hace tiempo te dije que me gustabas, aunque esa no es la opción que suelo elegir para entablar amistad con una chica...  pero te lo dije. Simplemente que me gustabas, no quería nada contigo, ni que fuéramos amigos, pero quería que lo supieras, porque creo que en la sociedad del día a día hay miles de personas que se gustan, que se conocen desde hace años...  y no saben que se gustan ni lo llegan a saber. Quería que tú supieras eso cuando me vieras, que supieras por qué me quedaba mirándote hasta que desaparecías en la distancia. No sé todavía si eso fue demasiado egoísta por mi parte al no tener en cuenta cómo ibas a sentirte teniendo esa información, o es que fuiste tú la egoísta al dejar de dirigirme la palabra...  pero lo hiciste, qué más da.
Asumí que durante meses nos cruzáramos por los pasillos sin decirnos una sola palabra. Nos mirábamos, tú también me mirabas. Lo más lógico sería pensar que me veías como una especie de depravado o algo te había molestado y por eso me mirabas, pero esto no tiene mucho sentido. Claro que si pienso que me devolvías la mirada porque yo también empecé a gustarte, parecería que soy de esa clase de ilusos que cuando se cuelgan por alguien, cambian completamente su percepción de la realidad para complacer sus necesidades psicológicas, así que no, no pensaré eso. Formábamos parte del mismo grupo de amigos cuando mi mejor amigo y tu mejor amiga se juntaban para hablar, y nosotros de acompañantes, pero sin participar en la conversación, simplemente al lado de nuestros amigos, uno en frente del otro, mirándonos, pero sin decir nada. No olvidaré nunca esos silencios misteriosos que nos guardábamos, ni sabré nunca lo que significaban realmente.
De una manera o de otra, me había acostumbrado a olvidar la idea de que pudieras conocerme como un amigo, me acostumbré a no pretender nada contigo, a no hablarte, a ignorarte y a dejarte en paz, en plan prudente...  y de repente vas un día y empiezas a dirigirme la palabra. Haces observaciones sobre mis camisetas, me preguntas qué tal, me saludas cuando nos cruzamos a la salida de clase y preguntas por mí de vez en cuando...   y ahora qué se supone que ha pasado?
¿Estabas enfadada u ofuscada y se te ha pasado? ¿Has descubierto que te gusto de alguna manera? ¿He empezado a darte pena y ahora que nos vemos más a menudo has decidido tenerme contento y tener contacto conmigo? Pues ahora me has hecho daño.
Ya sé que lo más probable es que esté todo dentro de mi cabeza, como siempre, como la mayoría de las veces (ojo, no todas), como cada vez que me gusta alguien...   pero precisamente por eso, porque está todo dentro de mi cabeza, ahora mi parte ilusoria ha diseñado algunos sueños en los que, en una de esas tensas palabras de "hola que tal", entre uno de esos suspiros que me salen a veces, en uno de esos instantes en los que nos miramos y apartamos la mirada al mismo tiempo, en uno de esos instantes, y sin previo aviso, uno de los dos besa al otro, o abraza al otro, da igual. No tiene por qué haber un beso. Simplemente imagino un gesto que exprese una cercanía hasta ahora no habida entre los dos, una complicidad, un gesto de perdón (o de disculpa, aunque entre nosotros nunca ha habido oficialmente ningún tipo de ofensa), algo que por tu parte me diga que estás conmigo (conceptualmente, como mínimo) o, por mi parte, te diga lo que ya te dije al principio. Por eso mi ilusión tiende a hacer que seas tú la que tome la iniciativa y me arrebate ese beso o ese abrazo en un instante en el que no me de tiempo a reaccionar...  y que posteriormente cause, como es lógico, más interrogantes en mi cabeza, aunque supongo que la tuya también tendrá cosas a las que dar algunas vueltas.
Simplemente eso es lo que escribo hoy, que no sé por qué has empezado a hablarme, pero que eso no sólo ha tenido consecuencias positivas. Mientras no suceda o deje de suceder nada, la incertidumbre convertirá el instante primero en que me hablaste en la cumbre de una pendiente en descenso que me hará preguntarme cada día con más desesperación el por qué de esta situación, en parte real, en parte imaginada por mí, y supongo que también por ti en otra cierta parte.

