I can't live with or without you!!!
Ni contigo ni sin ti. Si estás cerca, te odio y te repudio, no te quiero, quiero que te vayas, me inspiras cierto magnetismo disyuntivo, estoy incómodo... pero cuando te vas y me faltas, no vivo si no muriendo a cada minuto, que tu ausencia es como el dolor de una flecha clavada en lo más hondo del corazón, que si me faltas no sé a quién acudir cuando tengo frío, cuando no entiendo el mundo...
Tu ausencia me aterra y tu presencia me incomda, ni contigo ni sin ti puedo vivir. Ni contigo ni sin ti soy capaz de ser feliz... Puede que haya otra, puede que no, no lo sé. Cuando me faltas, no, no hay otra. Sólo existes tú. Sólo existe tu calor ausente en las noches frías de invierno, y nadie más puede sustituirte... pero cuando estás a mi lado para agarrarme las manos y no dejarme escapar, también está ella, y las demás, y todas las que existen en el mundo... y yo me pregunto, por qué me quieres, si soy todo lo contrario a lo que tu deseas y exactamente lo que no quieres... y no me vale que me digas "porque follas bien", ni "porque tú me comprendes", ni cualquiera de esas excusas típicas de las películas más comerciales de California. Yo quiero que me digas lo que yo te digo a ti, que se me caen los huevos al suelo cada vez que te veo, que mi corazón se acelera cada vez que huelo tu perfume, que mis manos se suicidan cada vez que acarician tu cabello, que me quedo sordo cada vez que oigo tu voz, que suspendo un examen cada vez que he estado contigo, que se para el tiempo cada vez que te separas de mí, que mis labios entran en ebullición cuando tocan cualquier parte de tu cuerpo, que mis pies se levantan del suelo cada vez que me llamas y que puedo volar cada vez que tú vuelas conmigo... pero eso no es suficiente. Nunca es suficiente, porque tú quieres más, tú no solo quieres volar, tú quieres flotar en el espacio, más allá de donde acaba la atmósfera, llegar a donde no hay aire para respirar, conocer aquello que no ha conocido nadie, conseguir que te conviertas en mí, y que yo me convierta en ti, y aún así nos sigamos amando, más lejos de lo que puede llegar a soñar nadie, en el tiempo y en el espacio, eternizar y sintetizar nuestra identidad en un sólo yo, formado por el amor que nos une, que será eterno y más extenso que el universo, más largo que el eje cronológico de la existencia, más sabio que dios, más fuerte que el Big Bang, más poético que una letra de Luis Ramiro, más emotivo que el final de Cadena de Favores, más melódico que la voz de Whitney Houston, más pesado que un gramo de antimateria y más luminoso que una supernova...
...pero lejos de todos estos sueños está la realidad. Tú eres de Venus y yo de Marte, y sigo sin poder llegar hasta ti. Mi nave se ha estropeado, se quedó atascada en algún satélite, fue conquistada por otra persona, y la tuya se fundió con el calor del sol, y te ahogaste de placer bebiendo de otro amor que te llenaba más que mis palabras vacías y al mismo tiempo llenas, llenas de tristeza, de melancolía, de impotencia... y todo aquello que conlleva el recuerdo, ese recuerdo de que una vez te tuve entre mis brazos y te dejé escapar, ese recuerdo infernal y angustioso de que el tiempo ha pasado y el espacio nos ha separado.
domingo, 31 de octubre de 2010
jueves, 28 de octubre de 2010
Y la paz hablará
Óyeme, oh Señor, óyeme.
Allá donde se encuentre la esencia de tu ser
Allá donde se realice el efecto de tu existencia
Allá donde los oídos de tu comprensión puedan oírme
Escucha mis plegarias, oh Señor, óyeme.
Ayúdame, Señor,
A no ganar esta guerra
ni ninguna otra que se libre con armas y con desprecio,
pues las únicas armas de los hombres deben ser sus corazones,
y su único campo de batalla, el amor.
Ayúdame, Señor, y ten piedad de mí
Cuando el odio de la humanidad caiga sobre mi espalda,
Cuando el olor de la pólvora quebrante mi recuerdo,
Cuando la luz de los estallidos ciegue mi juicio.
Ayúdame, Señor, ayúdame.
Y protégeme, Señor,
protégeme de la hostilidad y de la amargura,
líbrame del rencor y de la discordia,
aléjame de la mentira
y llévate la ceguera de quienes tienen ojos.
Hazme fuerte, Señor,
y dame valor cuando el fuego se apague,
cuando se haga el silencio,
cuando el viento se pare
y los hombres hayan aprendido a amarse;
porque mi trabajo habrá terminado,
y la luz se elevará hacia lo alto,
y las armas yacerán en el fondo del mar,
y la paz hablará.
martes, 12 de octubre de 2010
12 de octubre
"...and the leaves that are green turn to brown" (Paul Simon).
Y qué será de hoy, 12 de octubre. Un día tan señalado en mi vida personal.
Qué será de hoy, que lo único que me queda de ella es un busto de granito esculpido con el cincel y el formón de mi recuerdo, a golpes del martillo del tiempo, que repercuten en mi cabeza año tras año.
12 de octubre, día de la hispanidad, día de la Virgen del Pilar, fiesta nacional. Todos contentos porque no tienen que ir al trabajo, y yo aquí, delante de un teclado, con cinco folios por delante para entregar mañana, y con este pesar que recaerá sobre mí cada 12 de octubre. Que aunque pasen treinta años, me seguiré acordando de lo mismo cuando sea doce del diez. Desfile de las fuerzas armadas en la tele, comida familiar en casa, tarde relajada y tiendas cerradas. No queda otra que irse de garitos por el Madrid de los gatos hasta que el reloj se pare en la madrugada, hasta que las agujas se cansen de esperar y los cubatas se congelen.
Escuchar a Luis Ramiro y montar en un Citröen para volver a casa. Bendito diésel, cómo se nota en las subidas y en los puertos de montaña. Que lo único que quería era visitar San Martín. Después regresar a Villanueva pasando por las Omañas y dejar atrás La Adrada para volver a ver los cuatro pilares del cielo de la ciudad, desde arriba, desde las laderas de Guadarrama. Pasar por Las Rozas, por la sede del C.N.I; coger la radial por el sur y regresar a un barrio angosto y lleno de peculiaridades que no dejan de ser mías, para volver a soñar otro mundo desde la misma habitación. En el espacio, el sueño de abandonarlo todo, de llenar el depósito, llenar al cartera y echar kilómetros hacia donde sea. En el tiempo, el sueño de regresar al mismo 12 de octubre de hace dos años, o incluso al de hace tres, y soñar con un presente alternativo, llamado futuro por aquel entonces.
Que ya se lo dije al 2010 en la víspera de la cena de fin de año: "Querido 2010, no más amores imposibles, no más trampas, no mas trucos, sólo quiero vivir"... ¿Te acuerdas, 2010? Ya te escribiré otra carta junto con la de 2011, ya hablaremos tú y yo.
8:55 am; música no muy alta, cielo casi completamente despejado. Puedo ver las antenas de mi propio tejado reflejadas en los ventanales de en frente. Las persianas aún están bajadas. Ni si quiera pasan coches. Podría echarme una siestecita sobre la calzada y desayunar sobre algún paso de peatones.
Chaqueta de cuero y zapatos negros, cinturón liso y guantes de piel, vaqueros oscuros y una niebla disipada que enfría las ideas.
Un 12 de octubre muy típico, que no sólo atormenta mi memoria, porque estas cosas siempre van de dos en dos, como las noticias. Un 12 de octubre, seguramente largo, que acabará igual que empezó: mis ojos fijos en la ventana, observando la soledad; mis manos fijas en el teclado, capturando la eternidad.
Y qué será de hoy, 12 de octubre. Un día tan señalado en mi vida personal.
Qué será de hoy, que lo único que me queda de ella es un busto de granito esculpido con el cincel y el formón de mi recuerdo, a golpes del martillo del tiempo, que repercuten en mi cabeza año tras año.
12 de octubre, día de la hispanidad, día de la Virgen del Pilar, fiesta nacional. Todos contentos porque no tienen que ir al trabajo, y yo aquí, delante de un teclado, con cinco folios por delante para entregar mañana, y con este pesar que recaerá sobre mí cada 12 de octubre. Que aunque pasen treinta años, me seguiré acordando de lo mismo cuando sea doce del diez. Desfile de las fuerzas armadas en la tele, comida familiar en casa, tarde relajada y tiendas cerradas. No queda otra que irse de garitos por el Madrid de los gatos hasta que el reloj se pare en la madrugada, hasta que las agujas se cansen de esperar y los cubatas se congelen.
Escuchar a Luis Ramiro y montar en un Citröen para volver a casa. Bendito diésel, cómo se nota en las subidas y en los puertos de montaña. Que lo único que quería era visitar San Martín. Después regresar a Villanueva pasando por las Omañas y dejar atrás La Adrada para volver a ver los cuatro pilares del cielo de la ciudad, desde arriba, desde las laderas de Guadarrama. Pasar por Las Rozas, por la sede del C.N.I; coger la radial por el sur y regresar a un barrio angosto y lleno de peculiaridades que no dejan de ser mías, para volver a soñar otro mundo desde la misma habitación. En el espacio, el sueño de abandonarlo todo, de llenar el depósito, llenar al cartera y echar kilómetros hacia donde sea. En el tiempo, el sueño de regresar al mismo 12 de octubre de hace dos años, o incluso al de hace tres, y soñar con un presente alternativo, llamado futuro por aquel entonces.
Que ya se lo dije al 2010 en la víspera de la cena de fin de año: "Querido 2010, no más amores imposibles, no más trampas, no mas trucos, sólo quiero vivir"... ¿Te acuerdas, 2010? Ya te escribiré otra carta junto con la de 2011, ya hablaremos tú y yo.
8:55 am; música no muy alta, cielo casi completamente despejado. Puedo ver las antenas de mi propio tejado reflejadas en los ventanales de en frente. Las persianas aún están bajadas. Ni si quiera pasan coches. Podría echarme una siestecita sobre la calzada y desayunar sobre algún paso de peatones.
Chaqueta de cuero y zapatos negros, cinturón liso y guantes de piel, vaqueros oscuros y una niebla disipada que enfría las ideas.
Un 12 de octubre muy típico, que no sólo atormenta mi memoria, porque estas cosas siempre van de dos en dos, como las noticias. Un 12 de octubre, seguramente largo, que acabará igual que empezó: mis ojos fijos en la ventana, observando la soledad; mis manos fijas en el teclado, capturando la eternidad.
sábado, 9 de octubre de 2010
I want a ticket to anywhere
Puede que alguna vez hayáis tenido la maravillosa suerte de haber leído la letra de "fast car", de Tracy Chapman, mientras la escuchábais por primera vez... alomejor no os dice nada, ni os emociona, ni os sugiere nada sifnificativo... pero a mí sí. El caso es que aquí os la pongo; la letra y un enlace a una actuación en directo de esa canción, por si os sobra el tiempo y queréis saber realmente de lo que estoy hablando:
No todo el mundo canta en ese tono. No todo el mundo utiliza esos acordes. Por eso Tracy Chapman es quien es.
Letra:
No todo el mundo canta en ese tono. No todo el mundo utiliza esos acordes. Por eso Tracy Chapman es quien es.Tengo un plan para que salgamos de aquí, porque cualquier lugar es mejor que éste. Salgamos de aquí, vamos a buscar trabajo para averiguar lo que significa vivir, mi padre era alcohólico y yo tuve que dejar el colegio para cuidar de él. Espero que tu coche sea rápido para salir volando: o nos vamos esta noche o morimos aquí... pronto conseguiremos trabajo, las cosas saldrán bien, podremos comprarnos una casa y pagar las facturas...
...pero entonces empiezas tú también a beber, malcrías a tus hijos. Siempre esperé algo mejor, ahora ya no tengo planes para ir a ningún sitio. Coge tu coche y sigue conduciendo.
Tuvo un pasado difícil y muchas cosas que decir. Por ejemplo, para "Baby can I hold you" también escribió una buena letra.
"...si te hubiera dicho las palabras correctas en el momento adecuado, ahora serías mío"
Por cosas como esta dicen que una buena canción es precisamente la que refleja los sentimientos de más personas.
¿Quién no ha pensado alguna vez en cosas así? Nunca habéis perdido a alguien y os habéis parado después a pensar en esa frase? "If I told you the right words at the right time, you'd be mine". De verdad que si escucháis esa canción es muy probable que os emocionéis. No hace falta que nadie llore. Basta con recordar un viejo amor o un viejo amigo que ya no esté ahí. Con eso basta. Sucede lo mismo cuando alguien se emociona con una película, sobre todo con las románticas que hacen llorar a todos los espectadores al final. El que la ve no se pone del todo en el lugar del protagonista. El que la ve simplemente asemeja lo que sucede en la película con su propia realidad, con su propia identidad. "Y si fuera yo ese que está en la pantalla, y la que tiene esa historia de amor no fuera esa actriz, sino ella, esa persona que desapareció de mi lado". Eso es lo que vemos. Y claro, encima nos ponen música de contrabajos y otros instrumentos de cuerda, muy bien sincronizados con los cambios de plano sobre la pantalla y échate a llorar. Con eso ya tienes para emocionarte una semana.
Pero bueno, que ya empiezo a enrollarme. Que no he venido hoy para hablar de lo bien que funcionan los efectos del cine. Estoy hablando de música.
La entonación de la canción y la forma en que pronuncia Tracy las palabras son algo como cercano. Sobre todo porque está en segunda persona y eso influye en el receptor, de forma que parece que nos está hablando a nosotros de forma comprensiva. Por eso refleja los sentimientos de tantas personas, sentimientos tan comunes. Porque la infelicidad constante en la que se supone que estamos inmersos se basa en eso, en querer escapar, en coger un coche o un avión y salir corriendo. Y encima con esas palabras, "salir de aquí, cualquier lugar es mejor, un billete a algún lugar" e indeterminaciones dadas por "maybe" repetidas veces. Según la canción, qué podemos esperar de la vida si no es incertidumbre. Dudas de cómo resolver el presente tomando una decisión drástica, y una vez hallada la solución, vuelta a empezar.
Realmente tendría que hacer un análisis mucho más profundo y detallado de las distintas características de la canción, tanto en música como en letra, pero creo que con escucharla y leerla será suficiente para que cada uno vea lo que se inspira a sí mismo, que lo que digo arriba es demostrable.
Y otra vez, si estabas buscando entretenimiento y distracción, pues sí, aquí hay un poquito, pero si escuchas la canción verás que alomejor te vas más deprimido de lo que llegaste... pero qué le voy a hacer yo, que sólo soy un escritor desconsolado que lo único que quiere es contaminar el teclado con sentimientos resentidos debajo de un siglo inestable.
sábado, 2 de octubre de 2010
De una dichosa foto
No es tu lugar de evasión ni nada por el estilo. No sueles ir nunca, ni si quiera una vez al año. Tu lugar de evasión es otro, y te trae ciertos recuerdos, te inspira ciertas sensaciones por las que lo has elegido como lugar de evasión, allí donde vas cuando necesitas pensar, alejarte, distraerte, allí donde el dolor no es tan fuerte si lo acompañas con un café calentito, allí donde los sueños están más cerca si miras hacia el cielo. Ese es tu lugar de evasión. Pero el que has visitado últimamente no es tu lugar de evasión, aunque puede que empiece a serlo a partir de ahora. Has ido por primera vez en mucho tiempo, pero no esperabas lo que te ha sucedido. Para ti el concepto de ese lugar era uno corriente, como cualquier otro. Aunque ya sabías lo que inspiraba ese lugar, las personas que solían ir allí cuando lo conociste, las personas con las que solías ir, aunque ya sabías que en cierto modo ese lugar ya estaba relacionado con tus orígenes, nunca te habrías imaginado lo que iba a sucederte hoy. Una extraña experiencia. Un lugar tan conocido, tan famoso, tan visitado, tan desapercibido, se ha convertido en lo que te faltaba para darte cuenta del giro que ha dado tu vida en los últimos años.
Lo has visitado, has ido y has vuelto. Estás de vuelta y aparentemente no ha sucedido nada extraño, pero la foto... porque claro, siempre hay una foto. Las fotos tienen la culpa de todo. Ya tienes una foto de ese lugar en la actualidad, parecida a la misma foto del mismo lugar hace ya unos cuantos años. Y otras fotos de otros momentos y lugares a lo largo de tu vida. Siempre hay alguna foto, algún lugar, algún momento especial y significativo por razones que sólo tú conoces.
Te ha venido a la cabeza algo parecido a eso de "tras la tempestad, viene la calma". Ahora estás en calma, has llegado a un estado más o menos óptimo, el que llevabas tiempo buscando, esperando, después de un montón de meses, de años viviendo una realidad que no era tuya, que no controlabas, que estabas obligado a vivir.