Y lo mejor sería hablarlo contigo y solicitarte en un momento dado para resolver esas dudas, pero si eso fuera tan fácil, no habría desarrollado tantas disquisiciones situacionales en todo lo que acabo de escribir. Si te pidiera hablar de todo eso, podrían suceder también una serie de consecuencias variables cuyo riesgo aún no me he visto capaz de asumir, así que, mientras tanto, seguiré el curso de la realidad y corresponderé a saludarte como si fueras una compañera más y a sonreír cada vez que me mires, igual que antes, intentando eliminar cada día un poco más de ese misterio que recubre la tensión que hay entre nosotros, siempre inversamente proporcional a la distancia a la que nos encontremos y directamente proporcional al tiempo que seamos capaces de sostenernos una mirada.

martes, 21 de septiembre de 2010

Wake me up when September ends

Ya lo decía Billy J: Despiértame cuando termine septiembre.
Septiembre es, probablemente, el mes más triste del año, desde el principio hasta el final. Es el mes en el que oficialmente acaban las vacaciones. Los niños regresan al colegio, los adolescentes al instituto, los adultos al trabajo... o al menos a la rutina. Los anuncios de la televisión ya te avisan de que viene el frío. Las tiendas de ropa ya han renovado su colección y todo es de manga larga, todo son tejidos calientes, todo son colores fríos. Los de Actimel te recuerdan que cogerás un resfriado si no tomas su yogur, los de El Corte Inglés te recuerdan que la lluvia mojará las calles para que compres sus botas de cuero y sus guantes de piel, Los de Frenadol te dicen que te quedes en casa porque fuera está lloviendo, Los de Carrefour te anuncian su material escolar, los de Oxford te anuncian esos cuadernos en los que escribirás lo que tanto te agobia cuando llegan los exámenes finales...  y por las noches vuelven las series juveniles como FoQ y los reportajes futbolísticos a todas horas.
La disciplina y las responsabilidades vuelven a invadir tu horario, el juicio de las demás personas empieza a influir más que de costumbre en tu comportamiento, ya no puedes echarte una siesta cuando te apetezca ni quedarte despierto hasta las seis de la mañana, porque si lo haces te quedarás dormido en clase y vuelta a empezar. Alomejor se altera hasta tu horiario intestinal, quién sabe. Alomejor tienes que empezar a cagar por la tarde porque por la mañana estás ocupado. Es una chorrada, pero si no la tienes en cuenta, las puedes pasar putas.
...pero la gente sigue buscando el placer instantáneo y no sabes cómo, pero consiguen sacar energías para organizar las quedadas del viernes y del sábado, cuando a ti lo único que te apetece es echarte en la cama y olvidarte de todo, tocar la guitarra, ver una película...  hasta que llega el domingo por la tarde, te pones a ver la tele o a hacer algo que se supone que debería divertirte, pero es domingo por la tarde y todo se vuelve gris, semana tras semana. Hagas lo que hagas, tendrás la sensación de que estás perdiendo el poco tiempo que te queda de fin de semana. Y ya si llueve o está nublado, apaga y vámonos.
El lunes por la mañana, en teoría es más traumático que el resto de los días, porque tienes que empezar de nuevo a levantarte a saber a qué hora macabra. El despertador te arrebata el plácido sueño que tenías y un cruel ataque de rutina te levanta de la cama de un salto para ir a un lugar en el que se supone que tienes que estar dando tu máximo rendimiento incluso antes de que haya salido el sol. Es algo antinatural. Empezar a trabajar antes que la propia naturaleza...  y cuando llega el mediodía resulta que llevas casi una jornada laboral cumplida y sólo tienes ganas de irte a dormir como si fuera de noche, pero aún queda una traumática tarde de horas interminables en la que no puedes dormir porque tienes que seguir trabajando, estudiar, realizar trabajos...  como si no hubieras rendido el suficiente número de horas.
Se te empiezan a hacer nudos en el estómago. Te miras al espejo sin ganas. Haces las cosas por hacer, porque hay que hacerlas, pero las haces sin ganas. Puede que haya días que te levantes con ánimo, con la motivación suficiente para convertir la rutina en algo lúdico y apetecible...  pero esos días son pocos y se suelen olvidar fácilmente. Aunque claro, se supone que hay que levantar el país y todos esos rollos...  pero yo me estoy planteando seriamente hacerme budista e irme al monte a vivir en paz con el silencio.

Pero bueno, siempre hay que pensar que estas cosas, que no nos gustan y nos mortifican tanto, son las que realmente nos enseñan algo valioso para nuestra vida, porque con ellas aprendemos cosas que no aprenderíamos si estuviéramos todo el tiempo disfrutando de lo que nos gusta.
Yo sólo lo digo, me quejo aquí en silencio, escribo mi sacrificio por la rutina, cada persona tiene el suyo...  y sinceramente no creo que se trate sólo de síndrome post-vacacional. Tiene que haber algo más, porque las estadísticas coinciden en que es septiembre, junto con octubre, el mes en el que hay más suicidios y más bajas laborales por depresión...  y eso no puede ser solo por el dichoso síndrome...
    y encima todo esto se junta con el amor...  con los flechazos por personas recién conocidas..  los típicos en personas que aún siguen casadas con la soledad...

sábado, 18 de septiembre de 2010

Again

Hoy decides que conservarás tu nuevo reto de acostarte pronto. Y el de hacer diez flexiones cuando te levantes por la mañana, otras diez al acostarte y diez cada vez que vayas al baño. Hoy decides ponerte a escuchar música de hace tiempo porque no sabes si pensar o no pensar en tu nueva compañera de al lado, que puede que no tenga nada de especial, pero es nueva y eso hace que te fijes en ella cuando nadie más lo hace, y casualmente has descubierto que sí, tiene algo de especial, precisamente porque sigues pensando en ella.
Hoy decides que te ha gustado eso de hacer lo que llamas "una  vida más o menos correcta"; cumplir con tus obligaciones, estudiar más de la cuenta para competir en condiciones con los que sacan mejores notas, ir en serio a por tu carrera de ingeniería...  porque has descubierto que cuando cumples a tiempo con tus obligaciones, sigues teniendo tiempo (incluso más) para divertirte y para hacer cosas que no sean obligaciones, como satisfacer a tus suscriptores de youtube y hacer cosas que te hayan pedido, como leer todos esos libros que hace tiempo que querías empezar a leer, como hacer algo más de deporte, como aprender recetas nuevas de cocina, como investigar la relación directa o indirecta entre los discursos de tu profesor de filosofía y su pasado, probablemente traumático y decisivo para su actual presente.
Hoy te has parado a pensar realmente en si merece la pena o no pasar tantas horas estudiando y discutiendo sobre ideologías, grupos, movimientos, historia, rumores, cambios, votos, partidos y todo aquello que tenga que ver con la política, porque te ha entrado en la cabeza la idea de que no puedes apuntarte a una ideología sin conocer la contraria, de que no puedes decir que algo sea bueno sin plantearte que lo contrario también puede ser bueno, de que todo es tan extremadamente relativo que ni tú ni nadie tiene el conocimiento suficiente como para ser digno de juzgar realmente cuál es la ideología correcta, ya que ese concepto de "correcta" depende completamente desde el interés con el que se mire; depende de si lo que se busca es el beneficio para la burocracia, para el sistema visto desde arriba, para el pueblo, para el país, para los ricos, para los pobres, para los listos, para los vagos, para los soñadores, para los que se estancan...  o para todos. Te das cuenta de que, tenga quien tengan razón, eso nunca se va a saber del todo porque siempre, por muy absoluta que sea una mayoría democrática, siempre habrá otra mayoría (o minoría) con unas ideas opuestas que defender, con unos argumentos propios, igual que los tuyos, con unas ideas propias, tan respetables como las tuyas, y que todo el mundo debería escuchar, igual que las tuyas. Y parece una gilipollez, pero esto te ha relajado bastante en tu lucha interna de si eres o no una buena persona, concepto que venías cuantificando erróneamente en función de estas fruslerías políticas que nunca te llevarán a ningún lado si su defensa implica en algún caso el uso de la violencia o fomenta el odio entre cualquier par o grupo de personas, por grande o pequeño que sea, y has decidido, terminantemente, alejarte de una guerra que no es tuya (ni debería ser de nadie) y empezar a pensar en ti mismo en cooperación con los demás, siempre cooperación, siempre concordia, siempre ayuda mutua, siempre la comprensión por encima del rechazo; ya sea a nivel personal o profesional, a nivel amoroso o a nivel amistoso, o político...  da igual. Simplemente has decidido que es conveniente conservar unos principios básicos de respeto y convivencia por encima de cualquier diferencia ideológica, étnica o simplemente de pensamiento; ya que el pensamiento que tienes no te pertenece a ti por completo, sino que ha sido modelado por una serie de factores que te han llevado a pensar de la manera en que piensas, y no de otra, debido a tus experiencias del pasado, a tu aprendizaje sobre esas experiencias y a tu nivel de reacción ante ese aprendizaje, cosa que habría sido distinta simplemente con que hubieran cambiado un par de esos de tus factores, como el lugar de nacimiento, el año, la gente que te ha rodeado, etc...  y por eso no puedes asegurar que tu pensamiento sea propiedad exclusivamente tuya.
Volviendo a lo de antes, has vuelto a recuperar tus amores platónicos, la pasión por la lectura, has vuelto a descubrir esa magia de la navidad en las calles de Madrid que no podías ver cuando creías que eras demasiado mayor, has vuelto a recuperar la pasión por la pintura, por la vida, por aprovechar el tiempo, por demostrar las cosas de las que hablas...  hasta que alguien te vuelva a desanimar..  aunque ese alguien sueles ser tú mismo.