De repente te has puesto a mirar un montón de fotos de esa realidad, recordando cada momento y descubriendo que todos ellos se encontraban en ella, en esa realidad sobre la que no tenías ningún poder, pero sí responsabilidad. Tras mirar todas esas fotos, ya con cara de incomodidad, has visto de nuevo la que te has hecho hoy, y te ha entrado una sensación demasiado fuerte para haber sido provocada por una simple foto... aunque a veces las fotos son verdaderas bombas de relojería, que cuando explotan delante de tus ojos, te dejan ciego de nostalgia y no te dejan ver otra cosa.
¿Y por qué has explotado con la foto de hoy? Porque hoy, por primera vez en mucho tiempo has sido feliz.
Vale, ahora cambio de segunda persona a primera. Que no me avergüenza reconocer que me he emocionado con una foto que aparentemente tiene menos historia que una onda. Puede que sea algo efímero, algo que puede pasar desapercibido para otras personas, algo superficial y fugaz, pero para mí tiene más sentido que algunas fotos de hace diez años. En esa foto de hace unas horas miro mi cara y mis ojos, y en ellos veo el primer resquicio de felicidad mostrado en años, la primera muestra de felicidad inocente en muchísimo tiempo. He regresado a un lugar simbólico que marca la diferencia entre todo lo que ha pasado hasta ese momento y lo que debería haber sucedido realmente, aunque esa realidad haya llegado tarde hasta mí.
Por eso a veces me pregunto si los males son necesarios, si el sufrimiento es necesario para llegar a estos estados de emotividad que hasta una foto sin casi resolución puede causar. Me pregunto si de verdad merece la pena acumular tantos pensamientos negativos, tantas desdichas seguidas, acumular tanta tensión no liberada para después liberarla por cualquier cosa, con cualquier motivo, si merece la pena ser tan fuerte en los momentos malos para, ahora que han llegado los buenos, derrumbarme sobre mi mismo y echar a llorar por cualquier tontería que me recuerde cómo he llegado hasta aquí.
Ahora que soy feliz, o al menos eso parece por el momento, no sé por qué, me he vuelto más sensible. Puede que esto se acabe pronto, pero no me importa. Lo que me importa es que ha sucedido. A veces sonrío, me emociono, pero no por haber conseguido nada, sino por haber descubierto que esto existía. Pensaba que no era posible y sin embargo aquí estoy.
He pasado meses y años de mi vida viajando por el tiempo y por el espacio, de un lugar a otro, recibiendo golpes por todos lados, preso de no atreverme a tomar una decisión responsable, preso de la cobardía, preso de la infelicidad y del inconformismo, dando vueltas por lugares remotos, y ahora, ahora vengo por aquí, por un sitio que está bien cerca de casa y me pasa esto. Un lugar simbólico que me ha recordado mis orígenes en lo que antes o después se iba a repetir. He vuelto a verme con dos ó tres años, cuando nada de esto anterior había pasado, cuando esta mierda todavía no caía sobre mi espalda, cuando aprendí a ser feliz. He regresado al pasado y he dado un enorme salto hasta el presente sin pasar por lo que había en medio. Es como haberme librado de lo que aún pesa dentro de mi memoria, como haber superado aquello que pensaba que era único, habiendo descubierto que aquella sensación de inocente niñez se podía recuperar. La he recuperado.
He recuperado la autenticidad regresando a ese lugar que siempre ha estado ahí, pero para el cual no siempre he estado yo, porque ha estado esperando a que mi vida diera todos estos giros, esperando a que yo fuera feliz, para venir y hacerme ver que soy como desde mi origen quise ser, porque ahora que tengo poder de decisión, me he librado de lo que me encadenaba y he trazado un estrecho y amistoso lazo que une mi presente con mi pasado más lejano, con aquel que sólo podía añorar durante el tiempo intermedio, mientras era infeliz, pero ahora que vuelvo a vivir como tenía que haberlo hecho, lo único que quiero es escribir una vida de verdad, deshacerme de lo que no vale y seguir adelante con el equipaje que he tenido desde el principio, el que siempre estuvo hecho para mí. Lo que ha habido entre medias ya no es nada.
Lo único lamentable es que en mi memoria siempre quedarán recuerdos desafortunados de lo que sucedió a ciertas alturas de algunos años, durante ciertos períodos de algunos años, durante ese período que me separa de mi origen.
Ahora que he regresado a mi origen se supone que debería estar pletórico, pero en lugar de eso, no hago más que mojar pañuelos y encerrarme para que no vean cómo estoy. Y cuando vuelvo a leer esto me vuelve a suceder lo mismo, no cambia.
En cierto modo creo que esto sucede porque aún me falta algo, me faltas tú. Siempre me faltaste. Incluso fuiste tú quien protagonizó esos tiempos intermedios de infelicidad, quien se personificó como causa de todos esos calvarios situacionales en los que siempre me hallé inmerso, y sería de tontos intentar ahora cambiar lo que no perteneció al pasado e intentar que sea como desde un principio debió ser. Puede que me comporte como un loco al intentarlo, pero si hay un deseo que tengo desde antes de que todo esto pasara, ese deseo eres tú, ese deseo es completar mi vida vacía con lo único que me ha faltado siempre, contigo. Escribir con fotos lo que no hemos vivido juntos, escribir en el recuerdo lo que nunca ha sucedido, quiero intentarlo antes de que sea demasiado tarde para recuperar una bala perdida.
Aquí abajo adjuntaré la foto para que todo el mundo vea lo anodina que parece aparentemente, y espero tener algún día el valor suficiente para decirte que eres tú esa persona, para explicarte lo que no supiste ver, para ir en tu busca y quedarme a tu lado y que no puedas volver a escapar nunca más.

Lo has visitado, has ido y has vuelto. Estás de vuelta y aparentemente no ha sucedido nada extraño, pero la foto... porque claro, siempre hay una foto. Las fotos tienen la culpa de todo. Ya tienes una foto de ese lugar en la actualidad, parecida a la misma foto del mismo lugar hace ya unos cuantos años. Y otras fotos de otros momentos y lugares a lo largo de tu vida. Siempre hay alguna foto, algún lugar, algún momento especial y significativo por razones que sólo tú conoces.
Te ha venido a la cabeza algo parecido a eso de "tras la tempestad, viene la calma". Ahora estás en calma, has llegado a un estado más o menos óptimo, el que llevabas tiempo buscando, esperando, después de un montón de meses, de años viviendo una realidad que no era tuya, que no controlabas, que estabas obligado a vivir.
De repente te has puesto a mirar un montón de fotos de esa realidad, recordando cada momento y descubriendo que todos ellos se encontraban en ella, en esa realidad sobre la que no tenías ningún poder, pero sí responsabilidad. Tras mirar todas esas fotos, ya con cara de incomodidad, has visto de nuevo la que te has hecho hoy, y te ha entrado una sensación demasiado fuerte para haber sido provocada por una simple foto... aunque a veces las fotos son verdaderas bombas de relojería, que cuando explotan delante de tus ojos, te dejan ciego de nostalgia y no te dejan ver otra cosa.
¿Y por qué has explotado con la foto de hoy? Porque hoy, por primera vez en mucho tiempo has sido feliz.
Vale, ahora cambio de segunda persona a primera. Que no me avergüenza reconocer que me he emocionado con una foto que aparentemente tiene menos historia que una onda. Puede que sea algo efímero, algo que puede pasar desapercibido para otras personas, algo superficial y fugaz, pero para mí tiene más sentido que algunas fotos de hace diez años. En esa foto de hace unas horas miro mi cara y mis ojos, y en ellos veo el primer resquicio de felicidad mostrado en años, la primera muestra de felicidad inocente en muchísimo tiempo. He regresado a un lugar simbólico que marca la diferencia entre todo lo que ha pasado hasta ese momento y lo que debería haber sucedido realmente, aunque esa realidad haya llegado tarde hasta mí.
Por eso a veces me pregunto si los males son necesarios, si el sufrimiento es necesario para llegar a estos estados de emotividad que hasta una foto sin casi resolución puede causar. Me pregunto si de verdad merece la pena acumular tantos pensamientos negativos, tantas desdichas seguidas, acumular tanta tensión no liberada para después liberarla por cualquier cosa, con cualquier motivo, si merece la pena ser tan fuerte en los momentos malos para, ahora que han llegado los buenos, derrumbarme sobre mi mismo y echar a llorar por cualquier tontería que me recuerde cómo he llegado hasta aquí.
Ahora que soy feliz, o al menos eso parece por el momento, no sé por qué, me he vuelto más sensible. Puede que esto se acabe pronto, pero no me importa. Lo que me importa es que ha sucedido. A veces sonrío, me emociono, pero no por haber conseguido nada, sino por haber descubierto que esto existía. Pensaba que no era posible y sin embargo aquí estoy.
He pasado meses y años de mi vida viajando por el tiempo y por el espacio, de un lugar a otro, recibiendo golpes por todos lados, preso de no atreverme a tomar una decisión responsable, preso de la cobardía, preso de la infelicidad y del inconformismo, dando vueltas por lugares remotos, y ahora, ahora vengo por aquí, por un sitio que está bien cerca de casa y me pasa esto. Un lugar simbólico que me ha recordado mis orígenes en lo que antes o después se iba a repetir. He vuelto a verme con dos ó tres años, cuando nada de esto anterior había pasado, cuando esta mierda todavía no caía sobre mi espalda, cuando aprendí a ser feliz. He regresado al pasado y he dado un enorme salto hasta el presente sin pasar por lo que había en medio. Es como haberme librado de lo que aún pesa dentro de mi memoria, como haber superado aquello que pensaba que era único, habiendo descubierto que aquella sensación de inocente niñez se podía recuperar. La he recuperado.
He recuperado la autenticidad regresando a ese lugar que siempre ha estado ahí, pero para el cual no siempre he estado yo, porque ha estado esperando a que mi vida diera todos estos giros, esperando a que yo fuera feliz, para venir y hacerme ver que soy como desde mi origen quise ser, porque ahora que tengo poder de decisión, me he librado de lo que me encadenaba y he trazado un estrecho y amistoso lazo que une mi presente con mi pasado más lejano, con aquel que sólo podía añorar durante el tiempo intermedio, mientras era infeliz, pero ahora que vuelvo a vivir como tenía que haberlo hecho, lo único que quiero es escribir una vida de verdad, deshacerme de lo que no vale y seguir adelante con el equipaje que he tenido desde el principio, el que siempre estuvo hecho para mí. Lo que ha habido entre medias ya no es nada.
Lo único lamentable es que en mi memoria siempre quedarán recuerdos desafortunados de lo que sucedió a ciertas alturas de algunos años, durante ciertos períodos de algunos años, durante ese período que me separa de mi origen.
Ahora que he regresado a mi origen se supone que debería estar pletórico, pero en lugar de eso, no hago más que mojar pañuelos y encerrarme para que no vean cómo estoy. Y cuando vuelvo a leer esto me vuelve a suceder lo mismo, no cambia.
En cierto modo creo que esto sucede porque aún me falta algo, me faltas tú. Siempre me faltaste. Incluso fuiste tú quien protagonizó esos tiempos intermedios de infelicidad, quien se personificó como causa de todos esos calvarios situacionales en los que siempre me hallé inmerso, y sería de tontos intentar ahora cambiar lo que no perteneció al pasado e intentar que sea como desde un principio debió ser. Puede que me comporte como un loco al intentarlo, pero si hay un deseo que tengo desde antes de que todo esto pasara, ese deseo eres tú, ese deseo es completar mi vida vacía con lo único que me ha faltado siempre, contigo. Escribir con fotos lo que no hemos vivido juntos, escribir en el recuerdo lo que nunca ha sucedido, quiero intentarlo antes de que sea demasiado tarde para recuperar una bala perdida.
Aquí abajo adjuntaré la foto para que todo el mundo vea lo anodina que parece aparentemente, y espero tener algún día el valor suficiente para decirte que eres tú esa persona, para explicarte lo que no supiste ver, para ir en tu busca y quedarme a tu lado y que no puedas volver a escapar nunca más.
De esta foto, lo importante es, y siempre lo será, el lugar donde fue tomada.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Y sobre las entradas, esta entrada.
No hay nada que me de más rabia que dejarme el archivador en clase con todos los apuntes y no poder hacer los deberes ni estudiar ni terminar un trabajo que precisamente hay que entregar mañana y que precisamente estaba por completar dentro de ese archivador. Y lo peor de todo es el sentimiento de laguna mental que tengo al no poder recordar qué fue lo último que hice con él... esperemos que esté en su sitio.
Pero hoy no voy a escribir sobre mis desgracias puntuales, ya que cada uno tiene las suyas y son algo muy molesto, como para insistir en ello en un blog. Por eso he decidido que siempre que pueda, y a menos que no pueda evitarlo porque el caso lo exige, intentaré escribir sobre cosas agradables, sobre cosas curiosas o de cualquier clase, pero siempre algo que no sea desagradable de leer. Cierto es que yo me siento a escribir aquí las cosas que me inquietan y mi punto de vista, pero también es verdad que cuando me pongo a leer blogs no voy buscando que la gente escriba sus problemas, diciendo lo mal que está el mundo y lo infeliz que ha de ser uno.. bueno, un poquito sí, me gusta leer cosas pesimistas, pero llega un punto en el que la gente también busca algo de distracción, algo con lo que olvidar los problemas y cambiar de estado de ánimo, al menos de humor.
También pasa cuando vemos una película. A veces nos gustan de acción, o de esas de llorar al final, o algo dramático o que nos enseñe algo, ciencia ficción, intriga, películas en las que haya que comerse la cabeza, pero también existe un género útil para la distracción y el olvido de los problemas: la comedia. No es el único género que consigue esto, pero sí el que mejor lo hace. Posiblemente no aprendas nada cuando termine la película, pero te ha hecho reír y eso es lo importante. Cuando terminas de verla no tienes el mismo estado mental que cuando empezaste, y con un poco de suerte, habrás memorizado unos cuantos chascarrillos graciosos con los que reírte con tus amigos durante un par de semanas.
Se suponía que tampoco iba a hablar de géneros cinematográficos, aunque ya se me ha olvidado por completo lo que tenía pensado. Algún día me acordaré. Ya sé que es un poco incómodo leer tantas parrafadas que no dicen nada, tanto rollo sin un objetivo fijado desde el principio, ya lo sé, lo siento. Por lo menos estarás disfrutando un poco de mi banda sonora de Coldplay y Amaral, o eso espero.
Creo que iba a hablar del Bachillerato y de cómo veo el curso que se presenta junto con este otoño lleno de optimismo y un año que se ha llenado de resultados... de lo que seguro no iba a hablar es del acontecimiento que está saturando esta semana los telediarios: la huelga general del 29 de septiembre. ¿Por qué? Porque he decidido no expresar si estoy a favor o en contra, no sólo de la huelga, sino de lo que conlleva precisamente el hecho de estar a favor o en contra. La ideología que se esconde detrás de los sindicalistas que la promueven, la que se esconde detrás de los opositores, los sistemas empleados por cada parte para conseguir sus objetivos, los medios utilizados, los fines fijados... he decidido que nunca más (espero ser capaz de cumplirlo) hablaré de política ni de nada relacionado, a no ser que me pregunten, porque he descubierto que hay personas que no saben distinguir qué parte de uno es importante en cuanto a la política, y separarla de la propia persona como amigo o cualquier otro tipo de relación que se tenga con ella. No es por miedo a ser juzgado, sino por miedo a que mi vida personal o profesional se vea afectada a consecuencia de que alguien no sepa respetar o ignorar mis ideas (o las de cualquiera) a la hora de juzgarme con otros deberes (amistad, trabajo, etc.); algún día, no muy lejano, intentaré escribir sobre esto de forma imparcial, sin defender ni atacar a nadie, para expresar mi opinión sobre la inestabilidad política, ideológica y cultural que se viene viviendo en España desde hace ya algún tiempo, de sus causas, de sus consecuencias, de sus posibles soluciones y de cómo pueden existir diversas concepciones de esta realidad precisamente en función del modo de pensar que tenga cada persona que se pare a pensar en esto.