domingo, 12 de septiembre de 2010

The Talon Mix de nuevo en mis manos!

Supongo que le pasará a todo el mundo con afición a la música:
Hoy he encontrado un antiguo disco de cuando era pequeño!
...lo empiezas a escuchar y recuerdas perfectamente todas las canciones, los estribillos, los chascarrillos, las melodías, los toques de guitarra de entre medias, la voz de los cantantes, el ritmo de las canciones...  y sobre todo, sobre todo sobre todo, te viene a la mente la manera que tenías de ver el mundo por aquel entonces, cuando solías escuchar ese disco. Empiezas a recordar cómo lo adquiriste, dónde lo reproducías, qué edad tenías cuando lo escuchabas y qué era de tu vida; recuerdas perfectamente la situación en la que te encontrabas, las cosas que sentías, las metas que tenías, lo que entonces conocías y las bellas limitaciones que te acompañaban. Es algo sencillamente precioso, es incluso mejor que ver una antigua foto.
Cierras los ojos y vuelves al pasado...  y aunque no te gustaría volver, imaginas con nostalgia aquel pasado en el que no conocías como futuro el presente que ahora tienes. Era todo tan distinto, habían pasado tan pocas cosas... eras más inocente, pero escuchabas ese disco, y gracias a eso ahora puedes rescatar de tu memoria algo que sin esa ayuda musical habría sido imposible. La música, los olores, los lugares, las fotos, los vídeos, los diarios y los libros, todo eso, son herramientas maravillosamente útiles para recuperar con asombrosa fidelidad los recuerdos que guardamos pero que no podemos revivir sin ayuda de estas herramientas.

La verdad es que he pasado un muy buen rato, y los seguiré pasando, escuchando este disco que andaba perdido entre cajones y armarios llenos de cosas antiguas...  tanto tiempo buscándolo y al fin vuelven a mí los Weezer y Remy Zero! The Talon Mix by Smallville!! Island in the Sun! Nuclear! Wave Goodbye!
Volvemos al 2003!!!
Todos los momentos y épocas de la vida tienen una canción o un álbum...
...y a este especialmente pertenecen una parte concreta de mis recuerdos y vivencias que ahora agarro con tanta fuerza. Esta es mi máquina del tiempo! Entre lágrimas y sonrisas, pero lo es!