Y además de esa razón para no mostrar mi postura, existen otras, como, por ejemplo, que no tengo por qué tener adoptada una sola postura, ni tengo por qué estar siempre de acuerdo con un lado y en contra del otro, porque, como dije hace tiempo en una de mis entradas, "apuntarse a una ideología es lo peor que se puede hacer", en cualquier caso; y como último motivo, que la política lo contamina todo. Siempre te acabas implicando, aunque no quieras, igual que cuando ves un programa de prensa rosa, tipo Salsa Rosa, Sálvame, etc; ese tipo de programas que sólo sirven para generar audiencia gracias a la implicación de los espectadores en una serie de discusiones que, paradójicamente, ya están escritas en un guión, preparadas y estudiadas. Volviendo a esto de la política, eso es lo que digo, que no voy a mostrar preferencia (o al menos lo intentaré) como objetivo de mis entradas; intentaré expresar mis ideas, de lo que pueda estar bien o mal, como si fuera yo el inventor y el descubridor de lo que defiendo, sin que nadie me haya tenido que convencer con un color o con otro. El que quiera ver colores es porque los lleva en los ojos, pero intentaré escribir en blanco y negro, en gris, ya digo que de forma imparcial de cara al exterior, no sé si me explico bien. Demasiada retórica y ya estoy llegando al límite de lo que considero una entrada cómoda de leer, ya que esta entrada no es del todo significativa en lo que respecta al lector, a ti, sino que tiene que ver sólo conmigo y con el blog, ya que acabo de intentar explicar la forma en que pretendo que sean mis entradas a partir de ahora, aunque tampoco puedo garantizar nada, porque no conozco el futuro y alomejor me arrepiento de lo que estoy escribiendo.
De ahí, ahora, redundar precisamente que soy consciente completamente de todo cuando escribo; de si estoy expresándome en algo personal, en algo que puede implicar al lector, o no, en algo que defiende una ideología que el lector podría no compartir, en algo interesante, algo aburrido, como en este caso, pero que no puedo dejar sin publicar, la forma en que lo escribo, si es muy monótono, si soy muy pedante con las retóricas y las figuras literarias, aunque no las suelo utilizar, si me estoy perdiendo en un mar de ideas desordenadas que acabaré sin comprender, lo que pensará el lector cuando termine de leer, si terminará de leer o no, por qué... es decir, lo tengo en cuenta todo, hasta los puntos y las comas y cómo cambian el sentido de lo que digo sin ponerlo de otra determinada manera.
Aquí concluye esta entrada explicativa para ti, lector, que buscabas algo de distracción y has encontrado ésto, que parece más burocrático que literario, pero cuyo fin es mejorar la escritura y la lectura de mi blog, aunque te pido disculpas porque también soy consciente de que el texto que se apoya sobre esta línea es demasiado aburrido debido a la clase de información que contiene, aunque si le sigues el hilo, puede que hasta encuentres algo interesante.
Al menos (y siendo otra vez egoísta) he recuperado algo de mecanografía.
De todas formas, y dando por satisfecha mi necesidad espontánea e indefinida de estructurar la forma en que mis dedos se moverán sobre las teclas, me atrevo a predecir que las próximas entradas del blog tratarán de cosas más cómodas de leer, más interesantes, aunque más personales y por tanto menos generalizadas, pero más banales y apetecibles a la memoria y a la agudeza visual de cuando se lee algo con ganas.
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Pero hoy no voy a escribir sobre mis desgracias puntuales, ya que cada uno tiene las suyas y son algo muy molesto, como para insistir en ello en un blog. Por eso he decidido que siempre que pueda, y a menos que no pueda evitarlo porque el caso lo exige, intentaré escribir sobre cosas agradables, sobre cosas curiosas o de cualquier clase, pero siempre algo que no sea desagradable de leer. Cierto es que yo me siento a escribir aquí las cosas que me inquietan y mi punto de vista, pero también es verdad que cuando me pongo a leer blogs no voy buscando que la gente escriba sus problemas, diciendo lo mal que está el mundo y lo infeliz que ha de ser uno.. bueno, un poquito sí, me gusta leer cosas pesimistas, pero llega un punto en el que la gente también busca algo de distracción, algo con lo que olvidar los problemas y cambiar de estado de ánimo, al menos de humor.
También pasa cuando vemos una película. A veces nos gustan de acción, o de esas de llorar al final, o algo dramático o que nos enseñe algo, ciencia ficción, intriga, películas en las que haya que comerse la cabeza, pero también existe un género útil para la distracción y el olvido de los problemas: la comedia. No es el único género que consigue esto, pero sí el que mejor lo hace. Posiblemente no aprendas nada cuando termine la película, pero te ha hecho reír y eso es lo importante. Cuando terminas de verla no tienes el mismo estado mental que cuando empezaste, y con un poco de suerte, habrás memorizado unos cuantos chascarrillos graciosos con los que reírte con tus amigos durante un par de semanas.
Se suponía que tampoco iba a hablar de géneros cinematográficos, aunque ya se me ha olvidado por completo lo que tenía pensado. Algún día me acordaré. Ya sé que es un poco incómodo leer tantas parrafadas que no dicen nada, tanto rollo sin un objetivo fijado desde el principio, ya lo sé, lo siento. Por lo menos estarás disfrutando un poco de mi banda sonora de Coldplay y Amaral, o eso espero.
Creo que iba a hablar del Bachillerato y de cómo veo el curso que se presenta junto con este otoño lleno de optimismo y un año que se ha llenado de resultados... de lo que seguro no iba a hablar es del acontecimiento que está saturando esta semana los telediarios: la huelga general del 29 de septiembre. ¿Por qué? Porque he decidido no expresar si estoy a favor o en contra, no sólo de la huelga, sino de lo que conlleva precisamente el hecho de estar a favor o en contra. La ideología que se esconde detrás de los sindicalistas que la promueven, la que se esconde detrás de los opositores, los sistemas empleados por cada parte para conseguir sus objetivos, los medios utilizados, los fines fijados... he decidido que nunca más (espero ser capaz de cumplirlo) hablaré de política ni de nada relacionado, a no ser que me pregunten, porque he descubierto que hay personas que no saben distinguir qué parte de uno es importante en cuanto a la política, y separarla de la propia persona como amigo o cualquier otro tipo de relación que se tenga con ella. No es por miedo a ser juzgado, sino por miedo a que mi vida personal o profesional se vea afectada a consecuencia de que alguien no sepa respetar o ignorar mis ideas (o las de cualquiera) a la hora de juzgarme con otros deberes (amistad, trabajo, etc.); algún día, no muy lejano, intentaré escribir sobre esto de forma imparcial, sin defender ni atacar a nadie, para expresar mi opinión sobre la inestabilidad política, ideológica y cultural que se viene viviendo en España desde hace ya algún tiempo, de sus causas, de sus consecuencias, de sus posibles soluciones y de cómo pueden existir diversas concepciones de esta realidad precisamente en función del modo de pensar que tenga cada persona que se pare a pensar en esto.
Y además de esa razón para no mostrar mi postura, existen otras, como, por ejemplo, que no tengo por qué tener adoptada una sola postura, ni tengo por qué estar siempre de acuerdo con un lado y en contra del otro, porque, como dije hace tiempo en una de mis entradas, "apuntarse a una ideología es lo peor que se puede hacer", en cualquier caso; y como último motivo, que la política lo contamina todo. Siempre te acabas implicando, aunque no quieras, igual que cuando ves un programa de prensa rosa, tipo Salsa Rosa, Sálvame, etc; ese tipo de programas que sólo sirven para generar audiencia gracias a la implicación de los espectadores en una serie de discusiones que, paradójicamente, ya están escritas en un guión, preparadas y estudiadas. Volviendo a esto de la política, eso es lo que digo, que no voy a mostrar preferencia (o al menos lo intentaré) como objetivo de mis entradas; intentaré expresar mis ideas, de lo que pueda estar bien o mal, como si fuera yo el inventor y el descubridor de lo que defiendo, sin que nadie me haya tenido que convencer con un color o con otro. El que quiera ver colores es porque los lleva en los ojos, pero intentaré escribir en blanco y negro, en gris, ya digo que de forma imparcial de cara al exterior, no sé si me explico bien. Demasiada retórica y ya estoy llegando al límite de lo que considero una entrada cómoda de leer, ya que esta entrada no es del todo significativa en lo que respecta al lector, a ti, sino que tiene que ver sólo conmigo y con el blog, ya que acabo de intentar explicar la forma en que pretendo que sean mis entradas a partir de ahora, aunque tampoco puedo garantizar nada, porque no conozco el futuro y alomejor me arrepiento de lo que estoy escribiendo.
De ahí, ahora, redundar precisamente que soy consciente completamente de todo cuando escribo; de si estoy expresándome en algo personal, en algo que puede implicar al lector, o no, en algo que defiende una ideología que el lector podría no compartir, en algo interesante, algo aburrido, como en este caso, pero que no puedo dejar sin publicar, la forma en que lo escribo, si es muy monótono, si soy muy pedante con las retóricas y las figuras literarias, aunque no las suelo utilizar, si me estoy perdiendo en un mar de ideas desordenadas que acabaré sin comprender, lo que pensará el lector cuando termine de leer, si terminará de leer o no, por qué... es decir, lo tengo en cuenta todo, hasta los puntos y las comas y cómo cambian el sentido de lo que digo sin ponerlo de otra determinada manera.
Aquí concluye esta entrada explicativa para ti, lector, que buscabas algo de distracción y has encontrado ésto, que parece más burocrático que literario, pero cuyo fin es mejorar la escritura y la lectura de mi blog, aunque te pido disculpas porque también soy consciente de que el texto que se apoya sobre esta línea es demasiado aburrido debido a la clase de información que contiene, aunque si le sigues el hilo, puede que hasta encuentres algo interesante.
Al menos (y siendo otra vez egoísta) he recuperado algo de mecanografía.
De todas formas, y dando por satisfecha mi necesidad espontánea e indefinida de estructurar la forma en que mis dedos se moverán sobre las teclas, me atrevo a predecir que las próximas entradas del blog tratarán de cosas más cómodas de leer, más interesantes, aunque más personales y por tanto menos generalizadas, pero más banales y apetecibles a la memoria y a la agudeza visual de cuando se lee algo con ganas.
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sábado, 25 de septiembre de 2010
...y ahora decides hablarme.
Hoy toca un texto epistolar, una carta. (Otra más). Muchas de mis entradas son de este tipo, en segunda persona, dirigidas a mí mismo o a alguien que no nombro explícitamente, pero que existe en la realidad y forma parte de mi vida y de mi pensamiento. Hoy te toca a ti.
Hace tiempo te dije que me gustabas, aunque esa no es la opción que suelo elegir para entablar amistad con una chica... pero te lo dije. Simplemente que me gustabas, no quería nada contigo, ni que fuéramos amigos, pero quería que lo supieras, porque creo que en la sociedad del día a día hay miles de personas que se gustan, que se conocen desde hace años... y no saben que se gustan ni lo llegan a saber. Quería que tú supieras eso cuando me vieras, que supieras por qué me quedaba mirándote hasta que desaparecías en la distancia. No sé todavía si eso fue demasiado egoísta por mi parte al no tener en cuenta cómo ibas a sentirte teniendo esa información, o es que fuiste tú la egoísta al dejar de dirigirme la palabra... pero lo hiciste, qué más da.
Asumí que durante meses nos cruzáramos por los pasillos sin decirnos una sola palabra. Nos mirábamos, tú también me mirabas. Lo más lógico sería pensar que me veías como una especie de depravado o algo te había molestado y por eso me mirabas, pero esto no tiene mucho sentido. Claro que si pienso que me devolvías la mirada porque yo también empecé a gustarte, parecería que soy de esa clase de ilusos que cuando se cuelgan por alguien, cambian completamente su percepción de la realidad para complacer sus necesidades psicológicas, así que no, no pensaré eso. Formábamos parte del mismo grupo de amigos cuando mi mejor amigo y tu mejor amiga se juntaban para hablar, y nosotros de acompañantes, pero sin participar en la conversación, simplemente al lado de nuestros amigos, uno en frente del otro, mirándonos, pero sin decir nada. No olvidaré nunca esos silencios misteriosos que nos guardábamos, ni sabré nunca lo que significaban realmente.
De una manera o de otra, me había acostumbrado a olvidar la idea de que pudieras conocerme como un amigo, me acostumbré a no pretender nada contigo, a no hablarte, a ignorarte y a dejarte en paz, en plan prudente... y de repente vas un día y empiezas a dirigirme la palabra. Haces observaciones sobre mis camisetas, me preguntas qué tal, me saludas cuando nos cruzamos a la salida de clase y preguntas por mí de vez en cuando... y ahora qué se supone que ha pasado?
¿Estabas enfadada u ofuscada y se te ha pasado? ¿Has descubierto que te gusto de alguna manera? ¿He empezado a darte pena y ahora que nos vemos más a menudo has decidido tenerme contento y tener contacto conmigo? Pues ahora me has hecho daño.
Ya sé que lo más probable es que esté todo dentro de mi cabeza, como siempre, como la mayoría de las veces (ojo, no todas), como cada vez que me gusta alguien... pero precisamente por eso, porque está todo dentro de mi cabeza, ahora mi parte ilusoria ha diseñado algunos sueños en los que, en una de esas tensas palabras de "hola que tal", entre uno de esos suspiros que me salen a veces, en uno de esos instantes en los que nos miramos y apartamos la mirada al mismo tiempo, en uno de esos instantes, y sin previo aviso, uno de los dos besa al otro, o abraza al otro, da igual. No tiene por qué haber un beso. Simplemente imagino un gesto que exprese una cercanía hasta ahora no habida entre los dos, una complicidad, un gesto de perdón (o de disculpa, aunque entre nosotros nunca ha habido oficialmente ningún tipo de ofensa), algo que por tu parte me diga que estás conmigo (conceptualmente, como mínimo) o, por mi parte, te diga lo que ya te dije al principio. Por eso mi ilusión tiende a hacer que seas tú la que tome la iniciativa y me arrebate ese beso o ese abrazo en un instante en el que no me de tiempo a reaccionar... y que posteriormente cause, como es lógico, más interrogantes en mi cabeza, aunque supongo que la tuya también tendrá cosas a las que dar algunas vueltas.
Simplemente eso es lo que escribo hoy, que no sé por qué has empezado a hablarme, pero que eso no sólo ha tenido consecuencias positivas. Mientras no suceda o deje de suceder nada, la incertidumbre convertirá el instante primero en que me hablaste en la cumbre de una pendiente en descenso que me hará preguntarme cada día con más desesperación el por qué de esta situación, en parte real, en parte imaginada por mí, y supongo que también por ti en otra cierta parte.
Y lo mejor sería hablarlo contigo y solicitarte en un momento dado para resolver esas dudas, pero si eso fuera tan fácil, no habría desarrollado tantas disquisiciones situacionales en todo lo que acabo de escribir. Si te pidiera hablar de todo eso, podrían suceder también una serie de consecuencias variables cuyo riesgo aún no me he visto capaz de asumir, así que, mientras tanto, seguiré el curso de la realidad y corresponderé a saludarte como si fueras una compañera más y a sonreír cada vez que me mires, igual que antes, intentando eliminar cada día un poco más de ese misterio que recubre la tensión que hay entre nosotros, siempre inversamente proporcional a la distancia a la que nos encontremos y directamente proporcional al tiempo que seamos capaces de sostenernos una mirada.
martes, 21 de septiembre de 2010
Wake me up when September ends
Ya lo decía Billy J: Despiértame cuando termine septiembre.
Septiembre es, probablemente, el mes más triste del año, desde el principio hasta el final. Es el mes en el que oficialmente acaban las vacaciones. Los niños regresan al colegio, los adolescentes al instituto, los adultos al trabajo... o al menos a la rutina. Los anuncios de la televisión ya te avisan de que viene el frío. Las tiendas de ropa ya han renovado su colección y todo es de manga larga, todo son tejidos calientes, todo son colores fríos. Los de Actimel te recuerdan que cogerás un resfriado si no tomas su yogur, los de El Corte Inglés te recuerdan que la lluvia mojará las calles para que compres sus botas de cuero y sus guantes de piel, Los de Frenadol te dicen que te quedes en casa porque fuera está lloviendo, Los de Carrefour te anuncian su material escolar, los de Oxford te anuncian esos cuadernos en los que escribirás lo que tanto te agobia cuando llegan los exámenes finales... y por las noches vuelven las series juveniles como FoQ y los reportajes futbolísticos a todas horas.
La disciplina y las responsabilidades vuelven a invadir tu horario, el juicio de las demás personas empieza a influir más que de costumbre en tu comportamiento, ya no puedes echarte una siesta cuando te apetezca ni quedarte despierto hasta las seis de la mañana, porque si lo haces te quedarás dormido en clase y vuelta a empezar. Alomejor se altera hasta tu horiario intestinal, quién sabe. Alomejor tienes que empezar a cagar por la tarde porque por la mañana estás ocupado. Es una chorrada, pero si no la tienes en cuenta, las puedes pasar putas.
...pero la gente sigue buscando el placer instantáneo y no sabes cómo, pero consiguen sacar energías para organizar las quedadas del viernes y del sábado, cuando a ti lo único que te apetece es echarte en la cama y olvidarte de todo, tocar la guitarra, ver una película... hasta que llega el domingo por la tarde, te pones a ver la tele o a hacer algo que se supone que debería divertirte, pero es domingo por la tarde y todo se vuelve gris, semana tras semana. Hagas lo que hagas, tendrás la sensación de que estás perdiendo el poco tiempo que te queda de fin de semana. Y ya si llueve o está nublado, apaga y vámonos.
El lunes por la mañana, en teoría es más traumático que el resto de los días, porque tienes que empezar de nuevo a levantarte a saber a qué hora macabra. El despertador te arrebata el plácido sueño que tenías y un cruel ataque de rutina te levanta de la cama de un salto para ir a un lugar en el que se supone que tienes que estar dando tu máximo rendimiento incluso antes de que haya salido el sol. Es algo antinatural. Empezar a trabajar antes que la propia naturaleza... y cuando llega el mediodía resulta que llevas casi una jornada laboral cumplida y sólo tienes ganas de irte a dormir como si fuera de noche, pero aún queda una traumática tarde de horas interminables en la que no puedes dormir porque tienes que seguir trabajando, estudiar, realizar trabajos... como si no hubieras rendido el suficiente número de horas.
Se te empiezan a hacer nudos en el estómago. Te miras al espejo sin ganas. Haces las cosas por hacer, porque hay que hacerlas, pero las haces sin ganas. Puede que haya días que te levantes con ánimo, con la motivación suficiente para convertir la rutina en algo lúdico y apetecible... pero esos días son pocos y se suelen olvidar fácilmente. Aunque claro, se supone que hay que levantar el país y todos esos rollos... pero yo me estoy planteando seriamente hacerme budista e irme al monte a vivir en paz con el silencio.
Pero bueno, siempre hay que pensar que estas cosas, que no nos gustan y nos mortifican tanto, son las que realmente nos enseñan algo valioso para nuestra vida, porque con ellas aprendemos cosas que no aprenderíamos si estuviéramos todo el tiempo disfrutando de lo que nos gusta.
Yo sólo lo digo, me quejo aquí en silencio, escribo mi sacrificio por la rutina, cada persona tiene el suyo... y sinceramente no creo que se trate sólo de síndrome post-vacacional. Tiene que haber algo más, porque las estadísticas coinciden en que es septiembre, junto con octubre, el mes en el que hay más suicidios y más bajas laborales por depresión... y eso no puede ser solo por el dichoso síndrome...
y encima todo esto se junta con el amor... con los flechazos por personas recién conocidas.. los típicos en personas que aún siguen casadas con la soledad...
Septiembre es, probablemente, el mes más triste del año, desde el principio hasta el final. Es el mes en el que oficialmente acaban las vacaciones. Los niños regresan al colegio, los adolescentes al instituto, los adultos al trabajo... o al menos a la rutina. Los anuncios de la televisión ya te avisan de que viene el frío. Las tiendas de ropa ya han renovado su colección y todo es de manga larga, todo son tejidos calientes, todo son colores fríos. Los de Actimel te recuerdan que cogerás un resfriado si no tomas su yogur, los de El Corte Inglés te recuerdan que la lluvia mojará las calles para que compres sus botas de cuero y sus guantes de piel, Los de Frenadol te dicen que te quedes en casa porque fuera está lloviendo, Los de Carrefour te anuncian su material escolar, los de Oxford te anuncian esos cuadernos en los que escribirás lo que tanto te agobia cuando llegan los exámenes finales... y por las noches vuelven las series juveniles como FoQ y los reportajes futbolísticos a todas horas.
La disciplina y las responsabilidades vuelven a invadir tu horario, el juicio de las demás personas empieza a influir más que de costumbre en tu comportamiento, ya no puedes echarte una siesta cuando te apetezca ni quedarte despierto hasta las seis de la mañana, porque si lo haces te quedarás dormido en clase y vuelta a empezar. Alomejor se altera hasta tu horiario intestinal, quién sabe. Alomejor tienes que empezar a cagar por la tarde porque por la mañana estás ocupado. Es una chorrada, pero si no la tienes en cuenta, las puedes pasar putas.
...pero la gente sigue buscando el placer instantáneo y no sabes cómo, pero consiguen sacar energías para organizar las quedadas del viernes y del sábado, cuando a ti lo único que te apetece es echarte en la cama y olvidarte de todo, tocar la guitarra, ver una película... hasta que llega el domingo por la tarde, te pones a ver la tele o a hacer algo que se supone que debería divertirte, pero es domingo por la tarde y todo se vuelve gris, semana tras semana. Hagas lo que hagas, tendrás la sensación de que estás perdiendo el poco tiempo que te queda de fin de semana. Y ya si llueve o está nublado, apaga y vámonos.
El lunes por la mañana, en teoría es más traumático que el resto de los días, porque tienes que empezar de nuevo a levantarte a saber a qué hora macabra. El despertador te arrebata el plácido sueño que tenías y un cruel ataque de rutina te levanta de la cama de un salto para ir a un lugar en el que se supone que tienes que estar dando tu máximo rendimiento incluso antes de que haya salido el sol. Es algo antinatural. Empezar a trabajar antes que la propia naturaleza... y cuando llega el mediodía resulta que llevas casi una jornada laboral cumplida y sólo tienes ganas de irte a dormir como si fuera de noche, pero aún queda una traumática tarde de horas interminables en la que no puedes dormir porque tienes que seguir trabajando, estudiar, realizar trabajos... como si no hubieras rendido el suficiente número de horas.
Se te empiezan a hacer nudos en el estómago. Te miras al espejo sin ganas. Haces las cosas por hacer, porque hay que hacerlas, pero las haces sin ganas. Puede que haya días que te levantes con ánimo, con la motivación suficiente para convertir la rutina en algo lúdico y apetecible... pero esos días son pocos y se suelen olvidar fácilmente. Aunque claro, se supone que hay que levantar el país y todos esos rollos... pero yo me estoy planteando seriamente hacerme budista e irme al monte a vivir en paz con el silencio.
Pero bueno, siempre hay que pensar que estas cosas, que no nos gustan y nos mortifican tanto, son las que realmente nos enseñan algo valioso para nuestra vida, porque con ellas aprendemos cosas que no aprenderíamos si estuviéramos todo el tiempo disfrutando de lo que nos gusta.
Yo sólo lo digo, me quejo aquí en silencio, escribo mi sacrificio por la rutina, cada persona tiene el suyo... y sinceramente no creo que se trate sólo de síndrome post-vacacional. Tiene que haber algo más, porque las estadísticas coinciden en que es septiembre, junto con octubre, el mes en el que hay más suicidios y más bajas laborales por depresión... y eso no puede ser solo por el dichoso síndrome...
y encima todo esto se junta con el amor... con los flechazos por personas recién conocidas.. los típicos en personas que aún siguen casadas con la soledad...
sábado, 18 de septiembre de 2010
Again
Hoy decides que conservarás tu nuevo reto de acostarte pronto. Y el de hacer diez flexiones cuando te levantes por la mañana, otras diez al acostarte y diez cada vez que vayas al baño. Hoy decides ponerte a escuchar música de hace tiempo porque no sabes si pensar o no pensar en tu nueva compañera de al lado, que puede que no tenga nada de especial, pero es nueva y eso hace que te fijes en ella cuando nadie más lo hace, y casualmente has descubierto que sí, tiene algo de especial, precisamente porque sigues pensando en ella.
Hoy decides que te ha gustado eso de hacer lo que llamas "una vida más o menos correcta"; cumplir con tus obligaciones, estudiar más de la cuenta para competir en condiciones con los que sacan mejores notas, ir en serio a por tu carrera de ingeniería... porque has descubierto que cuando cumples a tiempo con tus obligaciones, sigues teniendo tiempo (incluso más) para divertirte y para hacer cosas que no sean obligaciones, como satisfacer a tus suscriptores de youtube y hacer cosas que te hayan pedido, como leer todos esos libros que hace tiempo que querías empezar a leer, como hacer algo más de deporte, como aprender recetas nuevas de cocina, como investigar la relación directa o indirecta entre los discursos de tu profesor de filosofía y su pasado, probablemente traumático y decisivo para su actual presente.
Hoy te has parado a pensar realmente en si merece la pena o no pasar tantas horas estudiando y discutiendo sobre ideologías, grupos, movimientos, historia, rumores, cambios, votos, partidos y todo aquello que tenga que ver con la política, porque te ha entrado en la cabeza la idea de que no puedes apuntarte a una ideología sin conocer la contraria, de que no puedes decir que algo sea bueno sin plantearte que lo contrario también puede ser bueno, de que todo es tan extremadamente relativo que ni tú ni nadie tiene el conocimiento suficiente como para ser digno de juzgar realmente cuál es la ideología correcta, ya que ese concepto de "correcta" depende completamente desde el interés con el que se mire; depende de si lo que se busca es el beneficio para la burocracia, para el sistema visto desde arriba, para el pueblo, para el país, para los ricos, para los pobres, para los listos, para los vagos, para los soñadores, para los que se estancan... o para todos. Te das cuenta de que, tenga quien tengan razón, eso nunca se va a saber del todo porque siempre, por muy absoluta que sea una mayoría democrática, siempre habrá otra mayoría (o minoría) con unas ideas opuestas que defender, con unos argumentos propios, igual que los tuyos, con unas ideas propias, tan respetables como las tuyas, y que todo el mundo debería escuchar, igual que las tuyas. Y parece una gilipollez, pero esto te ha relajado bastante en tu lucha interna de si eres o no una buena persona, concepto que venías cuantificando erróneamente en función de estas fruslerías políticas que nunca te llevarán a ningún lado si su defensa implica en algún caso el uso de la violencia o fomenta el odio entre cualquier par o grupo de personas, por grande o pequeño que sea, y has decidido, terminantemente, alejarte de una guerra que no es tuya (ni debería ser de nadie) y empezar a pensar en ti mismo en cooperación con los demás, siempre cooperación, siempre concordia, siempre ayuda mutua, siempre la comprensión por encima del rechazo; ya sea a nivel personal o profesional, a nivel amoroso o a nivel amistoso, o político... da igual. Simplemente has decidido que es conveniente conservar unos principios básicos de respeto y convivencia por encima de cualquier diferencia ideológica, étnica o simplemente de pensamiento; ya que el pensamiento que tienes no te pertenece a ti por completo, sino que ha sido modelado por una serie de factores que te han llevado a pensar de la manera en que piensas, y no de otra, debido a tus experiencias del pasado, a tu aprendizaje sobre esas experiencias y a tu nivel de reacción ante ese aprendizaje, cosa que habría sido distinta simplemente con que hubieran cambiado un par de esos de tus factores, como el lugar de nacimiento, el año, la gente que te ha rodeado, etc... y por eso no puedes asegurar que tu pensamiento sea propiedad exclusivamente tuya.
Volviendo a lo de antes, has vuelto a recuperar tus amores platónicos, la pasión por la lectura, has vuelto a descubrir esa magia de la navidad en las calles de Madrid que no podías ver cuando creías que eras demasiado mayor, has vuelto a recuperar la pasión por la pintura, por la vida, por aprovechar el tiempo, por demostrar las cosas de las que hablas... hasta que alguien te vuelva a desanimar.. aunque ese alguien sueles ser tú mismo.
Hoy decides que te ha gustado eso de hacer lo que llamas "una vida más o menos correcta"; cumplir con tus obligaciones, estudiar más de la cuenta para competir en condiciones con los que sacan mejores notas, ir en serio a por tu carrera de ingeniería... porque has descubierto que cuando cumples a tiempo con tus obligaciones, sigues teniendo tiempo (incluso más) para divertirte y para hacer cosas que no sean obligaciones, como satisfacer a tus suscriptores de youtube y hacer cosas que te hayan pedido, como leer todos esos libros que hace tiempo que querías empezar a leer, como hacer algo más de deporte, como aprender recetas nuevas de cocina, como investigar la relación directa o indirecta entre los discursos de tu profesor de filosofía y su pasado, probablemente traumático y decisivo para su actual presente.
Hoy te has parado a pensar realmente en si merece la pena o no pasar tantas horas estudiando y discutiendo sobre ideologías, grupos, movimientos, historia, rumores, cambios, votos, partidos y todo aquello que tenga que ver con la política, porque te ha entrado en la cabeza la idea de que no puedes apuntarte a una ideología sin conocer la contraria, de que no puedes decir que algo sea bueno sin plantearte que lo contrario también puede ser bueno, de que todo es tan extremadamente relativo que ni tú ni nadie tiene el conocimiento suficiente como para ser digno de juzgar realmente cuál es la ideología correcta, ya que ese concepto de "correcta" depende completamente desde el interés con el que se mire; depende de si lo que se busca es el beneficio para la burocracia, para el sistema visto desde arriba, para el pueblo, para el país, para los ricos, para los pobres, para los listos, para los vagos, para los soñadores, para los que se estancan... o para todos. Te das cuenta de que, tenga quien tengan razón, eso nunca se va a saber del todo porque siempre, por muy absoluta que sea una mayoría democrática, siempre habrá otra mayoría (o minoría) con unas ideas opuestas que defender, con unos argumentos propios, igual que los tuyos, con unas ideas propias, tan respetables como las tuyas, y que todo el mundo debería escuchar, igual que las tuyas. Y parece una gilipollez, pero esto te ha relajado bastante en tu lucha interna de si eres o no una buena persona, concepto que venías cuantificando erróneamente en función de estas fruslerías políticas que nunca te llevarán a ningún lado si su defensa implica en algún caso el uso de la violencia o fomenta el odio entre cualquier par o grupo de personas, por grande o pequeño que sea, y has decidido, terminantemente, alejarte de una guerra que no es tuya (ni debería ser de nadie) y empezar a pensar en ti mismo en cooperación con los demás, siempre cooperación, siempre concordia, siempre ayuda mutua, siempre la comprensión por encima del rechazo; ya sea a nivel personal o profesional, a nivel amoroso o a nivel amistoso, o político... da igual. Simplemente has decidido que es conveniente conservar unos principios básicos de respeto y convivencia por encima de cualquier diferencia ideológica, étnica o simplemente de pensamiento; ya que el pensamiento que tienes no te pertenece a ti por completo, sino que ha sido modelado por una serie de factores que te han llevado a pensar de la manera en que piensas, y no de otra, debido a tus experiencias del pasado, a tu aprendizaje sobre esas experiencias y a tu nivel de reacción ante ese aprendizaje, cosa que habría sido distinta simplemente con que hubieran cambiado un par de esos de tus factores, como el lugar de nacimiento, el año, la gente que te ha rodeado, etc... y por eso no puedes asegurar que tu pensamiento sea propiedad exclusivamente tuya.
Volviendo a lo de antes, has vuelto a recuperar tus amores platónicos, la pasión por la lectura, has vuelto a descubrir esa magia de la navidad en las calles de Madrid que no podías ver cuando creías que eras demasiado mayor, has vuelto a recuperar la pasión por la pintura, por la vida, por aprovechar el tiempo, por demostrar las cosas de las que hablas... hasta que alguien te vuelva a desanimar.. aunque ese alguien sueles ser tú mismo.
domingo, 12 de septiembre de 2010
The Talon Mix de nuevo en mis manos!
Hoy he encontrado un antiguo disco de cuando era pequeño!
...lo empiezas a escuchar y recuerdas perfectamente todas las canciones, los estribillos, los chascarrillos, las melodías, los toques de guitarra de entre medias, la voz de los cantantes, el ritmo de las canciones... y sobre todo, sobre todo sobre todo, te viene a la mente la manera que tenías de ver el mundo por aquel entonces, cuando solías escuchar ese disco. Empiezas a recordar cómo lo adquiriste, dónde lo reproducías, qué edad tenías cuando lo escuchabas y qué era de tu vida; recuerdas perfectamente la situación en la que te encontrabas, las cosas que sentías, las metas que tenías, lo que entonces conocías y las bellas limitaciones que te acompañaban. Es algo sencillamente precioso, es incluso mejor que ver una antigua foto.
Cierras los ojos y vuelves al pasado... y aunque no te gustaría volver, imaginas con nostalgia aquel pasado en el que no conocías como futuro el presente que ahora tienes. Era todo tan distinto, habían pasado tan pocas cosas... eras más inocente, pero escuchabas ese disco, y gracias a eso ahora puedes rescatar de tu memoria algo que sin esa ayuda musical habría sido imposible. La música, los olores, los lugares, las fotos, los vídeos, los diarios y los libros, todo eso, son herramientas maravillosamente útiles para recuperar con asombrosa fidelidad los recuerdos que guardamos pero que no podemos revivir sin ayuda de estas herramientas.
La verdad es que he pasado un muy buen rato, y los seguiré pasando, escuchando este disco que andaba perdido entre cajones y armarios llenos de cosas antiguas... tanto tiempo buscándolo y al fin vuelven a mí los Weezer y Remy Zero! The Talon Mix by Smallville!! Island in the Sun! Nuclear! Wave Goodbye!