sábado, 11 de septiembre de 2010

Otro acorde más

Normalmente soy yo el que corrige tus imprudencias y te da lecciones de vida, pero de forma razonada y justificada, de forma que todos lo acaban asumiendo y reconocen que es verdad; normalmente soy yo el que conserva la tranquilidad absoluta en los momentos de pánico, haciendo que los demás también se lo tomen con calma; normalmente soy yo el que está seguro de sí mismo y no cambia de criterio sin antes estar convencido; soy yo el que normalmente se enorgullece de haber preservado la propiedad de mi personalidad por encima de las necesidades mundanas que desde siempre ha tenido el hombre por sentirse aceptado en sociedad; soy yo el que siempre ha guardado rencor inmerecido a los que disfrutan de placeres que no merecen mas aún tienen gracias a su degradante picardía, y aún así, me siento, de forma falsa, mejor persona al intentar creer que lo tolero sin ninguna envidia; normalmente soy yo el que demuestra a los demás que sólo con constancia se consiguen los grandes objetivos, normalmente...
...pero hoy no es normalmente. Hoy es hoy, y hoy me siento pequeño y desolado en un mundo de intereses individualistas y exceso de crecimiento demográfico.
Hoy mi guitarra ya no suena igual. Mis dedos encallecidos siguen teniendo la misma destreza, pero hoy los trastes se han cansado de mí y el bronce de las cuerdas no tiene el mismo brillo. Las notas también me boicotean y suenan como más tristes, eso sí, impecablemente correctas tonalmente, pero aun así, hay algo que no me termina de convencer. Parece como si los punteos de una misma canción hubiesen variado un par de semitonos para no concordar con mi voz, ni con mi memoria. Una foto a color y en alta definición se ha convertido en una burda imitación mal retocada de una diapositiva sucia y antigua de antes de los sesenta, tomada en 2010, y Luis Ramiro no me mira de la misma forma desde ese póster, ni los Beatles caminan igual en el de al lado, es como si hubieran cambiado de pierna mientras no estaba mirando.
A Brandon Flowers le ha cambiado la voz, a Bono le ha crecido la barba, Juan Aguirre se ha deshecho de sus pedaleras de distorsión y Paul Simon ya no suena tan convincente como cuando cantaba Late in the Evening en el Central Park, allá por 1981, exactamente el 19 de septiembre.
Natalie Portman ya no supera a Julia Roberts en la película Closer, ni tampoco su canción, La hija del trompetista, es tan emocionante como cuando la cantaba Damien Rice.
Los jardines del Palacio de Oriente no reflejan la luz del sol como lo hacían antes; la calle Arenal no tiene el mismo bullicio; en el local árabe de la calle Huertas ya no trabaja aquella camarera tan guapa, la que te hablaba con la mirada; los conciertos siguen sonando mejor en el Palacio de los Deportes que en el Vistalegre, eso sí, pero también suenan peor allí que en Las Ventas y que en la sala Galileo.
Las púas con las que toco han cambiado su flexibilidad y cada vez se me escurren con más frecuencia.
Mandy Moore ya no parece tan inocente en las películas desde que me enamoré de ella y de su indefinida pulcritud...
...definitivamente, necesito coger un avión y aterrizar en el aeropuerto internacional de Oakland, alquilar un coche y llegar a Pleasanton, tomarme un batido en el Maui Wowi observando el parking del centro comercial del Amador Valley Boulevard, buscar desesperadamente a Mercedes y pedirle por favor que me toque alguna de sus canciones a la sombra del Conservatorio de las Flores, en el Golden Gate Park de San Francisco, algo como lo que vi hace ahora unos dos años, una de esas sentidas versiones de Across the Universe sobre la hierba recién cortada de California.
Mientras tanto sólo me queda tirarme desde lo alto de una montaña de ilusión, aletear con alas de esperanza, observar la amplia vista desde lo alto del tiempo y, a medida que se acerca el suelo, intentar planear para cambiar mi destino y averiguar a qué huele realmente el café cuando se toma con labios de felicidad.


Bueno, hoy es hoy y supongo que habrá sido uno de esos días tontos en los que me da por escribir mis desolaciones en un blog. Llegará mañana y quién sabe cómo sonará mi guitarra...

jueves, 9 de septiembre de 2010

Cuando descubres de qué va el juego, el juego termina.