Volvemos al 2003!!!
Todos los momentos y épocas de la vida tienen una canción o un álbum...
...y a este especialmente pertenecen una parte concreta de mis recuerdos y vivencias que ahora agarro con tanta fuerza. Esta es mi máquina del tiempo! Entre lágrimas y sonrisas, pero lo es!
sábado, 11 de septiembre de 2010
Otro acorde más
Normalmente soy yo el que corrige tus imprudencias y te da lecciones de vida, pero de forma razonada y justificada, de forma que todos lo acaban asumiendo y reconocen que es verdad; normalmente soy yo el que conserva la tranquilidad absoluta en los momentos de pánico, haciendo que los demás también se lo tomen con calma; normalmente soy yo el que está seguro de sí mismo y no cambia de criterio sin antes estar convencido; soy yo el que normalmente se enorgullece de haber preservado la propiedad de mi personalidad por encima de las necesidades mundanas que desde siempre ha tenido el hombre por sentirse aceptado en sociedad; soy yo el que siempre ha guardado rencor inmerecido a los que disfrutan de placeres que no merecen mas aún tienen gracias a su degradante picardía, y aún así, me siento, de forma falsa, mejor persona al intentar creer que lo tolero sin ninguna envidia; normalmente soy yo el que demuestra a los demás que sólo con constancia se consiguen los grandes objetivos, normalmente...
...pero hoy no es normalmente. Hoy es hoy, y hoy me siento pequeño y desolado en un mundo de intereses individualistas y exceso de crecimiento demográfico.
Hoy mi guitarra ya no suena igual. Mis dedos encallecidos siguen teniendo la misma destreza, pero hoy los trastes se han cansado de mí y el bronce de las cuerdas no tiene el mismo brillo. Las notas también me boicotean y suenan como más tristes, eso sí, impecablemente correctas tonalmente, pero aun así, hay algo que no me termina de convencer. Parece como si los punteos de una misma canción hubiesen variado un par de semitonos para no concordar con mi voz, ni con mi memoria. Una foto a color y en alta definición se ha convertido en una burda imitación mal retocada de una diapositiva sucia y antigua de antes de los sesenta, tomada en 2010, y Luis Ramiro no me mira de la misma forma desde ese póster, ni los Beatles caminan igual en el de al lado, es como si hubieran cambiado de pierna mientras no estaba mirando.
A Brandon Flowers le ha cambiado la voz, a Bono le ha crecido la barba, Juan Aguirre se ha deshecho de sus pedaleras de distorsión y Paul Simon ya no suena tan convincente como cuando cantaba Late in the Evening en el Central Park, allá por 1981, exactamente el 19 de septiembre.
Natalie Portman ya no supera a Julia Roberts en la película Closer, ni tampoco su canción, La hija del trompetista, es tan emocionante como cuando la cantaba Damien Rice.
Los jardines del Palacio de Oriente no reflejan la luz del sol como lo hacían antes; la calle Arenal no tiene el mismo bullicio; en el local árabe de la calle Huertas ya no trabaja aquella camarera tan guapa, la que te hablaba con la mirada; los conciertos siguen sonando mejor en el Palacio de los Deportes que en el Vistalegre, eso sí, pero también suenan peor allí que en Las Ventas y que en la sala Galileo.
Las púas con las que toco han cambiado su flexibilidad y cada vez se me escurren con más frecuencia.
Mandy Moore ya no parece tan inocente en las películas desde que me enamoré de ella y de su indefinida pulcritud...
...definitivamente, necesito coger un avión y aterrizar en el aeropuerto internacional de Oakland, alquilar un coche y llegar a Pleasanton, tomarme un batido en el Maui Wowi observando el parking del centro comercial del Amador Valley Boulevard, buscar desesperadamente a Mercedes y pedirle por favor que me toque alguna de sus canciones a la sombra del Conservatorio de las Flores, en el Golden Gate Park de San Francisco, algo como lo que vi hace ahora unos dos años, una de esas sentidas versiones de Across the Universe sobre la hierba recién cortada de California.
Mientras tanto sólo me queda tirarme desde lo alto de una montaña de ilusión, aletear con alas de esperanza, observar la amplia vista desde lo alto del tiempo y, a medida que se acerca el suelo, intentar planear para cambiar mi destino y averiguar a qué huele realmente el café cuando se toma con labios de felicidad.
Bueno, hoy es hoy y supongo que habrá sido uno de esos días tontos en los que me da por escribir mis desolaciones en un blog. Llegará mañana y quién sabe cómo sonará mi guitarra...
Hoy mi guitarra ya no suena igual. Mis dedos encallecidos siguen teniendo la misma destreza, pero hoy los trastes se han cansado de mí y el bronce de las cuerdas no tiene el mismo brillo. Las notas también me boicotean y suenan como más tristes, eso sí, impecablemente correctas tonalmente, pero aun así, hay algo que no me termina de convencer. Parece como si los punteos de una misma canción hubiesen variado un par de semitonos para no concordar con mi voz, ni con mi memoria. Una foto a color y en alta definición se ha convertido en una burda imitación mal retocada de una diapositiva sucia y antigua de antes de los sesenta, tomada en 2010, y Luis Ramiro no me mira de la misma forma desde ese póster, ni los Beatles caminan igual en el de al lado, es como si hubieran cambiado de pierna mientras no estaba mirando.
A Brandon Flowers le ha cambiado la voz, a Bono le ha crecido la barba, Juan Aguirre se ha deshecho de sus pedaleras de distorsión y Paul Simon ya no suena tan convincente como cuando cantaba Late in the Evening en el Central Park, allá por 1981, exactamente el 19 de septiembre.
Natalie Portman ya no supera a Julia Roberts en la película Closer, ni tampoco su canción, La hija del trompetista, es tan emocionante como cuando la cantaba Damien Rice.
Los jardines del Palacio de Oriente no reflejan la luz del sol como lo hacían antes; la calle Arenal no tiene el mismo bullicio; en el local árabe de la calle Huertas ya no trabaja aquella camarera tan guapa, la que te hablaba con la mirada; los conciertos siguen sonando mejor en el Palacio de los Deportes que en el Vistalegre, eso sí, pero también suenan peor allí que en Las Ventas y que en la sala Galileo.
Las púas con las que toco han cambiado su flexibilidad y cada vez se me escurren con más frecuencia.
Mandy Moore ya no parece tan inocente en las películas desde que me enamoré de ella y de su indefinida pulcritud...
...definitivamente, necesito coger un avión y aterrizar en el aeropuerto internacional de Oakland, alquilar un coche y llegar a Pleasanton, tomarme un batido en el Maui Wowi observando el parking del centro comercial del Amador Valley Boulevard, buscar desesperadamente a Mercedes y pedirle por favor que me toque alguna de sus canciones a la sombra del Conservatorio de las Flores, en el Golden Gate Park de San Francisco, algo como lo que vi hace ahora unos dos años, una de esas sentidas versiones de Across the Universe sobre la hierba recién cortada de California.
Mientras tanto sólo me queda tirarme desde lo alto de una montaña de ilusión, aletear con alas de esperanza, observar la amplia vista desde lo alto del tiempo y, a medida que se acerca el suelo, intentar planear para cambiar mi destino y averiguar a qué huele realmente el café cuando se toma con labios de felicidad.
Bueno, hoy es hoy y supongo que habrá sido uno de esos días tontos en los que me da por escribir mis desolaciones en un blog. Llegará mañana y quién sabe cómo sonará mi guitarra...
jueves, 9 de septiembre de 2010
Cuando descubres de qué va el juego, el juego termina.
Siempre hay un juego. En todo, para todo. En el trabajo, en tu relación con tus amigos y con tu familia, en tu propio pensamiento sobre el futuro y el pasado, un juego que influye en tus decisiones y en tus conclusiones.
A veces es un juego aleatorio, consecuencia de las circunstancias, y otras veces es un juego provocado, creado de manera inteligente para conseguir unos objetivos, y en ese juego es probable que tú seas utilizado como medio para que quien ha creado el juego consiga sus propósitos. Eres utilizado. Y mientras desconozcas la existencia de dicho juego, su creador y su fin, seguirás siendo utilizado, víctima de que la casualidad haya sido sustituida por la causalidad, por los sucesos intencionados. Dejas de ser dueño de tu destino y de tus conclusiones y te conviertes en otro personaje más que el guionista ha utilizado para llevar su película al final deseado.
Y en eso reside tu responsabilidad, en descubrir el juego, en descubrir en qué estás participando involuntariamente y darte cuenta de que están jugando contigo. Entonces es cuando se acaba el juego, porque decidas lo que decidas, ya serás más responsable que cuando no sabías nada. Si decides hacerlo saber y dejar de participar, habrás destruido el juego y habrás dejado de ser una ficha sobre el tablero; si decides no decir nada, también puedes ser tú el que aproveche el juego existente para crear las variables que desees, de forma que utilices un juego creado anteriormente para realizar el tuyo propio, con tus objetivos, tus fichas, tus víctimas y tus herramientas, algo que puedes hacer como castigo o traición contra quien te ha utilizado de forma cruel y poco ética.
Claro que la aclaración siguiente sobre lo que acabo de escribir es muy importante:
El hecho de manipular un juego ya existente para castigar a quien ha estado jugando contigo es algo generalmente justo, y además te sentaría muy bien, porque es una forma de venganza, y ahí está lo negativo.
La venganza es algo muy peligroso y apetitoso para alguien que ha sufrido y ha encontrado un culpable, pero en ese caso sería el vengador el que estaría cometiendo una incorrección ética mayor que el primer infractor, el creador del primer juego, y serías más culpable tú por vengarte que el otro por jugar contigo.
¿Y por qué?
Pues por la sencilla razón de que el otro, cuando ha decidido utilizarte en su juego, te ha utilizado para conseguir otro fin, pero el fin no era joderte a ti, sino utilizarte; es decir, te ha menospreciado, pero no intencionadamente. En cambio tú, cuando lleves a cabo tu venganza, lo harás precisamente con la intención de hacer daño y perjudicar a la otra persona, y eso te implica más culpabilidad que si simplemente menospreciaras su realidad utilizándola para conseguir un fin ajeno.
Por eso la venganza nunca suele ser la opción más ética, si es que te quieres seguir considerando una persona buena y justa de verdad.
viernes, 27 de agosto de 2010
Burning down the highway skyline
Cortarme un dedo mientras pelaba unas verduras no me ha importado hoy, no he sentido el dolor, porque tenía otro dolor más fuerte de por medio. Un dolor acumulado durante varios días, semanas, meses... que poco a poco ha salido a la luz.
Será por eso que últimamente me emociono cuando escucho a Brandon Flowers o a Luis Ramiro con un bajo y una guitarra por detrás, diciéndome lo solo que estoy y lo bonita que era la vida cuando era más joven.
Y quizá sea cierto, que la vida era más fácil de vivir cuando el resto de las cosas no importaban, cuando estábamos tú y yo solos frente al mundo, y tú me bastabas a mí y yo te bastaba a ti para conseguir la felicidad. No importaban los problemas, daba igual lo que pasara, porque estábamos unidos, estábamos juntos, en el espacio y en el tiempo, y con eso era suficiente para sentirnos realizados. Hoy, desgraciadamente, las cosas ya no son así. Tú te fuiste de mi lado y yo, aunque hice todo lo posible por mantenerte a mi alcance, asumí tu pérdida y ahora me culpo por ella, sobre todo porque cuando pienso en ti sé con gran certeza que tú sientes más arrepentimiento que yo, que tienes más ganas que yo de volver al pasado, y que piensas en mí más que yo en ti, y eso es lo que hace que se me salten las lágrimas cuando escucho a los Beatles con el replay puesto.
Me quedé asombrado cuando me di cuenta de que realmente tú ya sabías todo esto y que en realidad las cosas son como tú no evitaste que fueran. Puede que no lo hubieras planeado así en el pasado, pero hasta ahora tampoco has demostrado que te importara mucho lo que ha sucedido entre los dos. Tu egoísmo y tu huida te importaron más que tu responsabilidad, y no te puedo culpar por ello, porque yo hice lo mismo, pero me duele. Sobre todo porque sé que a ti te duele más, porque sabes que eres tú quien tuvo la responsabilidad de elegir entre quedarte o partir. Partiste pues, y yo me quedé.
Estas son las cosas que pasan cuando en una relación entre dos personas, ambas pasan de pensar en la relación a pensar en si mismas. La diferencia está en que rara vez son las dos personas las que cambian de repente su actitud. Normalmente es una la que abandona a la otra; normalmente es la otra la que se deja abandonar.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Back to the start
Te crees muy guay. Haces como que nada te importa lo suficiente como para hacerte llorar. Consideras que nada es lo bastante importante como para desestabilizar tu estado de ánimo. Parecer insensible te hace más fuerte por fuera, todos creen que lo tienes todo controlado, la gente piensa que nadie puede contigo, pareces dominarlo todo, la gente te ayuda a regodearte en tu propio ego, que últimamente abulta más que tú. Los que te aprecian se unen la la habladuría de que eres el mejor; los que te envidian deciden pensar que todo lo has conseguido de forma inmerecida, pero lo único que importa es lo que pienses tú, aunque posiblemente eso varíe en función de lo que los demás te hayan inducido a pensar acerca de ti mismo.
Te pasas media vida intentando averiguar cómo funcionan los demás, cuáles son sus gustos, qué les molesta... pero apenas te has parado a analizarte a ti mismo, a pensar sobre tu vida, que es la única que puedes manejar a tu antojo sin que eso suponga una imprudencia moral. No sabes quién eres, ni por qué estás aquí en vez de estar ahí; empiezas a dudar de si tu situación actual es una consecuencia de las circunstancias o el resultado de tus propias decisiones. A veces tiendes a exculparte de lo que te sale mal, intentas eludir cualquier responsabilidad negativa, huyes de pensar que estás como quieres estar, eres lo que quieres ser y vives como quieres vivir, porque casualmente cuando piensas esto, eres, estás y vives mal, según tu juicio. Claro que antes de eso deberías haber pensado que siempre quieres estar de una manera diferente a la que tienes ahora ante ti. Siempre queremos algo diferente, siempre pensamos que nuestra situación puede mejorar, siempre nos quejamos.
Es eso, naciste para quejarte, naciste para estar en desacuerdo contigo mismo, porque la única verdad es que la mayoría de las veces el único dueño de tu vida eres tú. El responsable de la situación eres tú, y si no te lo crees, piensa en las decisiones que tomaste en el pasado, y piensa en cómo sería el presente si hubieras tomado decisiones diferentes antes de conocer este resultado. Ahora sí, ¿verdad? Dime, si no, por qué de vez en cuando te vienen a la cabeza esos recuerdos de tiempos mejores y esos deseos de tiempos actuales, en realidades alternativas, realizables únicamente planteando la hipótesis de que en ese pasado en el que podías elegir, habrías elegido algo distinto para que ahora no estuvieras como estás, y estuvieras como estarías si lo anterior hubiera sido real. Pero ahora, plantando los pies en el suelo, descubres que las cosas, desde el pasado hasta ahora, y de ahora en adelante, son como son, han sido como han sido, todo ha sucedido de esta forma, y no de otra, precisamente porque tus intereses de entonces no eran los mismos que son ahora, y los de ahora se irán y serán reemplazados por los de mañana.
Ahora haces memoria y te lamentas por las cosas que se supone que hiciste mal (aunque cuando las hiciste, pensabas que las hacías bien) en el pasado, y sientes el impotente pero firme deseo de regresar al pasado y cambiarlo, ahora que has aprendido la lección y sabes cómo debiste hacer las cosas. Ahora te gustaría retroceder en el tiempo, aunque sólo sea para recuperar esa sensación de felicidad que tan bien recuerdas ahora, para recuperar esas visiones del entonces agradable presente, visiones idílicas de lo que te parecía un mundo precioso, visiones optimistas de algo bello que entonces tenías y ahora no tienes.
Puede que asumir esto te haga sentir mal e intentes negártelo a ti mismo, puede que intentes ocultarte la verdad y pensar que no añoras nada del pasado, pensar que no te gustaría recuperar algo que perdiste... pero entonces dime por qué, después de tantos años, tu PIN del móvil sigue siendo una cifra que te recuerda al romance sombrío que tuviste con aquella mujer, por qué de vez en cuando el fondo de tu escritorio es una foto en la que te acompañan personas que has perdido para siempre, por qué conservas la dirección de correo de alguien a quien sabes que no vas a volver a hablar porque eres un cobarde de las circunstancias, dime por qué cuando cantas una canción de amor sigues pensando en ella y no en otra, por qué aún guardas en tu cajón de los recuerdos ese antiguo trozo de papel con a saber qué palabras escritas que sólo tú sabes quién escribió, por qué los trazos de tus dibujos llevan la misma dirección que en aquel lejano pasado y por qué sólo tú sabes qué sentido tiene eso, dime por qué sigues escuchando canciones que te recuerdan concretamente esa época de tu vida, y esas otras que te recuerdan ese otro momento, y no otro, y por qué cuando escuchas la guitarra de Juan Aguirre no piensas en la misma ciudad que cuando escuchas la de Mark Knopfler, y por qué cuando ves el mar te viene a la mente siempre la misma persona que, en cambio, no te viene cuando miras la montaña.
Dime ahora que no te sigue apeteciendo, como antes, viajar a California y visitar esa pequeña población a unas millas al noreste de San Francisco, al otro lado de las montañas. Dime que no te sigue apeteciendo recuperar tus andanzas por las calles medievales de esa provincia leonesa en la que viviste momentos tan memorables. Dime ahora que no sigues queriendo hacerte invisible y volver al pasado para observarte desde fuera cuando ibas a jugar a casa de tus vecinos o cuando alguien especial te llevaba a los humedales llenos de mosquitos para que cogieras piñas directamente de la rama y después te comieras los piñones.
No me lo dices porque sabes que es verdad, porque has averiguado que tu vida de antes era más bella que la de ahora, porque ahora tienes la cabeza llena de pájaros, contaminada con ideologías políticas, con enemigos, con precauciones económicas, con telediarios que ahora entiendes, con problemas hechos para adultos, no para ti. Querías crecer, ser mayor, conducir un coche, acostarte con mujeres, poder sacar dinero de un cajero automático, tener independencia, tener tu propia casa y dictarte tus propias normas, querías saber lo que se siente cuando nadie limita tu voluntad... pero lo has sentido y eso, aunque no te ha dado miedo, te ha resultado incómodo, porque antes no tenías preocupaciones, porque tus preocupaciones se limitaban a hacer tu mundo más bello, a cumplir tus fantasías ciegas de lucidez...
Ahora sólo te queda recordarlo, enviar una carta diciendo que lo sientes, aunque no esperas ser perdonado ni que te respondan. Sólo quieres que te comprendan para quedarte tranquilo y pensar que no has hecho mal a nadie. Te has hecho mal a ti mismo, pero eso se puede solucionar. Lo que te carga la conciencia es pensar que los demás no te están agradecidos, y eso es lo que te quita el sueño, porque sabes que ella sigue pensando en ti, esperando una explicación de lo que hiciste, aunque no te la ha pedido explícitamente, pero sabes que la necesita, y se la das, aunque no sirva para nada, porque por mucho que hagas hoy y mañana, nada cambiará lo que pasó ayer, nada te devolverá lo que ayer perdiste, por mucho que consigas mañana. Sólo el alcohol y la música te podrán aliviar en tu camino hacia la redención. No con lo demás, sino contigo mismo; sólo una botella y esas canciones con tanto sentido para ti te ayudarán a sobrellevar esa incertidumbre eterna que te acompañará hasta el día de tu muerte, esa incertidumbre en la que andas sumido, que nunca te dirá si realmente todo tuvo que suceder así o realmente fuiste tú el que no hizo lo suficiente para optimizar el transcurso de los sucesos en el momento adecuado.
Como siempre, libertad, seguridad, amor, responsabilidad, arrepentimiento y redención en la falta de información objetiva que tenemos sobre los sentimientos y el azar de nuestras decisiones.
Te pasas media vida intentando averiguar cómo funcionan los demás, cuáles son sus gustos, qué les molesta... pero apenas te has parado a analizarte a ti mismo, a pensar sobre tu vida, que es la única que puedes manejar a tu antojo sin que eso suponga una imprudencia moral. No sabes quién eres, ni por qué estás aquí en vez de estar ahí; empiezas a dudar de si tu situación actual es una consecuencia de las circunstancias o el resultado de tus propias decisiones. A veces tiendes a exculparte de lo que te sale mal, intentas eludir cualquier responsabilidad negativa, huyes de pensar que estás como quieres estar, eres lo que quieres ser y vives como quieres vivir, porque casualmente cuando piensas esto, eres, estás y vives mal, según tu juicio. Claro que antes de eso deberías haber pensado que siempre quieres estar de una manera diferente a la que tienes ahora ante ti. Siempre queremos algo diferente, siempre pensamos que nuestra situación puede mejorar, siempre nos quejamos.
Es eso, naciste para quejarte, naciste para estar en desacuerdo contigo mismo, porque la única verdad es que la mayoría de las veces el único dueño de tu vida eres tú. El responsable de la situación eres tú, y si no te lo crees, piensa en las decisiones que tomaste en el pasado, y piensa en cómo sería el presente si hubieras tomado decisiones diferentes antes de conocer este resultado. Ahora sí, ¿verdad? Dime, si no, por qué de vez en cuando te vienen a la cabeza esos recuerdos de tiempos mejores y esos deseos de tiempos actuales, en realidades alternativas, realizables únicamente planteando la hipótesis de que en ese pasado en el que podías elegir, habrías elegido algo distinto para que ahora no estuvieras como estás, y estuvieras como estarías si lo anterior hubiera sido real. Pero ahora, plantando los pies en el suelo, descubres que las cosas, desde el pasado hasta ahora, y de ahora en adelante, son como son, han sido como han sido, todo ha sucedido de esta forma, y no de otra, precisamente porque tus intereses de entonces no eran los mismos que son ahora, y los de ahora se irán y serán reemplazados por los de mañana.
Ahora haces memoria y te lamentas por las cosas que se supone que hiciste mal (aunque cuando las hiciste, pensabas que las hacías bien) en el pasado, y sientes el impotente pero firme deseo de regresar al pasado y cambiarlo, ahora que has aprendido la lección y sabes cómo debiste hacer las cosas. Ahora te gustaría retroceder en el tiempo, aunque sólo sea para recuperar esa sensación de felicidad que tan bien recuerdas ahora, para recuperar esas visiones del entonces agradable presente, visiones idílicas de lo que te parecía un mundo precioso, visiones optimistas de algo bello que entonces tenías y ahora no tienes.
Puede que asumir esto te haga sentir mal e intentes negártelo a ti mismo, puede que intentes ocultarte la verdad y pensar que no añoras nada del pasado, pensar que no te gustaría recuperar algo que perdiste... pero entonces dime por qué, después de tantos años, tu PIN del móvil sigue siendo una cifra que te recuerda al romance sombrío que tuviste con aquella mujer, por qué de vez en cuando el fondo de tu escritorio es una foto en la que te acompañan personas que has perdido para siempre, por qué conservas la dirección de correo de alguien a quien sabes que no vas a volver a hablar porque eres un cobarde de las circunstancias, dime por qué cuando cantas una canción de amor sigues pensando en ella y no en otra, por qué aún guardas en tu cajón de los recuerdos ese antiguo trozo de papel con a saber qué palabras escritas que sólo tú sabes quién escribió, por qué los trazos de tus dibujos llevan la misma dirección que en aquel lejano pasado y por qué sólo tú sabes qué sentido tiene eso, dime por qué sigues escuchando canciones que te recuerdan concretamente esa época de tu vida, y esas otras que te recuerdan ese otro momento, y no otro, y por qué cuando escuchas la guitarra de Juan Aguirre no piensas en la misma ciudad que cuando escuchas la de Mark Knopfler, y por qué cuando ves el mar te viene a la mente siempre la misma persona que, en cambio, no te viene cuando miras la montaña.
Dime ahora que no te sigue apeteciendo, como antes, viajar a California y visitar esa pequeña población a unas millas al noreste de San Francisco, al otro lado de las montañas. Dime que no te sigue apeteciendo recuperar tus andanzas por las calles medievales de esa provincia leonesa en la que viviste momentos tan memorables. Dime ahora que no sigues queriendo hacerte invisible y volver al pasado para observarte desde fuera cuando ibas a jugar a casa de tus vecinos o cuando alguien especial te llevaba a los humedales llenos de mosquitos para que cogieras piñas directamente de la rama y después te comieras los piñones.
No me lo dices porque sabes que es verdad, porque has averiguado que tu vida de antes era más bella que la de ahora, porque ahora tienes la cabeza llena de pájaros, contaminada con ideologías políticas, con enemigos, con precauciones económicas, con telediarios que ahora entiendes, con problemas hechos para adultos, no para ti. Querías crecer, ser mayor, conducir un coche, acostarte con mujeres, poder sacar dinero de un cajero automático, tener independencia, tener tu propia casa y dictarte tus propias normas, querías saber lo que se siente cuando nadie limita tu voluntad... pero lo has sentido y eso, aunque no te ha dado miedo, te ha resultado incómodo, porque antes no tenías preocupaciones, porque tus preocupaciones se limitaban a hacer tu mundo más bello, a cumplir tus fantasías ciegas de lucidez...
Ahora sólo te queda recordarlo, enviar una carta diciendo que lo sientes, aunque no esperas ser perdonado ni que te respondan. Sólo quieres que te comprendan para quedarte tranquilo y pensar que no has hecho mal a nadie. Te has hecho mal a ti mismo, pero eso se puede solucionar. Lo que te carga la conciencia es pensar que los demás no te están agradecidos, y eso es lo que te quita el sueño, porque sabes que ella sigue pensando en ti, esperando una explicación de lo que hiciste, aunque no te la ha pedido explícitamente, pero sabes que la necesita, y se la das, aunque no sirva para nada, porque por mucho que hagas hoy y mañana, nada cambiará lo que pasó ayer, nada te devolverá lo que ayer perdiste, por mucho que consigas mañana. Sólo el alcohol y la música te podrán aliviar en tu camino hacia la redención. No con lo demás, sino contigo mismo; sólo una botella y esas canciones con tanto sentido para ti te ayudarán a sobrellevar esa incertidumbre eterna que te acompañará hasta el día de tu muerte, esa incertidumbre en la que andas sumido, que nunca te dirá si realmente todo tuvo que suceder así o realmente fuiste tú el que no hizo lo suficiente para optimizar el transcurso de los sucesos en el momento adecuado.
Como siempre, libertad, seguridad, amor, responsabilidad, arrepentimiento y redención en la falta de información objetiva que tenemos sobre los sentimientos y el azar de nuestras decisiones.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Suicidio social y otras causas
Según el Mito de la Caverna, tú y yo nos estamos adentrando en un suicidio sin retorno.
El cuento decía que unos hombres estaban encerrados en una caverna, de espaldas a la salida y con una hoguera detrás, de forma que podían ver la sombra borrosa de todo lo que sucedía tras ellos, pero no podían ver la realidad. De pronto, uno de los hombres quedó liberado de sus ataduras y pudo salir y explorar la realidad tal como era, inconcebible en la anterioridad. Pudo salir y ver la nitidez de los objetos, la luz del sol y el resto de los elementos de la naturaleza. Al final del relato Platón dice que, cuando el hombre quiso volver a la caverna para liberar a sus compañeros, estos se negaron, e incluso lo mataron porque pensaban que la luz del sol le había cegado y que todo lo que les decía era mentira, ya que ellos creían que el mundo era únicamente la pared y las sombras que ellos conocían.
Con esto se entiende algo que es aplicable al comportamiento humano ante la novedad. Cuando estamos acostumbrados a algo, a nuestra versión de algo, a ver las cosas de una manera determinada que nosotros consideramos correcta, nuestra primera reacción ante cualquier factor externo que intente hacernos cambiar de opinión va a ser la de rechazo. Nos sentará muy mal que alguien intente convencernos de que nuestro juicio y nuestra visión correcta del mundo no son correctas, convencernos de que estamos equivocados.
Y lo tengo demostrado.
Socialmente esa muerte de la caverna también existe. ¿Cuántas veces no te han mirado como un bicho raro porque estabas haciendo o diciendo algo diferente? ¿Cuántas veces alguien no te ha mirado con ganas de matarte sólo por manifestar unas ideas políticas diferentes a las suyas?
Todo el mundo actúa de una manera determinada, que es completamente respetable, porque eso es lo que se suele hacer. Si alguien ha dictado una idea o un pensamiento, ha difundido un rumor, etc; la gente, si suena convincente, lo aceptará, y no sabemos hasta qué punto. Hasta el punto de que, tengas o no tengas razón, si llegas tú con un cuento distinto e intentas convencer a todos de que estaban equivocados, te tacharán de mentiroso, de envidioso, de buscapleitos, de amargado. Ni si quiera escucharán tu versión, y si la escuchan y por casualidad atisban alguna probabilidad de que sea verdad, psicológicamente reaccionarán para no verse perdidos e intentar convencerse a sí mismos de que realmente sigues siendo tú el equivocado y no ellos, sólo por salvaguardar su imagen de confianza ante sí mismos.
Párome a pensarlo un momento, y antes o después estoy seguro de que encontraré varios ejemplos que confirmen este pensamiento. Puedo aplicarlo a enfrentamientos entre ideológías políticas, a situaciones que me hayan sucedido en las que mi verdad no valía una mierda para nadie, incluso a situaciones en las que yo tenga que asumir una equivocación.
Pero de todas las maneras, todo esto también es justificable en la comprensión de que todos necesitamos sentirnos aceptados, no sólo por los demás, sino por nosotros mismos. Necesitamos creer firmemente que nuestras decisiones son las correctas, porque es la única manera de reunir el valor necesario de utilizarlas de frente a los demás y defenderlas. Tenemos que asentar una mínima base que confirme que podemos creer en nosotros mismos, porque es el paso esencial para que los demás también puedan creer en nosotros. Claro que esto a veces es difícil distinguir si se trata de autoconfianza más que de logros de aceptación social.
Por eso siempre es bueno que, ante cualquier duda, tengamos en cuenta la teoría de la relatividad, y pensemos que cualguier otra idea o pensamiento diferentes, sean cuales sean, y tengan el nivel que tengan de contrariedad con nosotros, son siempre respetables; tanto como nosotros y nuestra visión del mundo.
Que el hombre liberado conociera la verdad no significa que los que estaban en la caverna no vieran algo respetable desde su punto de vista. Las sombras proyectadas por el fuego, aunque eran un falso reflejo de la realidad, estaban allí y servían de sustento para complacer la necesidad de autoaceptación de los hombres que las observaban. No obstante, era conveniente que vieran con sus propios ojos la verdadera realidad de los objetos nítidos y la luz del sol, pero también es verdad que su reacción de llegar a matar al que intentaba hacerles ver la verdad es completamente natural y ha llegado hasta nuestros días, ya que ahora seguimos juzgando y rechazando (o asesinando socialmente) cualquier novedad que elimine la confianza que tenemos en la elaboración de nuestras propias conclusiones.
Emitido por Alejandro Fernández el 11 de agosto de 2010
El cuento decía que unos hombres estaban encerrados en una caverna, de espaldas a la salida y con una hoguera detrás, de forma que podían ver la sombra borrosa de todo lo que sucedía tras ellos, pero no podían ver la realidad. De pronto, uno de los hombres quedó liberado de sus ataduras y pudo salir y explorar la realidad tal como era, inconcebible en la anterioridad. Pudo salir y ver la nitidez de los objetos, la luz del sol y el resto de los elementos de la naturaleza. Al final del relato Platón dice que, cuando el hombre quiso volver a la caverna para liberar a sus compañeros, estos se negaron, e incluso lo mataron porque pensaban que la luz del sol le había cegado y que todo lo que les decía era mentira, ya que ellos creían que el mundo era únicamente la pared y las sombras que ellos conocían.
Con esto se entiende algo que es aplicable al comportamiento humano ante la novedad. Cuando estamos acostumbrados a algo, a nuestra versión de algo, a ver las cosas de una manera determinada que nosotros consideramos correcta, nuestra primera reacción ante cualquier factor externo que intente hacernos cambiar de opinión va a ser la de rechazo. Nos sentará muy mal que alguien intente convencernos de que nuestro juicio y nuestra visión correcta del mundo no son correctas, convencernos de que estamos equivocados.
Y lo tengo demostrado.
Socialmente esa muerte de la caverna también existe. ¿Cuántas veces no te han mirado como un bicho raro porque estabas haciendo o diciendo algo diferente? ¿Cuántas veces alguien no te ha mirado con ganas de matarte sólo por manifestar unas ideas políticas diferentes a las suyas?
Todo el mundo actúa de una manera determinada, que es completamente respetable, porque eso es lo que se suele hacer. Si alguien ha dictado una idea o un pensamiento, ha difundido un rumor, etc; la gente, si suena convincente, lo aceptará, y no sabemos hasta qué punto. Hasta el punto de que, tengas o no tengas razón, si llegas tú con un cuento distinto e intentas convencer a todos de que estaban equivocados, te tacharán de mentiroso, de envidioso, de buscapleitos, de amargado. Ni si quiera escucharán tu versión, y si la escuchan y por casualidad atisban alguna probabilidad de que sea verdad, psicológicamente reaccionarán para no verse perdidos e intentar convencerse a sí mismos de que realmente sigues siendo tú el equivocado y no ellos, sólo por salvaguardar su imagen de confianza ante sí mismos.