Siempre hay un juego. En todo, para todo. En el trabajo, en tu relación con tus amigos y con tu familia, en tu propio pensamiento sobre el futuro y el pasado, un juego que influye en tus decisiones y en tus conclusiones.
A veces es un juego aleatorio, consecuencia de las circunstancias, y otras veces es un juego provocado, creado de manera inteligente para conseguir unos objetivos, y en ese juego es probable que tú seas utilizado como medio para que quien ha creado el juego consiga sus propósitos. Eres utilizado. Y mientras desconozcas la existencia de dicho juego, su creador y su fin, seguirás siendo utilizado, víctima de que la casualidad haya sido sustituida por la causalidad, por los sucesos intencionados. Dejas de ser dueño de tu destino y de tus conclusiones y te conviertes en otro personaje más que el guionista ha utilizado para llevar su película al final deseado.
Y en eso reside tu responsabilidad, en descubrir el juego, en descubrir en qué estás participando involuntariamente y darte cuenta de que están jugando contigo. Entonces es cuando se acaba el juego, porque decidas lo que decidas, ya serás más responsable que cuando no sabías nada. Si decides hacerlo saber y dejar de participar, habrás destruido el juego y habrás dejado de ser una ficha sobre el tablero; si decides no decir nada, también puedes ser tú el que aproveche el juego existente para crear las variables que desees, de forma que utilices un juego creado anteriormente para realizar el tuyo propio, con tus objetivos, tus fichas, tus víctimas y tus herramientas, algo que puedes hacer como castigo o traición contra quien te ha utilizado de forma cruel y poco ética.
Claro que la aclaración siguiente sobre lo que acabo de escribir es muy importante:
El hecho de manipular un juego ya existente para castigar a quien ha estado jugando contigo es algo generalmente justo, y además te sentaría muy bien, porque es una forma de venganza, y ahí está lo negativo.
La venganza es algo muy peligroso y apetitoso para alguien que ha sufrido y ha encontrado un culpable, pero en ese caso sería el vengador el que estaría cometiendo una incorrección ética mayor que el primer infractor, el creador del primer juego, y serías más culpable tú por vengarte que el otro por jugar contigo.
¿Y por qué?
Pues por la sencilla razón de que el otro, cuando ha decidido utilizarte en su juego, te ha utilizado para conseguir otro fin, pero el fin no era joderte a ti, sino utilizarte; es decir, te ha menospreciado, pero no intencionadamente. En cambio tú, cuando lleves a cabo tu venganza, lo harás precisamente con la intención de hacer daño y perjudicar a la otra persona, y eso te implica más culpabilidad que si simplemente menospreciaras su realidad utilizándola para conseguir un fin ajeno.
Por eso la venganza nunca suele ser la opción más ética, si es que te quieres seguir considerando una persona buena y justa de verdad.

viernes, 27 de agosto de 2010

Burning down the highway skyline

Antes jugaba a imaginar que alguien me observaba constantemente en todo lo que hacía. Ahora he aprendido a ver que sólo yo veo y juzgo mis propios actos, y eso me da un poco más de intimidad, pero todo se va a la mierda si no tengo libertad de realizar esos actos.

Cortarme un dedo mientras pelaba unas verduras no me ha importado hoy, no he sentido el dolor, porque tenía otro dolor más fuerte de por medio. Un dolor acumulado durante varios días, semanas, meses...  que poco a poco ha salido a la luz.
Será por eso que últimamente me emociono cuando escucho a Brandon Flowers o a Luis Ramiro con un bajo y una guitarra por detrás, diciéndome lo solo que estoy y lo bonita que era la vida cuando era más joven.
Y quizá sea cierto, que la vida era más fácil de vivir cuando el resto de las cosas no importaban, cuando estábamos tú y yo solos frente al mundo, y tú me bastabas a mí y yo te bastaba a ti para conseguir la felicidad. No importaban los problemas, daba igual lo que pasara, porque estábamos unidos, estábamos juntos, en el espacio y en el tiempo, y con eso era suficiente para sentirnos realizados. Hoy, desgraciadamente, las cosas ya no son así. Tú te fuiste de mi lado y yo, aunque hice todo lo posible por mantenerte a mi alcance, asumí tu pérdida y ahora me culpo por ella, sobre todo porque cuando pienso en ti sé con gran certeza que tú sientes más arrepentimiento que yo, que tienes más ganas que yo de volver al pasado, y que piensas en mí más que yo en ti, y eso es lo que hace que se me salten las lágrimas cuando escucho a los Beatles con el replay puesto.
Me quedé asombrado cuando me di cuenta de que realmente tú ya sabías todo esto y que en realidad las cosas son como tú no evitaste que fueran. Puede que no lo hubieras planeado así en el pasado, pero hasta ahora tampoco has demostrado que te importara mucho lo que ha sucedido entre los dos. Tu egoísmo y tu huida te importaron más que tu responsabilidad, y no te puedo culpar por ello, porque yo hice lo mismo, pero me duele. Sobre todo porque sé que a ti te duele más, porque sabes que eres tú quien tuvo la responsabilidad de elegir entre quedarte o partir. Partiste pues, y yo me quedé.

Estas son las cosas que pasan cuando en una relación entre dos personas, ambas pasan de pensar en la relación a pensar en si mismas. La diferencia está en que rara vez son las dos personas las que cambian de repente su actitud. Normalmente es una la que abandona a la otra; normalmente es la otra la que se deja abandonar.