Párome a pensarlo un momento, y antes o después estoy seguro de que encontraré varios ejemplos que confirmen este pensamiento. Puedo aplicarlo a enfrentamientos entre ideológías políticas, a situaciones que me hayan sucedido en las que mi verdad no valía una mierda para nadie, incluso a situaciones en las que yo tenga que asumir una equivocación.
Pero de todas las maneras, todo esto también es justificable en la comprensión de que todos necesitamos sentirnos aceptados, no sólo por los demás, sino por nosotros mismos. Necesitamos creer firmemente que nuestras decisiones son las correctas, porque es la única manera de reunir el valor necesario de utilizarlas de frente a los demás y defenderlas. Tenemos que asentar una mínima base que confirme que podemos creer en nosotros mismos, porque es el paso esencial para que los demás también puedan creer en nosotros. Claro que esto a veces es difícil distinguir si se trata de autoconfianza más que de logros de aceptación social.
Por eso siempre es bueno que, ante cualquier duda, tengamos en cuenta la teoría de la relatividad, y pensemos que cualguier otra idea o pensamiento diferentes, sean cuales sean, y tengan el nivel que tengan de contrariedad con nosotros, son siempre respetables; tanto como nosotros y nuestra visión del mundo.
Que el hombre liberado conociera la verdad no significa que los que estaban en la caverna no vieran algo respetable desde su punto de vista. Las sombras proyectadas por el fuego, aunque eran un falso reflejo de la realidad, estaban allí y servían de sustento para complacer la necesidad de autoaceptación de los hombres que las observaban. No obstante, era conveniente que vieran con sus propios ojos la verdadera realidad de los objetos nítidos y la luz del sol, pero también es verdad que su reacción de llegar a matar al que intentaba hacerles ver la verdad es completamente natural y ha llegado hasta nuestros días, ya que ahora seguimos juzgando y rechazando (o asesinando socialmente) cualquier novedad que elimine la confianza que tenemos en la elaboración de nuestras propias conclusiones.
Emitido por Alejandro Fernández el 11 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
Todo reside en la relatividad.
Posibilidad es cuando contemplamos que algo pueda pasar.
Probabilidad es cuando creemos que algo va a pasar.
Certeza es cuando sabemos que algo va a pasar.
_________________________________________________
Cuando algo va a pasar, es porque hay altas probabilidades de que pase, y porque el hecho de que "pase" es posible. Cuando algo es probable que pase, no es seguro que vaya a pasar, pero la posibilidad existe. Cuando algo es simplemente posible, no significa que sea altamente probable, y mucho menos que vaya a pasar.
[aclaración previa: no he estudiado estadística]
En la parte objetiva siempre nos movemos bien; calculamos las probabilidades y la seguridad de que algo que es posible sea un hecho, estudiamos la certeza que podemos tener de que algo más o menos probable pueda suceder siendo posible desde que empezamos a contemplarlo. Podemos predecir; objetivamente podemos esperar que algo pase o no pase, o al menos conocer un margen de variables que nos dirá si estamos o no seguros, y en qué medida, de algún aspecto del futuro.
La pega es que todas estas observaciones que realizamos se vuelven más relativas cuanto más nos implican personalmente, cuanto más nos incumben, cuanto más lugar ocupan entre nuestros deseos, más distorsionada está la realidad que percibimos.
Esta es una de las aplicaciones psicológicas de la teoría de la relatividad, de Albert Einstein.
Decía que los datos obtenidos de cualquier observación no dependen sólo de lo que se observa, sino también del observador, y de una manera imponente. Un ejemplo sencillo a nivel físico sería, sin ir más lejos, la observación que podemos realizar en la carretera. Cuando vamos a cierta velocidad y nos encontramos con otro vehículo que tiene la misma velocidad que nostros, y además va en la misma dirección, podemos eliminar el resto de referencias móviles (en realidad son referencias que no se desplazan, es decir, la carretera, el cielo, el paisaje) y concluir sin ninguna duda que el otro vehículo, en lo que respecta a nosotros, está quieto, porque no observamos que realice ningún movimiento. En cambio, si lo observamos desde un lugar sin desplazamiento real, por ejemplo, parados en medio de la calzada, observaremos que el resto de elementos del paisaje están parados, y que lo que se mueve es el otro vehículo. Por tanto, no podemos defender que una teoría sea más válida que la otra. Si estamos en movimiento acorde con el otro vehículo, diremos que está parado, y si estamos en movimiento desacorde (por ejemplo parados), diremos que el otro vehículo se está moviendo; es por esto que la calidad conclusiva de cualquier observación depende enormemente del observador, que da una interpretación de lo observado adaptada a su punto de vista.
Pues bien, volviendo a la aplicación psicológica, puede que este sea el motivo por el cual no podemos culparnos a nosotros mismos ni culpar a los demás de la calidad de nuestra observación, sea mejor o peor, respecto a los sucesos que acaparan nuestra preocupación, porque precisamente esa observación está condicionada por el observador (nosotros), y su conclusión será incuestionable en cualquier caso, dado que ninguna conclusión es comparable a otra que se haya tomado en condiciones de observación diferentes, mas igualmente respetables.
En otras palabras, la posición que adoptemos ante un suceso depende enormemente de cómo nos vaya a afectar una situación en función de nuestro punto de observación, el cual depende de innumerables factores, entre los cuales se encuentran la identidad, la responsabilidad, la situación socioeconómica, etc.
Si un hombre muere, para su familia lo lógico es que sea una desgracia, un hecho negativo, algo malo; pero puede que para otras personas ese mismo hecho sea positivo. Puede que el hombre que ha muerto fuera un asesino en serie, o tuviera que ser indemnizado por una compañía de seguros, y su muerte, por tanto, supone un alivio para sus posibles víctimas o para la empresa que tenía que desembolsar una cantidad de dinero y ya no tiene que hacerlo. Ambas posturas (hecho negativo, hecho positivo) son respetables, comprensibles, lógicas y posibles, lo cual inhibe a todas las opiniones de ser mejores o peores respecto a las otras, por lo que los familiares del hombre que ha muerto no tienen por qué estar de acuerdo con sus acciones sólo por el hecho de llorar su muerte, y por lo que las víctimas y la empresa que se alegran de la muerte no son por ello más inmorales o responsables del fallecimiento.
Esto, mezclado con los deseos y las ilusiones, nos devuelve al punto anterior, el de la probabilidad y la posibilidad, y lo mezcla con la relatividad. Cuando deseamos algo intensamente, aún sabiendo que nuestra predicción estaba previamente condicionada por ese deseo, tendemos a pensar que es muy probable que suceda. Cuando deseamos algo creemos que nos lo merecemos y nos alimentamos con la ilusión, incluso la certeza, de que ese deseo se va a cumplir, y somos al mismo tiempo más infelices cuanto más descubrimos que la probabilidad de que se cumplan nuestros deseos no va a variar por el hecho de pretender que así sea.
Un ejemplo brillante es comprar billetes de lotería. Cuando compramos una participación en uno de esos sorteos en los que se juegan altas cantidades de dinero, sabemos casi con seguridad de que no nos va a tocar el premio; estamos casi seguros de que nuestro número no va a ser el premiado, pero la ilusión de que nos toque y el deseo de obtener el premio por lo que cuesta la participación nos hacen cambiar esa percepción de la realidad, haciéndonos creer que realmente tenemos oportunidades de ganar. Pero precisamente en eso reside la belleza de la teoría de la relatividad, que hace respetables todas las percepciones que se den a una misma realidad y hace incuestionables todas las posturas que se tomen al respecto. La probabilidad de que nos toque el premio es baja, pero la posibilidad existe. Lo hemos comprado porque es posible. Poco probable, pero posible.
Nadie nos ha asegurado que NO nos vaya a tocar, y con esa ilusión juegan las empresas de apuestas.
Es realmente bello este concepto, que se puede aplicar con cualquier comparación, respaldado por el fundamento de la teoría de la relatividad.
Si es posible, es que al menos hay una probabilidad. No sabemos entre cuántas variables, pero hay una. Si no la hubiera, sería imposible. Nadie nos ha asegurado que el hecho se vaya a dar (si nos lo asegurasen, dejaríamos de calcular las probabilidades, porque el hecho se daría sí o sí, y sería un valor seguro, algo certero); nadie nos ha asegurado que vaya a pasar, pero tampoco nos han asegurado que no vaya a pasar.
¿Quién nos asegura que somos nosotros los que vamos contra la corriente, y no es la corriente la que va contra nosotros?
...y aquí una frase que me impresiona cada vez que la pienso, y creo que merece ser idolatrada solo por su belleza, además de por su profundo significado filosófico a partir de esto que he contado sobre la relatividad. Una perla de la física cuántica:
¿Está la luna ahí si no la miramos?
^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^
[Gracias por leer esta entrada y espero que os haga reflexionar sobre la importancia de considerar que todas las opiniones son respetables, porque proceden de condiciones de observación diferentes].
Entrada escrita por Alejandro Fernández López, 2 de agosto de 2010
Reservados todos los derechos (myfreecopyright.org)*
Probabilidad es cuando creemos que algo va a pasar.
Certeza es cuando sabemos que algo va a pasar.
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Cuando algo va a pasar, es porque hay altas probabilidades de que pase, y porque el hecho de que "pase" es posible. Cuando algo es probable que pase, no es seguro que vaya a pasar, pero la posibilidad existe. Cuando algo es simplemente posible, no significa que sea altamente probable, y mucho menos que vaya a pasar.
[aclaración previa: no he estudiado estadística]
En la parte objetiva siempre nos movemos bien; calculamos las probabilidades y la seguridad de que algo que es posible sea un hecho, estudiamos la certeza que podemos tener de que algo más o menos probable pueda suceder siendo posible desde que empezamos a contemplarlo. Podemos predecir; objetivamente podemos esperar que algo pase o no pase, o al menos conocer un margen de variables que nos dirá si estamos o no seguros, y en qué medida, de algún aspecto del futuro.
La pega es que todas estas observaciones que realizamos se vuelven más relativas cuanto más nos implican personalmente, cuanto más nos incumben, cuanto más lugar ocupan entre nuestros deseos, más distorsionada está la realidad que percibimos.
Esta es una de las aplicaciones psicológicas de la teoría de la relatividad, de Albert Einstein.
Decía que los datos obtenidos de cualquier observación no dependen sólo de lo que se observa, sino también del observador, y de una manera imponente. Un ejemplo sencillo a nivel físico sería, sin ir más lejos, la observación que podemos realizar en la carretera. Cuando vamos a cierta velocidad y nos encontramos con otro vehículo que tiene la misma velocidad que nostros, y además va en la misma dirección, podemos eliminar el resto de referencias móviles (en realidad son referencias que no se desplazan, es decir, la carretera, el cielo, el paisaje) y concluir sin ninguna duda que el otro vehículo, en lo que respecta a nosotros, está quieto, porque no observamos que realice ningún movimiento. En cambio, si lo observamos desde un lugar sin desplazamiento real, por ejemplo, parados en medio de la calzada, observaremos que el resto de elementos del paisaje están parados, y que lo que se mueve es el otro vehículo. Por tanto, no podemos defender que una teoría sea más válida que la otra. Si estamos en movimiento acorde con el otro vehículo, diremos que está parado, y si estamos en movimiento desacorde (por ejemplo parados), diremos que el otro vehículo se está moviendo; es por esto que la calidad conclusiva de cualquier observación depende enormemente del observador, que da una interpretación de lo observado adaptada a su punto de vista.
Pues bien, volviendo a la aplicación psicológica, puede que este sea el motivo por el cual no podemos culparnos a nosotros mismos ni culpar a los demás de la calidad de nuestra observación, sea mejor o peor, respecto a los sucesos que acaparan nuestra preocupación, porque precisamente esa observación está condicionada por el observador (nosotros), y su conclusión será incuestionable en cualquier caso, dado que ninguna conclusión es comparable a otra que se haya tomado en condiciones de observación diferentes, mas igualmente respetables.
En otras palabras, la posición que adoptemos ante un suceso depende enormemente de cómo nos vaya a afectar una situación en función de nuestro punto de observación, el cual depende de innumerables factores, entre los cuales se encuentran la identidad, la responsabilidad, la situación socioeconómica, etc.
Si un hombre muere, para su familia lo lógico es que sea una desgracia, un hecho negativo, algo malo; pero puede que para otras personas ese mismo hecho sea positivo. Puede que el hombre que ha muerto fuera un asesino en serie, o tuviera que ser indemnizado por una compañía de seguros, y su muerte, por tanto, supone un alivio para sus posibles víctimas o para la empresa que tenía que desembolsar una cantidad de dinero y ya no tiene que hacerlo. Ambas posturas (hecho negativo, hecho positivo) son respetables, comprensibles, lógicas y posibles, lo cual inhibe a todas las opiniones de ser mejores o peores respecto a las otras, por lo que los familiares del hombre que ha muerto no tienen por qué estar de acuerdo con sus acciones sólo por el hecho de llorar su muerte, y por lo que las víctimas y la empresa que se alegran de la muerte no son por ello más inmorales o responsables del fallecimiento.
Esto, mezclado con los deseos y las ilusiones, nos devuelve al punto anterior, el de la probabilidad y la posibilidad, y lo mezcla con la relatividad. Cuando deseamos algo intensamente, aún sabiendo que nuestra predicción estaba previamente condicionada por ese deseo, tendemos a pensar que es muy probable que suceda. Cuando deseamos algo creemos que nos lo merecemos y nos alimentamos con la ilusión, incluso la certeza, de que ese deseo se va a cumplir, y somos al mismo tiempo más infelices cuanto más descubrimos que la probabilidad de que se cumplan nuestros deseos no va a variar por el hecho de pretender que así sea.
Un ejemplo brillante es comprar billetes de lotería. Cuando compramos una participación en uno de esos sorteos en los que se juegan altas cantidades de dinero, sabemos casi con seguridad de que no nos va a tocar el premio; estamos casi seguros de que nuestro número no va a ser el premiado, pero la ilusión de que nos toque y el deseo de obtener el premio por lo que cuesta la participación nos hacen cambiar esa percepción de la realidad, haciéndonos creer que realmente tenemos oportunidades de ganar. Pero precisamente en eso reside la belleza de la teoría de la relatividad, que hace respetables todas las percepciones que se den a una misma realidad y hace incuestionables todas las posturas que se tomen al respecto. La probabilidad de que nos toque el premio es baja, pero la posibilidad existe. Lo hemos comprado porque es posible. Poco probable, pero posible.
Nadie nos ha asegurado que NO nos vaya a tocar, y con esa ilusión juegan las empresas de apuestas.
Es realmente bello este concepto, que se puede aplicar con cualquier comparación, respaldado por el fundamento de la teoría de la relatividad.
Si es posible, es que al menos hay una probabilidad. No sabemos entre cuántas variables, pero hay una. Si no la hubiera, sería imposible. Nadie nos ha asegurado que el hecho se vaya a dar (si nos lo asegurasen, dejaríamos de calcular las probabilidades, porque el hecho se daría sí o sí, y sería un valor seguro, algo certero); nadie nos ha asegurado que vaya a pasar, pero tampoco nos han asegurado que no vaya a pasar.
¿Quién nos asegura que somos nosotros los que vamos contra la corriente, y no es la corriente la que va contra nosotros?
...y aquí una frase que me impresiona cada vez que la pienso, y creo que merece ser idolatrada solo por su belleza, además de por su profundo significado filosófico a partir de esto que he contado sobre la relatividad. Una perla de la física cuántica:
¿Está la luna ahí si no la miramos?
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[Gracias por leer esta entrada y espero que os haga reflexionar sobre la importancia de considerar que todas las opiniones son respetables, porque proceden de condiciones de observación diferentes].
Entrada escrita por Alejandro Fernández López, 2 de agosto de 2010
Reservados todos los derechos (myfreecopyright.org)*
miércoles, 28 de julio de 2010
¿Y qué ha sido de eso que llaman amor?
Los hombres vivimos en sociedad y necesitamos sentirnos aceptados.
Una de las formas más bellas de esta aceptación que damos o necesitamos recibir es el amor, muchas veces confundido y/o relacionado con la atracción sexual, la concordancia de ideas sobre algunos conceptos o la compañía.
Muchas personas han escrito sobre este tema, dándole diversos nombres, describiéndolo de innumerables formas, dando chorrocientos consejos sobre cómo optimizarlo, etc.; pero la verdad es que nadie, tras años de investigación y horas empleadas en su pensamiento, nadie y absolutamente nadie ha descubierto por completo la ciencia del amor. Podemos defender que es la consecuencia de reacciones químicas relacionadas en la sinapsis del cerebro y el resto de los sistemas nerviosos de las personas, podemos pensar que el amor se basa en reacciones psicológicas entre las personas dependiendo de sus necesidades y de sus objetivos. Podemos incluso creernos unos expertos del amor en nuestra propia persona... pero no lo somos.
Ni el más experimentado de los hombres dará la misma descripción del amor que otro. Nadie, por mucho conocimiento que tenga sobre las relaciones amorosas podrá explicar de forma imparcial cómo es esto.
¿Por qué? Pues porque el amor es algo que cada persona sufre, vive, conoce de una manera, con una experiencia propia y un juicio propio. No es una ciencia exacta, ni demostrable, ni empírica.
Por eso no tengo nada que decir si pretendo ser objetivo o demostrar algún hipotético descubrimiento, ya que éste sería siempre algo personal para mí, igual que lo es para cada uno, y por eso lo único que me queda es describirlo de la forma que a mí me parezca apropiada, resaltando la belleza de cada cosa que me puede haber pasado, sin intentar convencer a nadie de que el amor es de una manera determinada, porque eso del amor y de la atracción es siempre diferente y depende de tantos factores que no lo podemos controlar. Depende de muchas personas, no sólo una; depende de muchas situaciones sociales y económicas, y no sólo una; depende de muchas experiencias personales durante muchos años, y no sólo de una, durante un año; depende de muchos intereses vitales y naturales, tanto biológicos como sintéticos, y no solo de uno; depende de muchas localizaciones geográficas, sentimentales y temporales, y no sólo de una; depende de muchas personalidades y preferencias, y no sólo de una. Por esto y por otro montón de razones, la única palabra con la que se puede definir la magnitud y la probabilidad del amor es "de variables indefinidas"
A veces es algo incierto, no sabes si es real o sólo un producto de tu imaginación; no sabes si eso te hace sentir bien o te hace sentir mal, o ambas cosas al mismo tiempo. No sabes si el amor que puede que sientas hacia una persona es correspondido, o quizá si lo sabes, y eso resulta aún peor. Puede que intuyas, o que conozcas, el amor que una persona tiene hacia ti, pero ni si quiera tú podrías determinar si lo correspondes.
No somos dueños ni conocedores a veces de nuestros propios sentimientos, imagínome de los sentimientos de los demás.
Un encuentro o situación amorosos se pueden dar en cualquier lugar, en cualquier momento, durante un período de tiempo de cualquier longitud...
A veces te encuentras a una chica dolorosamente guapa en un centro comercial, de compras, te quedas mirándola y al cabo de un rato piensas que ni si quiera se ha percatado de tu presencia, pero entonces te sientes afortunado porque has sido testigo de que ese tipo de chicas existen de verdad, y al mismo tiempo te sientes desgraciado porque, aunque esa chica haya desaparecido para siempre de tu vida, seguirá formando parte de tus ilusiones hasta que se te acabe la memoria. Puedes tener un encuentro fortuito con una mujer que está llorando en un lugar público, pero no te atreves a ofrecerle tu ayuda, porque intuyes que no la aceptará, o no será como tú esperas que sea la conversación que te estás imaginando en un instante, es decir, como en las películas. Un encuentro fortuito con esa mujer con la que estarías dispuesto a pasar el resto de tu vida sin importar las consecuencias. No la conoces de nada, no sabes su nombre, no conoces su pasado, pero sabes que lo harías. Desconoces la razón por la que está llorando, y eso te hace sentir más culpable, aunque imaginas algunos porqués en función del tipo de persona que te inspire ser. Puede que la hayan echado del trabajo, que su padre la haya gritado, que la hayan atracado, que haya recibido una llamada del hospital... pero el caso es que la ves ahí, llorando desconsolada pero discretamente, mirando al suelo, pensando que nadie la está mirando, intentando que nadie se percate de su anodina desgracia, y entonces tienes que tomar una decisión. O te quedas con ella e intentas no parecer una amenaza, o te vas para dejar de tener que soportar la incomodidad de observar algo que tus principios no te permiten ver sin hacer nada. Entonces es cuando pones a prueba tu cobardía.
A veces el amor que sientes es un caso de admiración. Hay una persona a la que amas, aunque no te acostarías con ella. Simplemente te gustaría ser esa persona por un instante. Puede que hasta sea de tu mismo sexo y te de envidia. A veces las personas del mismo sexo se manifiestan su admiración de forma física, pero yo ahí no me meto. Puede que esa persona nunca lo sepa. De hecho nunca lo sabrá.
Otras veces te pones a pensar y te das cuenta de que amas a alguien que siempre ha estado ahí y que hasta el momento ha pasado desapercibida, pero te pones a pensar en ella, y te preguntas por qué en este preciso instante tienes que caer en las mismas redes.
Seguro que otras veces eres testigo de que alguien te ama, pero no te lo quiere hacer saber de forma activa. Se comporta de una manera delatora, tú lo sabes y te sientes responsable de no corresponder un amor que crees recibir de forma injusta.
En ocasiones, sacrificamos una buena parte de nosotros cuando pretendemos conseguir algo, no sólo en el amor, pero de eso va al entrada. Alguien nos ha dado indicios, ya sean verdaderos o falsos, de que tenemos oportunidades, y nosotros nos lanzamos de cabeza a por esas oportunidades. A veces lo conseguimos, a veces no. Depende de muchas cosas, ya lo he dicho antes.
Después te empiezas a acordar de un antiguo amor que tuviste y que se apagó, pero que en tu interior, en tu recuerdo, en tu esperanza, sigue vivo, latente, esperando a que hagas algo con él. Lo dejas morir hasta que crees que el olvido lo ha borrado de tu baúl de los recuerdos, pero sigues dolido porque sabes que siempre habrá algo que te recuerde tu pérdida emocional en el caso. Siempre llegará un momento, antes o después, en el que querrás volver al pasado y volver a tener lo que ya no tienes, recuperarlo, ser quien eras, o quien fuiste y dejaste de ser para dar partida a la caza de otro nuevo amor. En ese caso te sentirás culpable. También puedes sentirte rechazado, utilizado o reemplazado en el caso de que pienses que tú no tuviste la culpa de la pérdida.
También puedes intentar recuperar esos tiempos de felicidad con esa otra persona, pero también sufres en la incertidumbre que te causa el conocimiento de que esa recuperación no sólo depende de ti. En fin, cosas que podemos pero no podemos hacer con algo roto.
[Es increíble cómo he pasado de la primera persona del plural a la segunda del singular. A ver ahora cómo sigo]
Siempre te das cuenta de que no es buena esa ambigüedad de sentirse bien estando solo y al mismo tiempo necesitar alguien a quien complacer, a quien cuidar, por quien preocuparte... así como alguien que te complazca, que te cuide, que se preocupe por ti. Será por eso de que las personas nunca nos conformamos con lo que tenemos y siempre queremos algo distinto, pero luego tenemos fobia a los cambios.
Qué fue de esa mujer inadecuada con la que querías algo especial, porque te consolaba existencialmente y calmaba tu esperanza de que tenía que existir alguien así, alguien como esa persona, que te salvaba de pensar que el mundo estaba vacío y muerto. Qué fue de ese momento de correspondencia milagrosa y emotiva, de esas que humedecen los ojos, en el que te preguntabas: "¿pero esto realmente está pasando?"; qué fue de ese momento y qué fue después, de ese otro momento en el que hiciste memoria de lo sucedido y te preguntaste "¿pero esto realmente sucedió, y por eso ahora tengo que estar así?".
No conocemos el futuro, ni controlamos el presente. Sólo podemos mortificarnos pensando en el pasado. En las cosas buenas, en las malas, en lo que hicimos bien, en lo que nos salió mal, en el porqué de todo esto... y nunca llegamos a ninguna conclusión cuya preferencia no vayamos a cambiar.
No podemos aprender lo suficiente como para estar tranquilos de poder confiar en nosotros mismos, porque el amor, y todo lo relacionado con él, es uno de los pocos aspectos en los que no nos conocemos ni a nosotros mismos, y por eso lo único que nos queda es seguir buscando, seguir esperando, lo que sea, e intentar seguir siendo felices o infelices en función de cuánto necesitemos y hasta qué punto la suerte y la realidad estén de nuestro lado.
Una de las formas más bellas de esta aceptación que damos o necesitamos recibir es el amor, muchas veces confundido y/o relacionado con la atracción sexual, la concordancia de ideas sobre algunos conceptos o la compañía.
Muchas personas han escrito sobre este tema, dándole diversos nombres, describiéndolo de innumerables formas, dando chorrocientos consejos sobre cómo optimizarlo, etc.; pero la verdad es que nadie, tras años de investigación y horas empleadas en su pensamiento, nadie y absolutamente nadie ha descubierto por completo la ciencia del amor. Podemos defender que es la consecuencia de reacciones químicas relacionadas en la sinapsis del cerebro y el resto de los sistemas nerviosos de las personas, podemos pensar que el amor se basa en reacciones psicológicas entre las personas dependiendo de sus necesidades y de sus objetivos. Podemos incluso creernos unos expertos del amor en nuestra propia persona... pero no lo somos.
Ni el más experimentado de los hombres dará la misma descripción del amor que otro. Nadie, por mucho conocimiento que tenga sobre las relaciones amorosas podrá explicar de forma imparcial cómo es esto.
¿Por qué? Pues porque el amor es algo que cada persona sufre, vive, conoce de una manera, con una experiencia propia y un juicio propio. No es una ciencia exacta, ni demostrable, ni empírica.
Por eso no tengo nada que decir si pretendo ser objetivo o demostrar algún hipotético descubrimiento, ya que éste sería siempre algo personal para mí, igual que lo es para cada uno, y por eso lo único que me queda es describirlo de la forma que a mí me parezca apropiada, resaltando la belleza de cada cosa que me puede haber pasado, sin intentar convencer a nadie de que el amor es de una manera determinada, porque eso del amor y de la atracción es siempre diferente y depende de tantos factores que no lo podemos controlar. Depende de muchas personas, no sólo una; depende de muchas situaciones sociales y económicas, y no sólo una; depende de muchas experiencias personales durante muchos años, y no sólo de una, durante un año; depende de muchos intereses vitales y naturales, tanto biológicos como sintéticos, y no solo de uno; depende de muchas localizaciones geográficas, sentimentales y temporales, y no sólo de una; depende de muchas personalidades y preferencias, y no sólo de una. Por esto y por otro montón de razones, la única palabra con la que se puede definir la magnitud y la probabilidad del amor es "de variables indefinidas"
A veces es algo incierto, no sabes si es real o sólo un producto de tu imaginación; no sabes si eso te hace sentir bien o te hace sentir mal, o ambas cosas al mismo tiempo. No sabes si el amor que puede que sientas hacia una persona es correspondido, o quizá si lo sabes, y eso resulta aún peor. Puede que intuyas, o que conozcas, el amor que una persona tiene hacia ti, pero ni si quiera tú podrías determinar si lo correspondes.
No somos dueños ni conocedores a veces de nuestros propios sentimientos, imagínome de los sentimientos de los demás.
Un encuentro o situación amorosos se pueden dar en cualquier lugar, en cualquier momento, durante un período de tiempo de cualquier longitud...
A veces te encuentras a una chica dolorosamente guapa en un centro comercial, de compras, te quedas mirándola y al cabo de un rato piensas que ni si quiera se ha percatado de tu presencia, pero entonces te sientes afortunado porque has sido testigo de que ese tipo de chicas existen de verdad, y al mismo tiempo te sientes desgraciado porque, aunque esa chica haya desaparecido para siempre de tu vida, seguirá formando parte de tus ilusiones hasta que se te acabe la memoria. Puedes tener un encuentro fortuito con una mujer que está llorando en un lugar público, pero no te atreves a ofrecerle tu ayuda, porque intuyes que no la aceptará, o no será como tú esperas que sea la conversación que te estás imaginando en un instante, es decir, como en las películas. Un encuentro fortuito con esa mujer con la que estarías dispuesto a pasar el resto de tu vida sin importar las consecuencias. No la conoces de nada, no sabes su nombre, no conoces su pasado, pero sabes que lo harías. Desconoces la razón por la que está llorando, y eso te hace sentir más culpable, aunque imaginas algunos porqués en función del tipo de persona que te inspire ser. Puede que la hayan echado del trabajo, que su padre la haya gritado, que la hayan atracado, que haya recibido una llamada del hospital... pero el caso es que la ves ahí, llorando desconsolada pero discretamente, mirando al suelo, pensando que nadie la está mirando, intentando que nadie se percate de su anodina desgracia, y entonces tienes que tomar una decisión. O te quedas con ella e intentas no parecer una amenaza, o te vas para dejar de tener que soportar la incomodidad de observar algo que tus principios no te permiten ver sin hacer nada. Entonces es cuando pones a prueba tu cobardía.
A veces el amor que sientes es un caso de admiración. Hay una persona a la que amas, aunque no te acostarías con ella. Simplemente te gustaría ser esa persona por un instante. Puede que hasta sea de tu mismo sexo y te de envidia. A veces las personas del mismo sexo se manifiestan su admiración de forma física, pero yo ahí no me meto. Puede que esa persona nunca lo sepa. De hecho nunca lo sabrá.
Otras veces te pones a pensar y te das cuenta de que amas a alguien que siempre ha estado ahí y que hasta el momento ha pasado desapercibida, pero te pones a pensar en ella, y te preguntas por qué en este preciso instante tienes que caer en las mismas redes.
Seguro que otras veces eres testigo de que alguien te ama, pero no te lo quiere hacer saber de forma activa. Se comporta de una manera delatora, tú lo sabes y te sientes responsable de no corresponder un amor que crees recibir de forma injusta.
En ocasiones, sacrificamos una buena parte de nosotros cuando pretendemos conseguir algo, no sólo en el amor, pero de eso va al entrada. Alguien nos ha dado indicios, ya sean verdaderos o falsos, de que tenemos oportunidades, y nosotros nos lanzamos de cabeza a por esas oportunidades. A veces lo conseguimos, a veces no. Depende de muchas cosas, ya lo he dicho antes.
Después te empiezas a acordar de un antiguo amor que tuviste y que se apagó, pero que en tu interior, en tu recuerdo, en tu esperanza, sigue vivo, latente, esperando a que hagas algo con él. Lo dejas morir hasta que crees que el olvido lo ha borrado de tu baúl de los recuerdos, pero sigues dolido porque sabes que siempre habrá algo que te recuerde tu pérdida emocional en el caso. Siempre llegará un momento, antes o después, en el que querrás volver al pasado y volver a tener lo que ya no tienes, recuperarlo, ser quien eras, o quien fuiste y dejaste de ser para dar partida a la caza de otro nuevo amor. En ese caso te sentirás culpable. También puedes sentirte rechazado, utilizado o reemplazado en el caso de que pienses que tú no tuviste la culpa de la pérdida.
También puedes intentar recuperar esos tiempos de felicidad con esa otra persona, pero también sufres en la incertidumbre que te causa el conocimiento de que esa recuperación no sólo depende de ti. En fin, cosas que podemos pero no podemos hacer con algo roto.
[Es increíble cómo he pasado de la primera persona del plural a la segunda del singular. A ver ahora cómo sigo]
Siempre te das cuenta de que no es buena esa ambigüedad de sentirse bien estando solo y al mismo tiempo necesitar alguien a quien complacer, a quien cuidar, por quien preocuparte... así como alguien que te complazca, que te cuide, que se preocupe por ti. Será por eso de que las personas nunca nos conformamos con lo que tenemos y siempre queremos algo distinto, pero luego tenemos fobia a los cambios.
Qué fue de esa mujer inadecuada con la que querías algo especial, porque te consolaba existencialmente y calmaba tu esperanza de que tenía que existir alguien así, alguien como esa persona, que te salvaba de pensar que el mundo estaba vacío y muerto. Qué fue de ese momento de correspondencia milagrosa y emotiva, de esas que humedecen los ojos, en el que te preguntabas: "¿pero esto realmente está pasando?"; qué fue de ese momento y qué fue después, de ese otro momento en el que hiciste memoria de lo sucedido y te preguntaste "¿pero esto realmente sucedió, y por eso ahora tengo que estar así?".
No conocemos el futuro, ni controlamos el presente. Sólo podemos mortificarnos pensando en el pasado. En las cosas buenas, en las malas, en lo que hicimos bien, en lo que nos salió mal, en el porqué de todo esto... y nunca llegamos a ninguna conclusión cuya preferencia no vayamos a cambiar.
No podemos aprender lo suficiente como para estar tranquilos de poder confiar en nosotros mismos, porque el amor, y todo lo relacionado con él, es uno de los pocos aspectos en los que no nos conocemos ni a nosotros mismos, y por eso lo único que nos queda es seguir buscando, seguir esperando, lo que sea, e intentar seguir siendo felices o infelices en función de cuánto necesitemos y hasta qué punto la suerte y la realidad estén de nuestro lado.
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